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Yeik: “Cualquiera puede ser rapero. Pero nadie puede ser cantante y músico de la noche a la mañana”

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En la escena musical salvadoreña, Yeik se dio a conocer en las batallas de freestyle rap. Sin embargo, ahora afirma que le interesa la parte menos ortodoxa de la música urbana: el trap latino, el reggaetón y el pop. Es decir, lo que normalmente los consumidores de hip hop ven mal. Pero a Yeik no le importa demasiado la opinión de la escena que lo vio nacer. Busca ser conocido como artista, no como rapero. 

Fotos FACTUM/Gerson Nájera


El verdadero nombre de Yeik es Fernando José Martínez y actualmente tiene 21 años. A los 14, ingresó al mundo del clown con su papá. Eso lo llevó a aprender acerca de teatro, pero también sobre maquillaje, que fue su siguiente etapa, destacándose en el trabajo de fantasía y bodypaint. Luego se dedicó a lo audiovisual. Estudió un técnico de producción multimedia. A los 17 años ganó un concurso de Soho, la famosa revista colombiana para adultos. Sin embargo, durante esa experiencia concluyó que no quería ser la persona detrás del lente; quería estar enfrente de él. 

Así que, al regresar al país, empezó su etapa de freestyler y organizador de eventos de hip hop. De ese período conserva algunas amistades, como la de los raperos Snif y Zaki. Luego de dos años en esa escena, decidió hacer lo que siempre había querido: cantar. 

Yeik es un artista hijo de su época. Su fama la ha cultivado a través de las redes sociales; principalmente a través de YouTube. No posee un disco, sino cuatro sencillos publicados. Cada uno cuenta con su propio video clip. El más reciente de ellos –que es el que promociona desde hace un par de meses– es el tema “La primera vez”.

Buena parte de su crecimiento se debe al apoyo de un veterano de la escena urbana del país, Jota Sánchez. Por ejemplo: Yeik fue el telonero del concierto que Bad Bunny ofreció en el país. En el año que tiene como cantante, Yeik ha trabajado también con el sello discográfico Park East Music y su artista, Jaudy, de Nueva York. 

En la siguiente entrevista, Yeik habla con Revista Factum acerca de sus canciones, su visión de la música, la escena de hip hop salvadoreña y otros temas : 

 “Quédate sola” fue tu canción debut. La propuesta es diferente para el país. ¿Lograste el sonido que buscabas?

Está basada en un ritmo tropical-dancehall-pop-reggaetón. Tiene un poco de todo. Es una mezcla más que todo tropical de lo que ahora suena. A mí me gusta muchísimo Justin Bieber, principalmente por lo que hace y las nuevas propuestas que él vende. Yo tenía una idea: hacer una canción que fuera como “Sorry”. Hubo un reportaje que le hicieron a él y a esa pista de “Sorry” le bajaron el pitch y la hicieron más lenta. Pensé: «qué cool se escucha». La mandé a los productores y les pedí que la escucharan para hacer algo parecido con un cambio en el drop. El drop es cuando suelta lo fuerte de la canción. Y así surgió. Me mandaron como tres demos a los que les hacía letras y no pegaban, porque había algo que no funcionaba. Yo decía: «¿cómo la hago? ¿cómo puedo hacer que esta canción suene como yo quiero?». En esa época volví a ver a mi ex. Pasaron un par de cositas y resulta que tenía otro. Luego me buscó, pero ya era demasiado tarde para volver. Yo le decía que se quedara sola. Si no quería con aquel y no quería conmigo, mejor sola; porque yo me iba a pasar a disfrutar. Eso es lo que yo quise transmitir. Me sentía frustrado por no tener a la persona que yo quería, pero a la vez cómodo, por mandarla a la… ¿¡Véa!? La canción habla de eso. La letra de la canción es muy triste. Si yo hiciera esa canción en una balada, los pongo a llorar.  Pero traté que en lugar de un momento triste o malo que yo pasé, fuera un momento de superación. Y después de que la canción está a punto de soltar el drop, podés divertirte, a pesar de estar pasando un mal rato. 

Entonces, “Quédate sola” fue hecha con todos mis amigos. Reuní gente que conocí en bachillerato, en el parque, en el rap. O sea, gente de todos lados. Les dije que íbamos a grabar un video y les mandé de referencia el de “Fun”, de Pitbull con Chris Brown. Fue hecha en Miami. Obviamente, acá no es Miami y tampoco soy Pitbull o Chris Brown, pero yo quería algo así. Busqué a la gente indicada y el momento indicado, creo yo. Sucedió como yo quería. Lo grabamos con un Osmo, que es un apartito para celular muy bueno, que tiene estabilizador. El video lo edité yo. Lo grabó Karol y la idea es mía. La gente que llegó son mis amigos. 

¿Y la canción tuvo la respuesta que esperabas?

Yo sabía que iba a pasar eso. Me preparé emocionalmente. Trabajé duro para que sucediera lo que yo esperaba que pasara. Sí, esperaba que fuera un poco más la respuesta, pero es lo que hay. Muchas veces las cosas no salen como uno espera. Pero diría yo que la respuesta que esperaba pasó en el siguiente tema, que fue “Latina”. Con “Quédate sola” fue bien curioso, al día siguiente que la publiqué, los medios digitales me publicaron. La respuesta fue muy bonita. Los amigos de mis papás, la gente que es de mis colegios, todo el mundo era como que «Yeik, wow». 

¿A raíz de esta canción conociste a Jota Sánchez? 

Después de esa canción nos reunimos, platicamos sobre un proyecto, que era el lanzamiento en las radios. La canción suena todos los días en la mayoría de radios nacionales. Y es bien cool porque gracias a él estoy en un lugar donde yo no tenía chance, que son las radios y los medios de comunicación nacionales, que pocas veces se toman el interés de abrirle las puertas a una nueva persona. Me atrevo a decir que los medios de comunicación están hechos para su propia gente. O sea, que un desconocido que, de un día para el otro aparezca y pida sonar en la radio y salir en la televisión, no pasa. Así que le debo mucho de mi carrera a Jota Sánchez.

 En “Latina” proponés otro tipo de sonido. 

“Latina” tiene un poco como de misterio. Es más sensual. “Latina” fue preparada para dar un siguiente paso. “Quédate sola” está hecha para gente de un año a 100 años, ja, ja, por decirlo así. “Latina” es para mayores de 15 años, porque ya tiene un contenido más introvertido. Me gusta el género porque es lo que yo escucho. Es como un hip hop, trap y también un poco de reggaetón. Es un poco doloroso decir esto, pero a la gente que hace hip hop les duele que haga reggaetón también. Pero, como yo hago lo que quiero, lancé “Latina”, que está basada en una chava que me gustaba, también, que era morena y voluptuosa y todo. Y ella me decía: «Te quiero aquí a las tres de la tarde». Y allá iba yo, como perrito. De eso habla, que las mujeres muchas veces te pueden tener del cuello si quieren, pero uno tiene que dejarse llevar, porque es lo que uno quiere. Aquí es la contraparte de “Quédate sola”, porque ya no le decía: «ándate a la chingada»; sino que le decía: «por favor, haceme caso». Hay una parte donde digo: «no estás para nada y mucho menos para mí». Ahí, literalmente, le estoy diciendo que ella es de las que se hacen rogar y yo soy el último en el que se iba a fijar. Primero, porque la chava tenía plata; y segundo, porque yo solo era Yeik, un chavo que quiere cantar y ya. 

Esa canción la hicimos con una amiga, porque tratamos de buscar que el tono de mi voz pegara con el ritmo que yo quería y nos costó un montón. El coro te lo dice todo. 

Este video fue muy diferente. Ya no invité a mis amigos. Hice una invitación abierta para que llegara todo el que quisiera. Y así fue. Llegaron personas diferentes. A los que uno como salvadoreño tiene miedo de ver, quizá. Gente que, usualmente, no está acostumbrada a salir en videos. Personas gorditas, altas, morenas, grandes, gente que se viste distinto, que tiene gustos diferentes de sexualidad, que tiene otros gustos que algunas personas no ven normal, pero yo no lo veo anormal. Soy de la clase de joven que piensa que todos somos iguales y que vale madre lo que cada quien haga. 

Gracias a “Latina” tuve un público diferente. Voy a colegios y la gente me reconoce y hasta me piden fotos. También gracias a esa canción tuve la oportunidad de abrir el concierto de Bad Bunny.

Algunos dicen que “Latina” es una copia de “Havana”, de Camila Cabello…

Salió dos meses antes de que yo publicara “Latina”, pero yo a “Latina” ya la tenía. No fue por “Havana”. Incluso hay un perfil en YouTube que la puso encima de una canción de Usher que se llama “Yeah!”.  ¡Y nada que ver! A mí me gusta Usher, pero no es para tanto. De hecho, suele pasar en muchos casos. Creo que a veces se nos adelantan porque dicen que las grandes mentes piensan igual. Yo esa canción la tenía desde hace como cinco meses antes. Incluso, “Polvo de Estrellas”, la tenía guardada desde hace un año y tengo pruebas. Lo que pasa es que la música así es. La gente cree que la música es de un día para otro. 

“Polvo de estrellas” parece un tema más trabajado, con más recursos. Y parece enfocado a un público específico. 

El tema no es mío. Es de mi mejor amigo, que se fue a vivir a España. Él decidió no hacer más música y me lo dejó a mí. Lo compusimos juntos, pero es más de él que mío. El concepto, en sí, es para un público muy específico: gente mayor, que le gusta la música comercial que suena ahora con un contenido con doble sentido. A mí no me gusta lo explícito, porque sé que a mi música también la escuchan niños, aunque no vaya para ellos. Pero no estoy acostumbrado a decir obscenidades tan obvias, porque muchas veces puede afectar tanto mi carrera como mi persona. Yo no soy así. Aunque uno, como hombre, es caliente de vez en cuando y le gusta ser pícaro. 

“Polvo de estrellas tiene muchísimos significados”. El que sepa, sabrá encontrar el significado correcto. La letra tiene un gran trasfondo. Es curiosa. Las primeras tres canciones que publiqué hablan de tres relaciones diferentes. Y cada una es con una persona diferente. Y eso me hace transformarme en una persona diferente.

Te interesan sobre todo los géneros urbanos. Algunas personas creen que esos géneros, como el reggaetón, el trap o el rap, son sexistas. ¿Cómo ves esto en tus canciones?

Creo que depende de tu interpretación. Creo que juzgar al reggaetón como un género machista es por la forma en que se baila. Ese es el principal problema. Porque yo conozco canciones de rock que son más pesadas (líricamente) que una canción de reggaetón. Pero uno, como latino, juzga lo que ve, usualmente. Vos aquí vas en la coaster, y vas en El Paseo El Carmen, y lo único que vas a escuchar es reggaetón. Entonces, como es lo que más cerca está de ti y es lo que más cerca está de tus problemas, usás eso como una excusa para hacer ese problema con base a lo que estás escuchando. Para mí, el reggaetón no es sexista; las letras tampoco lo son. Cada quien define la forma en que se interpreta cada cosa. Y, obviamente, hay gente que hace música, no solo reggaetón; gente que crea canciones machistas. Yo considero que de mi música posiblemente alguna letra se pueda malinterpretar, pero no lo hago en son de querer menospreciar a la mujer. Obviamente, vengo de una madre y, como hombre, amo a las mujeres hasta el punto en que pienso que son lo más lindo que existe. 

Sí entiendo lo de las luchas de las mujeres feministas, y todo eso, y que son grupos bien difíciles de comprender. Yo, de hecho, conozco a gente que es súper arraigada a esa idea y respetan lo que uno hace. Porque el feminismo, pienso yo, es darle a la mujer el mismo lugar que el hombre tiene, en esta sociedad tan difícil y llena de complejas idea. Uno, como latino y como salvadoreño, tiene ciertas desventajas. No por ser latino, tampoco por ser salvadoreño, tampoco por el gobierno, sino por la educación que nos han dado. No es el reggaetón ni la letra; es la educación que nos han dado. 

¿Te sentís parte de la escena hip hop del país?

No me siento parte de la escena, porque no soy como la mayoría de la escena. Creo que la gente que me conoce –o que llegó a conocerme dentro de ese aspecto– sabía que había algo diferente en mí desde mi primera batalla. Siempre trato de luchar por hacer algo que funcione. Siento que vivo en un árbol y, si el árbol se empieza a secar, trato de llenarlo de frutos lo más que se pueda. El vivo ejemplo fue esto: mis primeras batallas las gané y no me quedé con que iba a ser solo freestyler. Empecé a hacer enlaces con Guatemala. Hice un evento acá en Acapella que se llamaba “Liga de Titanes”, que podría decir que fue de los mejores eventos del año. Lo hice en El Salvador, Costa Rica y Guatemala. E iba a traer a un exponente de cada país y a un argentino. Pero ya no quise seguir por lo mismo. Sentía que era darle arena a un hoyo que jamás se iba a llenar y a mí no me hacía feliz. Ver que la gente creía que yo estaba buscando hacer dinero, que es lo que menos te deja hacer eventos de rap. No lo sé. Así lo veo yo. Quizá no lo hice bien. 

No quisiera que la gente me tildara de rapero. No me ofende ni me molesta pero… Va a doler lo que voy a decir para muchos –espero que lo lean, lo disfruten y me critiquen porque lo diga–, pero: rapero puede ser cualquiera; cantante y músico, nadie puede ser de la noche a la mañana. Llamarte músico es pesado y llamarte cantante es peor. Yo no me considero cantante todavía. Me falta mucho. Pero sí me considero artista. Espero que la gente me tome como artista y no como rapero. 

Te ha tocado vivir muchas cosas de las que hablan los raperos. ¿No te interesa cantar de esos temas?

Que uno venga de una vida difícil no quiere decir que vas a contarle al mundo que tu vida ha sido difícil. Yo también he pasado por los problemas que las canciones de rap nacional cuentan. Hay una persona que es un gran referente y no me da pena mencionarlo: Snif. Yo creo que sus temas son crudos. Pero, lastimosamente, es lo que uno vive. No es crudo en el aspecto de lo que dice, sino de lo que cuenta, con esa libertad. Yo no tendría el valor de hacerlo. Principalmente, porque a mí ese estilo de vida no me gusta. He vivido esa vida. Vivo en una zona conflictiva. Con una pandilla al cruzar la calle y andar tatuado es un problema. Me tengo que tapar, tengo que andar con gorra para ocultar mi cabello. Pero eso no significa que yo tenga que demostrarle al mundo esa parte de mí. 

Porque así como hay cosas difíciles en mi vida, también hay cosas bonitas. Gracias a Dios tengo a mis papás, mi hermano, mi perro y una casa donde vivo. Gracias a Dios he tenido relaciones bonitas. He viajado y he conocido muchas partes y cosas que muchos desearían hacer. Prefiero contarle al mundo esa parte de mi vida –que a mí me gusta– que decirles que vengo de un lugar donde no puedo salir a la calle con tal marca de zapato porque me van a matar. 

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