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¿Vuelve el mundial a Concacaf?

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Antes que nada, partamos de un hecho: a Estados Unidos no le hacía falta México ni Canadá para presentar una candidatura para una Copa del Mundo con 48 selecciones. Sin embargo, sí le hacía falta —tanto México como Canadá— para ser considerado como una candidatura fuerte.


A comienzos de la presente semana se realizó el anuncio de un candidatura conjunta y norteamericana para organizar la Copa del Mundo de 2026. Para entonces quedaron claras varias cosas: la principal es que el plan contempla la realización de 60 de los 80 juegos de la competencia en territorio estadounidense; 10 juegos se realizarían en México; y otros 10 en Canadá. Por ende, en México la noticia no cayó en gracia ni en la afición ni en la prensa deportiva, que no dudó en calificar de “migajas” la propuesta aceptada por la Federación Mexicana de Fútbol (Femexfut).

Pero si la Federación de Fútbol de los Estados Unidos (USSF, por sus siglas en inglés) podía presentar una candidatura por su cuenta —como ya lo había hecho diez años atrás, con la aspiración de albergar en solitario el mundial de 2022—, ¿por qué lo hizo ahora con el acompañamiento de Canadá y México? ¿Y por qué estas federaciones aceptaron sin, en apariencia, reproches?

Sunil Gulati, el hombre fuerte del fútbol en Estados Unidos, y por consiguiente en Concacaf, tiene prisa por que la Copa del Mundo vuelva a territorio estadounidense; y para conseguir su mundial necesita un plan que vaya más allá de cumplir los criterios de FIFA para considerar una candidatura. Así lo señaló Decio de María, el presidente de la Femexfut, luego del anuncio oficial de la candidatura. Se trata más de la elaboración de una “filosofía”. Se trata de construir un mensaje de apertura, respeto y tolerancia al mundo, en un momento en que las políticas migratorias de Estados Unidos se vuelven más rígidas. Es, en definitiva, una candidatura conjunta política. Por eso Estados Unidos necesita de sus vecinos, de ambos, para que el plan de Gulati resulte.

Las críticas de gran parte de la prensa deportiva mexicana y de la afición apuntan a su propia federación por aceptar una propuesta que ha sido recibida con aires de indignación. En México se disputarían en total 10 juegos de la fase de grupos, segunda ronda y octavos de final. Todos los juegos a partir de cuartos de final se jugarán en estadios estadounidenses, final incluida, por supuesto.

Todo apunta a que la Femexfut aceptó por una sola razón: el país no está en condiciones de organizar una Copa del Mundo con 48 selecciones y 80 juegos.

¿Podría estarlo? Sí, pero eso supondría esperar varios años, y la idea de una tercera edición de esta competencia en su tierra es bastante más tentadora que hacer el trabajo que requeriría una candidatura en solitario. Pero por eso tampoco dejan de tener razón las críticas, pues el dibujo es bastante claro. El mundial 2026 es de Estados Unidos, y sus vecinos asumen el papel de invitados del anfitrión.

Para todo perjudicado hay un beneficiado

Si México es el damnificado en la candidatura de Norteamérica, Canadá es el gran beneficiado. En 2018 se cumplirán 32 años de la única participación canadiense en un mundial, el de 1986. A nadie extrañaría que esta selección tampoco lograra el boleto al mundial de Catar, por lo que ser un potencial anfitrión del mundial 2026 (con todo y que a Concacaf le corresponderían seis plazas para entonces) suena a demasiado premio.

Por supuesto que a Estados Unidos quizás le habría bastado con el “apoyo” de México. Lo de Canadá se explica por una de las debilidades de FIFA:

  • Llevar la Copa del Mundo a países donde el deporte no es el favorito de la población.

Puestos a sospechar, también podría explicarse a través de la influencia que ejerce Victor Montagliani —el mandamás del fútbol canadiense—, quien resulta ser también el presidente de Concacaf, y uno de los vicepresidentes de FIFA.

Como sea, la candidatura norteamericana es por ahora la única oficial, y seguramente habrá puesto a pensar a otros aspirantes en la manera de “construir” nuevas propuestas. Y quizás alguna muera antes de siquiera nacer, como el supuesto interés de Colombia, Perú y Ecuador por organizar este mundial en conjunto. Es posible que esta candidatura nunca sea presentada, en especial porque medios deportivos estadounidenses aseguran que Conmebol ve con buenos ojos la “candidatura de Concacaf”.

A propósito de candidaturas contrarias, y en un ataque de pragmatismo que enorgullecería a los padres de esta escuela de pensamiento, Concacaf presentará una propuesta en el Congreso de FIFA (a realizarse en mayo próximo) solicitando un período de cierre de candidaturas por seis meses (según algunos medios). Esto para que la propuesta norteamericana presente un informe con especificaciones técnicas respecto a los criterios de FIFA para organizar este evento (estadios, hoteles, transporte, etc.). La intención es que al presentar este informe, la FIFA decida, en caso de cumplir con los requisitos, otorgar la sede del mundial 2026 a la candidatura de Estados Unidos, Canadá y México.

Las principales resistencias que Concacaf encontraría en mayo podrían venir de Oceanía. Se habla de una posible candidatura conjunta entre Australia y Nueva Zelanda, aunque la primera selección juega sus eliminatorias en Asia, y esa quizás sea la mayor debilidad de la propuesta, pues el mundial 2022 se jugará en dicho continente. Pero tal parece que ninguna de las dos federaciones tienen prisa, y podrían esperar a presentarse para 2030, mientras trabajan en una propuesta que resulte interesante a los ojos de la FIFA.

Quien tiene un poco más de urgencia es Marruecos. El perdedor histórico de estas instancias (cuatro candidaturas rechazadas en total) parece que no renuncia a su sueño. Hace unos días, un periódico deportivo de Madrid informaba acerca de una presunta propuesta del rey Mohamed VI de Marruecos hacia su homólogo español para presentar una candidatura conjunta y que incluya a Portugal. Sería una candidatura interesante, pero correría con el tiempo en contra ante la premura estadounidense por evitar un proceso de selección que se extendería hasta 2020.

Con este panorama, quizás la última palabra la tendrá China, otro potencial candidato y que no oculta su deseo de tener una Copa del Mundo lo más pronto posible. En su contra está la inmediatez del mundial de 2022, a realizarse también en territorio asiático.

¿Y qué pasaría en el resto de países que integran la Concacaf? El mundial de 2026 tiene 48 cupos; Concacaf tendrá seis cupos directos, más uno en una serie de repechaje; y en caso de albergar la competencia, posiblemente un cupo más para el repechaje, que envolvería en total a ocho selecciones y no a cuatro, como ahora.

Como sea, si esta candidatura gana (cosa que no parece imposible) la mitad de las plazas disponibles estarían aseguradas por los anfitriones, por lo que las selecciones de Centroamérica y el Caribe pelearían por los otros tres cupos directos, y quizás por dos cupos para el repechaje.

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