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Editorial Factum: Votos contra la corrupción y la violencia

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La concepción política sobre la que se sustenta nuestra república, cuya idea fundacional está escrita en la Constitución, define que en usted, el ciudadano, y en sus pares reside el ejercicio último del poder. Y nuestro sistema político particular, la democracia representativa, entiende que cada vez que vota usted traslada ese poder a un grupo de personas que sesionan en el llamado primer órgano del Estado, que es el depositario directo del mandato que todos le damos cuando elegimos a los diputados que lo conforman.

Es decir, usted que vota el 4 de marzo de 2018 para elegir a la Asamblea Legislativa estará decidiendo quién en nombre suyo legislará sobre los asuntos más importantes que atañen al país, los cuales en la Redacción de Factum pensamos son tres, en este orden: la violencia -protagonizada en esencia por las pandillas y la fuerza pública-; la falta de transparencia en el uso que los funcionarios hacen del insuficiente recurso público con que el Estado salvadoreño cuenta para atender sobre todo a los más necesitados; y, en directa relación con lo anterior, la incapacidad del Estado -su gobierno y sus fuerzas productivas- de lograr acuerdos mínimos para evitar la inminente crisis fiscal que sobre él se cierne.

Volvamos a usted que es, como nosotros, en quien recae la decisión última sobre estos asuntos. Y reiteremos: usted elegirá a sus representantes directos, los diputados, y ellos, en nombre de usted, tomarán las decisiones que marcarán al país durante los próximos tres años o, en algunos casos, durante mucho más tiempo.

A los diputados de esta legislatura en particular, la que usted elegirá el 4 de marzo de 2018, corresponderá, por ejemplo, nombrar al nuevo fiscal general de la república y a los magistrados que formarán la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia. El primero es el abogado del Estado, encargado entre otras cosas de ejecutar la persecución de criminales y de atajar a quienes usan para beneficio propio los fondos del Estado. La segunda ha sido, en los últimos años, un importante contrapeso al poder Ejecutivo y también ha abierto puertas para la persecución eficaz de la corrupción.

Así, si usted elige como su representante a una persona sobre la que pesan señalamientos razonables de corrupción, compadrazgo, malversación de fondos, fraudes u otros delitos que tengan que ver con el mal uso del recurso público, lo más probable es que cuando esa persona, desde la curul que usted le dio, piense en qué es lo más importante a la hora de votar por el nuevo fiscal general se decidirá por alguien que pueda ayudarle a encubrir sus delitos.

El corrupto elegirá a un corrupto, o a alguien a quien puede corromper. Es bastante simple. Y ya nos ha pasado. El ejemplo más reciente: Luis Martínez, el ex fiscal general que está preso y a quien, cuando ya había contra él serios señalamientos de corrupción, apoyaron diputados de la mayoría de los partidos políticos representados en la Asamblea, incluidos en primera fila el FMLN y ARENA.

De nuevo, si usted elige corruptos, lo más probable es que ellos elijan corruptos para los despachos de la fiscalía general y la Corte Suprema de Justicia.

El 4 de marzo usted también elegirá concejos municipales en todo el país. Su voto delimitará, en gran medida, el poder territorial de los partidos políticos de cara a la elección presidencial de 2019, pero también en las municipales su voto influirá en la forma en que esos partidos definirán su ejercicio respecto a la violencia, las pandillas y la inseguridad en general. Y esto es de suma importancia.

Si usted vota por los candidatos, sobre todo de ARENA y el FMLN, que han sostenido y hasta donde sabemos siguen sosteniendo negociaciones electorales privadas con las pandillas MS-13 y Barrio 18 mientras en público utilizan un falso discurso de cero tolerancia a los pandilleros, usted le estará diciendo a esos políticos que está bien, que no importa que nos mientan a la cara y que, a cambio de votos y territorio, sigan empoderando a las pandillas.

Y si vota por quienes venden violencia como única solución a la violencia, ya sea exacerbando las prácticas de exterminio desde la fuerza pública, poniendo más armas en manos de civiles o difuminando las fronteras del Estado de Derecho, usted estará votando por la ilegalidad, pero también por personas que suelen usar este discurso para tapar sus propias corrupciones. ¿Hace falta repetir sus nombres?

No es poco lo que tiene que decidir en esta elección.

En Revista Factum entendemos también, que a usted la ley le permite expresar esa decisión de diversas formas: votando por partidos o candidatos, anulando su voto, o simplemente, absteniéndose de ir a las urnas. Todas son expresiones democráticas legítimas por las que usted puede optar. Quien le diga lo contrario apela, solo, a los retumbos de autoritarismo que aún nos rodean.

Hoy también, gracias a resoluciones de la Sala de lo Constitucional que los nuevos diputados deben reemplazar, usted tiene más opciones si su decisión es marcar las papeletas sin anularlas.

Usted puede votar, como se había hecho hasta las legislativas y municipales de 2015, por un partido, por su bandera. En este caso lo que estaría haciendo es dar preferencia al orden que los partidos han dado a sus listas departamentales. Por ejemplo, si usted solo marca la bandera del FMLN en San Salvador, el principal beneficiario sería José Luis Merino. Si solo marca la del PCN en Santa Ana, sería Francisco Merino. Y si marca la de ARENA en La Libertad el más favorecido sería Rodrigo Ávila. Y si lo hace por GANA en San Salvador, su apoyo iría sobre todo a Guillermo Gallegos. Sobre todos pesan, entre otros, señalamientos públicos de recibir apoyos de personas procesadas penalmente por actos de corrupción (Francisco Merino y José Luis Merino), de crecimiento patrimonial sospechoso (Gallegos) o de apoyar legislación que favorece al crimen organizado (Ávila). Y todos son dirigentes de peso en sus respectivos institutos políticos.

No hay que pensar mucho para entender que esta forma tradicional de votar también sirve a estas personas para evitar que eventuales investigaciones penales los alcancen a ellos o a sus grupos. Porque tampoco lo olvide, al poner a alguien en la Asamblea usted está dándole el beneficio de la inmunidad: el Estado, mientras él o ella estén en el Congreso, no puede meterlo a la cárcel.

También puede votar por rostros, con lo que usted no estaría haciendo caso a lo que le imponen los partidos con sus listas, sino que estaría, en parte, decidiendo sobre la base de méritos personales. Usted también puede cruzar su voto marcando por candidatos de partidos diferentes, con lo que de alguna manera estaría trascendiendo las fronteras ideológicas sobre la que está montado nuestro sistema político desde hace varias décadas.

La decisión es nuestra, de los ciudadanos. Sin duda. Bueno sería que a la hora de ejercer nuestro derecho democrático -votando, anulando o absteniéndonos- pensemos en personas que no estén comprometidas con la corrupción y la violencia, que no la hayan tolerado o perpetuado, que no hayan, por activa o pasiva, participado en desfalcos del erario. Votar por candidatos así equivale a ceder nuestro poder de elegir a personas que, sin duda, seguirán utilizando sus curules para delinquir o para proteger a quienes lo hacen.

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