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Una sombrilla con los colores del arte

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El sábado 30 de septiembre abrió sus puertas la Casa Escuela Sombrilla, primera escuela de circo social en El Salvador y que consiste en un proyecto que ha encontrado en la Colonia Escalón el escaparate para promover distintas expresiones artísticas y de esparcimiento, tales como la acrobacia de piso, aéreos, parkour, malabares, escalada, slackline, yoga y break dance, entre otras más. 

Foto FACTUM/Julia Valencia


La Casa Sombrilla irradia alegría desde que se pone un pie en ella. Se trata de un espacio en el que se percibe la idea de un proyecto al cuál se le ha puesto empeño, y que está organizado y creado por los mismos artistas que participan impartiendo cada uno de los talleres.

Según palabras de Karina Castillo, una de las fundadoras del proyecto, la iniciativa comenzó a gestarse entre septiembre y noviembre de 2015, con el nombre de Circo Social en El Salvador. En un principio fue concebida como una necesidad personal del ecuatoriano José Luis Castillo, uno de los fundadores del proyecto. La formación de José Luis ocurrió en su país, por un programa promovido por la vicepresidencia y el Cirque du Monde (Fundación del Cirque du Soleil).

De acuerdo a Karina, al principio quisieron llevar el proyecto para desarrollarlo con la municipalidad (de San Salvador), pero estima que no les generó interés, como cree que también ocurrió con la Secretaría de Cultura (SEC) del gobierno en funciones. “Aunque por todos los altibajos que la SEC ha tenido en estos últimos años, creo que fue mejor no entrar a un proceso de gobierno. Esto nos dio independencia”, comenta la tallerista.

El sábado pasado, la primera parte del evento fue denominada “Puertas abiertas” y consistió en —literalmente— abrir las puertas de la casa desde las 8:30 de la mañana para que la gente pudiera participar y conocer los talleres y actividades que se imparten. Dichos talleres eran inclusivos, tanto para chicos como para grandes, tenían cupo limitado, pero fueron gratuitos. El único requisito para participar en ellos fue el de tener una actitud positiva y disposición de probar algo nuevo.

La segunda parte del evento llegó en la jornada nocturna y fue llamada “Pura sabrosura vol.1”, ya que se trató de una fiesta musicalizada por DJ Lebanjy, una celebración que —al igual que la naturaleza del lugar que la organizaba— estuvo amenizada por un varieté de diferentes géneros. Al igual que en la jornada matutina, la diversión alcanzó a un público integrado por adultos y niños. Actividades como el show de el Payaso Simoon, malabares con fuego, muestras de parkour, y break dance, entre otros, lograron hacer de la noche del sábado algo diferente e inusual en las actividades nocturnas salvadoreñas.

Cómo muchas de las iniciativas en El Salvador, el proyecto nació sin fondos, sólo con un ideal escrito bajo el brazo y las ideas claras de lo que se quería lograr. Según cuenta Karina, José Luis repetía la frase:

“La única manera de que la gente vea y crea que esto funciona es haciéndolo”.

Y es así como comenzaron un proceso de teatro con adolescentes y jóvenes en la colonia La Cima 1, en Ilopango, pero al quedarse carentes de presupuesto para dicho proyecto, la persona encargada de facilitar los talleres se fue y quedó solamente José Luis dándole continuidad. Luego se integraría Karina y el resto del equipo a la iniciativa, cuyo objetivo principal es promover el arte como una herramienta de transformación social y, a través de este y las lecciones del circo, “ayudar a desarrollar valores atemporales en las personas: el respeto, la voluntad, la disciplina, la comunicación, empatía y resiliencia”, según las palabras de la propia Karina. Ella afirma que la urgencia de estos valores está en las comunidades en situación de violencia, pero que en realidad es una necesidad latente en toda la sociedad, sin distinción de género, posición económica, o nivel educativo.

De acuerdo a los integrantes del colectivo, ellos lo ven largo plazo como una iniciativa que pudiera expandirse, que se convierta en una red, y que exista un circo social en cada comunidad para fomentar los valores a los que se refieren como el motor y la finalidad del proyecto. Los talleristas afirman que aspiran a ser una escuela profesional de arte circense.

“Buscamos permanecer en el tiempo, que la gente se sienta empoderada e identificada con nuestro proyecto, que seamos familia, comunidad, que haya vínculos. Que nos juntemos y hagamos un cambio trascendente, persona a persona, despacio, porque caminando despacio se llega más lejos”, finaliza Karina.

La Casa Escuela Sombrilla está abierta de lunes a sábado con diferentes horarios y diferentes talleres, tanto para jóvenes, adultos y la opción de talleres infantiles de malabares, parkour, teatro y break dance, entre otros. Cada taller posee un costo mensual de $35 dólares y una membresía anual de $5 dólares.

La escuela está bicada en la tercera calle poniente, block 107, #4747, de la Colonia Escalón. Mayor información se encuentra disponible en su página de Facebook.

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#Arte