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Una familia huye del paテュs de las pandillas

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Esta es una historia de violencia en cadena: tres familias que tuvieron que dejar El Salvador por amenazas de la Mara Salvatrucha, una tras otra, despuテゥs de intentar ayudarse mutuamente. Francisco y Lily, una joven pareja de esposos, entendieron que ningテコn lugar del paテュs era seguro: las pandillas controlan todos los lugares donde ellos pueden vivir. Ahora engrosan la larga lista salvadoreテアos desplazados por la violencia, ese fenテウmeno que el gobierno se niega a aceptar.ツ

Foto FACTUM/Salvador Melテゥndez


Dos mujeres caminan apresuradas por un callejテウn de tierra en la oscuridad de la noche. Una de ellas carga una maleta con ropa; la otra, un bebテゥ de ocho meses. Unos metros atrテ。s viene corriendo un joven con otro bulto en las manos, intentando alcanzarlas. Al final del callejテウn los espera un auto pequeテアo y oscuro debajo de una lテ。mpara de alumbrado pテコblico. Son las 2:00 de la madrugada de un martes a principios de marzo y esta familia emprende un テゥxodo repentino: intenta escapar de las garras de la Mara Salvatrucha 13 y salvar sus vidas.

Juan tiene un pie en el acelerador y la mano derecha en el mango de un machete mientras esperamos a que la familia logre llegar al carro. Estamos en el municipio de La Libertad, a la orilla de la carretera que de San Salvador conduce hacia Santa Ana. Los segundos desde que vislumbramos a la familia corriendo hasta que suben al carro parecen estirarse. Una vez todos arriba, el motor del pequeテアo auto papalotea a tope y salimos bruscamente de la zona.

El viento se cuela por las ventanas y la familia, apuテアada en el asiento de atrテ。s, se une en un abrazo profundo de alivio. Tienen frテュo y van nerviosos. No hablan. Los faroles de los carros con los que nos cruzamos dejan ver a lamparazos sus rostros. Una es una mujer de unos 50 aテアos que no quita la vista de Juan y su machete. Los otros dos son jテウvenes y menudos. テ瑛 es un chico flaco y paliducho. Ella lleva en la cara la marca que dejaron unos dテュas difテュciles: un moretテウn color violeta le cubre la parte derecha del rostro. En medio de ellos llevan, como un tesoro muy valioso, envuelto en un manta verde a un bebテゥ de ocho meses.

Antes de esta noche, todos tenテュan una vida en su cantテウn, con una casa, muebles y vecinos, pero ahora van con un puテアado de ropa, junto a dos desconocidos, hacia un futuro incierto.

Dos dテュas antes de la huida, una docena de pandilleros de la MS-13 llegテウ a la casa de Franciscoツy lo amenazテウ de muerte a テゥl y a su familia. Lo golpearon y tambiテゥn golpearon a su esposa. Le dijeron que se habテュa metido en lo que no le importaba y que debテュa pagar las consecuencias. Franciscoツayudテウ a escapar de la pandilla a un conocido suyo que tenテュa sentencia de muerte.

Francisco y su familia no pueden huir a otro municipio. Esa es una opciテウn que ni siquiera han valorado. Y para eso tienen un razonamiento que a ellos les parece vテ。lido: no hay un lugar en este paテュs al que puedan irse a vivir, dentro de sus posibilidades, que no estテゥ controlado por las pandillas.ツHacerlo serテュa simplemente prolongar lo inevitable. Tampoco buscaron ayuda del Estado, no buscaron a la policテュa; no confテュan en ella. Por eso prefirieron buscar la ayuda de una amiga cuyo trabajo es difテュcil de definir. Difテュcil porque bテ。sicamente se dedica a ayudar a la gente mテ。s necesitada. Ella, quien prefiriテウ que no se mencione su nombre en este texto, terminテウ contactテ。ndonos a nosotros, dos desconocidos窶砥n periodista y un Juan, un antropテウlogo窶 para ayudar a Franciscoツy su familia a dejar El Salvador.

A Francisco y su familia no les alcanzテウ todo un paテュs para esconderse.

Media hora despuテゥs, a muchos kilテウmetros de su cantテウn, el auto se detiene. Bajamos y dejamos las puertas abiertas. Doテアa Amテゥrica toma al niテアo en sus brazos mientras que su hija Liliana 窶鏑ily窶 carga con una maleta y su esposo la otra. Abrimos la puerta de la casa y les decimos que ahテュ se pueden quedar, que aquテュ estarテ。n seguros y podrテ。n esconderse por un tiempo mientras se afinan los detalles de su prテウximo viaje.

Francisco carraspea un poco para aclarar la garganta y vuelve a decir que gracias. Lily no quiere hablar mucho, mientras que su madre nos mira a lo lejos con recelo. Nos despedimos cargando un rato al bebテゥ. Ha sido una noche larga.

La luz de la lテ。mpara ilumina el cuarto grande que hace las veces de sala. Entonces Lily se aparta el cabello del lado derecho de la cara y muestra un enorme moretテウn que le cubre toda la cuenca del ojo. Con la cara agachada se toca como para medir la inflamaciテウn y dice que asテュ la dejaron los pandilleros despuテゥs de la golpiza.

***

Dos dテュas despuテゥs de aquella noche, Francisco, Lily y doテアa Amテゥrica parecen ser otras personas. Ya no son el manojo de nervios que huテュa de su tierra. Ahora se pasean por la casa donde estテ。n resguardados, y tienen una sonrisa en la cara. El pequeテアo bebテゥ viste ropa blanca y fresca y tiene los ojos bien abiertos y alegres mientras pasa de brazos en brazos.

Francisco es un tipo tテュmido. Es delgado, de piel trigueテアa, y habla suave y pausado. A veces deja escapar una risa picaresca y mientras conversa mira de reojo a su esposa a cada rato. A Lily la conociテウ cuando tenテュa 17. Ahora tienen un aテアo de vivir juntos.

Para entender lo que pasテウ aquella madrugada de su huida, primero hay que contar lo que pasテウ seis dテュas antes. El jueves 2 de marzo, Franciscoツrecibiテウ varios mensajes en su telテゥfono celular. Quien escribテュa era Fredy, un miembro de la iglesia evangテゥlica a la que asistテュa todos los domingos.

Fredy no era el mejor amigo de Francisco; de hecho, era apenas un conocido. De conocerse tenテュan dos aテアos, y seis meses de frecuentarse mテ。s.

Fredy, angustiado, contテウ a Francisco que algo malo le sucedテュa. Le dijo que los pandilleros habテュan llegado esa misma tarde y lo habテュan golpeado con una pistola en la cabeza, que lo habテュan amenazado de muerte y que lo habテュan citado para el siguiente dテュa a un lugar desolado.

La historia del テゥxodo de Francisco y su familia es la テコltima cuenta -conocida- de una camテ。ndula. La pieza anterior es Fredy, quien a su vez es la sucesiテウn de otra.

Fredy fue amenazado por la Mara Salvatrucha por haber ayudado a escapar de la muerte a un familiar y a la mujer de este. Ella habテュa sido amenazada por la pandilla dテュas antes. Ella tenテュa una amiga a quien le pidiテウ ayuda para escapar. Su amiga le dijo que podテュa conseguirle albergue fuera del paテュs, que buscaran cテウmo escapar de ahテュ y que ella se ocuparテュa del resto.

Fredy ayudテウ a escapar a su familiar y a la esposa de este. Despuテゥs de eso, la amenaza de muerte le llegテウ a テゥl. La cadena de amenazas se hacテュa mテ。s larga.

Preocupado, Fredy llamテウ a su amigo Francisco para consultarle quテゥ podテュa hacer. Francisco le dijo que no fuera al lugar donde los pandilleros lo estaban citando, y que mejor escapara, como su pariente. Francisco le ayudテウ a conseguir un taxi para que se fuera en la madrugada del siguiente dテュa. Y la amenaza se volviテウ a trasladar.

En la tarde del viernes, Franciscoツrecibiテウ una llamada de un nテコmero que no conocテュa. El que llamaba decテュa ser pandillero y le preguntテウ por Fredy. Francisco contestテウ que no sabテュa nada de テゥl, pero el tipo se enojテウ y le hablテウ en tono amenazante. 窶弑sted ya sabe, no le creo que nos va a andar ocultando las cosas o窶ヲ ツソque se quiere meter en pedo con nosotros? ツソQuテゥ piensa usted, que nosotros somos pendejos?窶, dice Francisco, mientras emula la voz del pandillero.

Despuテゥs de eso cortテウ la llamada y el miedo se empezテウ a alojar en el pecho de Francisco.

窶泥e repente me llamテウ otro chamaco mテ。s tranquilo. Alテウ, me dijo. Quiテゥn habla. Mirテ。, me dijo, asテュ, ve. Yo un loco de la mara soy, me dijo, y nosotros sabemos quテゥ ondas con usted, que usted no se mete en problemas, me dijo, pero yo nada mテ。s le marco para hacerle una pregunta, me dijo. Sテュ, dテュgame, le dije. ツソVerdad que usted era la persona que estaba arriba de la gasolinera esperando un taxi ahora en la madrugada, como a eso de las 2:00?, me dijo窶ヲ Yo me quedテゥ callado. ツソUsted era, va?, me decテュa. Entonces, yo rテ。pido pensテゥ que si les decテュa que no iban a notar que les estaba mintiendo porque si me estaban preguntando era porque alguien me habテュa visto.

La conversaciテウn entre el pandillero y Franciscoツcontinuテウ.

窶鄭jテ。, ajテ。, me decテュan. Sテュ, le dije, yo. Ajテ。, vamos bien, me dijo. ツソY para dテウnde ibas?, me dijo. Iba para el pueblo, le dije yo. ツソY para donde quiテゥn?, me decテュa.ツ Yo no hallaba quテゥ decir. De ahテュ me dijo: ツソva que vos fuiste a sacar al bicho de allテ。 arriba? ツソA quiテゥn?, le decテュa yo, haciテゥndome el tonto. Mire, mejor sea neta con nosotros, ya me estテ。 dando cテウlera, me dijo. Yo soy bien tranquilo, yo tengo paciencia, pero si usted no nos colabora ya va ver quテゥ pedo, me dijo. Yo solo me sentテュ bien afligido.

Finalmente, Franciscoツcediテウ.

窶鉄テュ, la verdad sテュ, le dije. テ瑛 solo me dijo que necesitaba salir de urgencia con la mamテ。, le dije. Esa es casaca, me dijo. Vos ya sabテゥs quテゥ pedo, me dijo. Vos con nosotros la has cagado porque el bicho ahテュ se tenテュa que quedar. Mire, yo no sテゥ, pero discテコlpeme si he tenido problemas con ustedes, le dije. En eso se cortテウ la llamada.

Francisco, que en ese momento estaba en casa de una de sus tテュas, saliテウ del lugar sin decir nada. Anduvo por un camino de tierra hasta su casa, donde lo esperaba Lily. ツソDe dテウnde sacaron mi nテコmero? ツソcテウmo se habrテ。n dado cuenta? ツソme irテ。n a matar?, pensaba Francisco.

Al llegar a casa, Lily pudo notar algo extraテアo en la mirada de su esposo. テ瑛 nunca ha sido un tipo extrovertido, pero siempre ha sido cariテアoso y jovial con ella. Esa tarde, sin embargo, entrテウ mudo a la casa y se sentテウ en el sillテウn. Al llegar la noche, Franciscoツno pudo dormir.

El sテ。bado, contrario a lo que esperaba, nadie le llamテウ. No recibiテウ ninguna amenaza ni vio a sujetos extraテアos merodeando su casa. Franciscoツintentテウ olvidar las cosas y tratテウ de creer que el problema se podテュa resolver de alguna manera. No le dijo nada a su esposa ni a su suegra y hasta intentテウ olvidarlo.

Entonces llegテウ el domingo 5 de marzo.

Por la tarde, Franciscoツfue a la iglesia como de costumbre.

Liliana y Franciscoツmuestran los moretes que les quedaron despuテゥs de recibir una paliza por parte de pandilleros. Foto FACTUM/Salvador Melテゥndez

***

Como a eso de las 7:30 llegaron dos personas a la casa. Yo estaba lavando los trastes cuando me preguntaron por Francisco. Yo les dije: anda por la iglesia. Entonces ellos me dijeron 窶彗quテュ vamos a esperar窶. Vaya, les dije yo. Entonces llegaron los otros ocho. Uno no es que los conozca, pero uno con solo verlos sabe lo que son. Y yo supe que eran pandilleros.

Entonces, uno de ellos, que parecテュa mテ。s enojado que el otro, me dijo 窶徇irテ。, ツソy dテウnde estテ。 Francisco?窶 Estテ。 en la iglesia, le dije yo. 窶弖amos窶, me dijo. Y entramos a la casa. En el sillテウn me sentテゥ y me dijo 窶廴irテ。, a mテュ no me gusta que me mientan窶. Cuando me dijo eso, yo no sテゥ si fue miedo o quテゥ, pero la voz me empezテウ a temblar. Entonces me dijeron que les dejara de estar mintiendo. Y el mテ。s enojado me empezテウ a gritar 窶慊。bicha cerota, a mテュ no me gusta que me den paja!窶. Entonces me pegテウ en el brazo un puテアetazo. Y yo me puse a llorar. Cuando no vi salida, quise defenderme, quise hacer algo por mi vida. Entonces me agarraron los otros dos y el mテ。s enojado me pegテウ un puテアetazo en la cara.

Entonces me dijeron que me diera la vuelta, que si no me iban a matar. Me dieron vuelta y empezaron a darme patadas en las piernas y trompadas en el cuerpo. Me hacテュan una pregunta y no importaba lo que yo les contestara, me pegaban otra vez. Yo llorando estaba cuando por fin llegテウ Francisco.

Lea tambiテゥn: Belice, la tierra prometida de los desplazados salvadoreテアos

***

La iglesia queda como a unos 800 metros. Yo salテュ exactamente a las 8:00 y desde arriba, desde unas gradas que hay antes de llegar, vi un montテウn de personas frente a la casa. Entonces corrテュ y me metテュ rテ。pido a ver quテゥ estaba pasando. Y vi a esas tres personas. Entonces les hablテゥ bravo. ツ。ツソQuテゥ estテ。 pasando, por quテゥ estテ。n ustedes aquテュ?! ツ。Se me salen ahorita!, les dije. No sテゥ realmente quテゥ me pasテウ, pero en ese momento, cuando vi que me la estaban golpeando toda a ella agarrテゥ un gran valor y les gritテゥ. No me importテウ que me pudieran matar en el momento.

窶廴irテ。, si aquテュ por vos hemos venido窶, me dijo y se sacテウ una pistola. En ese momento yo lo テコnico que sentテュa era cテウlera. Entonces pensテゥ, 窶徭i me va a dar chance de defenderme que sea en otro lado, no aquテュ窶. 窶弑sted se va a ir con nosotros窶, me dijeron. Y, cabal, me dijeron lo que yo querテュa escuchar.

Me fui con ellos. Uno de ellos me iba apuntando. 窶慊ソNo llevas nada, verdad?窶, me preguntaban.ツ Como a 40 metros de mi casa hay un predio. Ahテュ hay unas varas de bambテコ. Ahテュ me hicieron una rueda y sacaban telテゥfonos. Uno de ellos empezテウ a decirme: 窶徇ire usted ya sabe por quテゥ estテ。 aquテュ, va窶. No, no sテゥ. 窶廣h, entonces ya se lo vamos a recordar窶, me dijeron.

窶弖aya, mirテ。, la onda estテ。 en que vos con nosotros no tenテゥs problemas, pero nosotros lo que queremos es que nos digテ。s dテウnde estテ。 Fredy, y no nos vayテ。s a dar casaca porque nosotros ya sabemos窶, me decテュa uno. No, yo no sテゥ, les contestaba yo. Entonces empezaron a darme empujones. Yo me caテュa y solo me levantaba. Me tenテュan en medio de un cテュrculo.

[En medio de los empujones, Franciscoツtuvo una idea para salvar su vida].

Vaya, miren, yo de verdad no sテゥ dテウnde estテ。 el hermano, pero lo que sテュ sテゥ es que テゥl me va a llamar dentro de dos semanas para decirme que nos reunamos en un lugar. Si quieren yo los puedo llevar cuando テゥl me cite, les dije.

Entonces me dijeron 窶從osotros lo que queremos es que cuando esa llamada le caiga usted la va a grabar y nosotros le vamos a llamar a usted窶. Uno de ellos me dijo que me iban a llamar y me iban a dar un nテコmero al que tenテュa que mandar esa grabaciテウn.

Yo les dije que estaba bueno. 窶弖enga窶, me dijo uno. 窶廣quテュ no hemos terminado, no sea malcriado窶, me dijo cuando yo intentテゥ irme. 窶廰a cosa es que por haber jugado con nuestra mente le vamos a pegar un corte窶, me dijo. Ah, ツソme van a golpear?, les preguntテゥ yo. Sテュ, me dijo. 窶弑sted no se mete en problemas con nosotros, entonces no sテゥ por quテゥ anda metiendo la cara donde no le importa窶, me dijo.

[Francisco volviテウ a sentir ese impulso de valentテュa y coraje que hasta hoy no sabe explicar bien. Se quitテウ la chumpa que andaba y se puso las manos cubriテゥndose el estテウmago y los testテュculos. Y comenzテウ la lluvia de patadas].

Entraban tres, salテュan, y entraban otros cuatro窶ヲ asテュ estuvieron en el cテュrculo hasta que yo quedテゥ sin aire. Como al minuto me dejaron de pegar y advirtieron que no le fuera a decir a la jura.

Quizテ。 es raro, pero cuando me cayテウ la テコltima patada yo me sentテュ contento. Contento porque me habテュan dejado vivo. Sentテュ un gran alivio en medio del dolor en la espalda y el estテウmago. Entonces salテュ caminando todo patojo lo mテ。s rテ。pido que pude.

Cuando lleguテゥ a la casa, les dije 窶從os vamos de aquテュ窶.

Liliana y Francisco, en entrevista con Factum, poco antes de abandonar El Salvador. Foto FACTUM/Salvador Melテゥndez

La huida

Francisco habテュa conocido a la amiga que ayudテウ a Fredy a salir del paテュs. Ella misma le habテュa dicho dテュas antes que despuテゥs de la huida de su amigo correrテュa peligro, y le prometiテウ que pronto lo ayudarテュa a salir tambiテゥn. Franciscoツla llamテウ de emergencia el domingo y le dijo que lo iban a matar.

La amiga tampoco quiso llamar a la policテュa para salvar a Francisco. No confiテウ en el Estado. Prefiriテウ llamar a un antropテウlogo y a un periodista.

Francisco esperテウ toda la noche adentro de un cabezal abandonado en un predio cerca de su casa. Desde ahテュ se comunicaba con nosotros y vigilaba al mismo tiempo, esperando a ver un movimiento sospechoso, un vigilante de la pandilla, una seテアal que le indicara que el plan podテュa salir mal.

窶泥esde que me llamaron la primera vez no habテュa podido dormir bien, pero esa noche no peguテゥ los ojos para nada. Hasta respiraba suavecito para no hacer ruido y me quedテゥ esperando a que llegaran ustedes en el carro.

Cerca de las 2:00 de la madrugada del martes 7 de marzo, un pequeテアo auto oscuro, con dos tipos abordo, se estacionテウ en la entrada de un callejテウn de tierra. Franciscoツlo vio llegar y esperテウ un rato.

窶添o, realmente, estaba esperando a ver si les caテュan los pandilleros o algo, porque si les caテュan todo iba a salir realmente mal. Nos hubieran matado a todos. Pero ya al ratito, cuando vi que no saliテウ nadie, me tirテゥ del cabezal y salテュ corriendo para la casa.

El telテゥfono de Franciscoツsonaba insistentemente. Las llamadas salテュan desde el telテゥfono de Juan y del mテュo, y nada. Hasta que por fin Franciscoツcontestテウ. 窶弸a voy, ya voy, ツ。ya los vテュ!窶, nos dijo. Entonces, a lo lejos, vislumbramos a dos mujeres caminando apresuradas por un callejテウn de tierra en la oscuridad de la noche. Una de ellas cargaba una maleta con ropa; la otra, un bebテゥ de ocho meses. Unos metros atrテ。s venテュa corriendo un joven con otro bulto en las manos, intentando alcanzarlas. Todos suben al carro y salimos espantados.

Francisco y Lily terminan de contar su historia frente a una grabadora en la sala de un hostal donde esperan su viaje hacia al extranjero. Al final de la entrevista se les ve un poco temerosos todavテュa, pero con una chispa de esperanza que a veces les saca sonrisas del rostro.

Antes de apagar la grabadora, lanzo una テコltima pregunta. 窶慊ソCテウmo te imaginテ。s que serテュa un paテュs sin pandilleros?窶 Lily es la primera en responder.

窶凪ヲ Serテュa como un sueテアo. La verdad, no puedo imaginarlo, dice Lily, mientras hace un esfuerzo mental y continテコa: yo creo que la costumbre de eso me hace pensar que no existe un lugar asテュ.

Luego contesta Francisco.

窶鏑a verdad yo, lo imagino como un sueテアo porque desde mis 10 aテアos he oテュdo sobre las pandillas, pero yo me imagino que en un lugar sin pandillas podテゥs salir a cualquier colonia sin que nadie te diga nada. La verdad es que serテュa bonito, serテュa窶ヲ muy bonito.

El gobierno que desconoce a sus desplazados

La historia de Franciscoツy su familia no es テコnica. Es una de muchas, de decenas, de cientos de familias que sufren a diario las amenazas de las pandillas en El Salvador y se ven obligadas a dejarlo todo para salvar la vida. Sin embargo, a Franciscoツy su familia el Estado salvadoreテアo le ha dado la espalda.

El gobierno de El Salvador se niega rotundamente a reconocer el desplazamiento forzado por violencia en el paテュs. En un acto de ceguera voluntaria, las autoridades de Seguridad han decidido desconocer a esas vテュctimas. Y no solo eso, tambiテゥn las llaman mentirosas y aprovechadas.

En marzo pasado, Factum publicテウ una entrevista con Fテ。tima Ortiz, la directora de Atenciテウn a Vテュctimas, una dependencia del ministerio de Justicia y Seguridad Pテコblica. En esa plテ。tica, la encargada de la テコnica dependencia del Estado salvadoreテアo que vela especテュficamente por las vテュctimas dejテウ al desnudo la posiciテウn del gobierno en este tema.

Sin tener un estudio propio que dimensione el tamaテアo del fenテウmeno, Ortiz y el gobierno en general se han empeテアado en negar el desplazamiento forzado y en descalificar estudios realizados por oenegテゥs que trabajan directamente con vテュctimas, como la Mesa de Sociedad Civil por el Desplazamiento Forzado por Violencia, conformada por 14 oenegテゥs que a su vez ayudan a las vテュctimas.

El mテ。s reciente informe de Mテゥdicos Sin Fronteras (MSF) da luces sobre el fenテウmeno. MSF es un organismo internacional que trabaja con proyectos mテゥdico-humanitarios en mテ。s de 60 paテュses, ayudando a vテュctimas de conflictos armados, epidemias, desastres naturales y exclusiテウn de la atenciテウn sanitaria.

El informe seテアala que 窶徑a violencia experimentada por la poblaciテウn del Triテ。ngulo Norte centroamericano no es diferente de la que se vive en un paテュs en guerra窶. Esta afirmaciテウn se basa, segテコn el documento, en dos aテアos de experiencia atendiendo a migrantes centroamericanos que cruzan la frontera de Mテゥxico.

Una encuesta realizada por MSF a 467 migrantes y refugiados en los albergues mexicanos de Tenosique, Ixtepec, Huehuetoca, Bojay y San Luis Potosテュ revelテウ que el 92,2% de los migrantes y refugiados atendidos en 2015 y 2016 habテュan sufrido un evento violento en su paテュs de origen o durante la ruta a travテゥs de Mテゥxico. Ademテ。s, casi el 40% de los entrevistados mencionaron, como principal causa de la huida, el haber sufrido ellos mismos o sus familias ataques directos, amenazas o extorsiテウn, o haber sido blanco del reclutamiento forzoso por parte de bandas criminales.

En particular, el 56,2% de los salvadoreテアos y el 45,4% de los hondureテアos entrevistados habテュan sufrido alguna muerte violenta dentro de la familia en los dos aテアos anteriores a la salida del paテュs. Y la mitad de los entrevistados (50,3%) se habテュan marchado de sus hogares por razones exclusiva o parcialmente relacionadas con la violencia.

***

Luego de dos semanas de viajes, Franciscoツllegテウ a un albergue para refugiados, lejos de la Mara Salvatrucha, lejos de las balas, lejos de El Salvador. Cuatro meses despuテゥs, escribe un mensaje de texto por Whatsapp muy contento: 窶弸a nos aceptaron la solicitud d q nos van a dar la credencial!窶

El caso de Franciscoツy su familia ha sido aceptado por una comisiテウn para ayuda de refugiados en el extranjero. Ahora, segテコn cuenta, Franciscoツtiene un empleo en una pequeテアa tienda, cerca de donde vive; Liliana trabaja en una escuela y su madre es empleada domテゥstica.

Francisco habla impresionado de lo que ha visto en el extranjero: 窶廢stamos viviendo en un edificio bien alto y por las noches, viera, la gente aquテュ anda caminando con el celular en la mano, y es bien noche, ツ。pero no les da miedo que nadie se los robe!窶

窶撤ero ツソcテウmo estテ。s, te pagan lo justo en tu trabajo?, pregunto.

Francisco titubea al dar su respuesta. Le da vueltas, pero termina admitiendo que no, que no es un pago justo por su trabajo porque son jornadas muy largas y con lo que gana le alcanza para muy poco. En su respuesta no hay un tono de tristeza. Mテ。s bien lo dice con alegrテュa. Al final, cierra con una frase que quizテ。 lo explique mejor.

窶鄭quテュ la vida tambiテゥn es dura, pero al menos nadie nos quiere matar.


*Con reportes del antropテウlogoツJuan Martテュnez d’Aubuisson.

[Nota: los nombres de esta historia fueron cambiados por motivos de seguridad].

Lea tambiテゥn:ツLa historia de una mujer sin paテュs

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