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¿Últimos Jedis o última película de Star Wars?

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Episodio VIII: The Last Jedi es una excelente película que posee escenas de acción impresionantes, personajes interesantes y momentos que te ponen al filo del asiento, pero al mismo tiempo es la cinta que marcará el antes y el despúes de su legado.

[Alerta Sopiler: la siguiente reseña incluye información detallada de la película más reciente de Star Wars]


A Star Wars le debo mucho. Si bien no pertenezco a la generación que tuvo la dicha de ver la primera trilogía en cines, sí fui de los que se vieron cautivados por las retransmisiones en televisión. Tuve la suerte de ver una y otra vez las cintas en VHS y puedo decir —con orgullo— que conozco de memoria muchos de los diálogos de las películas. En otras palabras: es esta saga la que me abrió las puertas a mi afición por la Ciencia Ficción, los cómics, el coleccionismo, etc.

Star Wars es lo que me forjó como un ‘Friki’.

Y creo que es necesario compartir esta introducción. No porque busque darme credenciales para escribir este artículo; sino más bien para transmitir el amor que siento por la saga, por sus personajes y su trama. Star Wars no solo hizo de mí un fanático a muerte del cine y de lo que hoy se considera ‘friki’; esta historia creó a su alrededor una órbita de fans ansiosos por ver, leer y oír más de sus héroes.

No puedo negar la emoción que sentí cuando se anunció la nueva trilogía que sacaba del letargo treinta años después a la marquesina de letras flotantes en el espacio exterior o a la banda sonora de John Williams que hasta el día de hoy me sigue erizando la piel. Era 2015 y Star Wars estaba de regreso: Luke, Han, Leia y Chewie se embarcarían nuevamente para salvar una vez más a la galaxia…

Pero, ¿realmente era una buena idea?

En el momento de la revelación del primer trailer de The Force Awakens me sentía extasiado y, si bien aceptaba en el redil a los nuevos personajes (Rey, Finn, Poe y Kylo Ren), comenzó el conflicto entre dejar pasar lo viejo y darle paso a lo nuevo.

Del Episodio VII ya se dijo suficiente. Admitir que es un episodio “flojo” es ser sensatos, aunque jamás desastroso, como sí lo fue el nefasto Episodio II de las precuelas. En aquel momento ví a un Star Wars “disneydisado”. Y con justa razón, ya que fue precisamente Disney quien compró los derechos y decidió producir nuevas cintas de este universo. Si bien no fue tan de mi agrado, sí lo fue lo suficiente como para dar la bienvenida a los nuevos personajes y despedirme de los anteriores. Lo entendí como algo natural. Prefiero mil veces la muerte de Han Solo —mi personaje preferido, por cierto— que una burda y fea animación de CGI del mismo.

Acá no se trata de comparar una trilogía con otra, ya que la magia de esta saga es precisamente la armonía entre todas sus historias, saber que todas llevan elementos que las hacen parte del panteón sagrado, elementos que le otorgan el título de ser parte de Star Wars.

Y es ahí donde The Last Jedi falla.

No me malinterpreten, Episodio VIII es una excelente película- Posee escenas de acción impresionantes, personajes interesantes, momentos que te ponen al filo del asiento, pero al mismo tiempo es la cinta que marcará el antes y el despúes de su legado.

Los Últimos Jedi nos entrega a los fans momentos memorables. Por ejemplo, vemos a Luke Skywalker en su esplendor, como máximo referente de La Fuerza; vemos a Leia, a Chewie y demás personajes “clásicos” brillar una vez más. Pero al mismo tiempo, este episodio rompe todo; o más bien, anuncia el rompimiento de toda la esencia de la historia de este universo. Esta es —y espero equivocarme— la ultima película 100 % de Star Wars. Percibo que lo que vendrá podrá llevar ese nombre, pero jamás formar parte del panteón sagrado de los otros siete episodios.

¿Por qué? Entre otras cosas, porque deja a un lado el conflicto de los Jedis y los Sith. Y ese es el meollo de todo: desde antes de la Antigua República hasta “El Retorno del Jedi”. En cambio, SW8 solamente lo descarta con un simple “no más Sith, no más Jedi”. Y aunque esos nombres sigan explotándose para llenar las salas de cine alrededor del mundo, esta película ha destruído la escencia de este conflicto. Ya no se trata de la lucha del equilibrio de La Fuerza. Ahora, el motor místico de toda la saga se ve reducido a una herramienta “para mover rocas”.

El Episodio VIII destruye la tradición de ser un melodrama familiar que se desarrolla en el espacio exterior.

Las películas de Star Wars tienen un ritmo común, una serie de elementos que las hace únicas, que les da el sello, precisamente, de ser una película de Star Wars. Puedo mencionar al conflicto del padre, el escape del enemigo, el alumno y el maestro, la lucha contra un estado tiránico, pero sobre todo el drama familiar, un drama que seguramente continuará, pero relegado a un segundo plano.

Ben Solo tendrá solamente que llevar en su conciencia el parricidio cometido y que no parece llevar gran peso en la configuración de su personaje. Sigo sin entender a Kylo Ren y sus motivaciones. Esperaba ver a un villano desarrollado, pero me encuentro con el mismo niño caprichoso del inicio.

Kylo no encaja como villano o, al menos, no como un villano atractivo. Es simplemente malo porque sí, por ninguna razón que se haya profundizado. Acá el balance de La Fuerza pareciera haberse quedado en el olvido.

Y no habrá más linaje Skywalker.

Me gustó el hecho de que Rey no sea hija de nadie “importante”. Es decir: no es nadie. Ella simplemente es talentosa y ya. Pero a la vez entendemos que ya no hay sangre Skywalker influyendo en la galaxia —obviando claro, a Ben Solo—. Y lo que es peor, el nombre de Skywalker quedará nada más para las leyendas.

Vimos a Luke en una muestra de su tremendo poder, pero solo eso. No veremos más de este personaje, a menos que aparezca al estilo de fantasma de La Fuerza, como lo han hecho Obi Wan Knobi y Yoda, quienes, al parecer, pueden interactuar más con el mundo físico de lo que parece. Pero este giro hace que desde ahí pierde la esencia.

De la cinta hay cosas que destacan, como los diálogos, las peleas —tanto de sables laser como de naves—, el regreso de personajes y la despedida de otros. Y si bien el Episodio VIII es, a mi parecer mejor que su predecesora, no logró llenar el espacio que dejó Rogue One (spin off/ precuela), que a mi juicio es la mejor de todas las producidas por Disney.

No creo que se trate de un temor de salir de la zona de confort. Es claro que los actores envejecen y hay que dar paso a nuevas generaciones, pero honestamente no creo que después de Episodio IX me sienta tan ilusionado con una nueva cinta de esta historia. A partir del XI, creo que me interesa saber más del pasado de la galaxia muy, muy lejana… Y no tanto su futuro —la historia de las Guerras Mandalorianas, tal y como se representan en las novelas serían excelentes películas—, aunque pueda que no esté en lo correcto y solo sea un cascarrabias que no comprende la inmensidad de este cambio de dirección de la historia.

Al mismo tiempo, The Last Jedi es una cinta entretenida, con acción que desborda y con efectos impresionantes. No digo que esta cinta sea mala, solo digo que lo que vi fue un golpe de muerte a la nostalgia, esa misma que forma parte importante del misticismo de esta odisea.

Tenemos que esperar el próximo episodio, el que cierra esta trilogía. Y reitero: espero estar equivocado, pero en este ritmo, acabamos de presenciar el fin de Star Wars, el fin de los principios que hacían a esta historia grande.

La productora se garantiza películas infinitas, si así lo desea. Podrán ponerle el título de Star Wars, pero después de lo que he visto, creo que serían cualquier cosa, menos parte de la verdadera saga.

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