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El tufo de la cloaca es ya insoportable… ¡Qué bueno!

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No importa a cuántos troles, funcionarios públicos o diputados pongan el partido en el gobierno, el FMLN, y sus satélites, a intentar restarle importancia al hecho de que el vicepresidente de la República, Óscar Ortiz, es socio de José Adán Salazar Umaña, alias “Chepe Diablo”, el capo internacional del narcotráfico recién capturado por delitos de lavado de dinero.

No importa que el principal argumento de los efemelenistas siga siendo, tras la captura de Salazar Umaña el pasado 4 de abril, aquel patético sofisma según el cual la única corrupción condenable es la previa, la de ARENA. (Al Secretario de Transparencia, por ejemplo, le encanta esgrimirlo).

No importa que, saltándose todos los principios de la ética, aun los más elementales, otros funcionarios públicos repitan el penoso papel del director del Centro Nacional de Registros, el señor Rogelio Canales, de utilizar el nombre y recursos de las instituciones del Estado cuya dirección les ha sido encomendada para intentar sacar de apuros al jefe. (Al final el asunto es tan difícil de defender que los funcionarios acabarán enredándose y, siempre y cuando haya un par de reporteros listos en la sala para preguntarles, terminarán quedando en evidencia; en el caso del CNR, tal como publicamos en Factum, todo el despropósito solo sirvió para confirmar que Ortiz y Salazar Umaña aún SON socios).

No importa que, de acuerdo al guion predecible, en los próximos días volvamos a escuchar a Ortiz decir que todo esto es parte de una campaña orquestada por la derecha, por los medios de comunicación, por Washington, por el imperialismo yanqui o, ya puestos, por la caperucita roja.

No importa. O no debería de importar.

A estas alturas hay cosas que parecen bastante claras:

  1. “Chepe Diablo” está acusado de ser parte de una organización que ha lavado al menos 215 millones de dólares.
  1. A “Chepe Diablo” y sus cómplices la Fiscalía les ha encontrado relación con una centena de empresas con las que, según las investigaciones, lavaron $177,000,000 de los $215 millones. Una de esas empresas es Gumarsal, una empresa que ha sido proveedora del Estado por lo menos desde 2010. Otra de esas empresas es Desarrollos Montecristo, que Salazar Umaña, Ortiz y Rogelio Cervantes fundaron en 2000.
  1. Investigaciones previas de la PNC indican que parte de esos fondos pueden provenir del tráfico de cocaína a lo largo de El Salvador, en conexión con grupos criminales guatemaltecos.
  1. Óscar Ortiz -y hoy otros funcionarios en nombre de él- han mentido sobre su relación con “Chepe Diablo” y Desarrollos Montecristo. A reporteros de Factum, La Prensa Gráfica y El Faro, los tres medios que revelaron el asocio, les respondió el año pasado, molesto, pidiéndoles que demostraran que había ilegalidad en torno a Montecristo. Luego dijo que tenía años de no ver a “Adán”, solo para que una foto publicada en El Faro revelara que ambos habían estado juntos en un partido de fútbol. Y luego dijo que Montecristo era una sociedad que había estado inactiva casi desde su fundación, algo que documentos del CNR contradicen.

Movimientos de Desarrollos Montecristo registrados en el CNR. Foto FACTUM/Archivo.

  1. También parece claro, después de las pocas revelaciones que ha hecho el Fiscal General tras la captura de Salazar Umaña, que “Chepe Diablo” y su grupo operaron durante un buen rato con la protección del Estado, incluida la del ex fiscal Luis Martínez. Si Douglas Meléndez, el jefe actual de la Fiscalía, es consecuente también debería de enfilar hacia ahí sus investigaciones y, de ser necesario, intimar a Martínez por más delitos.
  1. No estamos hablando, aquí, de migajas. No. Estamos hablando de un hombre del que Estados Unidos dice que es un capo internacional del narcotráfico, como el “Chapo” Guzmán, como Alfredo Beltrán Leyva. De un hombre que, según la Fiscalía General de El Salvador, ha usado hoteles, gasolineras, empresas comercializadoras de granos básicos, un equipo de fútbol, bienes raíces, para lavar decenas de millones de dólares en un país señalado en foros internacionales por ser muy vulnerable a ese delito. Estamos hablando además de un grupo que incluye a un alcalde y que, según investigaciones periodísticas, también fue protegido por policías y jueces.
  1. Y, de nuevo, estamos hablando de vínculos de este grupo criminal con el ex Fiscal General de la República y el Vicepresidente de la República. Así, con mayúsculas.

Parece bastante claro.

La historia de “Chepe Diablo” y Texis se parece mucho a la de Reynerio Flores Lazo y Los Perrones. No solo porque ambos grupos han sido listados por la ONU como organizaciones criminales protegidas por políticos, sino porque en ambos casos, al final, no es el narcotráfico la historia esencial, sino la participación del sistema político salvadoreño en esos esquemas criminales.

A Los Perrones los protegió el entorno del ex presidente Antonio Saca, incluidos su primo Herbert Saca y el fallecido Adolfo Tórrez, uno de los más oscuros operadores criminales del partido ARENA, quien construyó su poder desde las épocas de la administración Cristiani. Y a Los Perrones los protegieron oficiales de la Policía Nacional Civil que se afianzaron en la cúpula del poder policial durante las administraciones Cristiani, Calderón Sol y Flores.

A Texis y a Chepe Diablo los protegió, sobre todo, el ex fiscal Martínez y, a través de él, todos los partidos políticos que insistieron en 2015 en reelegir a ese abogado como jefe de la Fiscalía, a pesar de que para entonces su implicación con actos de corrupción era bastante evidente. El cabildeo a favor de la reelección de Martínez incluyó, como ya hemos publicado en Factum, al dirigente efemelenista José Luis Merino; al empresario Tomás Regalado, uno de los principales financistas de ARENA; y al empresario Enrique Rais, hoy prófugo de la justicia por estar acusado de actos de corrupción relacionados precisamente con el exfiscal.

Aún falta ver, y esta es una de las cosas que más importantes deberían de ser en este caso, hasta dónde llegó la relación entre Salazar Umaña y el vicepresidente Ortiz. Pero también hasta dónde llegaron relaciones de “Chepe Diablo” con otros gobiernos, funcionarios y empresarios. Y hasta dónde la complicidad de la banca en el movimiento de millones de dólares que se supone nacieron de actividades ilícitas, incluido el narcotráfico.

Con la captura de José Adán Salazar Umaña, el tufo a cloaca en la que ha crecido la corrupción que corroe al Estado salvadoreño vuelve a ser insoportable. Nosotros, ciudadanos, tenemos dos opciones: acostumbrarnos al olor a mierda que pretende ocultarse tras tormentas de tuits e improvisadas conferencias de prensa o aguantar el tufo mientras seguimos escarbando en la cloaca para que salgan todas las ratas que ahí habitan.

 

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