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Todos los mundos de Stan

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Stan Lee no fue mテ。s genial que ninguno de sus personajes, pilares de la cultura pop del siglo pasado y de la industria del entretenimiento del nuevo milenio. Sin embargo, no es exagerado considerarlo un renacentista, un maestro de la sテュntesis y avezado cronista de la sociedad americana.

Foto ilustraciテウn/Flickr con licencia Creative Commons


Sabiendo que la nave despega al viaje sinfテュn, Stan Lee sonrテュe. “Sテュ”, piensa. “Los he engaテアado a todos.” Y sin mayor disculpa, el timonel de la cultura pop abandona este sistema para siempre.

Ahora goza de un crテゥdito universal por sus creaciones, popularizadas entre una nueva generaciテウn merced al revisionismo posmoderno y a que The Walt Disney Company es desde hace diez aテアos la propietaria de todo su trabajo. Sin embargo, mテ。s que un editor prolテュfico o un escritor genial, Stan fue un traductor eclテゥctico, con un ojo sabio y un maravilloso sentido de la oportunidad.

Stan “The Man” abrevテウ en tres fuentes:

  • La novela gテウtica.
  • Su vecino, el esperpento.
  • El movimiento por los derechos civiles.

Algunos de sus temas provienen directamente de los clテ。sicos de ese gテゥnero, como “El extraテアo caso del Dr. Jekyll y el Seテアor Hyde” 窶電e Robert Louis Stevenson窶, que estテ。 unido con un cordテウn umbilical de rayos gamma a The Hulk (mayo, 1962) y al Beast de los X-Men (1963); como su Vテュctor von Doom (1962), hijo putativo del “Dr. Mabuse” de Norbert Jacques; o como su costumbre de aliterar los nombres de sus personajes (Peter Parker, Reed Richards, Green Goblin, Bruce Banner), recurso que probablemente conociテウ en “El Cuervo”, de Edgar Allan Poe:

…”while I pondered, weak and weary”…
“while I nodded, nearly napping”.

Del esperpento, ese recurso estテゥtico que deforma la realidad con fines expresivos mテ。s propios del teatro que de ninguna otra plataforma, Lee toma la animalizaciテウn y la repite una y otra y otra vez a lo largo de su carrera. Es cierto, el trazo y el color fueron siempre decisiテウn final de sus compaテアeros de andanzas, los inolvidables Jack Kirby, Steve Ditko y Bill Everett, pero la repeticiテウn de ese patrテウn con independencia de quien manejaba los lテ。pices y las tintas consigna el interテゥs de Stan Lee por este recurso, siempre seductor para el pテコblico joven, fテ。cilmente susceptible.

En los nueve aテアos sucesivos en que Lee escribiテウ cada pテ。gina de “El sorprendente Hombre Araテアa”, entre 1963 y 1972, fue comテコn la animalizaciテウn en sus villanos: Rhino, the Scorpion, the Lizard, the Vulture, todos ellos canallas que resultaron entraテアables para su pテコblico impテコber.

Ese espテュritu eclテゥctico o, si se quiere, esa falta de escrテコpulos para echar mano de todo su bagaje cultural y ponerlo al servicio de las veleidades en el gusto de un mercado en formaciテウn es un concepto 100 por ciento pop, el vテゥrtice en el cual podemos encontrar a Lee espalda contra espalda con colegas suyos de la cultura de masas, como Andy Warhol.

Con suficiente atenciテウn y si honramos su formaciテウn judテュo liberal, no es difテュcil encontrar las raテュces de cada uno de sus tテュtulos canテウnicos; son libros que no faltan en la biblioteca de una familia de media baja de Manhattan, dテュgase “La Metamorfosis” de Franz Kafka, “La leyenda de Sleepy Hollow” de Washington Irving o hasta el “Frankestein (o el “Moderno Prometeo”) de Mary Shelley, cuyos ecos morales resuenan en “El Hombre de Hierro”.

ツソQuテゥ? ツソEntonces Stan Lee fue sテウlo un maestre del ensamble? Claro que no, pero su compulsiテウn por inventar historias competテュa con el deseo de transformar lo que otros escribieron antes suyo, traducirlo en algo no por liviano, efテュmero. Ahora, que su obra tenga una conexiテウn transversal a cinco generaciones no se explica sテウlo por ese rasgo de su proceso creativo.

“X Men: Danger Room” fue uno de los nテコmeros mテ。s famosos en el comienzo de la carrera de Stan Lee.
Foto/Marvel.com

El transgresor

Al momento del “Anschluss”, momento histテウrico en el que la Alemania nazi desvirgテウ su afテ。n expansionista sembrando la semilla de la Segunda Guerra Mundial (marzo de 1938), los テコnicos villanos a los que se temテュa en la ficciテウn sテコper heroica occidental eran a los marcianos encaprichados contra Buck Rogers y a unos cuantos africanos que no reconocテュan en Tarzテ。n al suprahombre colonialista.

Tres aテアos despuテゥs, para cuando Oahu se convirtiテウ en una isla de pテウlvora, la santテュsima trinidad de los cテウmics habテュa cambiado, pero seguテュa compuesta por estrictos defensores del “american way of life”: un soldado (el Capitテ。n Amテゥrica), un colaborador de la policテュa con el grosero aテアadido de ser un androide (la Antorcha Humana) y un prテュncipe submarino (Namor).

Stan Lee dinamitarテュa prテ。cticamente en solitario esa condiciテウn, en dos etapas. Primero, se volテウ de un plumazo la habitual unidimensionalidad de los sテコper hテゥroes a travテゥs de personajes que adquirテュan sus poderes por accidentes radioactivos, por la mordedura de un insecto contaminado o por el capricho de una divinidad nテウrdica. En su mayorテュa, son hテゥroes a su pesar, proclives a la autoparodia, alejados del ideal helテゥnico de sus contrapartes de la rival DC Comics (Supermテ。n, Shazam, Linterna Verde, etc.).

Y en segundo lugar, paulatinamente, hizo de sus historias una narrativa sobre las minorテュas, sobre la validez de su lucha por la inclusiテウn y una reflexiテウn acerca de una peligrosamente posible Amテゥrica futurista convertida en un estado policial. Por supuesto, Stan Lee comenzテウ con este filテウn transgresor en plenos aテアos sesenta, primero con el lanzamiento de los mutantes Hombres X (1963) y despuテゥs con Pantera Negra, el primer sテコper hテゥroe afrodescendiente (1966).

Los ツhテゥroes de Estados Unidos de esa dテゥcada fueron de carne y hueso, en esencia Martin Luther King Jr. y Muhammad Alテュ, pero Stan Lee abrazテウ decididamente al movimiento por los derechos civiles en sus habituales columnas “Stan’s Soapbox”, publicadas en los “Marvel Bullpen Bulletins”.

Este es el segundo nテコmero de “El increテュble Hulk”, publicado en julio de 1962.
Foto/Marvel.com

En una de ellas, Lee seテアalaba:

“El fanatismo y el racismo figuran entre las enfermedades sociales mテ。s letales de nuestra テゥpoca. A diferencia de un equipo de sテコper villanos, no se las puede detener con un puテアetazo o una pistola de rayos. El テコnico modo de destruirlas es exponiテゥndolas, para revelar lo insidiosamente malditas que son”.

Por eso, muchos de sus personajes son quintaesencia de las minorテュas: Diabテウlico es ciego, el Profesor X es paraplテゥjico, y sin la bendiciテウn de Lee, Marvel Comics no habrテュa planteado a sus lectores la homosexualidad de Estrella del Norte en 1992 o que Jim Wilson, amigo de Hulk, muriera de SIDA en 1994.

Como formidable editor, Stan sabテュa que estos guiテアos al contexto, que estas hasta antes suyo poco habituales intromisiones de la realidad en el tebeo eran un buen negocio, ya que diversificaban la experiencia de la audiencia, incluyendo no sテウlo a los millones de lectores de hueso duro sino tambiテゥn a los que entendテュan que comprar un tテュtulo de Marvel Comics equivalテュa a estar in, a ser militante, a estar en la vanguardia cultural.

Lo logrテウ con mucha observaciテウn, con empatテュa profunda, con una curiosidad incombustible. Y sabiendo que, tal cual ocurriテウ entre Hiroshima y Corea, los horrores del mundo real pueden en cualquier momento quebrar el espテュritu de una generaciテウn, dejテ。ndola invテ。lida al entretenimiento fantテ。stico.

Lee se fue en un momento dulce: el mundo que creテウ estテ。 mテ。s vigente que nunca, convertido ahora en el Marvel Cinematic Universe, una saga de hasta ahora 18 pelテュculas, con tres mテ。s en etapa de posproducciテウn, conectadas entre sテュ. Se lo consume a escala mundial, se le reverencia como si hubiese escrito “la gran novela americana”. No es poco para su discurso igualitario considerando los tiempos que soplan en la Casa Blanca.

El mundo se arrodilla ante sus pテ。ginas cuando Stan muere. Por eso sonrテュe mientras su cテ。psula desciende sobre Titテ。n. Porque la inmortalidad es posible para el hombre que cuenta un cuento imprescindible.

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#Comics