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¿Qué tan grande es el milagro que necesita la Selecta?

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De un tiempo acá, la palabra “pesimismo” acompaña a la selección salvadoreña de fútbol como un cadejo negro conduciría al trasnochado parrandero que merece una reprimenda. Pocas veces un enfrentamiento de la Selecta —como local— frente a México había generado tan poco interés o esperanza en la afición. A falta de un día para el juego, la FESFUT había informado que apenas se habían vendido 12 mil boletos, algo impensable en otros tiempos, cuando la boletería se agotaba con mucha anticipación. El motivo parece ser, de nuevo, la disparidad de realidades. Mientras los tricolores dominan en completa comodidad el grupo en contienda, a los salvadoreños les ofusca el vértigo del precipicio deportivo y dirigencial. Está claro: la Selecta necesita —de nuevo— un milagro. ¿Pero qué tan osado debe ser el rezo?


Una semana más y la selección mayor de fútbol de El Salvador cumplirá un año entero sin ganar un partido. El 8 de septiembre del 2015, la Selecta derrotó en casa a Curazao y avanzó a la fase de grupos en las eliminatorias mundialistas rumbo a Rusia 2018. Llámelo amistoso, llámelo juego oficial, llámelo ‘charamusca’. Lo cierto es que, desde entonces, en todas las modalidades el fracaso o la mediocridad han imperado para este equipo. Desde el 8 de septiembre del año pasado, la victoria hizo sus maletas y, como una metáfora de la realidad nacional, decidió que la camiseta que mejor le lucía era la del migrante que viaja hacia mejores pastos.

Un año.

Sin ganar.

A nadie.

Entre 2015 y 2016, el fútbol salvadoreño ha visto la renuncia (sin claridad) del técnico (Albert Roca) que estaba llamado a imponer Cataluña en Cuscatlán; ha visto el amotinamiento de los jugadores con mayor cartel y experiencia en el equipo y el escarnio público al que terminó exponiéndolos su propia Federación; ha visto a un equipo de jugadores cuasiamateurs solventar con derrota digna el exigente compromiso de visitar el Estadio Azteca; ha visto asumir las riendas tácticas y estratégicas a un técnico (Ramón Maradiaga) que once puestas de saco después… todavía no conoce la victoria.

Lejanos parecen los tiempos en los que una visita de la selección mexicana a El Salvador implicaba serenata automática en la fachada de algún hotel capitalino, con tapabocas, pólvora y artesanos del chichicaste molido como anfitriones del carnaval. La depresión post amaño no encuentra fin. Es evidente. Y cuando hasta David Faitelson opina sin el veneno usual, cuando hasta parece racional y acertado lo que dice, entonces estamos ante la triste evidencia de un viraje brusco en el signo de los tiempos balompédicos.

Este viernes 2 de septiembre se enfrentan en el Estadio Cuscatlán dos equipos lastimados, aunque por motivos distintos. México acude a un compromiso que no incide en nada en sus aspiraciones mundialistas. Los aztecas ya están clasificados a la fase siguiente, la de la hexagonal. Incluso ya aseguraron que serán los líderes del grupo, inalcanzables con sus 12 puntos, luego de la perfección de cuatro victorias en cuatro compromisos. Sin embargo, completar el calendario FIFA podría servirle a Juan Carlos Osorio para lamerse las heridas de la última imagen que su equipo le regaló al mundo: la catastrófica debacle (0-7) frente a Chile en la Copa América Centenario.

Los achaques de El Salvador, en cambio, son abismalmente distintos. Yace último en el grupo eliminatorio, con apenas dos puntos cosechados gracias a los empates de local frente a Canadá y Honduras, naciones que le aventajan por dos puntos y que, al mismo tiempo y con alta probabilidad, estarán decidiendo en San Pedro Sula quién de ellos llegará mejor parado a la fecha final de esta fase.

El director técnico de El Salvador, Ramón Maradiaga,observa el campo de juego del Estadio antes del juego contra Honduras. Foto Revista FACTUM/Salvador Melendez

El director técnico de El Salvador, Ramón Maradiaga, tendrá que tener los astros alineados a su favor si quiere que su equipo se mantenga vivo en la competencia. Foto de archivo Revista FACTUM/Salvador Meléndez.

¿Qué se necesita?

Parecerá una obviedad, pero lo primario es no perder. El Salvador podría incluso darse el lujo de no ganar. Un empate lo mantendría en la pelea si acaso en San Pedro Sula tampoco hubiera vencedor. Un doble empate en los juegos de este viernes mantendría todo igual y retrasaría el desenlace hasta la fecha final, cuando a Honduras le tocará bailar con la más fea (visitar el Estadio Azteca) y a El Salvador emular a DiCaprio en Canadá, para llamarse a sí mismo “El Renacido”.

Si hay doble empate este viernes, México llegará a 13 puntos, Honduras a 5, Canadá también a 5 y El Salvador seguiría en el sótano, con 3 puntos. En esta parte del rezo, el milagro de la fecha final plantea que El Salvador podría clasificar si vence a Canadá de visitante y si, como se espera, México no le perdone la vida a Honduras en el Azteca. Esto significa que, si bien la animadversión al TRI siempre resulta motivante, los intereses puramente deportivos nos invitan a anhelar este viernes, sobre todas las cosas, que Honduras y Canadá empaten en el juego entre sí. De lo contrario, si hay ganador en San Pedro Sula, a El Salvador le tocará rogar por el mayor de los milagros: vencer a México en el Cuscatlán y luego vencer a Canadá en Vancouver. Es decir: sacar 6 puntos de 6 posibles.

Dicen que la fe mueve montañas, pero no está de más medir las dimensiones del peñasco antes de darle el primer empujón. El seleccionado mexicano que jugará esta noche en el Estadio Cuscatlán presenta ausencias importantes. Quizás las más notables son las de Oribe Peralta y Javier “Chicharito” Hernández. El técnico Osorio ha convocado a algunos jugadores que quizás nunca han enfrentado un ambiente tan hostil, como se espera que sea (independientemente de si se llena o no) el Estadio Cuscatlán. Se trata de jugadores como Cándido Ramírez, Ángel Sepúlveda, Martín Barragán y Ángel Saldívar, entre otros.

En la pasada Copa América Centenario, a Osorio se le criticó mucho la obstinación por rotar en exceso a sus jugadores, por lo que se antoja que no desafiará a sus detractores y serán pocos los jugadores inexpertos que salten a la cancha esta noche.

La alineación más probable de México (4-4-2) sería la siguiente:

Portería: Alfredo Talavera.
Defensa: Paul Aguilar, Héctor Moreno, Rafael Márquez y Miguel Layún.
Mediocampistas: Jesús Molina, Andrés Guardado, Héctor Herrera e Hirving Lozano.
Delanteros: Raúl Jiménez y Jesús “Tecatito” Corona.

Como duda principal, destaca la inclusión o no de Raúl Alonso Jiménez como titular. El delantero del Benfica sufrió un golpe en los entrenamientos y, aunque no quisiera desperdiciar las pocas oportunidades que cuenta para ganarse el puesto, bien podría actuar con precaución y quedarse al margen.

Por su parte, El Salvador tampoco irá completo al desafío. Las ausencias de Juan Barahona y Darwin Cerén, obligadas porque deben cumplir sanción de un partido por acumulación de tarjetas amarillas, serán muy sensibles.

La alineación más probable de El Salvador (4-4-1-1) sería la siguiente:

Portería: Derby Carrillo.
Defensa: Alexander Larín, Roberto Domínguez, Henry Romero y Bryan Tamacas.
Mediocampistas: Richard Menjívar, Pablo Punyed, Óscar Cerén, Denis Pineda y Marlon Cornejo.
Delantero: Nelson Bonilla.

El partido se juega a las 8:00 p.m. (hora local) en el Estadio Cuscatlán.


*Foto destacada: archivo de Revista Factum/Salvador Meléndez.

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