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La noche en la que Slayer exhibió su prestigio por el CA-4

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Slayer cumplió el anhelo de una región. Por un lado estaba Nicaragua, Guatemala, Honduras y El Salvador, el ‘big four’ de la resistencia centroamericana. Por el otro, el jinete más prestigioso del ‘big four’ del thrash metal. De esa unión emergió un concierto para el recuerdo y que transcurrió sin incidentes, a pesar de la energía delirante de la concurrencia.


«Vive rápido, elevado, impenitente y deja que fluya». Más que un consejo, el coro de “Repentless” —la canción que da vida al disco y al tour que llevó a Slayer por primera vez a suelo salvadoreño— era una orden. Sus fieles, que abarrotaron el anfiteatro de CIFCO, acataron la instrucción sin miramientos.

El concierto del pasado viernes 28 de abril representaba muchas cosas. Por ejemplo, era una prueba para Two Shows Producciones: la incógnita de saber si el éxito de su primera experiencia en el metal (el concierto de Iron Maiden de 2016) podía repetirse con una banda que es mucho más agresiva, tanto musical como conceptualmente. La respuesta llegó a las 9:37 de la noche. Y fue afirmativa, cuando los recovecos de cemento que aún se percibían en el auditorio empezaron a llenarse de la penumbra de un negro inquisidor.

Video que muestra la cobertura que Revista Factum hizo del concierto que Slayer y Dreamlore ofrecieron en El Salvador. Recomendamos reproducirlo en HD, para vivir mejor la experiencia.

 

Antes de ello, el público había tenido la oportunidad de recibir a Dreamlore, la banda salvadoreña que fungió como telonera y que decidió abrir su espectáculo saludando más allá del nacionalismo, con respeto a los fans que viajaron de toda Centroamérica para formar parte de la cita. Lo hicieron además con la rola “Black plague possessed”, canción que dio nombre al tercer disco de la banda, publicado en 2009. Dicho respeto fue recíproco. Dreamlore demostró que no en vano han pasado los años por ellos. Hay madurez en su camino recorrido. Su show no desentonó con el profesionalismo que un gigante como Slayer merecía.

“Eve of Armageddon”, “Never they prey”, “Breathe fire into the terror” y “Worse than the worst”, fueron otras de las canciones que Dreamlore ofrendaría. Y para el final guardaron lo mejor:

“¡Que se abra el mar de la violencia! ¡Con esta nos vamos, malditos”, indicó José Roberto “El Palillo” Burgos, mientras daba instrucciones para que el mosh pit se organizara en un “wall of death” que se quedó un tanto corto, pues no había mucho espacio en la zona VIP. En seguida sonó la rola “Silent assassin” y con ella Dreamlore se despidió del escenario, todo entre un aplauso muy merecido.

El turno de Slayer

Si uno se tomaba un tiempo para contemplar el momento, lo inusual se volvía reconocible. Pensar: «ahí, frente a nosotros está un escenario sobre el que cuelga un telón con el clásico pentagrama de espadas sobre el rostro de un Cristo martirizado». Y hablo de El Salvador; no de Noruega. Hablo del mismo escenario en el que se ha presentado no pocas veces gente como Marcos Witt. Pero no, en la noche del 28 de abril no había mucho aprecio colectivo por la religión, por ninguna de ellas. Quien estaba a punto de presentarse ahí era Slayer, una banda que está muy acostumbrada a recibir acusaciones de exaltar la violencia, de ser satánica, de ser nazi, de ser todo lo peor que podrían imaginarse los dementores de la moral y las buenas costumbres en el país.

Cuando el concierto acabó —una hora y 30 minutos después del rugido inicial—, los fans más emocionados nos explicaban, con evidente orgullo: “¡Hoy sí! ¡Ya completé el ‘big four’!”. Con ello hacían referencia a las cuatro bandas reconocidas ampliamente como las cuatro más importantes de la historia del thrash metal: Metallica, Megadeth, Anthrax y Slayer.

Lo que había ocurrido en El Salvador no era usual.

Previo al concierto corrió en redes sociales la versión de que Slayer ensayaría en El Salvador, pues su concierto daba por inaugurado el “Repentless Tour” del año 2017. No se sabía entonces si la banda estadounidense, nacida 36 años atrás, implementaría un nuevo set list. Sin embargo, el listado de las canciones que ejecutaron fue el mismo que utilizaron durante el año pasado en conciertos en solitario.

Inició entonces con la pista de la canción “Delusions of saviour”, parte de “Repentless”, el disco que el guitarrista Kerry King definió como un tributo al compañero con quien fundó el grupo: Jeff Hanneman, quien falleciera en 2013. Fue precisamente “Repentless” la primera canción en ser ejecutada. Para entonces el pit frente al escenario era ya una cacería de búfalos. Algunos arrojaban la cerveza al cielo, y los gritos del cantante, Tom Araya, se fundían con los alaridos histéricos de quienes habían esperado por mucho tiempo ver a Slayer empapados en sudor agónico, producto del clima salvadoreño.

Sin descanso alguno, el concierto prosiguió con los temas “The Antichrist” y “Disciple”, en los que pudo notarse el talento de Gary Holt sobre el escenario. El exguitarrista de Exodus era el más visceral de los cuatro músicos. Por instantes se colgaba la guitarra sobre la cabeza, en malabares que poco tenían que ver con el cabeceo apabullante de Kerry King.

Previo a que sonaran canciones como “Posmortem” y “Hate worldwide”, Tom Araya hizo uso de su español oxidado. El músico de herencia chilena se dirigió al público centroamericano, sonríendo, contemplando absorto a la multitud y diciendo: “¡Buenas tardes!” Y bienvenidos… Quiero agradecerles por la espera que han tenido en todos los años. Muchas gracias… Un largo tiempo, ¿no? Y como es nuestra primera vez aquí, nos vamos a divertir, ¿verdad?… ¿Están listos?”… Todo ello previo a gritar enfurecido:

Waaaaaaaaar Ensemble….!!!!

Y se hizo la histeria colectiva, todo gracias a la canción que fuera publicada en 1990 para el disco “Seasons in the abyss” y que enloqueció a la fanaticada. Ese fue uno de los momentos más especiales de la noche.

Setlist

  • Delusions of saviour (pista)
  • Repentless
  • The Antichrist
  • Disciple
  • Postmortem
  • Hate worldwide
  • War ensemble
  • When the stillness comes
  • You against you
  • Mandatory suicide
  • Fight till death
  • Dead skin mask
  • Captor of sin
  • Pride in prejudice
  • Vices
  • Seasons in the abyss
  • Hell awaits
  • South of heaven
  • Raining blood
  • Black magic
  • Angel of death
Otro momento especial ocurrió cuando los más de diez mil asistentes corearon el nombre de Slayer. Para entonces Araya lucía un tanto sorprendido, Volvió a dejar pasar cierto tiempo, se acercó al micrófono y dijo: “¡Qué bonito! Muchas gracias por cantarnos ustedes a nosotros”, una expresión que pareció hasta sorpresivamente tierna para un tipo que enseguida recitaría un verso perverso, el de la rola: “Dead skin mask”.

“Dance with the dead in my dreams
Listen to their hallowed screams
The dead have taken my soul
Temptation’s lost all control”

Ya para entonces el concierto se aproximaba a la sección de grandes éxitos, donde sonarían las canciones más populares y que no podían faltar en la selección.

Por una hora y media, Slayer ofreció un espectáculo sólido, con buenas luces, con buen sonido, con un solo cambio de escenario en el telón de fondo… El show finalizaría con “Angel of death”, quizás la canción más popular en la discografía de Slayer. Luego se despedirían sin volver más al escenario. El prestigio de la banda había quedado impregnado en el CA-4 de todos los hondureños, guatemaltecos, nicaragüenses y salvadoreños que compartieron como una sola familia.

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