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“Será un día muy frío en DC”

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El 19 de enero de 2017 Barack Obama pisó por última vez la Casa Blanca como presidente de los Estados Unidos. Afuera, Washington alistaba sus calles, sus sistemas de transporte, y sobre todo sus ánimos, para un fin de semana largo, que inicia este viernes 20 con la toma de posesión de Donald J. Trump como 45o. comandante en jefe de la Unión. Este es un breve relato de la víspera.

Foto FACTUM/Héctor Silva Ávalos


Ken se subió en la línea roja del metro de Washington poco antes de la una de la tarde. Abordó en la estación Metro Center, una de las más concurridas del centro. Le acompañaba su bicicleta. Poco antes de llegar a Judiciary Square, dos paradas después, y luego de haber fijado la vista en dos hombres blancos, flacos, ataviados con la muy trumpiana gorra roja en la que se lee “Hacer grande a América otra vez”, Ken rompió el silencio:

“Quisiera dormir durante los próximos 40 años…”

“…Mañana va a ser un día muy frío en DC”, dijo el hombre, un angloamericano pequeño, de unos 60 años y melena canosa revuelta, que se identificó solo con su nombre de pila.

Ken, rompiendo la regla tácita de silencio que suele imperar en el metro de Washington, no paró hasta dos estaciones después. “¿Cómo llegamos a esto?”, se preguntaba. Antes de bajar, se despidió de los dos interlocutores que intercambiamos palabras con él: una madre afroamericana que viajaba con su hijo pequeño y yo. “Les deseo lo mejor”, dijo mientras tomaba su bicicleta para salir del vagón, la vista fija, de nuevo, en las gorras rojas.

En los últimos días la prensa local ha publicado varias historias que han pretendido reflejar el estado de ánimo de la ciudad en la víspera de la llegada de su inquilino más importante, el nuevo presidente. La sensación, al leer esas historias, es que los ánimos son más bien sombríos, como el de Ken.

Los ánimos grises ante la llegada de un presidente republicano que basó buena parte de su campaña en alegorías racistas no deberían parecer algo extraño en Washington. Después de todo, esta es una ciudad de mayorías negras, donde Trump apenas ganó el 4% del voto popular.

A un día de la toma de posesión de Donald Trump como nuevo presidente de Estados Unidos, esta imagen muestra el ambiente previo en Washington, DC.
Foto de Héctor Silva Ávalos.

Pero aquí, en la capital de la Unión, suele caber de todo.

Fuera de la estación de Metro Center, cerca de uno de los distritos hoteleros más caros de la ciudad, también había animación a media mañana. No solo eran las decenas de patrullas policiales y carros de servicio que inundaban las calles, ya cerradas al tráfico regular, con sus sirenas y luces para dar paso a una caravana de camiones con servicios de banquete u otro cargado con separadores de concreto para seguir cerrando calles, eran también las decenas de turistas y simpatizantes de Trump que deambulaban por ahí con gorras rojas:

“Make America great again”.

Las calles de Washington estaban llenas también de personas que no suelen deambular por aquí, habitantes de estados del medio oeste o del sur o del norte que sí votaron por Donald Trump y que estos días portan con orgullo sus gorras rojas.

Es probable que el Washington más liberal no se asome al desfile previo a la toma de posesión o al Mall, ese inmenso espacio verde que separa el Capitolio del monumento a Abraham Lincoln, para ver en las pantallas gigantes instaladas la juramentación de Trump o el vestido que Ralph Lauren le diseñó a su esposa, Melania.

Los opositores se encontrarán, más bien, al día siguiente, el sábado, durante la marcha de mujeres convocada en protesta al nuevo presidente, que también hizo de la misoginia y la vulgaridad marcas distintivas de su campaña. Los organizadores esperan que al menos medio millón de personas acudan a esa marcha.

El frío que inunda el alma de Ken y de todos los que aún no pueden, como el pasajero del metro, procesar el triunfo de Trump no será una constante en el clima ambiente: los pronósticos hablan de una máxima de ocho centígrados, una temperatura que, a estas alturas de enero, es más bien primaveral. Se espera, eso sí, lluvia y cielo encapotado: puede que la socorrida metáfora climática sí sirva, después de todo, para referir los ánimos de Kevin y de tantos miles.


 

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