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Saca y las veredas torcidas de CAPRES

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Elías Antonio Saca llegó a la presidencia de la República aupado por capitales alternos, el de ascendencia árabe incluido, pero sobre todo por el miedo irracional que el ascenso de Schafik Handal en el FMLN despertaba en todos los pasillos de la derecha. El ex locutor de radio y televisión construyó su candidatura con la bendición explícita de todos en ARENA y en las elites económicas de El Salvador. El idilio duró poco y su finalización marcó la ruptura definitiva de la alianza política que fundó Roberto d’Aubuisson en 1980, una de la que ARENA sigue sin recuperarse. Hoy, Antonio “Tony” Saca está preso por sospechas de corrupción y lavado de dinero.

Foto principal: Salvador Meléndez/FACTUM

El allanamiento al autolote HS Imports, en el Bulevar Constitución de San Salvador, se hizo público poco tiempo después de que, cerca de las 2:00 pm del lunes 31 de octubre, el fiscal general Douglas Meléndez revelara, entre otras cosas, que el expresidente Elías Antonio Saca González y su círculo más cercano habían retirado 116 millones de dólares en efectivo de una cuenta subsidiaria de Casa Presidencial, y que eso podía constituir el delito de lavado de dinero.

En HS Imports, propiedad de Herbert Ernesto Saca Vides, primo del expresidente y uno de los hombres más influyentes durante su administración, la Fiscalía buscaba más pistas para añadir a la investigación contra Tony Saca y su grupo, a la que Fiscalía ha bautizado como “Destape de la corrupción”. Pero Saca Vides es solo un hilo de la trama, uno de los menos visibles, pero aun así el que une dos presidencias, la de Saca González (2004-2009) y la de Mauricio Funes Cartagena (2009-2014), su sucesor.

En esa conferencia, Meléndez detalló que durante la presidencia de Saca $246 millones de la llamada partida secreta -financiada con fondos del presupuesto nacional desviados a la presidencia- fueron a parar a cuentas personales del presidente y varios miembros de su círculo íntimo, entre ellos César Funes, Julio Rank y Élmer Charlaix. La cantidad equivale a 1% del PIB y al 5% del presupuesto nacional, según aseguró Edwin Segura, jefe de LPG Datos, en su cuenta de Twitter.

 


“Inicialmente, en el preámbulo, hay un monto general de $246 millones que fueron desviados a 12 cuentas particulares a favor de tres de los imputados. Hemos determinado que por lo menos $116 millones (de $246 millones) fueron cobrados en efectivos a cuentas particulares de empleados de casa presidencial y posteriormente transmitidas vía triangulación a cuentas o empresas del expresidente Saca. Lo tenemos establecido”, dijo Meléndez en una conferencia donde estuvo flanqueado por su fiscal adjunto, Aquiles Parada, y el jefe de la Unidad de Investigación Financiera, Jorge Cortez.

Meléndez aseguró que la investigación inició después de recibir los informes de la sección Probidad de la Corte Suprema de Justicia, y particularmente después del que mostró los manejos de la partida secreta del exsecretario privado Élmer Charlaix. El fiscal aprovechó la conferencia para lanzar dos mensajes. Uno hacia al sistema judicial, donde inexorablemente llegará el caso: “la Fiscalía está haciendo su trabajo, pero este caso será conocido por los jueces, por lo tanto, hago un llamado al juez que conozca de este caso para que haga un análisis objetivo de lo presentado”.

Y dos, contra las instituciones que supuestamente debían ejercer como contraloras: “Entiendo, hasta donde yo sé, que Corte de Cuentas (CCR) nunca informó nada. Lo que pareciera, y según la información que tenemos, es que había una operación que a lo mejor es irregular entre la CCR y el Ejecutivo donde le daban como un aval que no había ningún problema, un documento que no recuerdo el nombre, y con ese aval lo que el ejecutivo hacía era destruir todas las pruebas de transferencias de fondos”.

A Tony Saca su ex partido, ARENA, lleva acusándolo de corrupción desde que terminó su presidencia. Y de otras cosas: de él y su grupo, han dicho varios areneros por lo alto y por lo bajo que son traidores, que les compraron diputados para formar el partido Gran Alianza Nacional (GANA, uno de los que acuerpó el fallido intento de reelección de Saca en 2014) y de pactar protección con la administración de Funes.

La relación no siempre fue así de mala. En 2004, cuando en ARENA ya supuraban heridas internas causadas por la presidencia de Francisco Flores y dos derrotas consecutivas en las elecciones legislativas de 2000 y 2003, toda la derecha política y empresarial de El Salvador se unió en torno a Tony Saca, el usuluteco de origen árabe hasta entonces conocido por sus radios y sus narraciones de partidos de fútbol en canal 4.

El antídoto contra Schafik

Tony Saca ha pedido a toda su comitiva esperar bajo los canopys azules instalados tras el gigantesco escenario montado en Brentwood, en Long Island, Nueva York, para celebrar el día centroamericano y la independencia salvadoreña. Corre septiembre de 2007 y el presidente ha aprovechado un viaje a la Asamblea General de Naciones Unidas en Manhattan para hacer algunas de las cosas que más le gustan: darse baños de gente y promover su imagen.

Saca3El presidente y su comitiva, formada entre otros por su canciller, Francisco Laínez, y su secretario privado, Élmer Charlaix, esperan bajo la sombra de los canopys. Uno de los agregados de protocolo explica la decisión: “Hay muy poca gente en el público, y va a ser una gran ahuevada que salga y no haya nadie”. Lo dicho: A Tony Saca le gusta cuidar su imagen.

Cuando la plaza, el parqueo de un centro comercial no muy lejos del consulado salvadoreño en Long Island, está ya llena, Tony hace lo suyo. Sale al escenario a despacharse un discurso en el que no faltan las frases más recurrentes de su discurso, las que hacen alusión a una derecha más popular, alejada de las elites económicas tradicionales de El Salvador y preocupada por los más pobres –“derecha social” la han bautizado los publicistas y operadores políticos cercanos al presidente.

La audiencia, unas 3,000 personas, la mayoría centroamericanos, escuchan sin demasiado entusiasmo. Hasta que Tony improvisa en el escenario; habla del Luis Ángel Firpo, el equipo de fútbol del que es seguidor: sabe que decenas de los salvadoreños ahí presentes son de Usulután y no se resiste a hacerles el guiño. Todo termina con muchos aplausos, luego de que Tony se ha despachado una elegía a los compatriotas residentes en Long Island; a su duro trabajo de migrantes; y, para aderezar el guion, ha cargado a un pequeño niño a quien la madre ha subido al escenario.

Cuando todo termina, Tony Saca ha dejado un buen sabor de boca a la audiencia. “Eso tenía. Él era campechano, no era orgulloso y uno se sentía bien”, dice un salvadoreño, dueño de un restaurante en Long Island, quien habló por teléfono con Factum pero prefirió no dar su nombre. En aquel restaurante, igual a muchos de comida salvadoreña en los Estados Unidos -con un menú que combina los platillos típicos del país con variedades tex-mex y flanqueado por un salón reservado para invitados especiales-, agasajó Saca a los más cercanos  tras la performance en el festival.

Por la noche, vuelta a Manhattan, al hotel Ritz Carlton en el lindero sur de Central Park, donde Saca y su comitiva suelen quedarse cada vez que el presidente viaja a Nueva York. Buena parte del pago de esas habitaciones corre a cargo de Élmer Charlaix, el secretario privado de la presidencia, y salen de los fondos reservados, la partida secreta de la presidencia. En este viaje de septiembre de 2007, Charlaix es parte del grupo.

Al día siguiente, en los pasillos de la ONU, Saca tendrá reuniones con su homólogo hondureño, Manuel Zelaya, a propósito de la incursión de una lancha militar salvadoreña en aguas salvadoreñas del Golfo de Fonseca. Pero el ítem principal de su agenda es uno que no estaba programado: en San Salvador, su vicepresidenta, Ana Vilma de Escobar, se dispone a lanzar su precandidatura por ARENA para enfrentar a Funes en las presidenciales de 2009. El exabrupto de De Escobar pone en peligro los planes del presidente, cuyo plan es lanzar a su delfín y compadre, René Figueroa, el ministro de Seguridad Pública.

Hay que hacer llamadas, hablar con gente en San Salvador… Nueva York puede esperar. Saca manda a Charlaix en avanzada y se dispone a regresar a San Salvador al día siguiente, a maniobrar gracias al inmenso poder que le ha dado ser dueño casi absoluto de las estructuras territoriales de ARENA, de la partida secreta y del partido.

Lo que está por empezar es una lucha despiadada en dos frentes: la presidencial frente al formidable oponente que es Funes y la interna contra los enemigos de la derecha que, ya a estas alturas, detestan a Tony Saca y quieren desbancarlo.

Mucho había cambiado desde que, en 2003, Tony Saca subió al trono de ARENA.

Para mediados de aquel año eran otras las heridas internas que supuraban en ARENA. El Consejo Ejecutivo Nacional que había tomado el mando un año antes, al que viejos fundadores como Gloria Salguero llamaron el COENA empresarial, estaba lleno de eso, de los empresarios que financiaban las aventuras electorales desde el final de la guerra, y hacía aguas por todos lados.

ARENA salió de las legislativas de 2003 con 27 escaños, cuatro menos que el FMLN aquel año y dos menos de los que habían ganado en 2000. Los números se entendían como un fracaso que algunas fuerzas emergentes en el partido y financistas del mismo achacaban a Flores. En términos prácticos, no obstante, el asunto no era fatal: para 2003, entre ARENA y el PCN -partido que votó con Flores durante buena parte del quinquenio-, tenían más de 45 diputados, suficientes para la mayoría simple. Aun sí, Flores ya era un tipo con muchos enemigos.

Para la presidencial de 2004, el FMLN decidió llevar como candidato a Schafik Handal, el viejo comandante guerrillero, jefe del partido comunista y de las llamadas fuerzas armadas de liberación, las FAL, uno de los cinco ejércitos guerrilleros que formaban el Frente. Para la vieja derecha, la posibilidad de que un comunista ganara la presidencial era tenebrosa. Con el miedo como estandarte, y con la promesa de remediar el retroceso legislativo, Tony Saca logró acuerpar en torno a él a buena parte de esa derecha.

El 18 de marzo de 2004, 1.3 millones de salvadoreños votaron por Saca (57%) y 812 mil por Hándal (el 35%). Por Saca votaron el doble de personas de las que 5 años antes lo habían hecho por Francisco Flores. El ex locutor entendió los números como un mandato popular que le permitía dar algunos giros que luego se atragantarían a la derecha política. Lo primero fue reclamar, para sí, la presidencia del partido, algo que no había hecho ninguno de sus tres antecesores mientras ocupaban la silla principal del Ejecutivo.

El ex presidente Saca y César Funes, quien fue su secretario de juventud y cuya empresa también depositó en las cuentas de las radios del mandatario. Ambos están presos. Foto de Factum, archivo.

El ex presidente Saca y César Funes, quien fue su secretario de juventud y cuya empresa también depositó en las cuentas de las radios del mandatario. Ambos están presos. Foto de FACTUM/Archivo.

“Ahí fue cuando nos dimos cuenta que era peligroso, un pequeño dictador”, decía a mediados del quinquenio Saca una ex ministra de Francisco Flores quien, junto a otros areneros, emprendió una gesta silenciosa por poner cortapisas al poder del nuevo príncipe.

Otra exfuncionaria arenera que trabajó en la administración de Saca aseguró que, en 2005, cuando sus índices de popularidad rondaban el 60%, el presidente entendió que la campaña para elegir diputados y alcaldes del año siguiente sería un referéndum sobre su persona y que, de ganarlo, podría ensanchar aún más sus cuotas de poder. “Su apuesta era que ARENA tuviera sola la mayoría simple (43 votos) y la calificada (56 votos) con los aliados”, dice esta política. El cálculo, sin embargo, falló. Saca, que había dirigido una campaña con el eslogan “un voto por ARENA es un voto por Tony Saca”, llevó 34 diputados a la Asamblea, pero quedó muy lejos de sus pretensiones.

Poco después de aquellas elecciones empezarían a hacerse cada vez más públicas, desde adentro de su administración, las primeras acusaciones de corrupción contra Saca y su grupo más cercano.

Los fondos de la partida secreta

En 2013, como parte de la investigación que realicé para escribir el libro “Infiltrados”, me senté con media docena de ex funcionarios de la administración Saca, secretarios de Estado, ministros o miembros de autónoma. Tres de ellos -todos hablaron con condición de anonimato- me contaron entonces cómo funcionaba el traspaso de fondos en Casa Presidencial. Eran, esas historias, prólogos de eso que dijo el lunes 31 de octubre el fiscal Douglas Meléndez al hablar de los cargos criminales que hoy pesan contra el expresidente.

Dos exmiembros del gabinete económico de Saca explicaban, hace tres años, que buena parte de los ahorros reportados por los ministerios de Estado anualmente volvían a Hacienda y, desde ahí, previa autorización de ese ministro, llegaban hasta casa presidencial para financiar la partida secreta de la presidencia. “Cheques en blanco que Tony manejaba a su disposición, en realidad sin rendir cuentas a nadie”, decía uno de los funcionarios consultados. Lanzando cálculos gruesos al aire, esos ex funcionarios hablaban entonces de entre 200 y 300 millones de dólares extraídos de esa partida secreta durante el quinquenio.

Cuando en octubre 2016 la sección de probidad de la Corte Suprema de Justicia determinó que Élmer Charlaix no podía justificar 18 millones de dólares, el ex secretario privado de Saca contestó que todo provenía de la partida secreta, que el origen de los fondos es lícito, y, al hacerlo, formalizó en un documento administrativo la sospecha que se venía cocinando desde hacía rato en los círculos políticos: los fondos reservados han sido una importante fuente de opacidad financiera en los Ejecutivos salvadoreños.

“…El origen de los fondos proviene de una fuente lícita, como lo es la Tesorería General del Estado, cuyo documento habilitante y soporte legal y constitucional para el traslado de dichos fondos lo constituye la Ley de Presupuesto General de la Nación… El día 1 de junio de 2004 fui nombrado por el Señor Presidente de la República Elías Antonio Saca González, Secretario Privado de la Presidencia. Ese mismo día también fui designado colaborador del presidente de la República para el manejo de los gastos reservados y secretos y que abarcan todas aquellas actividades relativas a la inteligencia del Estado”, justificó Charlaix a Probidad.

Probidad insistió en que eran gastos “inusuales”. Charlaix replicó: “…(los gastos) se utilizan… para cumplir el mandato constitucional de preservar el ordenamiento constitucional, el régimen democrático, a través de mecanismos que permitan mantener el orden público…”

Ni la Corte ni la Fiscalía lo entienden así. Y hoy, de acuerdo al fiscal general, el uso que la Casa Presidencial de Antonio Saca hizo de aquellos fondos es sospechosa de constituir delitos de gran envergadura, como lavado de dinero.

El 6 de octubre de 2006, en un acto público, el presidente Saca anunció a la Nación que la inteligencia del Estado había detectado que un exiliado cubano de origen libanés quería matarlo y que para hacerlo se iba a valer de misiles tierra-aire. La denuncia del presidente, que en su momento acuerpó la Policía Nacional Civil, ocupó decenas de páginas en los periódicos e importantes espacios en los noticieros televisivos durante un buen rato. Todo era humo: dos años después, el fiscal general de entonces, Félix Safie, dijo que nada de lo dicho por Saca se había podido sustentar. Hoy, a la luz de las explicaciones que Élmer Charlaix ha dado sobre el uso indiscriminado de la partida secreta, se entiende que esa investigación que terminó en nada tendría que haber sido una de las que se financió con los fondos reservados de la presidencia.

El amigo discreto

La partida secreta sirve, de acuerdo a un funcionario que trabajó en la Casa Presidencial de Mauricio Funes, para muchas cosas, entre ellas financiar el funcionamiento del Organismo de Inteligencia del Estado (OIE), que responde directamente al presidente. Pero también, y sobre todo, es dinero que ha servido para pagar sobresueldos y para los llamados “gastos de gobernabilidad”, una forma elegante de llamar al pago de favores políticos.

En la administración de Saca, dicen los tres ex funcionarios consultados, los gestores de las partidas secretas eran, sobre todo, dos personas: el secretario Charlaix y Herbert Saca, el esquivo primo lejano del presidente.

Instalaciones de un autolote propiedad de Herbert Saca, donde la Policia de El Salvador busca indicios que prueben el caso de corrupción del ex presidente Antonio SACA, detenido el pasado 30 de Octubre de 2016 Foto FACTUM/Salvador MELENDEZ

El fiscal Andreés Amaya da declaraciones dentro de las instalaciones de un autolote propiedad de Herbert Saca, donde la Policia de El Salvador busca indicios que prueben el caso de corrupción del ex presidente Antonio SACA, detenido el pasado 30 de Octubre de 2016.
Foto FACTUM/Salvador MELENDEZ

“Herbert llegaba a Capres y había que darle dinero, y nunca rindió cuentas. Cuando se le decía al presidente al principio no contestaba, pero una vez ya cuando se le reclamó con más fuerza él contestó enojado y dijo que todo lo que hacía Herbert estaba aprobado por él”, contó un ex funcionario que trabajó en el gabinete económico de Saca.

El lunes 31 de octubre, por primera vez después de muchos rumores y señalamientos que incluso relacionan a Herbert Saca con un carro en el que las autoridades encontraron rastros de cocaína, la Fiscalía allanó HS Imports, su empresa bandera. Los fiscales buscaban documentación que lo relacionara con ex funcionarios de la administración Saca y Funes que le compraron carros, como Élmer Charlaix, Leonel Flores o Miguel Menéndez.

Los señalamientos contra Herbert Saca Vides, sin embargo, van más allá de la venta de vehículos, que es después de todo la actividad económica a la que se dedica desde hace décadas. Su historia habla de relaciones con el bajo mundo del narcotráfico y el crimen organizado salvadoreños.

El 22 de junio de 2004, solo tres semanas después de que su primo juró como presidente de la república, Saca Vides recibió 228,571 dólares de M&M Importaciones, cuyo dueño, Élmer Bonifacio Medrano Escobar, fue investigado en los 90 y a principios de la década pasada por narcotráfico y por ser miembro de la banda Los Perrones. El notario que firmó el traspaso de dinero se llama Manuel de Jesús Morán Jerez, juzgado en 2010 por falsedad ideológica en un proceso por narcotráfico seguido a Reynerio de Jesús Flores Lazo, líder de Los Perrones condenado a 80 años de cárcel por traficar al menos 2.4 toneladas de cocaína. Otros miembros de Los Perrones han acusado a Saca Vides de extorsionarlos. Uno de ellos aseguró, en el libro “Infiltrados”, que le pagó 250,000 dólares para que intercediera por Reynerio en el sistema de justicia.

En la conferencia del 31 de octubre de 2016 el fiscal general Meléndez reveló, además, que la Casa Presidencial de Mauricio Funes siguió trasladando dinero a cuentas relacionadas con Antonio Saca. La relación entre ambos mandatarios también toca a Herbert Saca Vides, a quien Funes heredó como operador político.

“Nosotros hemos verificado que incluso hubo transacciones de última hora para terminar el periodo, en la última semana, fondos transferidos a última hora a cuentas. Asimismo, posteriormente, pareciera que hubo una transición del gobierno del presidente Saca hacia el gobierno del presidente Funes. Hemos encontrado que posteriormente, de algunas cuentas siguieron transfiriéndose fondos a cuentas privadas”, dijo el fiscal general.

Entre el 15 de febrero y el 15 de junio de 2011, la OIE -la oficina que se financia con la partida secreta por la que hoy la justicia reclama a Saca- analizó 1,797 llamadas hechas desde y hacia dos teléfonos de Saca Vides, a quien el organismo consideraba “sujeto de interés por sus vínculos con el crimen organizado”, el 7833-7110 y el 7180-4034. Uno de los que interactúo con esas líneas telefónicas fue el entonces presidente, Mauricio Funes.

La primera vez que Antonio Saca y su sucesor aparecieron en público fue a mediados de abril de 2009, cuando el segundo era ya presidente electo. Ambos asistían a la V Cumbre de las Américas en Puerto España, Trinidad y Tobago. Funes era, entonces, la promesa de la izquierda salvadoreña, y Saca un político en el ocaso de su carrera, despreciado por las facciones de su partido que una vez lo empoderaron. Hoy, ambos han sido señalados por hacer mal uso de los fondos públicos que debían custodiar. Saca está preso; Funes vive asilado en Nicaragua.

*Con reportes de Bryan Avelar.
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