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Y después del fútbol se escuchó música

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Roberto hubiera sido un futbolista profesional. Uno de esos de la generación salvadoreña de la primera década de los 2000. Una lesión en la columna vertebral lo separó de la selección sub-17. Su accidente significó no solo el fin del sueño que tenía Daniel, su papá, de ver a su hijo convertido en un atleta. Para Roberto, se abrió de forma inesperada una puerta para la música que venía aprendiendo con la guitarra desde los 13 años.

Fotos FACTUM/Salvador Meléndez


A Roberto lo querían futbolista. No artista. Daniel sabía que a su hijo le gustaba la guitarra, pero ya había un norte marcado para el joven. No había vuelta atrás. Sería el fútbol. Fue portero. Jugó para la selección sub-17 de El Salvador. Roberto fue de la generación de jugadores como Henry Hernández y Dennis Alas. Una camada que no fue del todo afortunada en el fútbol.

Pero Roberto tenía otras aficiones. Mientras Mauricio, uno de sus amigos de la infancia, hacía sonar los acordes en la guitarra, Roberto y los demás lo escuchaban. Roberto recuerda que el grupo de amigos se reunía las tardes para jugar y para ver a Mauricio tocando las cuerdas. Él fue quien le enseñó los primeros acordes. Los demás no se dejaron cautivar por la guitarra. Solo Roberto. Incluso, Mauricio ahora es un diseñador gráfico residente en Colombia.

El Roberto futbolista no imaginaba que aquellas tardes de aprender a hacer un do, un fa, un re sostenido con la guitarra iban a convertirse en el fundamento del Roberto artista que es ahora. Su único roce con el arte, en aquella época, había sido con la guitarra de Mauricio y los relatos de su mamá sobre la abuela de Roberto, Angélica, a quien le gustaba escribir poemas.

Roberto Nóchez, artista y cantante en San Salvador, El Salvador, el 12 de abril de 2018.
Foto FACTUM/ Salvador MELÉNDEZ.

Roberto tenía 16 años cuando le diagnosticaron una lesión en la columna vertebral. Era grave. Daniel, su papá, se defraudó. Roberto también. Tuvo que dejar el fútbol y el taekwondo que practicaba a esa edad. Ningún deporte de alto impacto, ordenó el doctor, o Roberto podía terminar con una paraplejía en el peor de los casos. Su norte cambió de golpe. Pero tenía la guitarra.

“Creo que la música fue la manera de canalizar esa frustración. La guitarra, agarrar un papel y lápiz era algo que a mí también me apasionaba. En ese entonces fue que tomé la decisión de enfocarme en la música y me empecé a empilar con hacer canciones”, dice el artista en esta entrevista con Revista Factum.

Roberto Nóchez es un cantautor salvadoreño. Tiene 34 años. Desde 2010 cuenta con dos discos de estudio y una colección de conciertos. Fue descubierto por el productor Jorge la Vaca Lara en una velada en La Luna Casa y Arte. “Es malísimo”, dice en broma Lara cuando le preguntamos por Nóchez. Después de las risas, el productor habla de música: “A mí me parece que Roberto cambia el concepto de cantautor que tenemos aquí. Aquí el cantautor es el trovador que sigue una línea de ‘protesta’ de la línea latinoamericana”.

Pero Roberto no alcanzó de golpe esa redefinición del cantautor. Empezó como muchos intérpretes creen que pueden hacer una carrera artística: tocando covers. Complaciendo a los parroquianos de bares de San Salvador con las canciones de otros. Cuando tenía 19 años encima, creía que los covers -aunque sí se divertía cantando la música ajena- no eran lo suyo. Roberto cree que interpretar las canciones más conocidas de bandas famosas puede ser un negocio, pero limitado, mal pagado y sin un genuino desarrollo artístico para los músicos.

¿Se puede vivir de la música en un país como El Salvador? Roberto Nóchez dice que sí. Casi se atreve a asegurar que es falso que el artista salvadoreño a veces se ve obligado a recurrir a otras actividades para alcanzar la estabilidad económica. Pero comprende que su experiencia individual ha sido prodigiosa. 

La inquietud es una constante en sus discos. Le ha servido como una virtud. En su primer disco, La calle de todo, Nóchez experimentó con letras que trataron de visualizar un universo entero en un pequeño espacio. “Las letras cuentan cómo el mundo se puede reflejar en lo que pasa todos los días en una misma calle”, dice Roberto. Las guitarras eléctricas con distorsión y sonidos más familiarizados con el rock trataron de darle entereza al disco. Hubo promoción y videos de varias canciones, entre las que se cuenta No hay tiempo como una de las canciones no solo emblemáticas del disco, sino de la carrera de Roberto.

El álbum más reciente, Música al aire, es una invitación a un nuevo viaje con Roberto Nóchez, que despidió las distorsiones rockeras del primer álbum para abrazar cuerdas más limpias y acudir a arreglos más exquisitos para llenar los espacios. Cúrame el alma es el tercer sencillo del disco, para el que se produjo un video filmado en distintas localidades de México.

Jorge Lara, el productor, describe esta etapa más adulta de Roberto Nóchez: “Sus letras son sencillas. Cotidianas, por decirles de alguna forma. Hablan de temas con los que la gente se identifica fácil. Es una propuesta sin mucho maquillaje. Las melodías son pegajosas, sin arreglos complicados que a veces se usan para cubrir cierta falta de habilidades”.

El salvadoreño Roberto Nóchez contó cómo una lesión en la columna vertebral lo separó del sueño de ser futbolista. Ahora es un músico que persigue otro sueño de fama.
Foto FACTUM/ Salvador MELÉNDEZ.

Las canciones de Roberto Nóchez se dejaron escuchar en el recinto del bar Búhos en San Salvador el sábado 14 de julio pasado. Un día antes de la final del mundial de fútbol –su deporte preferido y del que llegó a ser seleccionado de su país–, Nóchez pasó una velada semiacústica con su gente más cercana. Los anuncios del concierto surgieron desde junio. Las vallas intermitentes de luces led en las calles capitalinas así lo informaban.

Roberto agradeció a la asistencia. Desde sus redes sociales, ya anunció que en los próximos días va a establecer fecha para el segundo concierto Íntimo. El objetivo, le dijo a Factum, es hacer un tercer disco grabado en directo como recopilatorio de sus dos primeros álbumes. Así quiere celebrar sus años como cantautor, sus discos, su historial de conciertos e incluso los varios proyectos culturales en que ha cooperado con alcaldías en El Salvador. Mientras tanto, sigue escribiendo nuevas canciones para obras futuras.

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