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Reseña de “Vientos de Invierno” (Juego de Tronos)

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La siguiente reseña posee mucha información spoiler acerca del episodio 10 de la sexta temporada de Juego de Tronos.

El final de la sexta temporada ha estado a la altura de la misma. A diferencia del final de la temporada anterior —en la que todo era preguntas—, este último capítulo deja bien colocadas las piezas del ajedrez, reparte las cartas sobre la mesa y libera el anuncio de un eminente choque de poderes, de este mundo y del otro.


El desenlace de la maraña política y religiosa en King’s Landing ha sido magistralmente ejecutado en la pantalla. Bien podría resumirse como “Cersei mandando todo a la mi…seria de su furia”, pero toda la puesta en escena del inicio del capítulo generó un nivel de tensión tan perfecto que sería totalmente injusto definirlo así.  La cadencia de las imágenes y la espléndida musicalización —con el sentimiento de “Light of the seven”, una pieza por la que Ramin Djawadi bien merecería un premio Emmy—, nos transportaron a un estado de ánimo de sobrecogimiento, con la certeza de que el camino terminaría ahí, en cualquier momento.

Desde ese momento supimos que estábamos ante la inminencia de en un punto sin retorno. La mirada de Cersei, el balanceo de la copa en su mano, los detalles de las vestimentas, “La Montaña” evitando la salida de Tommen de sus aposentos… Aquello nos empujaba hacia lo que, de alguna manera, presentíamos como evidente: el punto sin retorno no lo determinaría un monje descalzo; lo dictaría la sede de venganza de Cersei Lannister.

Y así fue. La única que pudo leerlo —aunque demasiado tarde— fue Margeary Tyrell, a quien su necesidad de salvar a su hermano la empujó a jugar al límite y terminó atrapada. La cara de “El Gorrión Supremo” reflejaba la comprensión de que, finalmente, él no tenía el control, dejaba en evidencia la incredulidad de no tener el poder. ¿El poder? ¿Lo recuerdan? Cersei ya ha dado lecciones sobre qué es el poder para un Lannister.

Todos los “renacimientos” que había observado en los personajes de King’s Landing valieron menos que un cacahuete, arrasados por el fuego valyrio. Mientras que Qyburn recibió su recompensa particular con el sanguinario destino del decadente maestre Pycell. Volvimos a entender cómo “un Lannister siempre paga sus deudas” y la Septa Unella no lo olvidará en mucho tiempo.

Vergüenza, vergüenza, vergüenza…

El final de Tommen llega de porrazo, literalmente. Fue tan intempestivo y con una sucesión de hechos tan abruptos que, si no es por el trailer, no hubiera tenido el tiempo para procesar lo qué decía Walder Frey en la escena siguiente.

Además de revivir las bajezas de Lord Frey y el desprecio que es capaz de provocar hasta en sus aliados, la escena de la cena de celebración en “Los Gemelos” revivió en nosotros la necesidad de que, por fin, la justicia lo alcanzara. Por supuesto, los guionistas no podían dejarnos con ese anhelo, sin satisfacer. Las incisivas palabras de Jaime dejaron en claro cuan frágil era la posición de “El Señor del Cruce”.  Era tan endeble que la deuda de “La boda roja” fue saldada por la única persona que ha tenido claro, desde hace mucho tiempo, su deseo de venganza: Arya Stark.

Llegados a este punto es necesario hablar de uno de los temas del episodio: la venganza representada en en el temple de distintas mujeres. Por ejemplo, la venganza brutal de Cersei; la venganza franca y visceral de Arya; la venganza reivindicativa de Sansa; y la venganza fría y planeada por “Las Serpientes de Arena” y “La Reina de las Espinas”.

Si, es necesario mencionar a Varys, el otro maestro de la intriga política, que ha fraguado la pieza que faltaba a las intenciones de  conquista de Daenerys: una alianza avasalladora en Westeros. Las fuerzas de su creciente ejército ahora se componen por Los Inmaculados, las hordas Dothraki, la flota de hierro (con los hermanos Greyjoy), el ejército de Dorne, el poderoso y estratégico reino de Alto Jardín… y, por supuesto, también se compone de tres dragones.

Ya se lo dijo Tyrion a Daenerys:

“Estás en el gran juego ahora”.

Mientras tanto, el norte recuerda. A veces tarda en hacerlo, pero recuerda. En los salones del hogar ancestral, Jon recuerda sus traumas de adolescente. Todavía un tanto incrédulo de su posición actual, el sucesor (Stark… ¿Targaryen?) enfrenta su primera decisión como gran señor de Invernalia. El dilema es muy parecido al que enfrentó Daenerys con Ser Jorah: ¿debe ejecutar a alguien que le es devota? ¿Mostrarse débil y perdonar? Y él resolvió por el mismo camino que “La madre de dragones”. Optó por el destierro de Melisandre.

La última visión de Bran nos deja la confirmación visual de lo que se ha especulado desde el primer tomo de la saga en los libros: Jon Snow es hijo de Lyanna Stark. Pero no se confirma explícitamente si su padre es Rhaegar Targaryen, aunque parece (en apariencia) bastante obvio que sí lo es.

Luego vimos a Sansa y Jon en la muralla. Sansa sincerándose; Jon apelando a que deben permanecer unidos. Esa plática íntima entre “hermanos” condujo a la pregunta obvia:

– ¿Confías es Meñique?

– Solo un tonto confiaría en Meñique.

Lo que ocurrió luego ya lo veíamos en el tráiler: Lord Bealish revelando sus intenciones. “Cuando se juega el juego de tronos sólo se puede ganar o morir. No hay puntos intermedios”, decía Cersei, en la frase que definió a esta serie de televisión. Y Meñique va por el premio mayor. Él busca sentarse en el trono de hierro, con Sansa como su reina. La hija de Catelyn Tully se niega amablemente y, como era de esperarse, Little Finger lanza su veneno para dividir a Sansa y Jon. Siembra su semilla…

En el momento de la aclamación de Jon Snow como nuevo “King of the north” —que ocurre de la mano de Lady Mormont, la niña con mas carácter en los siete reinos—, Sansa sonríe y muestra su aprobación, pero en la sombra, en una esquina, Peter Baelish no se muestra muy a gusto con la situación. Sansa lo nota y deja de sonreír. ¿La semilla floreció o solo reconoce que algo se trama entre la sombras? Lo veremos hasta la próxima temporada… Pero queda claro que las piezas están dispuestas en el norte, aunque este bloque  luce menos compacto que el que navega desde Meereen. Tiene algunas grietas, como la poca aceptación de las casas norteñas hacia los salvajes; o la ambivalencia de los Hombres del Valle bajo el mando de Meñique. Sin olvidar, por supuesto, los planes de Euron “Ojo de cuervo” y el resto de las hombres de las Islas de Hierro.

Para recalcar: dije al principio las piezas están colocadas. En resumen, percibimos a dos enormes bloques (entre los vivos) y un centro de poder a la deriva.

El bloque mas poderoso, navega hacia el sur (la capital) y es liderado por Daenerys Targaryen en franca conquista y en ruta de impacto contra el centro de poder de los siete reinos, King’s Landing, que ahora está sin aliados y bajo la regencia de una reina cruel, despiadada y, en apariencia, bastante estúpida (políticamente hablando). Creo que la caída de King’s Landing es ficha cantada. Tarde o temprano sucederá. Parece ser inevitable.

El otro bloque luce mas frágil y con un cáncer en sus entrañas. Está en el norte y al mando de Jon Snow. Posee la ventaja de tener claridad sobre cuál es la verdadera gran guerra por venir. Esta no será una guerra por venganza sino por supervivencia. El invierno a ha llegado oficialmente, el “Rey de la noche” ya viene. Con él marchan los caminantes blancos y los otros. Solo el norte está convencido y ahora poseen un rey que ya los ha enfrentado.

En principio, los dos grandes bloques no están enfrentados, pero Meñique está en medio. ¿Será que veremos dos reyes en Westeros? Creo que se la pondrían demasiado fácil a Petyr Baelish, debido a su talento para urdir planes. Para saber eso deberemos esperar a la temporada siete (que será la última de toda la serie).

El episodio nos deja también con otros momentos que merecen ser comentados: primero con el respiro de ver a Sam llegando a la Ciudadela y su rostro extasiado ante todo el conocimiento del mundo al alcance de su mano; segundo, el regreso de Jaime a la capital. Él se ve sorprendido por el espectáculo de destrucción que desde fuera de la ciudad contempla. Vislumbra el septo en ruinas y encuentra la bizarra escena de Cersei vestida de duelo, pero siendo coronada por Qyburn en el trono de hierro. Una vez más, la manera como Jaime reaccione y decida actuar al respecto será crucial en el futuro.

Y menciono también algo importante: los cuervos blancos han volado. Estas aves albinas vuelan solo bajo una circunstancia: cuando los maestres han interpretado todas las señales y deben avisar a los siete reinos que “el invierno ha llegado”.

Los únicos que sonrieron al saberlo fueron los  hijos de Ned Stark. El anuncio del lema de su casa (“El invierno se acerca”) deja de tener vigencia. Ahora se ha cumplido. El invierno está aquí y Jon lo resume así:

“Nuestro padre siempre lo dijo ¿no?”

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