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Al rescate de la Wonder Woman “queer”

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No soy muy fan del cine mainstream. Por eso Wonder Woman me tomó desprevenida. Me sorprendió que una película de Hollywood sobre una superheroína estadounidense causara tanta expectación y revuelo. Mi poco conocimiento sobre ella me había llevado a considerarla un personaje soso, una chica blanca y bien portada, vestida de azul y rojo. Aburrida. Las imágenes borrosas de esa Mujer Maravilla de la televisión de los sesenta, con su cinturón super apretado y montada en un primitivo avión invisible, no se correspondían con las de mis heroínas de cómic favoritas: Mytique, Gatúbela y Jessica Jones, todas personajes poderosos, complejos y hasta oscuros. Ninguna niña buena. Por eso la algarabía  alrededor de Wonder Woman sedujo mi curiosidad. ¿Por qué hace tanto ruido? ¿Es solo la necesidad de un ícono femenino? ¿Qué la hace tan especial? Aunque es un símbolo de la cultura estadounidense, ¿vale la pena rescatar a esta princesa como representación popular para otras mujeres y colectivos?

Para averiguarlo, y antes de ver la película, decidí ir hacia atrás, escarbar en sus orígenes y averiguar de dónde salió esta superheroína. Resultó ser mucho más fascinante y compleja de lo que me imaginaba; un personaje con una historia extraña sobre su sexualidad que vale la pena conocer. Por supuesto, como muchos productos de entretenimiento para el consumo masivo, Wonder Woman no es inocente; es un campo de poder. Es un artefacto que refleja los valores y normas de la cultura dominante alrededor de los constructos de género, raza, clase y sexualidad que permean la vida cotidiana. Pero también es un lugar que puede funcionar para desestabilizar esos discursos y construir nuevos significados. En su origen, Wonder Woman lo logra. No solo es un icono feminista, sino uno feminista y “queer”.

Nació en 1941, en la Edad de Oro del cómic, de la mano de William Moulton Marston, un reconocido psicólogo de la época, creador del primer detector de mentiras (de ahí sale el lazo de la verdad que usa la Mujer Maravilla) y un autoproclamado feminista. Desde su particular perspectiva feminista, Marston creía que las mujeres eran por naturaleza moralmente superiores y las más adecuadas para controlar y encausar la volatilidad y violencia masculinas. Por eso debían ser ellas las que ostentaran el poder, pues a diferencia de los hombres podrían gobernar guiadas por el amor, la compasión y la justicia. Como cuenta la escritora K.L. Pereira, la cuestión para él no era tanto que las mujeres llegaran a ser iguales a los hombres en derechos, sino que lograran arrasar con las estructuras dominantes y establecer unas nuevas, las propias.

Fueron estas ideas las que guiaron a Marston —que bajo el seudónimo de Charles Moulton— creó a Diana, la princesa amazona, nacida en Tesmiscira, una idílica isla invisible a los hombres y habitada solo por mujeres poderosas bajo la protección de la diosa Afrodita. Les Daniel, en su libro Wonder Woman: The Complete History, nos muestra cómo Diana es la representación de una mujer fuerte, dominante y autosuficiente que no usa los puños, sino su inteligencia y el amor para vencer. Este es, para mí, el principal logro de  Marston: apropiarse de esas características que en el discurso de la cultura dominante  son intrínsecamente femeninas, y las causantes de nuestra debilidad, para transformarlas en la fuente indiscutible del poder de las mujeres y de la Wonder Woman.

[Clic aquí para leer el cómic online]

La Mujer Maravilla tiene súper fuerza, súper inteligencia, súper velocidad, puede volar, luchar, nunca envejece y sus heridas sanan solas. Como armas, usa el lazo de la verdad, los brazaletes de sumisión y un avión invisible. Estos artilugios los aprovecha para luchar contra la guerra, por la paz del mundo, pero sobre todo para liberar a mujeres que han sido subordinadas por hombres malos y construir una hermandad entre ellas. Diana, al actuar como Wonder Women —o como su álter ego, Diana Prince— parece determinada a hacerles ver su fuerza interior y la capacidad que tienen para persistir por sí mismas ante el mundo misógino masculinizado. No se puede ignorar que los hombres también aparecen del lado de los buenos, pero como Steve Trevor, el ambiguo novio de la heroína,  son personajes por naturaleza vulnerables y  objetos de rescate.

Historias como “Slaves in the Electric Gardens”  (Wonder Woman #13, summer 1945) retratan a una astuta Mujer Maravilla que libera de las garras del malvado Rey Rigor a las mujeres de Eveland (otra tierra solo de mujeres) y a Steve Trevor. La aventura termina con la heroína infundiendo confianza a sus amigas y reafirmándose frente a Steve:


Imagen izquierda en amarilloDevuelta en Eveland, las chicas se despidieron de la adorada Mujer Maravilla.
Mujeres: –Princesa, tú nos has enseñado que una mujer inteligente puede conquistar incluso al hombre más fuerte.
Mujer maravilla: –¡Y nunca olviden eso, chicas! 
Imagen derechaSteve: –¡Eres maravillosa, ángel! Si tan solo te casaras conmigo…
Mujer maravilla: –Si me casara contigo Steve, tendría que pretender que soy más débil que tú para hacerte feliz, y eso ninguna mujer debe hacerlo.


Pero el espíritu feminista —y ya se vera que también queer— de esta superheroína tiene muchas otras manifestaciones desde el primer número publicado, en el verano de 1942.

Gracias a la editora asociada, Alice Marble, una conocida campeona del tenis de la época, las historietas no solo eran el soporte gráfico para las fantásticas aventuras de una heroína adelantada a su época, sino que funcionaban también para transmitir historias de mujeres reales y fuertes: las Wonder Woman of History. Junto a sus batallas por la justicia en un mundo imaginado, el cómic de la Mujer Maravilla cuenta la lucha por un mundo mejor librada por heroínas de carne y hueso, entre otras, por Florence Nightingale, enfermera de guerra (Histoiera #1); Sojourner Truth, activista abolicionista de la esclavitud (Historieta #13), Marie Curie, la famosa científica que descubrió la radioactividad (Historieta #16) o Carrie Chaptman, una conocida sufragista estadounidense (Historiera #26).

Otro tema recurrente —y quizá el más polémico— de la Edad de Oro de la Wonder Woman es el de la sumisión/dominación. En los cómic publicados hasta 1948 son recurrentes las escenas de la princesa Diana liberando a mujeres encadenadas o recibiendo nalgadas de ella misma (spanked) o siendo encadenada o atada (bondage) en formas y posiciones muy populares dentro de las prácticas de sumisión erótica. Por ejemplo, en Wonder Woman and the Cheetah #6 vemos a la heroína con el cuerpo sujetado por una gruesa cadena, con un collar metálico que le inmoviliza el cuello y una máscara de cuero que le cubre el rostro. Están a punto de meterla en una cámara de agua, de la que al final sale bien librada.

El ancho collar de hierro en el cuello de Wonder Woman viene del Tibet y evitará que la prisionera doble la cabeza. Este antiguo brazalete griego mantendrá sus tobillos firmes y juntos.

El “bondage” (Wonder Woman and the Cheetah #6) y “spanked” (Sensation Comics no. 31) es de igual forma usado por la princesa para inmovilizar y vencer a sus enemigos. Pero quizá lo más curioso es que estas prácticas también aparecen entre las misma amazonas. A veces como forma de demostrar sus habilidades, sus destrezas físicas y temple moral (Wonder Woman #4), y otras como maneras placenteras de juego y entretenimiento. Veamos esta escena de Tesmiscira en la historieta The Icebound Maidens #13:


Mujer maravilla: –¡Átenme tan fuerte como puedan, chicas! Con las cuerdas y cadenas más grandes que puedan encontrar.
Amazona: – Eso hacemos, princesa. Ni tú puedes escapar de estas ataduras.

Las opiniones sobre esto están divididas. Para algunos críticos, este aspecto desdice todo el discurso feminista de la heroína y la convierte en un fetiche sexual del sadismo para el goce masculino. Pero otros como K.L. Pereira y Noah Berlatsky en su libro Wonder Woman, Bondage and Femenism 1941-1948, ven una relación más compleja. Marston aborrecía las escenas violentas y de muerte en otros cómic, por eso prefería entonces mostrar a los malos sujetos por cadenas y cuerdas y a las buenas liberándose de ellas como símbolo de su triunfo sobre el patriarcado. También se ha apuntado que para Marstson, como científico investigador de las relaciones entre amo/esclavo, la condena de la violencia sexual podía y debía coexistir con la fantasía sexual. Otros análisis hablan incluso de esta muestra de sumisión como vehículo de empoderamiento. Tim Haley, experto en el personaje, afirma que los lazos y cadenas tienen una doble simbología. En la isla de las mujeres funciona como una actividad de diversión y placer, pero en el mundo de los hombres se vuelve opresiva y dolorosa.

Hasta ahora la polémica sobrevive.

El tercer y último aspecto que quiero rescatar es la orientación sexual de la Wonder Woman. Su relación de atracción hacia los sexos ha sido un tema mucho menos escandaloso que el anterior, pero también ha generado controversia. Las relaciones más fuertes de la princesa Diana son casi siempre con otras mujeres. Situaciones de hermandad femenina son recurrentes. De hecho, esta heroína sale siempre exitosa de sus misiones debido a la ayuda de otras mujeres, especialmente gracias a un grupo de amigas llamadas las “Holidays Girls”, con las que somete y vence a sus enemigos. Entre ella sobresale Etha Candy, una chica baja y regordeta, muy fuerte y astuta.


En amarilloSujetando con un astuto movimiento de lucha a Giganta, Wonder Woman mantiene a la poderosa mona impotente.
Mujer maravilla: –¡Aten a esta gorila con seguridad, chicas! Ella es muy fuerte. 
Etha Candy: –¡Woo-Woo! Diré que sí lo es..
.

Lo cierto es que a lo largo de las historietas, la relación con Steve Trevor, el supuesto novio humano de la heroína, nunca es muy clara. Se da por supuesta. Esto le confirió a la Wonder Woman un aire de heterosexualidad que, como afirma K.L Pereira, le da la suficiente libertad para relacionarse con sus congéneres amazonas y otras mujeres de manera más íntima. Algunas veces la tensión sexual es evidente. La misma autora nos lleva a una escena de la historieta #5, The Battle for Womanhood, en la que Wonder Woman libera a Marva, la esposa del Dr. Psyco.

“… Marva está reclinada en el regazo de la Mujer Maravilla, sus brazos alrededor del cuello, mientras se miran directamente a los ojos…”


Imagen a la izquierdaBuscando en la bóveda, Wonder Woman encuentra a Marva.
Mujer maravilla: –Mmm… Ella se encuentra en un trance profundo. Este es el medium que usa Psyco como fuente de poder para materializar los cuerpos. Él la mantiene escondida e indefensa. Tengo que despertarla suavemente. 
Imagen a la derecha: Marva: –No debiste liberarme. ¡Él estará furioso! No dejes que me torture.
Mujer maravilla: –No tengas miedo, Marva. Psyco no puede lastimarte. Él no tiene más poder sobre ti que el que tú le das.

Con la muerte de Marston, en 1947, termina la Edad de Oro de Wonder Woman. Las preocupaciones por los mensajes ambiguos contra la moral de la época se hicieron escuchar. A las puertas de la rigurosa década de 1950 en Estados Unidos, la heroína deja las prácticas sospechosas o no claras. Atrás queda la Mujer Maravilla que desestabiliza el sistema heteronormativo, se olvida de recurrir al bondage y deja de  preocuparse por empoderar a las mujeres y convertir el mundo en uno femenino. Se convierte en una niña buena. A finales de los sesenta, incluso llega a renunciar a sus poderes, se convierte en mortal y sus preocupaciones se reducen a cuestiones domésticas y de la moda del tiempo. Para la década de los setenta, algunas feministas de la segunda ola, como Gloria Steiman, intentan rescatarla como representación de la mujer fuerte y emancipada, pero obviando cualquier referencia a su pasado polémico. Nunca vuelve a ser esa heroína única, compleja y retadora del poder establecido.


[Lee además: “¿A quién representa la Mujer Maravilla?”]


No puedo negar que en la súper producción dirigida por Paty Jenkins (y estrenada en 2017) me emocionó ver en la gran pantalla a una niñita guerrera que crece en un mundo de mujeres poderosas, personajes representados por mujeres mayores fuertes, amorosas y solidarias entre ellas. Sentí esa necesidad de más superheroínas en los medios de consumo masivo. Pero para mi decepción, la multifacética Mujer Maravilla de los años 40 nunca apareció. La directora logra rescatar al menos lo fundamental: el origen del poder de la Wonder Woman del siglo XXI sigue siendo la generosidad, el amor y la creencia en la justicia. Sin embargo, la princesa moralmente superior queda desdibujada bajo un halo de ingenua bondad, de amor heterosexual al estilo Hollywood y unas cuantas frases de tinte feminista.

Una heroína más digerible en nuestro tiempo.

Entonces, ¿debería rescatarse como representación cultural? Pienso que sí. Aunque esto no significa idealizar la creación de William Marston. La Wonder Woman de los años cuarenta es fascinante por su complejidad. Una feminista y queer de su época que representa la visión muy particular de su creador. Para Marston, la lucha de la heroína no estaba destinada a conseguir la igualdad entre hombres y mujeres o cuestionar las desigualdades entre ellas, porque para él las mujeres ya eran superiores por naturaleza.

Mujeres como la Wonder Woman: blancas, bellas (según el canon occidental) y no pobres. El sentido de la justicia y amor pregonados por esta heroína eran ajenos a los problemas raciales y de clase de su tiempo. Y lo siguen siendo. A pesar de eso, estoy convencida de que volver a la superheroína de la Edad de Oro vale la pena. Su historia necesita ser rescatada. Wonder Woman, uno de los productos más influyentes de la cultura popular, se erigió como muestra de las luchas de poder más encomiadas de la época. Pese a su mediocridad actual, su origen nos muestra un camino, entre los muchos posibles, para la apropiación creativa de los discursos  hegemónicos y para la transformación de estos en herramientas que nos permiten reinterpretar el cuerpo, género, deseos y afectos.


  • Laura Aguirre es socióloga con un doctorado de la Universidad Libre de Berlín. Se mueve entre el mundo académico y el periodismo. En los últimos seis años ha investigado sobre migración de mujeres centroamericanas, trabajo sexual y derechos humanos. Su lente teórico-analítico es el feminismo crítico. Está particularmente interesada en temas relacionados con la desigualdad de género, clase, raza y sexualidad. Desde el 2010 vive entre El Salvador, Alemania y México.
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