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¿Quién mató a Byron Lima? (Primera Parte)

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En la primera versión “oficial”, de las muchas que sin duda surgirán en torno al asesinato del preso más famoso de Guatemala, Byron Lima, el pasado 18 de julio, la agencia de inteligencia civil del gobierno culpó a un narcotraficante preso de ordenar el ataque a Lima por haberle robado un cargamento de droga.


En el comunicado interno que una fuente cercana a la Dirección General de Inteligencia Civil (DIGICI) le proporcionó a InSight Crime, analistas de la agencia insinúan que Eduardo Francisco Villatoro Cano, alias “Guayo Cano”, le pagó 1 millón de quetzales (US$132.000) a Marvin Montiel Marín, alias “El Taquero”, para asesinar a Lima dentro de la prisión de Pavón.

Otras trece personas murieron en el ataque, entre ellas una visitante argentina; diez más resultaron heridas. Las autoridades dijeron que Lima recibió dos disparos en la cabeza. Otras tres personas fueron decapitadas, y las autoridades encontraron un cadáver incinerado. El Ministerio del Interior todavía está tratando de identificar a las víctimas.

El comunicado de la DIGICI dice que también se utilizaron granadas en el ataque y en el motín que se presentó posteriormente, y que las armas utilizadas fueron ingresadas de contrabando a través de un acueducto que conduce a un pozo al interior de la cárcel.

El escueto comunicado de inteligencia, que está clasificado como “confidencial”, pero que según una fuente del Ministerio del Interior es auténtico, dice que Lima era sospechoso de haberle robado a Villatoro “2,000 paquetes de droga denominada cocaína”. No dice cuándo o dónde sucedió, pero considera este robo como la teoría principal de lo que provocó el ataque.

Villatoro es un conveniente chivo expiatorio. Se encuentra recluido en una cárcel diferente a la de Lima por el asesinato de ocho policías en el año 2013, a quienes él y sus hombres mataron por su presunta participación en un robo de drogas que también le pertenecían a él.

El comunicado agrega que entre Lima y Montiel Marín había una rivalidad por el control de la cárcel Pavón. En una conferencia de prensa el 18 de julio, el ministro del Interior Francisco Rivas también culpó a Montiel Marín por el ataque, pero no mencionó a Villatoro.

El control de Pavón

Lima fue transferido a la cárcel de Pavón en noviembre de 2015, y en una entrevista con InSight Crime el pasado mes de abril dijo que en los cinco meses en los que había estado ahí había obtenido el control de la mitad de la cárcel. Pavón consta de 22 sectores y tiene tres líderes por sector. Lima dijo que había hecho alianzas con 30 de los 65 líderes.

Lima también dijo que proveía servicios de salud, daba clases adicionales, les daba trabajo a los presos y resolvía los conflictos de larga data por los apetecidos lotes que los presos utilizan para poner restaurantes y pequeños negocios.

Decía, sobre todo, que les proporcionaba mayor seguridad a los presos. Lima, quien fue condenado a 20 años de prisión por su participación en el asesinato del obispo Juan Gerardi en 1998, era un oficial de las fuerzas especiales del ejército, y desde el año 2000 llegó a dominar el arte de entablar amistad con quienes no hacían parte de los altos niveles del crimen organizado, es decir, con las pandillas. Los llamados “rusos” eran el ejército privado de Lima, sobre todo porque les ofrecía protección a ellos y a sus familias.

Es importante explicar este último punto. Para Lima, los presos necesitaban dos cosas mientras permanecían en la cárcel: un medio para mantener a sus familias mientras estaban recluidos, y una manera segura de ver a sus familias dentro de las peligrosas paredes de los penales.

“Ahora, ¿Qué tenemos que tener aquí? Que las visitas sean todos los días, que los fines de semana se quede la visita”, decía. “De que podamos tener la tranquilidad de que vendo agua pura y que no me vayan a asaltar. Porque eso pasaba, aquí asaltaban al manillero, asaltaban al de la fruta, asaltaban al que vendía pollo”.

“Había una red de extorsión aquí adentro [de la prisión], extorsionaban a tu familia, diciendo que si no ponías tanto dinero iba a haber problemas. Entonces íbamos poniendo las mismas reglas que ellos pusieron, porque la mayoría quiere vivir en paz”.

Para poner un ejemplo, Lima afirmaba que le había usurpado el liderazgo a un preso de Pavón porque estaba violando a todos los nuevos prisioneros que eran llevados a su sección.

En otro ejemplo, Lima dijo que él y sus rusos habían explorado las cavidades corporales de más de una docena de presos que habían sido transferidos, pues estaban vinculados a una masacre que se había presentado recientemente en otra prisión. Encontraron cuchillas, números desde los cuales extorsionaban gente y chips de teléfono. Algunos de los presos habían escondido los teléfonos en sus cavidades anales, dijo. Cuando terminaron la búsqueda, repartieron a los presos transferidos en diferentes sectores.

“Así fue como los sometimos al orden, a todos”, dijo. “Los tuvimos como cinco horas ahí hasta que los pelamos y les hicimos entender que esta es otra cárcel”.

Lima dijo además que había prohibido las armas de fuego en la prisión. Y había establecido grupos de inteligencia que disolvían reuniones o lo que pareciera ser una conspiración en ciernes.

“Está prohibido andar en grupos de más de tres y hacer reuniones en cualquier lugar”, explicó. “O sea, vos tenés que caminar. No te podés quedar ahí, hablando o cualquier cosa”.

Por último, Lima dijo que estaba tratando de prohibir ciertas drogas, especialmente el crack de cocaína. Se trataba de un “proceso”, señaló. Vender drogas es un negocio lucrativo, y muchos vendedores al interior de la cárcel trabajan para distribuidores al por mayor por fuera del penal.

“Van a caer o se van a ir libres, o se van a ir trasladados”, dijo, refiriéndose a la manera como iban a detener la venta de drogas. “Pero lo que yo estoy tratando de hacer es que esa plaza no la ocupe otro”.

En efecto, muchos de los vendedores no estaban dispuestos a cederle sus plazas a Lima, entre ellos, al parecer, Montiel Marín.

“Se tuvo información de que el enfrentamiento pudo haberse originado por la supuesta prohibición que el capitán Byron Lima había hecho con respecto a la venta de droga dentro del centro carcelario, afectando directamente los negocios del reo Marvin Montiel Marín, alias ‘El Taquero’, responsable de la venta de estupefacientes en el interior de la prisión”, dice el comunicado de la DIGICI.

Lima y el tráfico de drogas

Sin embargo, el comunicado de la DIGICI está repleto de inconsistencias y grandes lagunas. No indica de qué manera este conflicto interno de Pavón por el tráfico de drogas al por menor se relaciona con Guayo Cano. Tampoco aclara si el supuesto robo de las drogas de Guayo Cano se trataba de drogas que estaban siendo distribuidas al interior de la prisión.

Aún más, el comunicado dice que Lima estaba involucrado en el tráfico de drogas, específicamente en el “cobro de dinero en los tumbes de droga, recuperación de droga, coordinación para el manejo de radar, brindar seguridad de pistas clandestinas para el traslado de droga [ilegal]”.

Agrega que Lima tenía la protección de Julio César y Luis Antonio Lemus Grajeda, alias “Cara Dura”. Los hermanos Lemus Grejada —ambos en la cárcel— están acusados de dirigir una red de sicarios, supuestamente vinculada a la organización criminal mexicana Los Zetas. El memo de la DIGICI dice que también están implicados en trata de personas y lavado de dinero.

Sin embargo, hay otros dos “Caradura” en Guatemala: Julio Jaime y su hermano Francisco Edgar Domínguez Higueros. Se trata de dos reconocidos narcotraficantes que supuestamente operan sobre todo a nivel local, controlando el lucrativo mercado de Ciudad de Guatemala y sus alrededores. No está claro si son los mismos Cara Dura a los que hace referencia el comunicado de la DIGICI.

En resumen, la versión de la DIGICI dice que Lima estaba en contra de las drogas ilícitas al interior de las cárceles, y que sin embargo estaba profundamente relacionado con el mundo de la droga por fuera de la prisión; dice además que estaba vinculado con Cara Dura, aunque no especifica con cuál Cara Dura.

Todo esto es posible. Los investigadores del gobierno le habían hablado a InSight Crime acerca de las conexiones de Lima con los hermanos Domínguez, aunque no mencionaron a los hermanos Lemus Grajeda. Y controlar un espacio cerrado como la cárcel requiere, tal vez, una interpretación más estricta de lo que es aceptable, especialmente si se trata de grandes sumas de dinero y posibles episodios de violencia en dichos espacios cerrados.

“En una cárcel sí tenés que evitar que cualquiera haga negocios de eso porque se vuelve competencia”, dijo Lima.

Sin embargo, ningún investigador judicial ni ningún agente antidrogas del gobierno de Estados Unidos vinculó a Lima directamente con el tráfico de drogas o con el robo de cargamentos de drogas, una práctica común en Guatemala. Dicen que si bien él pudo haber intentado obtener dinero de los traficantes —algo que Lima negaba— nunca fue un traficante propiamente dicho.

En la entrevista con InSight Crime, Lima negó que hubiera tenido contactos con Cara Dura, y fingió estar confundido cuando se le preguntó acerca de ellos.

Sin embargo, Lima mencionó a Montiel Marín, a quien se refirió como “un problema”. Después de lo cual respiró profundamente.

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Foto principal: Insight Crime.

El artículo, que fue publicado originalmente en inglés en el sitio Insight Crime, se reproduce con permiso del autor.

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