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“Querencias”: cuando el camino es la casa  

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El Teatro Nacional de San Salvador presentó la semana pasada la obra “Querencias”, un proyecto en el que madre (Dinora Cañénguez) e hija (Laia Ribera) se unieron en el escenario para compartir las experiencias y recuerdos de cómo vivió cada una de ellas la guerra civil, el exilio, el retorno y la partida como estado permanente de vida.

Fotos cortesía de Madrija


Los impactos de la guerra civil salvadoreña han sido transgeneracionales y, sin embargo, 26 años después de la firma de la paz, aún se desconoce cómo vivieron esa experiencia los hijos de quienes tuvieron algún tipo de participación en el conflicto. Nuestra versión de los hechos –y me incluyo–, lo que sentimos, pensamos y padecimos no está registrado en ninguna parte. Más importante aún, cómo nos sobrepusimos a las decisiones que tomaron nuestros padres en ese momento de la historia, no aparece ni en lo íntimo, ni en lo colectivo. No figura como un tema de conversación y reflexión importante. 

Hasta ahora, las respuestas de cómo la guerra alteró nuestras vidas y cómo resignificamos todo lo ocurrido, son provisorias; y cada vez que caducan, hay que repensar solos y desde el silencio, en otras nuevas. A pesar de la complejidad que encierra dialogar –entre padres e hijos– sobre este tema, Marcela Zamora rompió el hielo con su documental “Los Ofendidos”, que representó una invitación valiente y explicita de por qué es importante establecer estas conversaciones pendientes con nuestros padres y del enorme valor que tiene esta información para reconstruir la memoria social salvadoreña. 

En este mismo ánimo llegó la obra de teatro “Querencias”, un proyecto en el que madre (Dinora Cañénguez) e hija (Laia Ribera) se unieron en el escenario para compartir sus experiencias y recuerdos de cómo vivió cada una de ellas la guerra, el exilio, el retorno y la partida como estado permanente de vida. Laia Ribera lo describe como:

“El camino es la casa… Quién nace en el camino, nace pez y pájaro migratorio”.  

Nadie mejor para llevar al escenario la propuesta teatral de Laia, que Charo Francés y Arístides Vargas, ambos fundadores del magnífico grupo ecuatoriano Malayerba. Este tipo de “teatro al desnudo” presenta a la niña que utiliza el entorno de sus padres en el exilio para imaginar que vive en una isla flotante o afirmar: “nos fuimos de El Salvador porque se jugaba ‘mica’ y si te agarraban te mataban”. 

Paralelo a la fantasía infantil, la madre repite abrumada la experiencia de vivir su exilio  físicamente en Alemania, pero con los pensamientos y las emociones ancladas en El Salvador. Un país que no se cansa de matar. 

La prueba más dura para Dinora: la imposibilidad de asistir al sepelio de su padre. La prueba más dura para Laia: regresar al país donde nació y sentir que no era alemana y tampoco salvadoreña. En el escenario dice que su sensación en El Salvador “es como que solo se conociera la existencia de los muros y no de las puertas”.

Frente al desencuentro, la hija se despide de su madre no sin antes intercambiar las marcas que cada una heredó de la guerra. Y le explica: “me voy porque me expulsa la violencia cotidiana, el conservadurismo, la misoginia, la heterorealidad”. 

Una vez fuera del escenario, Laia comenta que con su generación ha conversado más sobre lo que la guerra provocó en sus vidas cuando está fuera de El Salvador que dentro. “Es como si aquí se viviera un régimen de silencio y en esta obra pregunto por los que ya no pueden hacerlo”. 

En medio de ese silencio e impunidad, el país atraviesa una crisis profunda para determinar quién es y hacia dónde quiere ir. Es perceptible que existe un vacío entre lo que fue y lo que tiene que ser. Y estoy convencida de que una pieza fundamental para reconstruir esta línea del tiempo es el conjunto de testimonios de quienes vivieron la infancia y la adolescencia, mientras sus padres protagonizaban la guerra. 

Para una sociedad como la salvadoreña que tiene todo por contar y se mantiene polarizada, “Querencias” es una obra de teatro muy valiosa, porque representa la oportunidad de empezar a escuchar a quienes no han sido escuchados, de explorar y contrastar otras miradas de un mismo conflicto y de juntar las piezas que hacen faltan para reconstruir un nuevo país. 

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