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Preguntas y reflexiones necesarias para estas elecciones

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¿Por qué la democracia? Sería la primera pregunta que cualquier persona debería hacerse, ¿Qué significa poder elegir a nuestros gobernantes? Una pregunta más inmediata debido a la coyuntura.

Las respuestas seguramente apunten a que es el sistema más justo que el ser humano haya diseñado y que de esa manera tenemos el poder los ciudadanos de poner a las personas que creemos más aptas para los cargos o quitar a los que nos han decepcionado por su desempeño. Ahora la siguiente pregunta, ¿será que vivimos en una democracia en El Salvador?

La democracia es una palabra muy infravalorada. Se dice con tal ligereza que pareciera algo sencillo, algo de manual, pero la democracia real es compleja y en este país nos hemos conformado con una forma muy pobre de la misma. También es algo que se debe de comprender y vivir, no puede imponerse con una ley. Esta vivencia debe comenzar al interior de cada ciudadano y terminar expresándose en los partidos políticos, algo que no he visto en años.

Para mí, para que una democracia funcione, se debe de tener dos cosas básicas: elecciones internas verificables y auditables y financiación regulada de los institutos políticos.

Con el primer tema, y por una sentencia de la Sala de los Constitucional, este año hemos asistido a seudo elecciones internas. En estas no han faltado los comités de ética compuestos por las cúpulas, casi inquisitoriales, vetando a candidatos que cuestionan decisiones o que tienen otra visión en ciertos temas, pero aprobando a personas serviles, sin criterio, a las que les da igual “arre que so” mientras la cúpula ordene. Algunas incluso con señalamientos y condenas firmes en el tribunal de ética por diferentes faltas.

También hemos tenido “ungidos” por las cúpulas, que luego han caído en desgracia, asistiendo a una suerte de elecciones a las cuales el público y la prensa no tuvieron acceso y en los que no hubo otro candidato.

Así pues, vemos que el primero de los requisitos no se cumple ni en forma ni en fondo.

Con el segundo tema, ¿cuánto dinero gastan y reciben los partidos? Toda una incógnita. Asociaciones como Acción Ciudadana, mediante una lucha intensa, han logrado recabar algo de información y sacar a la luz ciertos montos y algunos donantes, pero quedan aún vacíos muy importantes.

Recientemente los partidos, mediante una reforma al artículo 24-A de la Ley de Partidos Políticos, han establecido que solo estarían obligados a revelar nombres de donantes que sobrepasen los $1,500 para personas naturales y $5,100 para empresas acumulables a un año.  Esto abre una puerta para defraudar el espíritu de la ley con donaciones “hormiga” que permitan ocultar al donante; y cierra una puerta a posibles investigaciones del origen del dinero: ¿cómo se prueba que ese dinero proviene de una fuente lícita?

Tampoco el Ejecutivo contribuye a la causa de la transparencia. El ministerio de Hacienda, aún con prohibición de la Sala, ha desembolsado dinero público a los partidos para la campaña. Los ciudadanos hemos quedado burlados y una sentencia ha sido poco menos que pisoteada.

Ante esta violación a una sentencia ningún partido ha dicho nada, ninguno de los políticos de oposición ha salido al paso; de hecho, todos han ocupado el mismo subterfugio, presentando los certificados que el TSE les dio en 2015 y no un certificado actualizado para que les entregaran la deuda política.

Entonces, luego de analizar los hechos y vista la situación actual, ¿creen ustedes que vivimos en una democracia? Mi respuesta rotunda es no. Y una última cuestión ¿de quién es la culpa? Me imagino que a estas alturas ya tienen hecha la lista, casi puedo verla ¿de quién es? ¿de los partidos? ¿de los políticos? ¿de los poderes fácticos? Saltándome los buenos modales y la cortesía voy a comenzar con mi lista:

El primer y único culpable de mi lista soy yo, por no involucrarme como ciudadano, otra palabra que se dice muy a la ligera, porque cuando han pisoteado mis derechos, cuando políticos de todos los signos ideológicos han ignorado el clamor popular y han permitido que todo este circo siga adelante, yo me he quedado en casa, cómodo sin hacer nada. Porque no he salido a la calle a protestar con otros salvadoreños que, aunque piensen distintos en muchos temas, estamos de acuerdo en lo básico, en que esto debe cambiar. Porque año tras año, día tras día, me quejo en redes sociales mientras sigo absorto en mi mundo, viendo como el país se hunde.

¿Y usted ya pensó a quien culpar?

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