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Parker: “Hay mucho de omisión y de aprovechamiento utilitario del Estado con las pandillas”

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El dirigente del Partido Demócrata Cristiano (PDC) dice que de los pandilleros se puede esperar una reinserción siempre y cuando el Estado y la sociedad tengan un “con qué” recibirlos. Oportunidades. Eso es lo que se debe garantizar, según Parker, antes que acercarse a los jóvenes que aún no han delinquido o que, al menos, no existe comprobación de que lo han hecho.

Foto FACTUM/Salvador Meléndez


Rodolfo Parker dice tener los siguientes números sobre jóvenes en El Salvador: 550,000 jóvenes sin acceso a educación de calidad ni a un empleo, 80,000 jóvenes que se gradúan de bachillerato cada año y que se suman a los que ya están demandando un empleo con anterioridad, más una cantidad aún sin calcular de jóvenes que están siendo deportados de Estados Unidos. ¿Qué hay para ofrecerles a ellos?, cuestiona Parker.

La mera proposición de una ley y programas de reinserción sin un soporte de la empresa privada, que garantice la continuidad de las oportunidades de estudio y empleo, no pasará de ser una medida “clientelista” y “electoral”, dice este diputado de la Asamblea Legislativa. Parker, alejado de la palabra “diálogo” con pandillas, prefiere decir “acercamientos”, pero lo que lo que no obvia es que si los pandilleros van a dejar a sus grupos criminales entonces se necesita la mano abierta del gobierno y de la sociedad.

Frente a la convocatoria que hace Naciones Unidas para unos nuevos acuerdos de nación, vemos que hay un escenario distinto al de la guerra de los ochenta, pero los principales actores son los mismos. ¿Algo se hizo mal en el camino?

Los momentos son insustituibles. Estos nos los vemos como unos segundos acuerdos de paz o una segunda generación de acuerdos de paz. Los calificamos como acuerdos de nación. El momento de los Acuerdos de Paz fue allá, en el 91-92. Nosotros, desde que Naciones Unidas vino a hacer consultas con los partidos políticos y nos preguntaron si nosotros estábamos abiertos a que pudiese ocurrir, les dijimos que sí. Ahora, desde el formato y el mecanismo de estos nuevos acuerdos de nación, no basta con que participen solo los partidos políticos. Allá en los Acuerdos de Paz fueron dos partes claramente identificables y cada una designó sus comisiones de representación. En este momento se busca involucrar a los diferentes sectores organizados del país. Primero los partidos políticos, porque son los que no han cumplido, y segundo, porque la realidad actual es demasiado compleja como para solo dejar a los partidos políticos con el problema. Es indispensable que en estos nuevos acuerdos haya participación de actores diferentes a los partidos políticos.

¿El asunto ya no es entre dos ni solo entre las fuerzas políticas?

Es que la realidad ya no es solo desde un área como la seguridad pública. Se trata ya de una problemática causada por un fenómeno social integral. Por lo tanto, la responsabilidad es de toda la sociedad.

En el área de seguridad pública, uno de los actores principales causantes de la inseguridad son las pandillas. A su criterio, ¿las pandillas deberían participar en estos acuerdos?

Cuando hablamos de dialogar, ¿qué vamos a hacer con todos esos jóvenes que no han cruzado la raya, que no están en las cárceles, que no se les puede judicializar porque no se les puede atribuir y probar jurisdiccionalmente que hayan cometido un delito? ¿Qué vamos a hacer con todos ellos? ¿Y que acaso cuando hablamos de programas de reinserción no hay que platicar con ellos? No para negociar, no para ceder, no para romper el estado de derecho, pero sí para decirles: ‘miren, este es el camino y el Estado está propiciando las condiciones y el estado va a generar todos esos andamiajes para que nuestros jóvenes, y ustedes no están excluidos, puedan contar con una oportunidad laboral’.

¿Entonces sí debe haber un acercamiento con las pandillas?

Es que lo que ocurre es que yo ya experimenté con mis expresiones, con mi mejor buena voluntad, y si yo menciono la palabra “diálogo”, esa palabra ya está estigmatizada, está manchada por los eventos anteriores, porque el diálogo lo usaron con intenciones malsanas. La tregua la manejaron con propósitos electorales, de tal manera que ese diálogo está totalmente manchado y sirvió nada más para empoderar a las pandillas y salió más amolada la gente nuestra, la gente decente que trabaja. Nosotros sí creemos en que una vez que el Estado esté en condiciones de generar este andamiaje para garantizar empleos con salarios dignos, decentes, entonces a los jóvenes se les puede indicar el camino. Y si hay realmente una esperanza, los jóvenes lo van a tomar. Pero tú no puedes emprender un esquema de hablar con los jóvenes que no han pasado la raya, insisto, si tú como Estado no les estás generando esas condiciones y esas oportunidades de trabajo. Allí no hay nada que hablar. El punto de partida es que haya oportunidades de trabajo y, habiéndolas, generar los programas de reinserción. ¿Pero cómo vas a aplicar los programas de reinserción si no es platicando con los jóvenes, si no es exponiéndoles los beneficios de un programa de rehabilitación? Eso es un diálogo y eso es absolutamente indispensable. Porque no los vas a ir a traer a palos. La idea es mostrarles los beneficios de un programa de reinserción. Entonces los atraes conversando, que entren a los programas de reinserción y tener respuestas con el programa y luego del programa con trabajo, y trabajo permanente, para garantizar que no regresen a la calle. Eso es. Así de simple. Y no hay otra manera.

¿Primero la generación de empleos y luego los programas de reinserción?

Yo no voy apoyar una ley de reinserción para estos jóvenes que contenga programas para que jóvenes aprendan oficios mientras el Estado no haya hecho lo suyo para dar oportunidades de trabajo. Y para el gobierno que está ahorita, independientemente de la corriente de pensamiento que tenga, su principal reto es ese. Y hasta ahora, en ese espacio, no ha caminado.

Solo quiero insistir en que si para estos acercamientos las pandillas tendrían que ser parte de la mesa de diálogo.

Pero es que si tú me arrancás lo que posiblemente quieras que te diga me van a sacar los ojos. Es decir, lo que yo quiero decir, sin caer en eufemismos, porque yo creo que el gobierno está cayendo en un eufemismo… es que cómo el gobierno está hablando de reinserción y cómo va a implementar la reinserción sin buscar acercamientos con los jóvenes. Que te respondan. Yo he oído con atención cuando el gobierno, claro, como tienen el San Benito de que hicieron acercamientos y sentadillas ocultas con propósitos totalmente incorrectos con las pandillas, entonces se quiere lavar las manos, dicen que no tienen nada que ver con las pandillas porque son terroristas y bla, bla, bla. Y yo le preguntaría: ¿Y la ley de reinserción que ustedes están impulsando en la Asamblea Legislativa para quién es y cómo la piensan concretar si no es acercándose a los jóvenes que están en las pandillas porque ellos son los destinatarios de los beneficios de esa ley? Que lo respondan. Pero no lo van a responder simplemente porque están queriendo sacar mano.

Ahora, si ocurre que si no llega como Estado a generar esas condiciones de trabajo entonces esto se va a convertir en un asunto de clientelismo político de cara a las próximas elecciones. Porque la otra pregunta sin respuesta es que después del encuentro con las pandillas, les aplican la ley de reinserción, ¿y después de seis meses qué va a pasar con esos jóvenes? Y ojo porque estamos en un año preelectoral. Entonces, a uno, después de todas esas experiencias habidas, le puede dar la impresión de que todo esto pueda ser más de lo mismo, que solo se trate de decir que con esto se van a parar las pandillas, los homicidios, las extorsiones, cuando en el fondo sabemos que estos jóvenes van a regresar a la calle.

¿Entonces hay un temor al costo político que puede generar decir “diálogo con pandillas”?

Es que yo te lo quiero puntualizar. Mirá, la gente piensa automáticamente hoy en día que cuando decimos “diálogo” estamos diciendo “pandilleros”, uno. Dos, eso los empodera, porque ya ocurrió. Tres, al empoderarse, en vez de solucionarse los asesinatos y las extorsiones se empeoran, se arraigan más. Entonces, ya, lamentablemente, el diálogo está empatado con estas figuras en el imaginario de la gente. Y con razón. Porque así lo han hecho y eso no se lo vamos a quitar a la gente nuestra. Entonces, si nosotros nos ponemos como meta primera que haya una generación de empleos, vamos a tener una herramienta para poder ir donde los jóvenes, que no son los que están en las cárceles, que no han asesinado y que al menos no podés probar que lo han hecho, y entonces se les puede tender la mano. Y es que al final, ¿qué son ellos, estos jóvenes de los que estamos hablando? Hijos de la sustitución de políticas públicas por programas mediáticos, hijos de la migración y los beneficios de la remesas porque sus familias se fracturaron. Entonces hay mucho de omisión y de aprovechamiento utilitario del Estado con las pandillas y ese el producto que tenemos hoy y del cual todos somos responsables.

Y a su juicio, ¿las pandillas deben desarticularse para entrar en esos acercamientos?

Exactamente eso que tú dices yo escribí en un tuit que me generó un montón de insultos. Mi tuit fue que había que plantearse un diálogo con un propósito y que es desmontar las pandillas. Ya no es el propósito de ganar votos o de cosas debajo de la mesa, no, con un propósito: desmontar las pandillas. Al desmontar las pandillas, reducimos los asesinatos y las extorsiones. Pero eso sí, sobre la base de un país de oportunidades. El punto de partida es construir un país de oportunidades. Entonces allí tú puedes venir y plantear el diálogo, porque tienes la herramienta fundamental para atraer a esos jóvenes que no han cruzado la raya, sin violentar el estado de derecho, sin hacer tratos oscuros, de cara a los intereses del país y el país lo va a aplaudir. El problema es que las palabras van perdiendo el sentido convencional por los hechos y la palabra diálogo, al hablar de pandillas, ya perdió su sentido convencional, ya significa otra cosa, lamentablemente. Ese es el problema. Entonces hay que saber enfocar la solución, pero nadie puede negar que la aplicación de medidas de reinserción para rehabilitar y que las personas tengan una oportunidad de trabajo pasa por tener acercamientos con estos jóvenes.

Da curiosidad que quienes dicen que no quieren negociar con pandillas son precisamente los que las buscaron para las elecciones presidenciales de 2014 para buscar pactos por votos.

Ellos son los principales responsables. Fmln y Arena empoderaron a las pandillas. Primero, las empoderó la omisión de muchos gobiernos, porque las pandillas fueron sustituyendo a la autoridad en los territorios, para detrimento de la gente nuestra. Y luego que esos diálogos entre comillas, que fue la mancha para la palabra, los propósitos en ningún momento fueron desmontar las pandillas, sino que obtener votos. Y como los votos eran el propósito y las pandillas recibían beneficios, eso las empoderó más. Nunca quisieron desmontar las pandillas, nunca quisieron terminar con el dolor de la gente ni el derramamiento de sangre de la gente más pobre del país y las extorsiones. Por eso es que la gente está totalmente en contra de las pandillas, porque les están quitando la vida y sus cosas.

Entonces Fmln y Arena son los primeros llamados a tomar esto con seriedad…

Ellos son los primeros responsables, porque, por cierto, estos dos grupos políticos han sido gobierno en estos últimos veinticinco años.

Hablemos de economía. ¿En qué cree que ha fallado la aplicación de este modelo de libre mercado en El Salvador?

Al menos en los últimos años, el problema es que, no quiero ser grotesco, pero tenés un motorista manejando un carro que no le gusta. El modelo es de libre mercado, pero lo tienes conducido por alguien que no cree en el libre mercado. Entonces estamos allí encerrados y nosotros somos los pasajeros. No saben cambiar la palanca de velocidades, quisieron meter el acelerador y pisaron el freno, para ponértelo así, gráfico. Pero, ¿que sea el modelo correcto? La respuesta la dio la caída del muro de Berlín, la dio el experimento de cincuenta años de la Cortina de Hierro. Ha quedado absolutamente claro que no es comunismo, demagogia, populismo, eso está claro. El tema es solidaridad, humanismo y democracia y eso ya lo dijo la Historia.

¿El libre mercado puede solidarizarse y humanizarse?

No tengo ninguna duda. Miremos Alemania. Como que a la gente se le olvida lo que significa solidaridad. Allí existe y se aplica muy bien.

Pero entonces cuando hablamos de la solidaridad en la economía y lo conjuntamos con el tema de la seguridad, ¿la empresa privada tiene obligada participación en la generación de empleos?

Les toca a los empresarios. Es que cada quien tiene que poner su parte. No solo se trata de generar empleos, sino que el concepto de solidaridad se tiene que enraizar en el quehacer empresarial. Subsidiaridad por parte del Estado y solidaridad por parte de los empresarios, porque esos son los dos pilares de una economía social de mercado: subsidiaridad y solidaridad.

Se habla de poca productividad pero de mucho consumismo.

Sí, por las remesas. Así circula mucho más dinero de lo que somos capaces nosotros de producir en cuanto a bienes y servicios.

¿Hay que cambiar esa dinámica?

Es indispensable empezar a generar empleo en el país, producir más bienes y servicios aquí. Las remesas dan para la subsistencia de muchos grupos familiares. Algunos se mal acostumbraron y no producen, no trabajan, y allí empiezan a generarse problemas sociales. Entonces, no tiene nada que ver la masa de dinero que circula en El Salvador con lo que nosotros somos capaces de producir. Debemos ir procurando que el dinero que circula en el país venga de la producción nacional.

¿Y esto se puede empezar a resolver en estos nuevos acuerdos?

Sí. Se pueden empezar a trazar las rutas para que estas soluciones sean soluciones de Estado y el carro lo pueda manejar Juan o Pedro.

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