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Negación de la Realidad y Anomia Política

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He observado que al plantearse los desgarradores y brutales problemas de los países de la periferia, la reacción de muchos ciudadanos de países europeos, como muchos de los ciudadanos de los países de norteamérica, reaccionan con la negación.

Cuando la sociedad civil de los países del norte ignora los problemas que sus gobiernos y corporaciones provocan en los países del sur, se condenan a ellos mismos.

La negación es un concepto que nos ha hecho reflexionar a lo largo de la historia. Un concepto que ha demostrado ser de los más difíciles de comprender, pues, al tratarse de una noción primitiva toda argumentación ya la presupone, por lo que todo intento de explicar el funcionamiento de la negación está condenado al fracaso. Es realmente paradójico tener que aceptar como principio lógico algo que se entiende menos que aquello que pretende aclararlo.

Para muchas teorías filosóficas, la proposición negativa es una construcción del discurso cuya única conexión con la realidad consiste en la “constatación de diferencias, ausencias o incluso hechos negativos”. Sin embargo, en la tradición hegeliana la negación parece estar vinculada a una fuerza destructiva ejercida por un sujeto. En nuestra realidad la negación ofrece la posibilidad tanto de la crítica teórica como de la capacidad transformadora del mundo histórico político, así la negación se une al concepto de libertad.

Pero, ¿tiene la negación cierto “poder” sobre lo real? Y en este caso, ¿de dónde proviene y sobre qué ejerce su “fuerza destructiva”?

Corrupción, narcotráfico y lavado de dinero

Mientras en el Triángulo Norte de Centroamérica y el Sudeste Asiático la inhumana “Guerra Contra las Drogas” genera una espiral de violencia y corrupción que degrada el tejido social y evapora el Estado de Derecho, los políticos, empresarios y criminales de cuello blanco facturan obscenas cantidades de dinero provenientes en su mayoría de la industria armamentística, farmacéutica y de las Organizaciones de Tráfico de Drogas (OTD).

Según la representante de la Oficina de Naciones Unidas sobre Drogas y Delitos (ONUDD) en el período intersesional de la Comisión de Narcóticos y Drogas del pasado mes de Enero en Viena, sólo entre 2015 y 2016 las Organizaciones de Tráfico de Drogas de Sudamérica habrían lavado al menos unos 22 mil millones de dólares estadounidenses en Europa.

Para ilustrar: un tribunal europeo inició una investigación formal contra la corporación armamentística alemana Heckler & Koch por violar las regulaciones de la venta de armamento al presuntamente proveer armas de asalto al Cártel de Sinaloa.

De estos ejemplos podríamos enumerar un sinfín de casos en los que las corporaciones de los países de Norteamérica y Europa se benefician de una guerra híbrida que está pulverizando nuestra sociedad por su gran amplitud de daños directos y colaterales.

Las evidencias existen y están al alcance de quien las busque. Sin embargo, la anomia política que se vive en los países del Triángulo Norte y el Sudeste Asiático bien podría decirse que es uno de los tantos resultados de esta misma “estrategia”. Me explico: si en nuestra región se utiliza el miedo y la culpa, en el norte se utiliza la indiferencia individualista y la negación como herramientas de control.

Sociedades que viven en “estado de interpretado” —unas desmovilizadas por el temor a que su vida les sea arrebatada a la vuelta de la esquina y otras desmovilizadas por la comodidad y abundancia—, convencidas de que negando la realidad conservan sus privilegios.

Esta negación ante la problemática planteada, como con muchas otras, surge por la comodidad y falta de interés ante la vida del otro y la otra que el capitalismo ha implantado en los últimos 60 años. Así ha ejercido de distintas maneras su capacidad destructiva sobre la sociedad civil.

Miedo, indiferencia y esclavitud

Dentro del concepto de negación se agrupan una serie de significados que tienen que ver con el ámbito de lo “práctico”. O sea, acciones, conductas, decisiones y valoraciones. No se trata ahora de la relación entre lenguaje y realidad, ni tampoco de una teoría acerca de las formas del no-ser, sino de la facultad de decir “no” como expresión de una acción libre.

Esto se ha tenido muy poco en cuenta en la discusión filosófica y lingüística. Una importante excepción a esto es la que tiene lugar en la teoría cartesiana del error. En su “Cuarta meditación” Descartes desplaza el concepto de negación del ámbito puramente teórico del “juicio” al espacio de la voluntad.

Desde Parménides a Heidegger, la filosofía ha vinculado el problema de la negación a la cuestión del ser. Entonces podríamos decir que la negación e indiferencia hacia la realidad del otro, en este caso los pueblos del Triángulo Norte y el sudeste asiático, son producto de una construcción de la negación del ser que se acopla tanto al neoliberalismo como al marxismo clásico que gobierna las mentes de políticos trasnochados que acaparan los así llamados partidos de “izquierda”.

Considero que hoy la teoría del “Diálogo y el Trasbordo Ideológico Inadvertido” planteado por el ultraderechista brasileño Plinio Corrêa de Oliveira es aplicada por los grupos hegemónicos de todo el espectro político actual (quienes en el fondo comparten los mismos pilares ideológicos).

En la actualidad, las técnicas de persuasión como medio de conquista han suplantado la guerra clásica, internacional o interna. Estas técnicas se han vuelto cada vez más importantes y sofisticadas que la fuerza. Además, en materia de neuromarketing, el esfuerzo ideológico explícito y directo de la propaganda partidaria no ocupa en forma exclusiva el primer plano en los mass media, por ello, el método del transbordo ideológico inadvertido, es una técnica de persuasión indirecta e implícita, a través de la cual se han creado cajas de resonancia que desencadenaron en los últimos meses la llamada “pos-verdad”, la cual no se queda atrás y bajo algunos aspectos hasta la supera.

Estas dos afirmaciones son indispensables para ampliar el horizonte y lograr identificar estas estratagemas que buscan mantenernos en estado de interpretado/a para también poder denunciar, prevenir y detener el proceso de trasbordo ideológico inadvertido en sus distintas formas.

El miedo y la simpatía parecen incompatibles, sin embargo, la situación psicológica y precaria atención a la salud mental en la actualidad demuestran que no lo son.

Ya lo planteaba Freud al presentar la fuerza unificadora del Eros y la negación como representante intelectual de un instinto destructivo.

Finalmente, se trata de un mecanismo instintivo de defensa ante lo desagradable. Sin embargo, lo desagradable sigue siendo real y tangible. En El Salvador, negar la realidad puede servir para idealizar virtudes y minimizar defectos del partido político de su predilección. Las ejecuciones extrajudiciales se ven como justicia, la obstinación como agudo sentido moral e ideológico, ocultar algo puede ser un simple “error de cálculo”.

La sociedad, en su pasividad, niega la realidad. Y esta negación permite la profundización de las confusiones políticas o errores conceptuales que perpetúan en sus puestos a los que ejercen la voluntad de poder. La admisión pasiva lleva al autoengaño.

La realidad es la única verdad que aceptamos bajo un invisible pacto social. Por lo tanto, es engañoso comparar el deber ser y el ser, o la norma con el comportamiento.

Lo que se hace tanto en el Norte como en el Sur es negar la realidad. Negar que pueda existir una praxis distinta a la que nos lleva hacia las profundidades del abismo del oscurantismo y la ignorancia; negar la realidad es negar la verdad, no poder reconocer el error, ni rectificarse.

A veces, el mismo sistema niega la realidad y prueba de ello es la llamada “pos-verdad” o “realidad alternativa” utilizada para manipular descaradamente a las masas.

Hoy, la peor forma de negar la realidad es no darse cuenta que el actual modelo hipercapitalista degrada la etnósfera y encadena las mentes evitando que la gran mayoría no pueda desarrollar sus metas y que la sociedad no se desarrolle de forma sana y sustentable.

En resumen, el alejamiento voluntario o involuntario de la realidad es un producto activo de la mente humana con una función equilibrante y adaptativa. Mientras esa actitud no esté perjudicando a la persona misma o a los demás, la actitud más correcta será, en nuestra opinión, la del respeto.

Lo que rompe finalmente la negación es una crisis, como la que vivimos a nivel planetario. Se hace necesario confrontar la realidad y evitar que la negación, la indiferencia y el individualismo se conviertan en hábito.

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