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Más allá de las personas

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La gente hace lo que puede con lo que tiene. En el periodismo, siempre es más fácil hablar de las personas y culparlas de todo, pero es difícil  entender los factores que condicionan a  las personas o instituciones en su accionar. Después de las elecciones pasadas, las opiniones sobre el fracaso del FMLN varían desde lo que aseguran que se debe a la incapacidad de su liderazgo para estructurar una estrategia eficiente, pasando por los que aseguran  que la traición a sus ideales provocó la debacle, hasta las voces oficiales del partido que descargan su responsabilidad en factores externos. Si esa dirigencia es tan mala, ¿cómo es pudo ser audaz en su estrategia para ganar el Ejecutivo en 2009?¿Cómo gente con tantos años de experiencia es incapaz de ver el panorama político a corto, mediano o largo plazo? ¿Era tan difícil para los avezados dirigentes del FMLN no darse cuenta que la expulsión de Bukele traería consecuencias tan desastrosas?

Para mí, más que problemas estratégicos de su dirigencia (que los hubo), la derrota se debe a una  fuerte transformación del contexto y a la incapacidad de la maquinaria electoral de adaptarse. Los problemas del FMLN son de fondo, pero también de formas de hacer política. No se puede culpar solamente al conductor de un vehículo pequeño por el fracaso al vadear un río gigantesco. Pese a que el conductor sea un experto en sortear obstáculos, seguramente el auto será devorado por el agua. Lo que sí es responsabilidad del conductor es darse cuenta de que el vehículo no está hecho para ese terreno y que, por más astucia fraguada en mil batallas, las llantas se le hundirán y el motor se ahogará.

Como lo dije en una columna anterior, la emergencia de factores estructurales como el surgimiento de una generación nacida en la postguerra , la transformación de un sistema electoral que privilegia los individuos sobre los partidos y la ebullición de movimientos a la izquierda del FMLN (como el de las mujeres, la lucha por el derecho al agua y la comunidad LGBTI) han convertido al partido en una maquinaria desfasada y lenta. Los grandes debates nacionales sobre la ecología, la reforma de pensiones, la construcción de un estado de bienestar y los derechos de las minorías sexuales pasan fuera del 13-16, la sede central del FMLN. Por eso, Bukele es solo eso el síntoma de que la relación entre la gente y la sociedad civil pasa cada vez menos por el partido. Eso no solo sucede en El Salvador, sino que carcome a partidos y coaliciones tradicionales como el Partido Socialista Obrero Español, la Nueva Mayoría en Chile y el Partido Socialdemócrata alemán que han sido desbancados por movimientos de izquierda como Podemos en España y Frente Amplio en Chile o de extrema de derecha como Alternativa para Alemania.

Estos factores se suman al hecho fundamental de que el FMLN es ahora partido de gobierno en un Ejecutivo impopular. A diferencia de los gobiernos de ARENA, que contaba con una retaguardia de instituciones, recursos y alianzas con poderes tradicionales que amortiguaban cualquier crisis, el FMLN solo tiene el Ejecutivo como carta de presentación. Si en este es ineficaz, gris y débil, las consecuencias se producen de inmediato.

Su realidad institucional, en combinación con factores estructurales, han conducido al FMLN a donde se encuentra en la actualidad. Más allá de las personas, su maquinaria política ha sido incapaz de producir una visión alternativa de país y, al mismo tiempo, proponer nuevas formas de interacción con la población y los sectores de las sociedad civil. Si renuncia la dirigencia ¿cambiará todo? No lo sé. Lo dudo. Una máquina desfasada, pesada y con problemas de motor no cambia por tener nuevo conductor. Eso necesita, como dijo un analista, una “cirugía mayor”. Si usted prefiere otra metáfora, el partido requiere un cambio de carrocería y motor.

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