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Martha Rosenberg: “Tener hijos no puede ser impuesto por ningún poder; ni por el marido, ni por la Iglesia, ni por el Estado”

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Médico y psicoanalista, Martha Rosenberg es una de las voces más notorias de la Red de Mujeres por la Despenalización del Aborto en Argentina. En la presente entrevista, Rosenberg explica su visión del tema en el contexto argentino y reflexiona sobre la condición de prohibición absoluta en El Salvador.

Foto tomada de Youtube


A comienzos del presente año, un proyecto de ley de interrupción voluntaria del embarazo fue abordado en Argentina, posicionándose como un tema prioritario en discusiones que trascendieron lo parlamentario y se colaron en el debate mediático y social. Para mediados de año, la Cámara de Diputados aprobó el proyecto de ley. Sin embargo, en agosto pasado, con 38 votos en contra, 31 a favor y 2 abstenciones, el Senado argentino rechazó la iniciativa, obligando a que los promotores del proyecto de ley deban esperar al menos un año para volver a introducir la discusión en el Congreso.

Muchas voces emergieron del contexto argentino. Algunos personajes y agrupaciones incluso alcanzaron notoriedad internacional, como es el caso de la Red de Mujeres por la Despenalización del Aborto en Argentina. A continuación presentamos una entrevista con una de las cofundadoras de dicha red, Martha Rosenberg, médico y psicoanalista, quien incluso pudo dirigirse al Senado de la República de Argentina para expresar su posición y sus exigencias respecto a una causa que persiguen desde hace muchos años.


¿Ha tenido la oportunidad de conocer cómo se lidia con la despenalización del aborto en El Salvador? Hay algunas mujeres que van presas luego de haber tenido una emergencia obstétrica en condiciones extremas y con absoluta soledad.

Sí, me he enterado y he visto algún documental. Sé que es una condición de restricción de los derechos de una persona que linda con los regímenes más autoritarios y contrarios a la dignidad y la libertad de las personas. Sé que viven un proceso muy penoso. Que hay muchas mujeres presas por episodios obstétricos que a veces no son ni siquiera haberse provocado un aborto sino haber sufrido abortos espontáneos. No tengo pormenores, pero sé que viven situaciones muy graves por este tema. 

¿Podría profundizar en esa comparación con un régimen autoritario?

La restricción del derecho a las mujeres a hacer lo que cada una decide cuando está embarazada es un rasgo totalmente autoritario que limita la libertad de las mujeres, su autonomía y el ejercicio de la ciudadanía. El derecho a disponer de su propio cuerpo es un derecho básico para suponer una democracia y una ciudadanía completa, plena. Y el que no esté al alcance decidir qué hacer con sus embarazos restringe la libertad; no solo de las mujeres, sino de toda la sociedad. Además, en el caso concreto del derecho al aborto, una institución del poder que está imponiendo su forma de concebir cuáles son las características que se le permiten o no se le permiten a las personas con capacidad de gestar, es totalmente autoritario. Es un rasgo dictatorial. La iglesia católica y otras iglesias también —no solo la católica— que intentan imponer a las mujeres un credo. Independientemente de que las mujeres quieran pertenecer o no a su feligresía y con una especie de cruzada violenta. Digo “cruzada” para usar un término de una campaña de guerra contra las mujeres. Las muertes por la clandestinidad del aborto son un genocidio estatal, porque son muertes evitables y son muertes que ocurren dado que el Estado no habilita los modos en que el aborto sea un procedimiento seguro y que, además, son modos accesibles y practicados porque la prohibición del aborto no impide que las mujeres, igual, aborten. Es simplemente penalizar ante la ineficacia de la prohibición. La prohibición hace que caiga en la clandestinidad, pero una mujer no dejará de hacerse un aborto porque está prohibido. Es una decisión en donde nos jugamos la vida: en términos concretos, por el riesgo de los abortos mal realizados y las complicaciones del procedimiento; y en términos simbólicos, porque está en medio la decisión de cómo una mujer quiere vivir su vida, cómo nos condicionan nuestros proyectos de cómo queremos vivir. 

Uno de los argumentos en contra de interrumpir el embarazo a voluntad es que desde que existe la secuencia genética, el número de cromosomas, ya es un ser humano y limitar el proceso sería eliminar a ese ser humano.

Es un proceso biológico que muchas veces, por motivos que la mujer no ha decidido ni ha podido impedir, como la falla de métodos anticonceptivos, violencia contra las mujeres —violaciones sexuales—, equivocaciones, cambios en la situación vital de la mujer que queda embarazada y que ya no puede sostener un proyecto de maternidad por una situación que ha cambiado abruptamente y ya no puede ser sostenido. Hay muchísimos momentos en que una mujer tiene que decidir si continúa un embarazo o no. Entonces, un embarazo, un proyecto de maternidad —o la existencia de un ser humano, de una persona— empieza cuando la mujer que está gestando dice: «este embarazo va a ser un hijo para mí». Y asume el compromiso de llevar adelante ese proceso biológico y emocional, afectivo, simbólico, de reconocimiento de que ese embarazo es parte de un proyecto que puede y quiere sostener. Lo que ocurre con el derecho al aborto es que califica y jerarquiza el proyecto de maternidad. El proyecto de maternidad tiene que ser voluntario, aceptado y decidido por la mujer. Más allá de cómo haya llegado a estar embarazada, muchas veces responde a su deseo y voluntad y muchas veces, no. La adopción del embarazo compromete la vida de la mujer para siempre, para toda su vida y tiene que ser aceptado y llevado adelante el proceso de gestación, el trabajo de crianza. Hay un montón de instancias donde esa mujer construye la existencia humana dentro de un proceso biológico que ocurre en su cuerpo. Después del parto es otro ser que estará, constantemente, separándose de ella. Esto es una construcción del deseo de la mujer: asumir ese proceso. Y debe ser voluntario. No puede ser impuesto por ningún poder; ni por el marido, ni por la Iglesia, ni por el Estado. Por nadie. Somos las mujeres quienes hacemos a los hijos. Tenemos que tener la decisión, la posibilidad de decidir cuándo y en qué momento hacer, de un embarazo, un hijo o hija.


“La restricción del derecho a las mujeres a hacer lo que cada una decide cuando está embarazada es un rasgo totalmente autoritario que limita la libertad de las mujeres, su autonomía y el ejercicio de la ciudadanía”.

En El Salvador existe una marcada división de opiniones en torno a la penalización absoluta de la interrupción del embarazo. Grupos activistas que luchan por la despenalización en cuatro causales realizan distintas marchas y performances para manifestarse.
Foto archivo FACTUM/Gerson Nájera.

Sobre este proceso biológico que menciona, también se discute acerca de que la mujer que desea interrumpir su embarazo está decidiendo por la vida de otra persona. Que no toma en cuenta a ese alguien que crece dentro de ella. 

Ese alguien que se está suponiendo es lo que la mujer aporta para ese proceso biológico. Un embrión no es un alguien. Un programa genético no es un alguien. Un alguien es quien se configura en el deseo de trascender lo biológico que puede tener la mujer que lo gesta. Hay un porcentaje altísimo de embarazos que no llegan a ser nadie. Un “alguien” es cuando este embrión, este óvulo fecundado es, para mí, un hijo. Nadie puede decidirlo eso, salvo la mujer que quiere llevarlo adelante y lo construye desde el punto de vista de su aporte corporal, su aporte afectivo, de trabajo. Es decir, es un proceso de producción de un ser humano y es un privilegio de las mujeres, que somos las únicas que tenemos el privilegio de poder estar y parir y amamantar a un cachorro humano hasta que se pueda valer por sí mismo. Ese es un proceso que se va desarrollando gracias a que alguien lo aloja, lo desarrolla, lo construye, lo fantasea, lo ubica en el lugar de alguien deseado y querido, que tiene un nombre, que está en una secuencia generacional. No somos animales de ganadería. Somos personas y reproducimos personas en la medida que hagamos de eso que se reproduce, una persona. Lo animal no alcanza para garantizar la existencia de una persona. Se necesita la inversión de amor, de emoción, proteínas, sangre, trabajo, dolor… Me parece que la reducción de la calidad de persona humana a embrión existente es una operación para meter a las mujeres en una especie de corral de crías o función de incubadora. No somos incubadoras nosotras. Tener hijos es un proyecto muy serio que nos compromete muchísimo para toda la vida y que además es una medida de nuestro vínculo con la vida. No es para todos los embriones, ni para todos los momentos. Es para cuando las mujeres nos comprometemos. Es una cosa personal y propia. No es como que los hijos nos los manda Dios. No nos los manda Dios. Los hijos son hijos porque nosotros los hacemos hijos. Eso es justamente lo difícil de poder cambiar en la mentalidad de la gente, porque [está] la idea de que en las sociedades hay que poner la voluntad de procrear en un nivel en donde es sobrenatural o natural. ¿Que no se puede intervenir? Nosotros, que intervenimos sobre todo lo que es natural y por eso somos humanos. Si no fuéramos humanos, tendríamos o dejaríamos de tener cualquier hijo, embarazo, o cualquier proceso biológico. Pero la humanidad consiste en intervenir sobre lo animal, no en padecer lo animal. 


“Un embarazo, un proyecto de maternidad —o la existencia de un ser humano, de una persona— empieza cuando la mujer que está gestando dice: «este embarazo va a ser un hijo para mí». Y asume el compromiso de llevar adelante ese proceso biológico y emocional, afectivo, simbólico, de reconocimiento de que ese embarazo es parte de un proyecto que puede y quiere sostener”.


Desde su experiencia como psicoanalista, ¿ha charlado con las jóvenes y las adultas que interrumpen sus embarazos en condiciones que son límite? Por la prohibición, por la insalubridad, ¿qué consecuencias observa?

Las condiciones en que se realizan los abortos, primero: hay una condición que es fundamental. Y es la condición de peligro y de insalubridad, que pone en riesgo la vida de las mujeres. Cuando una mujer decide interrumpir un embarazo, siempre está enfrentada al riesgo de muerte, de su propia muerte. Lo mismo que una mujer que gesta y pare, porque el riesgo del embarazo llevado a término es mucho mayor que el riesgo del aborto realizado en buenas condiciones de higiene y de técnica, digamos. Entonces, cuando una mujer decide hacerse un aborto, depende de qué acceso tenga a los métodos para que el procedimiento sea: seguro, realizado correctamente, con los métodos actuales —que sobre todo son los métodos medicamentosos, como misoprostol, mifepristona, por ejemplo—. Son procedimientos que tienen muy bajo riesgo, realizados en condiciones de conocimiento, de buena higiene y de legalidad. Es peligroso cuando se hace clandestino, porque las mujeres adoptan cualquier método y hay métodos que son muy agresivos o muy inseguros. Y mueren en enorme cantidad, en enorme proporción, por un hecho que no debería haber ocurrido. El riesgo del aborto que se realiza en los países donde es legal es prácticamente cero. Es menor, según estudios, que el riesgo que tiene una inyección de penicilina y el riesgo del parto es mucho mayor.

¿Cómo viven las mujeres un aborto? Depende muchísimo de que sea legal, de que sea seguro, que esté bien hecho, que tenga un equipo que la contenga, que la escuche, que la aconseje, que pueda tomar su decisión con tranquilidad, sin pensar que terminará muerta, presa, enferma o estéril para toda la vida. Depende muchísimo de eso, de que se sienta realmente capaz y autorizada para hacer una decisión sobre su vida o que sienta que está haciendo una decisión hipotética sobre su vida, como sería seguir adelante. 

¿Algún caso que recuerde y que se pueda compartir?

Muchos. Cada persona vive los episodios de su vida de manera singular, depende de que haya logrado apoyo a su alrededor o que la hayan obligado a ocultarlo. Lo que decidió, lo que hizo, depende de cómo quedó embarazada; depende de que haya sido un embarazo deseado y haya tenido que interrumpirlo por cualquier circunstancia; depende de que sea estigmatizada por su entorno social. No hay un patrón de reacción. Es una decisión que depende de las circunstancias en que se hace. Los movimientos nuestros, de mujeres por el derecho al aborto, han desarrollado formas de acompañamiento, de consejería y de difusión de los métodos seguros para abortar, de manera que pueda ser una decisión tomada con el menor riesgo posible. Incluso hay toda una política de disminución de riesgos del aborto. Se da información y se controla cómo se hace, el transcurso y hay controles posteriores a la realización del aborto. Se desarrollan distintas políticas para asegurar que las mujeres reduzcan los riesgos físicos y los riesgos sociales, psicológicos, del aborto, que tienen toda la posibilidad de ser consecuencias desagradables o patógenas cuando el aborto se hace sin recursos, sin protección, sin contención desde algún tipo de red social. El aborto clandestino y riesgoso es una construcción social, construida desde la prohibición. Ahora, con toda la vigencia de los derechos sociales de las mujeres, el derecho a la salud, a decidir sobre sus procesos sexuales y reproductivos, no tendría por qué ser un riesgo. El Estado debería garantizar que sea un evento que tendrá las dificultades para decidir cualquier mujer que puede tener ante cualquier evento de su vida, pero que no se le agreguen los impedimentos, los obstáculos y las vallas que tiene actualmente por ser penado, prohibido, estigmatizado.

Para usted, ¿cuál fue el factor decisivo para que el movimiento en Argentina por el derecho al aborto se convirtiera en una organización con peso político y un símbolo en el continente? 

El trabajo que venimos realizando desde hace muchos años. Un trabajo de difusión, de producción de conocimiento, de grupos de reflexión, de lucha por modificar esta ideología en donde se hace del estereotipo de la mujer [que debe estar] obligada a seguir adelante con cualquier embarazo que esté cursando como un hijo. El imaginario de la maternidad obligatoria y la maternidad forzada es un imaginario que nosotras trabajamos de muchas maneras con grupos, conferencias, investigaciones, trabajo en territorio, en lugares donde esta problemática se hace visible. Es una cuestión importantísima para explicarse por qué esto ha tomado tanto auge. Venimos trabajando desde hace muchos años y tenemos más de 500 organizaciones de todo tipo: de mujeres, sindicatos, escuelas, universidades, clubes deportivos, organizaciones de derechos humanos, de todo tipo. Y de todo tipo también es la campaña, porque es transversal. En varios grupos sociales y clases sociales y económicas. Es una campaña que está instalada en todo el territorio del país, que permanentemente está haciendo actividades a favor del derecho y además con actividades concretas como asesorar, acercar recursos y acercar consejería y acompañar a las mujeres que abortan. Tenemos red de socorristas, red de profesionales por el derecho a decidir, que se ocupan de poner en práctica los abortos que ya son legales en nuestro país. Tenemos red de docentes que introducen el tema como uno de los temas de educación sexual integral que los chicos y chicas de las escuelas es obligatorio en todos los niveles de educación. También hemos desarrollado trabajo parlamentario con los representantes populares que tienen que votar la ley. También en los últimos años ha coincidido con un movimiento:“Ni una menos”, que es un movimiento contra la violencia contra las mujeres, en particular los femicidios. Es un movimiento que adquiere importancia política general muy grande. No es que estuviera ausente en otros países de América Latina, pero sí ha logrado esa repercusión tanto en el Cono Sur, en Uruguay, en Chile. Creo que es un tema que se integra en la agenda política cada vez más y todos hacemos lo que hacemos. No hay una sola causa. Es un nodo político muy complejo.

[Intervención de Martha Rosenberg en el Senado argentino cuando en julio pasado se discutía la aprobación de una propuesta de ley que facultaría la interrupción del embarazo de forma voluntaria]

“Me parece que la reducción de la calidad de persona humana a embrión existente es una operación para meter a las mujeres en una especie de corral de crías o función de incubadora”.

¿Qué sigue ahora que la propuesta para despenalizar el aborto en más circunstancias no pasó el filtro del Senado?

De ninguna manera ha terminado el debate. Es un debate ya escalado y esto de la negación del voto en el Senado es un hito más, un momento en el que, bueno, tenemos que seguir en campaña. Es una campaña que tiene 13 años de antigüedad ya. Es nacional, diversa, plural, democrática, participativa, transversal. La verdad es que el Senado votó en contra de la media sanción. [Votarla] fue un enorme triunfo entre los diputados, pero la cámara de senadores es una cámara muy conservadora. Es más que conservadora… Yo diría que retrógrada. Además, después de este debate han recrudecido mucho las acciones de los sectores que se oponen al derecho al aborto y han salido en estos últimos días con acciones incluso bastante violentas, como a discriminar y pegar a las personas, sobre todo a las chicas que usan el pañuelo verde, que es el emblema, el símbolo de la campaña nuestra; y también han tratado de impedir que se dé educación sexual integral en alguna escuela. Han modificado fallos judiciales que estaban a favor del acceso a los abortos legales. En nuestro país, desde hace 90 años tenemos dos causales para no punibilidad del aborto y han salido también a entorpecer esos procedimientos y esas políticas, que no son instaladas, sino que son políticas que están permanente en discusión y que tratan de obstruir. Para nada está caído el debate. Continúa y continuará porque el objetivo nuestro es lograr la legalización del aborto para que todas las mujeres puedan, cuando lo requieran, cuando así lo soliciten, hacerse abortos en condiciones que no pongan en riesgo su vida y su salud. Además, tenemos elecciones el año que viene y este es un tema que ha escalado en la agenda política, a raíz de un trabajo de años que venimos realizando, que es sacarlo del slilencio, del secreto. Sacar la mentira, porque se miente mucho en las argumentaciones. No. No hay riesgo de que el debate decaiga. Este tema del derecho al aborto está presente en las movilizaciones que se hacen por otras cuestiones, como por el salario, el mejoramiento de las condiciones de trabajo, el deterioro de la calidad de vida. Estamos en un momento muy complicado, muy difícil en nuestro país, con un grado de inflación insólita, un grado de dependencia de las decisiones del Fondo Monetario Internacional. Una situación muy compleja. Pero hemos logrado, después de todo el trabajo de años, que el tema del aborto se incluya dentro de los problemas políticos que este país tiene que resolver. 

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