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¿Marchar por la Paz?

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San Salvador. El Salvador tiene un promedio de 16 homicidios diarios. Cualquiera se espanta al saber a lo que estamos acostumbrados en este país; sobre todo, cuando nosotros mismos sabemos que hasta para que te maten hay desigualdades.

No hay duda de que la inseguridad y la violencia afectan a todos los salvadoreños. Pero, a pocos nos gusta poner en la mesa del debate quiénes se ven más afectados por este problema y sobre todo las formas que hemos creado para combatirla, evitarla y, hasta, ignorarla.

Hasta la fecha, todos los intentos por combatir la criminalidad, por reducir violencia o fomentar la convivencia entre ciudadanos han estado por debajo de nuestras expectativas. Más de una década nos ha enseñado que la única forma de sobrevivir es velar por el propio pellejo. En este país la seguridad se ha vuelto un lujo, por el cual se paga.

Lo más trágico es que la peor parte se la llevan los de siempre: los más vulnerables, los que no cuentan recursos para poder vivir bien o para sobrevivir. El impacto de la violencia se siente en todos los sectores de la sociedad, pero no son todos los sectores de la sociedad los que viven la violencia.

Afirmar que el país pierde demasiado dinero al dejar la puerta abierta para que cualquiera se queje es mostrar ceguera ante lo que se pierde a causa de la violencia e ignorar esa sensación de frustración que todos sentimos al ver los noticieros nacionales.

Es por eso que la Marcha por la Paz, realizada hace dos semanas, se volvió un esfuerzo simbólico muy importante y frustrante a la vez. Que miles de salvadoreños en todo el país se unan con un mismo fin es algo que no se ve más allá de las eliminatorias del mundial, por lo que cualquier intento por borrar las diferencias y ofrecer una catarsis nacional es muy respetable.

Sin embargo, no fue la Marcha la que generó decepción. Redes sociales, entrevistas televisivas y conversaciones cotidianas giraron a favor o en contra, ahí todo bien, hasta que los argumentos comenzaron a volverse irracionales: “Los que no van a la marcha están en contra de la paz”, “los que van a la marcha querían un día libre”, “Estás con la marcha o sos un delincuente”.

Se hizo una Marcha a favor de la Paz, la Justicia y la Convivencia, pero olvidamos que lo único capaz de unir esas palabras son la tolerancia y la solidaridad. La inseguridad y la violencia es un problema solamente en la medida en que la vivimos y difícilmente nos pondremos de acuerdo si no nos damos cuenta de que hay quienes se juegan la vida con el simple hecho de salir de sus casas.

Las movilizaciones de hace dos semanas son una muestra de que realmente sabemos que estamos mal y queremos que las cosas cambien. No obstante, mientras sigamos reproduciendo las exclusividades –como una zona VIP en una manifestación– o mientras sigamos diferenciándonos por categorías, cualquier cosa que hagamos a favor de la seguridad perderá el sentido.

Vivir en un país seguro, vivir en un país tranquilo, vivir en un país en paz son cosas que todos queremos y cuando logremos entender que para conseguirlo debemos aceptar nuestras diferencias para intentar vivir en las mismas condiciones, entonces necesitaremos una plaza más grande que el Salvador del Mundo para podernos manifestar.

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