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La resistencia civil desafía la “tolerancia cero” de Trump

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Más de 15 mil neoyorkinos marcharon en la mañana de este sábado 30 de junio para manifestar su desacuerdo con el gobierno nacional y exigir que cesen las políticas migratorias que afectan a familias y niños pidiendo asilo en la frontera sur del país. ¿Podrá la resistencia civil revertir políticas del poder ejecutivo?

Fotos FACTUM/Teresita Goyeneche


Dos mujeres mayores salen del metro en la calle Chambers del sur de Manhattan, llevando consigo dos grandes pancartas. Una es afroamericana, la otra tiene rasgos indígenas centroamericanos. Ambas caminan en dirección al Parque Foley, cobijadas por grandes sombreros que las protegerán del sol durante las tres horas y media que caminarán en la marcha End Family Separation (“Terminemos la separación de familias”) contra la política “Tolerancia Cero” del gobierno nacional.

La implementación de la política comenzó en abril de este año y ya hace semanas ruedan en redes las imágenes de niños durmiendo en jaulas en la frontera sur. Sin embargo, solo después del 18 de junio, cuando fue publicado un audio obtenido por la periodista Ginger Thompson para Propublica, detonó la indignación pública. En la grabación, que fue realizada dentro de las oficinas del Servicio de Aduana y Protección fronterizo, se escuchan las voces y el llanto de varios niños centroamericanos separados de sus padres al ser detenidos entrando al país. En el audio también se escucha a un agente diciendo sarcásticamente “Aquí lo que tenemos es una orquesta”.

La noticia corrió rápidamente y las voces públicas a nivel nacional e internacional se manifestaron, pero ya era demasiado tarde para varias familias. Según cifras de la oficina de Seguridad Nacional de Estados Unidos, 2,053 niños entre cero y doce años fueron separados de sus padres y puestos detrás de las rejas entre abril y junio de este año.

Es uno de los días más calientes del año y se acerca el mediodía. Sin embargo, la marcha avanza hacía el puente de Brooklyn y la gente encuentra sombra debajo de sus cartulinas y sombrillas. Para Caroline, manifestante norteamericana de descendencia China y con veteranía en la protesta, es frecuente tener este tipo de acciones en defensa de los migrantes. Lo que no es frecuente es tener este número de personas. “El grupo es grande, porque el problema es realmente mayor”, dice. Para ella, el mensaje que la ciudadanía quiere enviar es doble: “queremos decirle a Trump que no nos representa con sus políticas migratorias y también decirles a las personas detenidas en la frontera que no están solos”.

La agudización de la crisis migratoria se viene alimentando hace meses. Según el Departamento de Estado, 2017 fue el año en el que menos refugiados recibió Estados Unidos desde las secuelas de los atentados del 11 de septiembre de 2001. El año pasado Estados Unidos acogió poco más de 29 mil refugiados (menos del 1% de los refugiados que necesitan asilo en el mundo, según Oxfam), siendo 35 mil el límite legal impuesto por la administración de Trump. En gobiernos como los de Obama o Bush, el número oscilaba entre los setenta y los ochenta mil.

La respuesta civil busca finalizar no solo las políticas nacionales contra migrantes en busca de asilo, sino también la serie de declaraciones peyorativas que el presidente actual ha hecho contra migrantes centroamericanos, caribeños, africanos y musulmanes. Apenas en mayo de este año, Trump declaró que los países de origen reciben dinero de Estados Unidos para resolver sus problemas internos, pero no hacen lo suficiente para acabar sus problemas. “Yo no creo que ellos estén tratando de detener esto, sino que están estimulando que se vaya esta gente que quieren que nosotros recibamos, porque no los quieren allá”, dijo en una transmisión en vivo de un canal público de televisión. En esa misma declaración sostuvo que buscará disminuir el monto de ayudas “o toda la ayuda” porque los migrantes siguen llegando.

En los últimos diez días del mes, la Cancillería de México condenó el plan “Tolerancia Cero” y lo llamó “cruel e inhumano”. También señaló que México respeta la soberanía de su vecino. El gobierno de El Salvador confirmó que, de los más de dos mil niños detenidos, por lo menos cien son salvadoreños y llamó al gobierno de Trump a reconsiderar tomando en cuenta las consecuencias físicas y sicológicas que esto traería a los niños afectados. Juan Orlando Hernández, presidente de Honduras, se reunió con Mike Pompeo, Secretario de Estado y ex director de la CIA. En el comunicado oficial del gobierno norteamericano se habla de compromisos sobre seguridad, lucha contra el narcotráfico y ralentización de la migración ilegal, pero no se menciona “Tolerancia Cero” como un tema en la agenda, aunque su implementación comenzó en abril y la reunión se llevó a cabo el 18 de junio.

La marcha de Nueva York no es la única: en el sitio oficial del movimiento que han bautizado “Las familias deben estar juntas” se convocaron más de 600 manifestaciones en todo el país. Ya desde hacía unos días varias personas se tomaban las calles de Washington. Cientos de mujeres fueron detenidas – incluida la actriz Susan Sarandon—por tomarse un edificio del Senado. Este sábado, en la capital norteamericana marcharon treinta mil personas.

En las calles, los acentos en inglés y español son tan variados como los sistemas de creencias. Bajo el cielo llameante del mediodía se levantan pancartas de cristianos que dicen “Jesús también era un migrante”, letreros con sello de la comunidad judía y otros con la firma de la Coalición Budista.

Chet y Katie, una pareja de Harlem que viste camisetas de algodón gris con aros de sudor en el cuello y debajo de los brazos, exhiben orgullosos la leyenda que llevan escrita en el pecho: “Anti-Trump hasta arriba”. Para ellos, esta manifestación es necesaria porque las decisiones del Estado están afectando la convivencia en del país. “Todos tenemos un amigo, colega o familiar que ha sido deportado o está teniendo complicaciones legales por su estatus migratorio”, dice Katie. Antes de esta, la pareja marchó contra el veto migratorio a refugiados e inmigrantes musulmanes, pero afirman que tuvo menos convocatoria.

Salir a la calle no ha sido el único mecanismo que ha utilizado la sociedad civil norteamericana para manifestar su desacuerdo y su urgencia por auxiliar a las víctimas de esta crisis. A mediados de junio Charlotte y Dave Wilner, una pareja de San Francisco, abrió una recaudación de fondos en Facebook después de ver fotografías de niños migrantes llorando en la frontera, según contaron al Washington Post.

Durante las últimas dos semanas la petición de los Wilner subió de mil quinientos dólares a más de veinte millones. El valor más alto que ha recogido la plataforma de “fundraising” de Facebook, según dijo la vocera Roya Winner al mismo Washington Post, cuando la suma no superaba aún los cuatro millones de dólares. El dinero irá en su totalidad a RAICES, una organización dedicada a ofrecer servicios legales a familias que son detenidas en la frontera cruzando de manera ilegal.

La organización que ha trabajado con poblaciones migrantes de Centroamérica por cuatro décadas, tiene oficinas en todo el estado de Texas. En un webinar publicado en Facebook, el director de casos de detenciones familiares de RAICES, Manoj Govindaiah, señaló que estos “centros de detención existen hace varios años (en Estados Unidos), pero en los últimos cuatro años ha aumentado el número de casos”. El año pasado RAICES cerró cincuenta y dos mil casos de representación legal gratuita a personas en todo el estado, según afirmo Govindaiah.

Sigue avanzando la fila gruesa y abundante de gente, atravesando el puente con sus mensajes y sus cánticos nuevos y viejos aprendidos en otras marchas. Se escucha, entre otras frases, una que dice “This is how democracy looks like” (“así luce la democracia”) y la gente sigue en procesión agitando sus banderas y hablando entre ellos sobre el 20 de junio, cuando Trump firmó una nueva orden ejecutiva para modificar “Tolerancia Cero” y que los niños fueran puestos en detención junto con sus padres.

Los entrenados estadounidense de las costas, constantemente listos para salir a las calles y unirse a procesiones de tres y cuatro horas bajo soles incandescentes o intensos helajes, le gritaron una vez más al oído a un presidente que normalmente hace como si no oyera (hoy, por ejemplo, se refugió en uno de sus resorts en Nueva Jersey). A pesar de esto ha sido la oposición legislativa, judicial y sí, también el poder de la sociedad civil, quienes han contenido algunas de las medidas más extremas del gobierno actual.

La marcha termina mientras la gente baja las escaleras del puente para acercarse a la sombra de un parque. Varios activistas y celebridades locales como Kerry Washington, ofrecen discursos y motivación tanto para incitar la resistencia, como para dar voces de aliento a los inmigrantes que hoy se encontraban en la multitud.

Los más de quince mil se mueven lento, deshidratados y de alguna forma satisfechos, caminando hacia el metro como si fueran un mar de tenis, caras enrojecidas y poleras sudorosas. Decenas de miles de gritos después y más de veinte millones de dólares recaudados por gente y para gente, se puede decir que precisamente así es como luce una democracia, por lo menos la de aquellos que, en su mayoría, tienen el privilegio de dormir tranquilos esta noche en sus camas.

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