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“Mangoré es un hombre extraordinario detrás de un músico maravilloso”

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El cineasta chileno Luis R. Vera no es un tipo de respuestas cortas. Lo que no significa que carezca de ideas claras. Su discurso trasciende con esa sensación de seguridad que poseen los que han curtido muchas arrugas en su profesión. Cuando habla de cine, A Luis se le desborda el sentimiento, y por ende, una catarata inagotable de palabras. Y más cuando se trata de “su cine”, el de innegable identificación con Latinoamérica, el de carácter documental e histórico, el que lo ha llevado, a lo largo de 2013 y 2014, a navegar en un proyecto de ficción que, finalmente, en el primer trimestre del próximo año, lo colocará en el foco de atención de quienes aman la música y el cine en Paraguay, México, Argentina, Brasil… y El Salvador. Se trata de una película que rescata la memoria de un pionero del concepto de “Patria Grande”, el de una Latinoamérica unida.

Cuando decidió escribir el guión con el que adaptaría al cine la vida de uno de los músicos más célebres que nuestro continente parió en el Siglo XX, lo hizo pensando en el rescate de la memoria histórica de uno más de los personajes que le apasionan, como ya antes ocurrió con Ernesto “Ché” Guevara, Violeta Parra y Pablo Neruda, entre muchos más. Y cuando su nueva película llegue por fin a las pantallas, dará por finalizado un proyecto que ganó el Fondo Ibermedia para ser financiado, y sin el cual, no hubiera sido posible llevarlo a buen puerto.

Vía telefónica desde Paraguay, Luis habló con Factum acerca de ello; y habló en buena parte sobre su innegable admiración por el personaje trascendental de su película: el paraguayo Agustín Barrios “Mangoré”, el inmaculado “Nitsuga”, un guitarrista con un talento extraordinario y que logró llevar su música –y con ella su nombre– a todo el planeta.

El papel de Mangoré es interpretado por el célebre actor mexicano Damián Alcázar (“La Ley de Herodes”, “Infierno”, etc), una muestra de la relevancia que tiene esta película.

A continuación una charla sobre “Mangoré: por amor al arte”, una película basada en la vida de uno de los huéspedes más distinguidos de nuestro Cementerio de Los Ilustres. En ella verán cómo, de acuerdo a Luis, el equipo de producción del filme intentó lograr apoyo de financiamiento de parte del gobierno salvadoreño (a través de SECULTURA) y de instancias de la empresa privada, pero solamente encontrarían buenas intenciones y promesas incumplidas. Aquella situación, lamenta Luis, terminó alejando a El Salvador de una de las películas que proyecta ser de lo más notable que nos aguarda para el próximo año.

Hábleme un poco sobre el deseo original por realizar una película basada en la vida de Mangoré. ¿Usted estuvo involucrado desde el principio en el proyecto para contar la historia o fue buscado para la realización de la película?

Mi relación con distintos personajes de América Latina pasa por por mi interés por rescatar memoria e identidad. Eso como principio esencial del cine que yo realizo. Y en ese rescate de memoria e identidad, he trabajado en distintos momentos de mi filmografía con personajes como, por ejemplo, Pablo Neruda –Premio Nobel de Literatura–, Gabriela Mistral –Premio Nobel de Literatura–; y luego, hace unos tres años realicé una película que incluye a El Salvador, en la cual incluso está el presidente actual de la República, como uno de los participantes, Salvador Sánchez,  y que se llama “La independencia inconclusa“. Es una película que recuerda 200 años de historia de América Latina, desde la época de la lucha por la independencia de España hasta nuestros días, donde sigue siendo una lucha por la independencia contra los poderes extranjeros y contra las súper potencias, etc.

En ese recorrido, yo siempre he estado vinculado a personajes que siempre me han interesado de la historia de nuestra América. Dentro de ese abanico de personajes, hace algunos años aparece la figura de Mangoré como una figura importante –tal vez la figura más importante de la cultura paraguaya–y coincide con que un amigo paraguayo, el co-productor de “La independencia inconclusa”, y que se llama Leo Rubín, me pregunta si acaso Mangoré no es un personaje de película. Yo entonces le digo que, claro, una música como la de él se hacía merecedora de una película, pero yo quería interesarme más en su vida personal. ¿Cómo fue su vida para dar resultado a esa música extraordinaria? Te explico esto porque no es que uno llega a un proyecto o se adentra en él por una casualidad, sino que uno tiene una percepción y una forma de relacionarse con la vida y con el mundo en el que se vive, que uno busca expresar parte de ese mundo. Eso es lo que yo hago en mis películas. Pretendo ser una especie de intermediario, de instrumento, y expresarme como artista, pero al mismo tiempo expresar el mundo de los personajes que a mi me parecen más relevantes, tanto en ficción como en documental. Es así como yo llego a la vida de Mangoré.

¿Qué enseñanza te ha dejado el proceso de investigación de la vida de Mangoré, luego de asumir el compromiso de contar su historia?

Es imprescindible señalar también al mismo tiempo que, al contestar una pregunta así, debo decir que me siento muy privilegiado y muy orgulloso por haberme acercado a esta personalidad trascendental de la cultura latinoamericana. Me ha entregado tantos elemento para poder interpretar no solamente la historia, sino también el presente. Más allá de las condicionantes de un artista, acá hay una condición humana, una naturaleza humana encarnada en la personalidad de Mangoré, que habla del sueño de los seres humanos por alcanzar el ideal de belleza, por perfeccionarse en el empeño por alcanzar ese ideal de belleza. Por tratar de descifrar el misterio de la creación a partir de lo que hacen, a partir de lo que son capaces de crear. Eso en el mundo actual es un paradigma que, de alguna manera, contradice este mundo materialista, tangible y lleno de estímulos dónde lo único que se quiere es lograr recompensas materiales o lo que se conoce como la fama o el éxito, que personalidades como esta nunca quisieron tener, sino que lo obtuvieron como resultado del legado de una obra. Y eso habla de la profundidad con la que ellos trabajaron la creación y la capacidad de alcanzar ese ideal de belleza, que los convierte en personajes platónicos, en personajes muy románticos de todos los tiempos.

Yo te estoy hablando de valores que están implícitos, que están insertos en el tratamiento que yo estoy haciendo del personaje de Mangoré, porque Mangoré es un hombre extraordinario detrás de un músico maravilloso. Yo estoy preocupado de contar en la película al hombre extraordinario que hay detrás del músico maravilloso. La película no es un musical, la película es la historia de un hombre y la pasión por lo que hace, la pasión por lo que crea. Y en ese sentido, siendo un personaje profundamente latinoamericano –y cuando digo latinoamericano reconozco en Mangoré a los valores que a mi me identifican como latinoamericano, que es el traspasar las fronteras de un país–, no hablo del Mangoré de Paraguay o de El Salvador. No hablo del Mangoré mexicano o colombiano. Estoy hablando de un Mangoré continental que logra penetrar en una obra, a partir de las raíces genuinas que están desde su origen de Paraguay hasta su destino final en El Salvador, recorre una patria grande, que es simplemente ampliar las fronteras –a veces muy estrechas– que tenemos entre nuestros países. Esas fronteras estrechas ni siquiera han sido determinadas por nosotros mismos, sino que fueron heredadas por un sistema colonial que nos entregó y nos delimitó determinados territorios, para que nosotros siguiéramos “ejerciendo soberanías” dentro de ese territorio. Nos quitaron el sueño de la Patria Grande, y sin embargo, próceres como Agustín Barrios “Mangoré” rompieron las fronteras territoriales impuestas, y logran convertirse en un latinoamericano al que no le importaba dónde vivir, sino que le importaba dónde crear. Y si ese territorio era cualquier lugar de nuestra América, él dedico esa vida a cualquier lugar de nuestra América. Y en ese sentido me identifico plenamente, porque he hecho películas en distintos lugares de Latinoamérica, así como también en Europa, y huna he sentido que las he hecho fuera de mi país, porque mi país, mi casa, mi tierra, es la tierra donde yo soy capaz de crear. Y esa tierra es el planeta. Soy, por circunstancias, chileno, y por circunstancias soy también latinoamericano. Pero por sobre todo me debo a una civilización y a una vida mucho más amplia que tiene que ver con mi condición de ser humano.

Esto que me dice encaja con unas declaraciones suyas que leí y en las que ubicaba a Mangoré como un pionero del concepto de Patria Grande, en el que luego aparecerían otros personajes como Ernesto “Ché” Guevara…

Sí, eso absolutamente es así. Esta confirmado, por la forma en que Mangoré vivió y está confirmado por el legado de su obra. Si tú revisas la obra musical de Mangoré, ecuestres una obra profundamente latinoamericana, que contiene elementos culturales autóctonos de distintos lugares donde él vivió y compartió, y que él fusiona de una manera tan elegante y magistral , tan genial, que tú sientes que ahí está transitando América Latina, está expresando América Latina. Incluso escapando y yéndonos lejos del folklorismo, del paisajista cultural, él va mucho más allá y va a la profundidad y a la raíz en tanto a música centroamericana, sudamericana, caribeña, brasileña, etc. La succión que él hace en su música sobrepasa por mucho, Orus… A esta hora, seguro ya entenderás que yo no estoy hablando de un guitarrista, sino de un músico total, un músico sinfónico, que si bien escribe partituras para música de guitarra, hoy es un músico sinfónico. Y yo lo voy a demostrar además en la película, componiendo temas incidentales que incluyen a una orquesta plena, como también coros.

En cuanto al tema de producción, ¿la película ha tenido un proceso normal? Lo pregunto porque supe que sufrió un atraso que derivó en una pausa, para luego ser retomada…

Películas como esta, que no tienen un referente comercial inmediato, un enganche comercial de acuerdo al estereotipo de lo que se inserta como entendido en el cine industrial; películas en donde vienes tú y ves “pero en este género, a ver, cómo hacemos”; y no es un género de gran público tal vez, porque no contiene los elementos de los clichés, los cuales hoy en día el “shopping” y “los malls”, a través de sus multi-salas, invitan al público a… más que mirar películas, invitan al público a comer palomitas y Coca Cola, mientras miran imágenes animadas. No importa mucho lo que piensen o lo que sientan. Las grandes transnacionales de cine ganan, hoy en día, más dinero en la venta de ‘pop corn’ que en la venta del boleto de la película.

Entonces, dentro de todo eso, el espacio que tiene nuestro cine, que es un cine auténtico, de contenido, con valores propios… Es un cine que tiene dificultades para poder financiarse. Y más todavía cuando estamos hablando, por ejemplo en el caso de Paraguay o de El Salvador, de países desprovistos de políticas cinematográficas, de políticas públicas desde el punto de vista de la cultura, que están improvisando, que están recién empezando a implementar algunas, pero el atraso es mucho en la cultura. Entonces claro que cuesta mucho el financiamiento cuando haces una película de época, como en el caso de Mangoré, en el que estás recorriendo 50 años de historia, desde el siglo XIX hasta mediados del siglo XX, y tienes que reconstruir espacios, tienes que vestir a muchos personajes con trajes de la época, tienes que transitar por espacios exteriores, lo cual también significa recorrer patrimonio, y eso es costoso.  Además nosotros estamos viajando a distintos países para hacer locaciones… Con el El Salvador no lo pudimos hacer, aunque invitamos a El Salvador. Invitamos a sus autoridades, invitamos a parte de la empresa privada… Nos ayudó mucho un salvadoreño ‘mangoreano’ que se llama Carlos Payés… Hay que dar su nombre y apellido. Carlitos nos ayudó mucho en el intento, pero nunca hubo respuesta, ni de parte de las autoridades de gobierno… Porque este tipo de películas tienen que tener –sí o sí– apoyo del Estado, porque se trata de recuperar patrimonios culturales nuestros… Y luego, si no, pues lo completa la empresa privada, pero la empresa privada, en general en América Latina, es muy esquiva para este tipo de proyectos. Ellos están pensando en generar ganancias de la manera más fácil y sin correr riesgos. Estas son películas que corren riesgos. Este es un tipo de cine que corre riesgos, que los asume, porque enfrenta el desafío de retratar personajes muy hermosos, personajes de gran intensidad, tanto emotiva como intelectual. Pero la súper estructura de cierta clase de dirigentes dice ‘no, pero esta película la gente no la quiere ver… la gente quiere ver… la webonada… quiere escuchar el reguetón y el perreo’… Y hasta ahí llega, según ellos, el mundo de la mayoría de nuestros públicos. Y yo no creo que eso sea cierto. Eso es lo que se les da, eso es lo que se les ofrece, y por tanto, eso es lo que consumen. Si se les da calidad, y se pueden identificar con la calidad, seguramente que lo van a consumir y lo van a tener. Eso yo lo he comprobado con mis propias películas.

¿Cuál fue la respuesta que obtuvieron al buscar apoyo de entidades gubernamentales o privadas en El Salvador?

Ya te lo conté en la respuesta. Te dije que fue mucha tramitación burocrática. ‘Sí, acá lo queremos mucho a Barrios… Es un personaje importante para nosotros… Veamos cómo se puede hacer… Veamos cómo se puede hacer’… Hasta cuando se va desapareciendo esa voz que aparentemente te da acogida al comienzo, y luego vos te cansás de mandar mails, te cansás de llamar por teléfono, te cansás de golpear puertas. Y te prometen cosas que no cumplen. Eso es el resumen de lo que ha pasado en  la relación con El Salvador. También en parte ha pasado con otros países de América Latina en el caso de Mangoré.

En el caso de mis películas es algo bastante repetido, porque yo hago  un cine que no es de fácil comprensión en el inicio de propuesta del proyecto.  A mi me felicitan mucho por las ideas cuando agarro un proyecto, pero a mi me costó siete años financiar un proyecto sobre un documental basado en la vida de Violeta Parra, que es la artista más importante que tiene Chile en su historia. Sin embargo, me costó mucho, porque no había comprensión o interés.

Sobre todo, Orus, cuando no se trata de personajes de la élite, donde las clases dominantes puedan reconocerse a ellas mismas, les resulta ajeno. Todo cuando es un personaje popular. Mangoré es un personaje popular. Mangoré es un personaje salido de lo más genuino de la tierra y del pueblo paraguayo, con antecedentes indígenas… La reivindicación que él hace de los pueblos originarios, de los años 20’s, de los años 30’s… Es un hecho absolutamente inaudito para un artista en esa época. Era una suerte de provocación, casi, para los escenarios donde se presentaba Mangoré. Lo veían como un hecho exótico, como una excentricidad, pero él lo tomaba muy a pecho, presentando a una civilización, a una cultura que él creía muy importante y que le nutría su música. Por eso es que él se llega a nombra “Mangoré”, que es nombre de un cacique guaraní.

Respecto a Mangoré hay una coyuntura que ya lleva muchos años: autoridades paraguayas quieren recuperar los restos del artista, que están enterrados en el Cementerio de Los Ilustres, en San Salvador. ¿Qué opinión te merece esta situación?

A propósito de esto, a mí esto me parece una tontera. Eso de andar recuperando los huesos o los restos de alguien… Aquí lo más importante que deberían hacer los gobiernos de El Salvador y Paraguay es colaborar… no en quién es el propietario de los huesos, sino buscar cómo se acuerda un convenio de participación eterno para preservar la memoria de Barrios, para difundir su obra, para estimular la creación en jóvenes y niños de un hombre honesto, sano, que luchó permanentemente con herramientas transparentes y puras, sin pisotear a nadie, para alcanzar lo que alcanzó.

Ese es el ejemplo de él. No los huesos. Y yo creo que eso, una vez que se entienda, va a ser muy importante, porque entonces se podrá tener colaboración en lo que está vivo, no en lo que está muerto. Lo que está vivo en Mangoré es su obra. Y por eso hay que hablar de Mangoré en tiempo presente y futuro.  Mangoré no es parte del pasado, es de hoy y de mañana. Eso d ellos restos… para algunos podrá tener un fundamento simbólico, bastante anacrónico, además. Pero lo más importante es el rescate que se haga de su obra, porque Mangoré no murió en 1944. Ni en El Salvador, ni en Paraguay, ni en Estados Unidos, ni en Suecia, ni en Moscú. Mangoré no murió en 1944. Mangoré está vivo… Y como está vivo, lo que hay que hacer con lo que está vivo de Mangoré es difundir la vida que tiene y la vida que nos dejó. El resto es una anécdota… realmente… bastante… cómo decirte… Ehh… No la voy a calificar. Ya la califiqué como ‘tontera’, que es lo más suave que puedo decir al respecto.

Hablemos sobre el guión de la película y su relación con nuestro país. ¿Qué tanto aparece en la película el episodio final de la vida de Mangoré? Cuando decidió radicarse en El Salvador, donde finalmente moriría –su existencia física–, pero donde incluso dejaría el legado de una escuela basada en su enseñanza. ¿Qué tanto aparece esto en la película?

Está. Está exactamente la escuela, está la enseñanza, están sus discípulos… Está (el Dr. Roberto) Bracamonte, como personaje… Personaje salvadoreño entrañable, que le acompaña hasta sus últimos días. Está todo el último periplo. Sí, todo eso está.

Está reconstruido en otro lugar, porque repito: El Salvador nunca nos dio el apoyo para poder hacerlo en El Salvador. Hemos tenido que reinventar El Salvador en otros lugares…

Pero sí hubo un deseo y una intención de filmar estas escenas en El Salvador, ¿verdad?

Pero claro. Si nosotros viajamos a El Salvador, Orus. Nosotros estuvimos en El Salvador. Estuvimos con las autoridades. Fuimos a presentar el proyecto. Estuvimos con el Ministro de Cultura en ese momento… Samour creo que era su apellido [Héctor Samour, Secretario de Cultura, entre 2010 y 2012]… Después estuvimos con un señor que era el director del Museo Antropológico…Que es una joya lo que hay ahí en San Salvador…

Sí, en el MUNA (Museo Nacional de Antropología)…

¡Exacto! Donde hay algunos objetos, entre los cuales está la última guitarra que usó Mangoré… y que yo la tuve en mis manos. Y que fue un momento mágico y muy inspirador, por cierto, porque la sacaron de una urna, y me la entregaron… Yo la tuve en mis manos… Yo creo que ahí Mangoré tuvo mucho que ver, al decir: “Bueno, ahora toca hacer la película.. Anda. No retrocedas”.

De manera que la intención estuvo. Viajamos, fuimos y estuvimos en El Salvador. Fuimos a hacer locaciones a los lugares donde vivió Mangoré. No cabe duda de que nuestro interés estuvo permanentemente por incorporar a El Salvador, pero ya no supe porqué ya no se pudo.

Ahora, sin embargo, como un artista no tiene que tener rencores a la hora de hacer una obra auténtica, yo no podría dejar afuera a El Salvador como protagonista en la historia que yo estoy contando de Mangoré, porque El Salvador sí fue un protagonista en su vida. Y eso está y lo respeto. Y está en mi película y está en mi guión.

Ahora, el guión es una ficción. Es una aproximación a la vida de un personaje extraordinario. Entonces, como toda expresión artística, es un acercamiento intelectual y emocional… ¿Verdad? La vida de alguien… En este caso, hago una historia que yo interpreto de una manera completamente libre. Yo tengo una adaptación libre de lo que fue la vida de Mangoré. Pero creo que respeto de la manera más genuina, tal vez, y de la manera más profunda, el espíritu por el cual Mangoré vivió para realizar la obra maravillosa que él dejó.

Tengo entendido que la película estará terminada en Abril del 2015…

Es correcto. Tal vez antes… Pero en Abril del 2015 podría ya plantearse su lanzamiento mundial.

¿Qué posibilidades ve de que se realice alguna función especial de la película en El Salvador?

Bueno, pues yo pienso que ojalá, tal cual como el comandante Sánchez Cerén, en la época en que nos encontramos –y me dio una maravillosa entrevista para la película “La independencia inconclusa”–, me dijo: “Luis, yo te voy a invitar para que vengas a estrenar la película  acá. ‘La independencia inconclusa'”. Y después ya no supe más de Sánchez Cerén, hasta cuando fue elegido Presidente [sonríe]…

También me dijeron que cuando yo hiciera la película de Mangoré, por supuesto, que El Salvador debería ser un lugar de excelencia para poder difundir y presentar la película… Así que yo espero que las autoridades reaccionen, porque esto hay que hacerlo a nivel de autoridades. No creo que las salas de cine, las multi-salas de no sé que barrio de El Salvador vaya a decir: “Ahh… Vamos a traer a Mangoré acá… Y vamos a traer al director”… Porque no. A ellos les entra plata por “Spiderman 4”. Ellos están en El Hombre Araña. Ellos no están en Mangoré. Esa es la realidad que tenemos en América Latina, desde México hasta la Patagonia. Ellos están recaudando, y les importa un carajo si Mangoré es la figura más importante de la música latinoamericana o si no lo es. No, ellos tienen sus secuelas de películas con las que llenan sus salas de cine, a punta de este marketing que hacen para todo el continente. Entonces los salvadoreños, los paraguayos, los chilenos, los colombianos, los mexicanos, ven la misma basura catapultada y ‘propagandeada’ por los mismos de siempre.

Yo tengo las mejores intenciones de que la película se proyecte en El Salvador. Por supuesto, Sin ninguna duda. Pero no depende de nosotros, ni depende de mí. Depende de estas condiciones.

Es muy importante destacar también, antes de que se me olvide, que hay 14 nacionalidades participando en esta película. Frente a cámaras y detrás de cámaras. Es realmente una película muy latinoamericana. Hay paraguayos, por supuesto, hay argentinos, brasileños… El actor principal es Damián Alcázar. Un gran actor mexicano, un ‘actorazo’, que tú conoces, seguro, y que interpreta a Mangoré. Hay actores salvadoreños, uruguayos… Hay un actor español que interpreta a Andrés Segovia –que fue el gran guitarrista contemporáneo a Mangoré–.

Yo, a esta altura, estamos en pleno rodaje. Estoy muy contento. Cada día es un hecho feliz, artístico. Cada día estamos recreando un guión que ha gustado mucho en todas partes y que incluso nos permitió ganar el fondo Ibermedia.

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