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Magia eterna

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*La siguiente columna surge como una respuesta de la “Blasfemia” original, escrita por Gloria Dada.

Desde abril del año pasado cargo en mi billetera un pequeño calendario que me regalaron en Cádiz. Como una deferencia con su clientela –costumbre muy arraigada en España–, los mandó imprimir el céntrico bar Los Pabellones, ubicado a un par de cuadras de la alcaldía. Dos rostros aparecen en el anverso: uno es el cantaor José Monge Cruz, ‘Camarón de la Isla’; y el otro, el futbolista Jorge ‘Mágico’ González. El eterno Camarón, gaditano nacido en San Fernando, falleció en 1992, apenas un año después de que Mágico, gaditano nacido en San Salvador, abandonara el Cádiz Club de Fútbol. Hoy, dos décadas después, los dos siguen siendo idolatrados en la ciudad con orgullo desmedido. Me consta. El calendario que cargo en mi billetera no es ochentero, sino del año 2013.

Alguien podría rebatirme –con razón– que un mísero calendario no es suficiente para calibrar los logros del Mágico… pero es que no se trata solo del calendario. A finales de 2013, Mágico ingresó en el Salón de la Fama del Fútbol; o ‘Destino Fútbol’, el programa de ESPN que “relata las historias de los jugadores y clubes más relevantes del futbol”, lo incluyó en su primera temporada, a la par de Maradona y Sócrates.

¿En serio creés, amiga Gloria, que ESPN, los responsables del Salón de la Fama o los dueños del bar Los Pabellones están promoviendo a un fracasado? ¿En serio creés que se puede etiquetar como ‘fracaso’ la carrera del Mágico? Gloria, ¿en serio lo creés?

Decís en tu columna algo tan cierto como los amaneceres: que Mágico es “el mito salvadoreño más grande de todos”. En lo que te equivocás es cuando afirmás que en El Salvador no hablamos de su lado humano, que se minimiza para no ensuciar al mito. ¡Claro que se habla! De más, diría yo. La inmensa mayoría de los que aplaudimos sus goles y sus regates también sabemos que era indisciplinado irresponsable irreflexivo desapegado, y que le gustaba mujerear colocarse dormir trasnochar. ¿Son cualidades que uno quisiera que definieran a sus hijos? No, al menos en mi caso, pero ahí a afirmar que fue un fracaso…

Mágico supo conjugar su carácter con su pasión, y por eso disputó seis temporadas en una de las ligas más exigentes, marcó 42 goles en Primera –algunos de obligada inclusión en cualquier antología de goles bandera–, y tuvo sobre la mesa ofertas de clubes italianos, franceses y españoles. Hoy, casi un cuarto de siglo después de haber jugado su último partido en Europa, se le sigue venerando.

Es cierto que una sociedad como la salvadoreña, marcada a fuego por la Biblia y el capitalismo, nos impone un modelo de éxito social: alguien camino de los sesenta tendría que estar casado desde hace 30 años, con hijos y nietos, casa propia y rancho, un trabajo bien remunerado, un par de carros en la cochera, dosquetrés empleadas domésticas y congregarse en alguna iglesia o templo. Mágico no se ajusta a ese perfil, obvio, y me late que algunos no se lo perdonarán nunca, pero reitero: hay un trecho entre estar de acuerdo o no con su filosofía de vida, y aseverar que la palabra ‘fracaso’ es la que mejor define sus logros.

Veamos qué ha ocurrido esta temporada. El guardameta tico Keylor Navas ha dado el salto del modesto Levante Unión Deportiva al todopoderoso Real Madrid, y a su presentación con el club merengue se presentó Biblia en mano. ¿Un éxito? Quizá lo sea. No tengo nada contra el bueno de Navas, pero apostaría tres dedos de mi mano derecha a que dentro de un siglo el jugador centroamericano más querido recordado idolatrado seguirá siendo nuestro Mágico.

*Roberto Valencia es periodista de El Faro.
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