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«Love, death and robots»: ciencia ficción y animación, más vivos que nunca

Dirigida más a públicos adultos, «Love, death and robots (en español «Amor, muerte y robots»)» es la apuesta animada más reciente de Netflix. Encontramos aquí una antología de historias emocionantes, crudas y absurdas sin más conexión entre sí que apelar a la sensibilidad de la ciencia ficción de antaño, una meta que logra, aún si resulta repetitiva en algunos momentos.


Allá por 2008, Tim Miller («Deadpool») y David Fincher («Fight Club», «Se7en», «Gone Girl») soñaban con hacer una secuela de «Heavy Metal», la célebre y descabellada película animada de 1981 que se inspiró en la revista del mismo nombre y que mostró fantasía y ciencia ficción a partes iguales. El plan era adaptar los mismos elementos violentos, eróticos y fantásticos que convirtieron a «Heavy Metal» en una obra de culto desde los ochenta hasta nuestros tiempos. Finalmente, once años después, no terminaron con una copia exacta, pero «Love, Death + Robots (Netflix, 2019)» respeta el mantra de su antecesora: si hay historias emocionantes, hay que contarlas, no importa lo absurdas e imposibles que sean.

En lugar de unir las historias en un largometraje, la serie de antología fantástica se divide en 18 episodios. Ninguno de ellos marca más de 15 minutos, ni comparte elementos significativos entre sí. Catorce estudios de animación se unieron para realizar adaptaciones de relatos cortos u originales en distintos estilos, demostrando cómo la animación es un vehículo poderoso para tocar puntos sensibles de la experiencia humana en escenarios futuristas. 

Tramas crudas, absurdas e imaginativas invaden la pantalla con libertad, capturan la atención inmediatamente y entregan suspenso, acción y fantasía sin tantos rodeos. La extensión de los episodios no respeta ningún límite de tiempo según los deseos de Miller, quien parece haber sostenido el derecho de cada historia a durar no lo suficiente, sino lo necesario. Esta decisión se agradece, porque «Love, Death + Robots» es el equivalente a una bolsa de dulces de piñata: nunca se sabe cuál se va a agarrar, pero casi cualquiera cumple su cometido.

Los episodios que resaltan por su belleza narrativa y estética son «Zima Blue», la historia melancólica de un artista buscando su propósito; y «Good Hunting», una crítica con estética steampunk al imperialismo y la industrialización. Hay  gore del bueno en «Sonnie’s Edge» y «Lucky 13», que muestran acción bien coreografiada y protagonistas sólidas. La cuota de absurdo la llenan yogurts con conciencia propia («When the yogurts took over») y robots reflexionando sobre el Apocalipsis terrícola («Three robots»). Así como tampoco faltan los bucles de tiempo y espacio («The witness, beyond the achila rift»).

El afiche con el que se anunció el estreno de «Love, death + robots» en Netflix para el 15 de marzo.

Eso no significa que la serie es perfecta. Como la producción inspirada por la ciencia ficción clásica que es, algunos de sus personajes sufren de los mismos vicios narrativos de siempre. Las heroínas logran ese estatus a través del trauma –una violación, casi siempre–  y este elemento de su personalidad se vuelve definitivo. Si bien es un detalle que tiene lógica en algunos de los episodios, en otros resulta un recurso que habría valido la pena considerar mejor. Con un porcentaje de mujeres que ven y leen ciencia ficción cada día en aumento, arquetipos así se sienten como una salida fácil hacia la nostalgia.

Tampoco la variedad debería ser sinónimo de cantidad excesiva: alrededor de una tercera parte de los episodios tienen tramas sin suficiente peso dramático. Historias como «Helping hand» (una suerte de «Gravity» animada) o «Sucker of souls» (Demonios escondidos en ruinas arqueológicas) funcionarían mejor como inicios de películas más interesantes. 

La animación, por otro lado, es bellísima. Irreprochable. Encontramos desde hiperrealismo hasta batallas de granjeros con mechas. Todo lo que un fanático de videojuegos, cómics o películas puede pedir, está. Cuando se deja a los expertos expresar lo que quieran con el medio, los resultados son maravillosos. Esta serie da cabida a risas, lágrimas, meditación y emoción. Aquí también funciona la duración corta de los episodios, permiten total inmersión en cada universo sin pensar demasiado en la realidad o posibilidad. 

Netflix no es ajeno al poder ni a la demanda de su público por el género. Desde «Bojack Horseman» (2014), la plataforma ha producido 21 programas originales animados para adultos, entre estilos regulares y anime. Esta es una jugada inteligente en un contexto donde la realidad virtual y aumentada están en constante desarrollo, evolucionando la manera de compartir historias evoluciona minuto a minuto.

En general, esta colección de relatos animados tiene la capacidad de maravillar tanto a los viejos fans como a quienes no han encontrado la manera de conectar con géneros más futuristas. En la actualidad, series como «Stranger Things» y «Black Mirror» apelan a la nostalgia y al progreso tecnológico para explorar las grandes tragedias de la condición humana, pero sus referencias o carácter sombrío son impedimentos para que algunas audiencias se identifiquen. En dosis reducidas, pero precisas, «Love, Death + Robots» tiene un poco de todo para cualquiera. Cada entrega es un pequeño universo donde todo es posible y se recrean espacios fantásticos para reflexionar, imaginar y maravillarse. 

¿Acaso no es ese, al final, el argumento más grande de la ciencia ficción? ¿Este encuentro entre la realidad fría y lo que podría ser? Una obra del género es mejor entre más está dispuesta a ensuciarse las manos con las consideraciones más agudas y en los escenarios más improbables. Mientras creadores sin miedo a explorar esas áreas logren aliarse con productoras que les dejen ejecutar maniobras a sus anchas, la fantasía está a salvo y la animación –como medio de expresión– avanzará hacia el lugar que siempre ha merecido: uno de respeto y libertad. 

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