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Los votos que no pesan

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Los salvadoreños que anulan el voto o que dejan en blanco las papeletas son una minoría constante. Desde 1994, las elecciones para presidente, diputados y alcaldes reflejan porcentajes de nulidades y abstenciones que en promedio no llegan al cinco por ciento al compararlos con los votos válidos. La tendencia histórica de los votos nulos indica que han crecido en número. Pero la masa electoral que sí opta por una oferta partidaria se duplicó desde la presidencial de 2004. En proporción, las nulidades han disminuido.

Foto FACTUM/Archivo


Una de las aficiones de Josué es anular votos. Le gusta mucho escribir insultos a los políticos en las papeletas de votación. Ha anulado votos desde que tenía la edad para elegir. Desde que el Estado salvadoreño le entregó el dui en el 2001, Josué no cree en nadie. En ningún partido político. En ningún candidato. El 4 de marzo de 2018 no tiene excepción. Está listo, dice, para ir anular su voto una vez más.

Cree que al manchar la papeleta se asegura de que nadie más la use. Josué vive en el municipio de San Salvador. Estudió ingeniería eléctrica. Tiene esposa y una hija. En las primeras elecciones en las que votó, Josué anulaba la papeleta por rebeldía. No se informaba sobre los candidatos. Y era casi imposible: antes de 2012, para las legislativas, detrás de las banderas de los partidos en las papeletas se ocultaban los listados de los candidatos que eran elegidos a dedo por las cúpulas.

Ahora que se puede saber quiénes son los candidatos que se postulan para diputados, nadie lo convence. Josué es parte de una minoría sin incidencia: la de los electores que anulan su voto. No lo hace por moda, advierte. Ni le parece que se monten campañas para anular las papeletas. Cree que ese tipo de decisión es personal.

En medio de una campaña para anular votos que atizó en enero pasado el alcalde de San Salvador, Nayib Bukele, y que han replicado sus seguidores, una de las expectativas en estas elecciones del 4 de marzo se centrará sobre el voto nulo. ¿Qué tanto crecerán las nulidades respecto de otras elecciones? En todo caso, a los nulos hay que sumarles otra forma menos explícita de hacer que el voto no tenga validez: dejar la papeleta en blanco. En El Salvador se conoce como abstención.

Los votos nulos y las abstenciones alcanzaron su punto más alto en las elecciones generales de 1994. Era la primera elección después de la firma de los Acuerdos de Paz. El FMLN dejó de ser la guerrilla del conflicto armado de los años ochenta y se convirtió en partido político. Arena venía de su primera experiencia en la Presidencia de la República, de dos períodos consecutivos en la Alcaldía de San Salvador y con una cantidad de diputados en la Asamblea Legislativa suficiente para gobernar sin fuertes oposiciones.

En la presidencial, las nulidades y las abstenciones fueron el 7.48 por ciento respecto de los votos válidos. En la segunda vuelta por la presidencial de 1994, cayeron a un 3.80 por ciento. En la legislativa, alcanzaron un 7.70 por ciento frente a los votos válidos. Ese ha sido el porcentaje mayor de votos nulos y abstenciones en una elección entre 1994 y 2015. Y en la municipal, significaron un 7.50 por ciento.

Las elecciones que les siguieron a las de 1994, hasta 2009, registraron porcentajes menores de votos nulos y abstenciones. Si bien los números de electores que invalidaban las papeletas o las dejaban en blanco crecieron, la cantidad de votantes que sí optaban por una oferta política se duplicó. Por ejemplo, en 1994, en las legislativas hubo 103,694 nulos y abstenciones, contra 1,345,277 votos válidos. Y en 2012, en la misma elección de diputados, se registraron 105,072 nulos y abstenciones, pero los válidos fueron 2,253,696.

La efectividad de la campaña del voto nulo en 2018 podría medirse frente al récord del hasta ahora insuperable 7.70 por ciento en la elección parlamentaria de 1994. Si los votos válidos para diputados mantienen la constante desde 2009 arriba de los dos millones, se necesitarán alrededor de doscientos mil votos nulos y abstenciones para superar la marca.

En mayo de 2017, Francia registró un nuevo récord de 12 por ciento de nulos y blancos en la segunda vuelta de las presidenciales. Ese 12 por ciento significa que alrededor de 2.5 millones de electores franceses optaron por invalidar sus votos. Fue un escándalo. ¿Cuál sería una cifra escandalosa de nulidades y abstenciones para El Salvador?

Álvaro Artiga, doctor en ciencias políticas y profesor del departamento de sociología y ciencias políticas de la UCA, considera que el escándalo para un país como El Salvador fuera repetir unas elecciones, que son costosas. “¿Qué es escandaloso? ¿Que los nulos y blancos sobrepasaran a los válidos y fuéramos a una segunda elección con los mismos candidatos y gastáramos 50 millones de dólares en elecciones que no cambian nada sustantivo, en una sociedad con tantas necesidades insatisfechas?”, cuestiona Artiga.

¿Pueden hacerse cálculos políticos electorales a partir de los resultados de nulos y blancos del 4 de marzo? ¿Se pueden atribuir todos los votos nulos a una campaña? Difícil. Hacer eso es, por lo menos, aventurado. Artiga advierte que los votos nulos tienen distintas causas: “Incluso por error se puede anular un voto”. No hay forma para conocer la razón de cada elector que optó por invalidar su papeleta, que no sea mediante la pregunta directa, y solo en los casos en que la nulidad fue voluntaria. “Solo preguntando a los que votaron blanco o nulo se podría responder con alguna base esta pregunta”, recalca Artiga.

Por ejemplo, Josué, el ingeniero eléctrico de San Salvador, dice que no anula por moda o por la actual campaña. Lo viene haciendo desde elecciones anteriores. De hecho, los votos nulos y abstenciones coexisten con los procesos electorales desde siempre.

El artículo 273 del Código Electoral, literal d, señala que una de las razones para anular las elecciones es cuando los votos nulos y abstenciones superen la totalidad de los votos válidos.

Nidia Díaz, diputada y dirigente del partido FMLN, no cree que las nulidades y abstenciones lleguen a incidir en los resultados del 4 de marzo. Las tendencias en las encuestas prevén una derrota del FMLN que podría traducirse en la pérdida de alcaldías y diputaciones para el partido en el gobierno.

Díaz, en todo caso, cree que sería irresponsable atribuir el total de votos nulos y abstenciones a una campaña. Hacer mediciones con la elección de diputados, según Díaz, resultaría cómodo para quien quiera enaltecer las nulidades y abstenciones. Porque los comicios parlamentarios son los que registran más votos nulos y menos votos válidos en todas las elecciones, comparados con los presidenciales y municipales.

Las encuestas de opinión coinciden en que los votantes salvadoreños acudirán en menor número a las elecciones del 4 de marzo. El abstencionismo podría aumentar respecto de elecciones anteriores. El Salvador en todo caso no es un país que tiene una participación electoral que sobrepasa, por ejemplo, el 80 por ciento. En esta elección, Díaz, la dirigente del FMLN, incluso prevé una participación que no superará ni el 50 por ciento.

La incompleta fidelidad del registro electoral tampoco lo convierte en una fuente de información confiable para hacer comparaciones de participación. En esta elección habrá alrededor de 400,000 salvadoreños con duis vencidos que están en el registro electoral -de hecho, no se sabe con exactitud qué ha sucedido con ellos- que no votarán. Otro número de electores falleció luego del cierre del padrón electoral. Otros han emigrado fuera del país. Los salvadoreños radicados en el exterior están dentro del registro, pero no podrán votar en esta ocasión. Incluso, los pacientes ingresados en hospitales y los reos que están encerrados en espera de juicio no tienen acceso a las urnas el día de la elección.

El abstencionismo, como los votos nulos y los blancos, también tiene causas diversas y no puede ser atribuido de forma directa al desencanto y a la falta de credibilidad hacia los políticos. Que, no obstante, existen. Y en proporciones abultadas que no se veían en las encuestas desde los años dosmil.

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