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Los dilemas de un pueblo construido con el dinero de la coca en la transiciテウn hacia la paz

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En Policarpa, municipio rural colombiano golpeado por el conflicto armado, ser agricultor es como jugar con la ruleta rusa por la falta de subsidios, vテュas y seguridad. Los campesinos, olvidados tras dテゥcadas de conflicto, se enfrentan a la encrucijada -en la semana final del desarme tras el acuerdo entre Gobierno y las FARC- sobre el camino a tomar: ツソcテウmo producir cultivos legales sin recursos estatales? ツソpor quテゥ vender un kilo de maテュz a $15 si puede sacar $570 por un kilo de base de coca?

Foto FACTUM/Teresita Goyeneche


En el corazテウn de la cordillera occidental colombiana, a tres horas de caminos estrechos y cuatro mテ。s de carretera para llegar a la frontera con Ecuador, estテ。 Policarpa. Un municipio del departamento de Nariテアo, en el que habitan 30,000 habitantes que se han gobernado solos por dテゥcadas y que actualmente son anfitriones de una de las diecinueve Zonas Veredales Transitorias, los territorios asignados en el Acuerdo de Paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) para alojar excombatientes y la entrega de armas.

Policarpa es el ejemplo paradテウjico de las falencias del Estado: ha sido tradicionalmente atacada por todos los frentes armados colombianos y se sostiene por completo de la producciテウn de coca. Segテコn datos de la comunidad, 25% de su poblaciテウn es productora y el otro 75% depende de ellos. Sacar productos lテュcitos de la tierra de manera sostenible es inviable por la falta de infraestructura.

Como muchas, esta comunidad ha sido invisible para el gobierno, incluida la administraciテウn de Juan Manuel Santos. De sus dos proyectos estrella, el Acuerdo de Paz con las FARC y el Plan de Infraestructura y Vテュas, Policarpa es solo parte del primero. Allテ。 no ha llegado ni un centavo de $24,000 millones que ese programa prevテゥ para mejorar las comunicaciones en el paテュs.

Foto FACTUM/Teresita Goyeneche

El municipio, que amanece abrazado por nubes blancas cada maテアana, fue fundado en 1972 y, segテコn don Etelberto Ibarra, un lテュder campesino de 49 aテアos, antes de la llegadad de la coca se sostenテュa de la actividad artesanal agropecuaria del cultivo de maテュz, frijol, manテュ, cacao, cafテゥ, caテアa y arroz.

Sin embargo, a principio de los ochenta hubo una temporada larga de sequテュa, y varios campesinos se fueron a trabajar a Cauca y Putumayo y volvieron con la planta de coca. Enseguida empezテウ a sembrarse en la parte mテ。s al sur del municipio y desde entonces se convirtiテウ en la renta del campesino.

Etelberto es un hombre magro y curtido, rasgos propios del trabajo en el campo. El primer empleo que tuvo fue como docente escolar hace 29 aテアos en Sテ。nchez, un ツcorregimiento (cantテウn) de Policarpa. Para ir, debテュa caminar 16 horas por el monte y cuenta que poco ha cambiado desde entonces. Las escasas vテュas que tienen fueron construidas en los noventa y son tan precarias que la テコnica forma de entrar o salir es en camionetas cuatro por cuatro. Los caminos de tierra angostos y riesgosos, solo tienen espacio para un vehテュculo y medio.

Mientras que un campesino puede vender con seguridad en el narcomercado un kilo de base de coca a $570, sacar un kilo de maテュz por $15 a la plaza de mercado de Pasto -capital de Nariテアo-, es un mal negocio. El transporte encarece tanto el producto que termina costando tres veces mテ。s que el que se trae de Ecuador, que se vende en $5.

El proyecto prometido en los Acuerdos ha comenzado a ejecutarse, pero la comunidad ha visto con temor cテウmo algunas de esas promesas han variado con respecto a lo pactado originalmente.

Segテコn Juan Sebastiテ。n Sテ。nchez, profesional en territorializaciテウn de la Agencia de la Renovaciテウn de Territorio del Ministerio de Agricultura, Policarpa es un municipio priorizado y se ha comenzado el proceso de socializaciテウn para avanzar con la construcciテウn de obras de pequeテアa infraestructura.

Sin embargo, aunque estaba estipulado que se realizarテュan jornadas de sustituciテウn gradual de cultivos ilテュcitos, han sido obligados a erradicar sin tener alternativas a corto plazo para el sostenimiento de sus hogares en el dテュa a dテュa.

Las nuevas imposiciones son una disyuntiva casi espiritual. Habitan una tierra atravesada por el rテュo Patテュa que riega grandes terrenos dibujados con todos los colores del pantone. Ademテ。s, tienen la cualidad de tener tres tipos de suelo y por tanto una variedad incalculable de productos que podrテュan alimentar a una porciテウn importante de la poblaciテウn nacional. Pero sin apoyo del Estado, el comercio y la industrializaciテウn son solo un sueテアo distante.

Foto FACTUM/Teresita Goyeneche

Las pocas obras de infraestructura que tiene Policarpa han sido financiadas casi en su totalidad por el dinero de la coca. 窶廣cテ。 no llegテウ ni una vivienda, ni un metro de carretera. Acテ。 todo lo construyテウ la comunidad窶, afirma Etelberto. Y narra cテウmo la bonanza cocalera le dejaba a las familias productoras excedentes que se invirtieron en el pueblo. Obras como el alumbrado pテコblico o el 80% de la vテュa que conecta el pueblo con la carretera principal fueron financiadas por la prosperidad de los narcocultivos.

Frente a esta anarquテュa, las FARC jugaron un papel fundamental para el orden y el sostenimiento del pueblo. Segテコn Adolfo Lテウpez, presidente de la Junta de Acciテウn Comunal de Madrigal, corregimiento de Policarpa, 窶挈a guerrilla no cultivaba, sino que indirectamente protegテュan las zonas coqueras窶.

“Pero ahora viene el comerciante y dice: 窶’Voy a invertir 1,000 millones de pesos ($350,000) en base de coca’, pero ツソquテゥ seguridad tienen? ツソquiテゥn les va a dar ese producto? Eso hacテュan las FARC: intermediar. Ahora sin ellos, los comerciantes no tienen garantテュas de seguridad窶, explica Lテウpez.

Para Lテウpez, ejercer el rol de liderazgo no es sencillo en medio de la transiciテウn a una paz que aテコn no es clara. Ese cantテウn, que queda a una hora y media del casco urbano de Policarpa, tiene 2,600 personas y despuテゥs de dos dテゥcadas de ser controlado por las FARC, en 2003 fue invadido por el grupo paramilitar Autodefensas Unidas de Colombia. Esos aテアos dejaron alrededor de 70 personas asesinadas, entre ellos, uno de los hijos de Lテウpez.

窶廢n la regiテウn se produce cualquier cantidad de comida, pero queda para consumo de trabajadores y animales. Acテ。 no se vende, es muy difテュcil sacar una tonelada de maテュz a competir con el TLC o con Ecuador, donde el gobierno le regala a los campesinos los insumos agrテュcolas, y la tecnologテュa es mテ。s avanzada窶, dice con algo de impotencia.

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ツEn Colombia, el presupuesto dirigido al agro fue de $1,800 millones en 2015. Cincuenta veces menos que Estados Unidos, treinta menos que Brasil, la mitad del presupuesto que invierte Ecuador en este rubro. Asテュ, los campesinos colombianos – mテ。s del 30% de la poblaciテウn nacional- casi siempre producen a la pテゥrdida.

Como Adolfo y Etelberto, Mireya Casanova, concejala y lideresa campesina, tiene algunas hectテ。reas con cultivos de cacao, manテュ y variedad de frutales. Ella dice que no sabe quiテゥn se dedica a comercializar, pero que parecen tener un pacto secreto para no entorpecer el proceso. Las ventas de coca han disminuido porque no hay quiテゥn haga la intermediaciテウn.

窶廰a gente se acostumbrテウ a convivir con las FARC. Ponテュan orden, no dejaban entrar ladrones o paramilitares. Nos relajテ。bamos cuando estaban ellos窶, afirma Mireya al explicar que casi todos los agricultores reservan una porciテウn de la tierra para cultivar algo de coca y poder mantener un nivel de vida decente.

Uno de los cultivadores de la zona, que prefiere mantenerse en el anonimato, cuenta que para sacar 25 gramos de base de coca necesita 12.5 kilogramos de hoja. Cada dos meses y medio recoge las hojas de una hectテ。rea y media que cultiva con otros tres vecinos, de la que sacan un promedio de $2,000.

Un jornalero puede cobrar hasta $2.50 por medio kilo de hojas recogidas, y puede alcanzar a cobrar hasta $25 por un dテュa de trabajo. Mientras tanto, un jornalero que trabaja en un cultivo lテュcito cobra mテ。ximo $8, si tiene suerte.

Foto FACTUM/Teresita Goyeneche

En la Zona Veredal Aldemar Galテ。n, a media hora de Madrigal, se encuentran recluidos dos frentes de las FARC -el 8 y el 29-, que operaban en el departamento del Cauca y en Nariテアo. Ahテュ estテ。n establecidos actualmente -segテコn el censo inicial- 280 exmilicianos, pero en realidad hay unos 160. Asテュ lo cuenta Diego Rodrテュguez, excombatiente de 27 aテアos.

Rodrテュguez es un muchacho alegre, fornido y carga un tratamiento de ortodoncia que expone cada vez que sonrテュe. Ha pasado la mayor parte de su vida en el territorio del bajo Patテュa y dice sobre la infraestructura del pueblo que 窶徑a comunidad ha puesto el trabajo y la plata, y la guerrilla ha hecho asistencia窶.

Tambiテゥn cuenta cテウmo hace 16 aテアos retuvieron una maquinaria por peticiテウn de la comunidad para poder terminar un tramo de la carretera que el gobierno habテュa dejado a medias. La mテ。quina modelo 54 aテコn existe. El pueblo la quiere tanto que sirve y, segテコn cuenta, la gente vive pegada a ella.

Para テゥl, lo primero que se necesita es la construcciテウn de vテュas terciarias y crear las condiciones para que los campesinos tengan facilidad para trabajar en el campo. Reitera que hasta ahora el gobierno se ha quedado corto en el cumplimiento de lo pactado. Una afirmaciテウn que coincide con las declaraciones de Arunulfo Vテゥlasquez, lテュder del Octavo Frente, que tambiテゥn se encuentra en esta zona veredal.

Velテ。squez piensa que mientras no haya planificaciテウn para la sustituciテウn de cultivos, el problema no va a acabar. 窶弋テコ no puedes arrancarle a la gente de lo que come. Primero hay que ver lo que se va a construir para hacer que la agricultura legal sea sostenible. Ademテ。s, no se acaba la producciテウn si no se acaba el consumo y los principales consumidores estテ。n en el norte窶, concluye.

Durante los テコltimos dテュas de abril, a media hora de donde se levanta la Zona Veredal, un grupo paramilitar llamado RAUC hizo su entrada a la regiテウn. Amenazテウ con asesinar a todos los colaboradores de las FARC.

Foto FACTUM/Teresita Goyeneche

Mientras tanto, el proceso de dejaciテウn de armas ha avanzado lento y culminarテ。 con un retraso de casi un mes con respecto a lo pactado en el Acuerdo original. La nueva fecha ratificada es este 27 de junio.

Existen programas como el 5051, que busca darle 50 kilテウmetros de vテュa a 51 municipios del paテュs, uno de ellos Policarpa. Ademテ。s, la alcaldテュa ha sacado dinero de sus ahorros para comprar maquinarias y construir una vテュa fundamental para el comercio. Pero el camino se construye con lentitud.

Lo que hay son otro tipo de claridades presentes que no se parecen a las que pinta el gobierno para el futuro: la comunidad tiene un nuevo frente armado que garantizarテ。 la seguridad necesaria para seguir comercializando la coca y, a pesar de las buenas intenciones, la tregua final aテコn no es un hecho. La implementaciテウn lleva un ritmo tardテュo y mientras la テコnica presencia palpable del Estado sea la militar, no habrテ。 vテュas reales para una paz duradera.

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