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Los compas que visten de cian

No eran troles. Fueron militantes del FMLN, cuadros históricos del partido o excombatientes de la guerrilla quienes estuvieron haciendo el trabajo territorial para Nayib Bukele, ahora presidente electo. Algunos todavía están inscritos en el padrón del FMLN, otros movilizaron los votos desde la clandestinidad. La culpa del desencanto, según aceptan sus protagonistas, recae en buena parte en las decisiones de la dirección del partido de izquierda.

Ilustración FACTUM/Judith Umaña


Del rojo al cian. Durante tres semanas hablamos con desertores del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional  (FMLN), el partido que emergió después de la guerra, y que tuvo el resultado más precario de su historia en las elecciones presidenciales del 3 de febrero. Los cinco cambiaron la camisa roja del partido de izquierda por la cian del partido de Nayib Bukele, el hombre que tomará el control de El Salvador el próximo 1 de junio. Solían votar, creer y trabajar por el FMLN. Los cinco, desde distintas trincheras, en 2019 votaron e hicieron trabajo territorial para Bukele. Los mayores, además de haber coincidido en el terreno de la guerra, ahora tienen nuevas coincidencias: desilusión, enojo con la cúpula del partido y toda la fe puesta en Nayib Bukele. Dicen que no les molesta que les diga golondrinos, y que tampoco les generó  un conflicto marcar la bandera de GANA, un partido concebido con las purgas de ARENA, porque creen que Bukele vale ese riesgo y muchos más.

Estos son sus testimonios.

El combatiente que no pudo ser alcalde

Vengo del Ejército Revolucionario del Pueblo, el ERP, una de las cinco organizaciones del FMLN. Participé los 12 años de la guerra.  Fueron doce años en diferentes acciones. Estuvimos en el cerro de Guazapa,  en San Salvador, en Santa Ana, y también participamos de tareas de logística a Oriente.  Tuvimos campamentos móviles y  trabajo urbano. Samuel fue el pseudónimo con el que me desmovilicé.  Luego, ya como desmovilizados, nos dieron 3 opciones: una era ser parte del contingente del 20% de la Policía Nacional Civil  (PNC), pero yo tenía a mi niña y con mi esposa ya no queríamos estar fuera. La otra era trabajo en la tierra. Nunca aprendimos a cultivar, nada más a comernos el maicito porque entramos  a los 17 años al conflicto. La tercera opción era el área empresarial. Es ahí donde dijimos “es nuestro campo y podemos apostarle”. De hacer la guerra nos venimos a construir una empresa.

Saúl Meléndez, ex combatiente guerrilero del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), trabajó para el FMLN en la Zona de la Súper Manzana en la Colonia Zacamil en San Salvador, durante la ofensiva final de 1989. Ahora se ha puesto el chaleco de Nuevas Ideas apoyando el proyecto de Nayib Bukele. Foto FACTUM/ Salvador MELENDEZ

Nosotros vivimos en Mejicanos y ahí hemos vivido siempre. Ahí trabajamos, pagamos impuestos, y nos hemos identificado con la población como una empresa solidaria. En algunas ocasiones la militancia del partido, con mucha simpatía hacia mi persona, quería yo fuera el candidato a alcalde del municipio,  y con todo derecho, no solo por ser un militante del partido, sino un militante histórico.

Gané las elecciones internas que el partido hizo en 2006. Pero impusieron como candidato a la alcaldía a Blandino Nerio, un señor que ni tan siquiera había participado en las internas. Fue un caso amañado como ya el FMLN venía haciendo con sus direcciones, manejando el partido a su antojo.

Yo, teniendo una gran cantidad de votos en las internas, debí haber sido concejal propietario, y me dejaron como concejal suplente. No lo acepté, y una gran cantidad de población se expresó y llegó incluso a insultarlos. En 2009 les dijimos que igual no lo queríamos. Blandino perdió y le entregó el gobierno a ARENA. Después me quitaron la oportunidad de participar como candidato a alcalde.

Desde 2013, cuando Nayib Bukele ya era alcalde del FMLN en Nuevo Cuscatlán, decidimos darle apoyo, con una muy buena cantidad de militantes. Es así como logramos que más de dos mil compañeros fueran a votar a San Salvador, ¿Cómo lo hicimos? Con muchas estrategias. En aquel tiempo no era ilegal: te podías ir y votar como vigilante. Nunca le pedí a Nayib nada, pero él sabe la gente que le movilicé. Lo que quería era demostrarle a los de Mejicanos que podíamos hacer algo diferente.

El desencanto era con la dirigencia, y no solo con la cúpula, sino con las departamentales y municipales, porque los intereses van en cadena. Un desencanto que empeoró con esa decisión de estos grupos de no dar espacios a verdaderos hombres y mujeres que luchamos. Hay gente que ya se acostumbró a solo extender la mano, y nosotros no veníamos con ese sentimiento o pensamiento de la guerra.

Parte del problema es el sectarismo que ha existido dentro de las cinco organizaciones del FMLN. Yo tengo una marca que con orgullo  llevo en la frente y muero con mi marca: es ERP.  Mejicanos lo ha querido controlar dos organizaciones: las FPL (Fuerzas Populares de Liberación) y el PC (Partido Comunista). A los que venimos del ERP nos han tenido estigmatizados, como traidores, como le llamaron a nuestra dirigencia en algún tiempo. Palabras que fueron provocadas, como las que le provocaron a Nayib para sacarlo del partido. El asunto de la manzanita fue para provocarlo. Las FPL estaban detrás, por el interés de llevar a Gerson Martínez a la presidencia. Su deseo era que después de Salvador llegara otro camisa roja, otro camisa sudada.

Nosotros tuvimos un acercamiento muy fuerte con Nayib cuando lo expulsaron.  Lo apoyamos abiertamente. Yo ya le había montado un primer evento en San Antonio Abad cuando lo nombraron candidato a la alcaldía de San Salvador . Y soy parte de los primeros esfuerzos de organización territorial en San Salvador.  Estoy coordinando cuatro municipios: Mejicanos, Ayutuxtepeque, Ciudad Delgado y Cuscatancingo. Un 60% de esa tropa es ex FMLN. Somos ex FMLN. Con pura decisión, mucha convicción, estamos ahí, aunque aparecemos en el padrón del Frente. Y si nos sacan, pues, hoy nos da igual.

Aquí en Mejicanos como FMLN teníamos un padrón de mil y lo han bajado a 315. Solo con gente de confianza de ellos, de confianza de la cúpula.  Por ser veterano de guerra no me podían sacar. Y yo no les he hecho una renuncia oficial, ganas no les han faltado de sacarme, pero aparezco en el padrón.  Sigo siendo del FMLN histórico, como todos los que venimos de ahí. Nos sentimos orgullosos del aporte que hicimos para nuestro país, pero yo todavía creí 20 años que el FMLN, partido político, podría haber hecho algo mejor, pero no las suciedades de corrupción. No se puede. Eso lo puede hacer un arereno, lo puede hacer uno de GANA, que lo han hecho, pero no uno del Frente. Traicionaron las supuestas convicciones que tienen.

A mí no me creó conflicto votar por GANA porque yo tenía claridad. Que iba a marcar esa bandera que no es de mi simpatía, y lo digo, pero era la alternativa que tuvimos y que gracias a ello Nayib es presidente ya. Que esas alianzas tienen sus costos, por supuesto, pero yo creo en Nayib. Conozco sus obras, conozco su honradez, conozco su trabajo y su deseo de trabajar por el país.

La otra razón del por qué tomamos una decisión fuerte de no seguir en las filas del FMLN es haber comprobado y dicho por la doctora Marillita (María Isabel Rodríguez) que recibió 10 mil dólares de sobresueldo. Ese no fue nuestro pensamiento histórico del por qué nos integramos a la guerra para cambiar este país. Si vas a ser igual o peor de lo que estaban haciendo nuestros adversarios, nuestros enemigos en aquel momento, y ahí va surgiendo lo de Mauricio Funes.

Saúl Meléndez, como combatiente guerrilero del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), trabajó para el FMLN en la Zona de la Súper Manzana en la Colonia Zacamil en San Salvador, durante la ofensiva final de 1989. Ahora se ha puesto el chaleco de Nuevas Ideas apoyando el proyecto de Nayib Bukele. Foto FACTUM/ Salvador MELENDEZ

Yo ya me acostumbré a que me digan golondrino.  Lo que no me gustaba era que me dijeran que era de GANA, pero golondrino no me molesta. Talvez tienen tiempo de ver el video de la juramentación que hice a mi tropa: hice dos bloques porque no me cabían en un solo local. Ahí estábamos todas las golondrinas y golondrinos. Somos muchos golondrinas y muchos golondrinos. Cualquier nombre que nos hubieran puesto. Como decía Nayib, si esta cucharita va a representar nuestra bandera, y va a representar a Nayib, votamos y marcamos la cuchara.  Nuestra decisión era llevarlo a la presidencia y lo logramos.

La dirigencia es la que conduce, pero también hay mandos medios muy sucios. Yo puedo pensar que el profesor (Salvador Sánchez Cerén) es honesto, es una gran persona. Lo puedo pensar y tengo esa confianza, pero debajo de él hay muchos sucios. Nosotros tenemos unos ranchitos que alquilamos. Ahí iba a relajarse el profesor con su familia, con Margarita, antes de ser presidente. Ya cuando fue presidente ya no se acercó. Ojalá que hoy que salga vuelva, yo lo espero siempre.

Es que legalmente estoy en el FMLN, pero formalmente no. Ni me toman en cuenta. Yo siempre me pongo mis camisitas rojas. Tengo más de 50. Mi esposa me dice: ¿Y por qué va ir de rojo? Lo rojo, ese sentimiento histórico, nadie me lo va a robar.

(Saúl Meléndez, 57 años, excombatiente del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), una de las cinco organizaciones que integraron el FMLN).

El que comanda el movimiento social

Nos incorporamos a la lucha porque mi papá nos inspiró en eso. Después nos incorporamos a la guerra los tres hermanos, mi padre y mi madre también. Él es maestro ya jubilado, todavía vive. Yo era comandante del Frente. Allá llegaba José Luis Merino, el comandante Marcelo, Raúl Granillo. Esporádicamente pasaba por ahí el comandante Schafik. Era la retaguardia donde planificábamos todas las acciones. Yo fui preparado como oficial de tropa especial. Supe coordinar la lucha urbana y todo eso nos trajo una serie de victorias. Tenía 19 años cuando me incorporé hasta que terminó la guerra. Desgraciadamente mis dos hermanos, los dos de las FAL, murieron.

Como siempre he sido un emprendedor, me gané el derecho de ser jefe de combatientes. Hubo un momento que estuvimos al mismo nivel de todos los comandantes que aparecen ahora en la cúpula y unos fueron mis subordinados, Lorenzana fue mi subordinado, Damián Alegría fue mi subordinado. Los únicos jefes que yo tenía en el campo militar eran José Luis Merino y Schafik.

Con la firma de los acuerdos de paz, que nosotros mantuvimos la peña para que los acuerdos se dieran como tenían que darse, aquí estuvimos todo el tiempo. Los que llevaron a la finalización de la guerra fueron otros. Muchos queríamos continuar el acuerdo de la ofensiva final, pero por desmoralización de algunos comandantes que estaban afuera negociando es que decidieron presionar de tal manera que terminara; no así, por ejemplo, Dagoberto Gutiérrez, que es al único que en este momento respeto como mi compañero, jefe político que fue.

Después de la guerra nos metieron temor que nos podían procesar. Nos replegamos por eso. Decidimos no participar en política electoral aunque continuamos siendo miembros del partido, militantes del partido. Yo me dediqué a ser pequeño empresario, negociante. No me dediqué a andar buscando puestos. La gente nos reconoce porque siempre estuvimos con la base y con la tropa, nunca nos separamos. Y ellos sí se separaron por una serie de intereses, fundamentalmente personales, a tal grado que yo considero que la debacle que se dio en el FMLN fue a partir de aquel dinero que vino, aquella ayuda, que Hugo Chávez a través de Alba Petróleos trajo. No pudieron soportar que esa influencia que hace el poder y el dinero y se enloquecieron. Se olvidaron de la ideología, se olvidaron de la relación con la gente. Se olvidaron de todas aquellas cosas que reivindicaban. Se perdieron valores como la solidaridad, como el respeto a los compañeros.

En Ahuachapán nos preocupó grandemente ese declive que iba teniendo el FMLN por todo ese estilo de conducción. Todo el tiempo iba para abajo, desde Humberto Centeno, que aplicó una forma de conducción como que era mafia, de camaraderías, y fue formando a gente a imagen y semejanza de él. Hubo una situación de deterioro total del FMLN en el departamento de Ahuachapán. En todo ese tiempo nosotros estábamos haciendo una lucha interna, bastante camuflada, bastante de bajo perfil, y nos íbamos agrupando, compañeros cuadros, compañeros bases a nivel nacional. El botón de muestra que le pongo es Ahuachapán, pero cuando nos venimos a dar cuenta era a nivel nacional que teníamos esa problemática y lo comenzamos a manifestar en 2014, y en 2015. Nosotros desarrollamos una lucha interna en el departamento y fue aplastada, nos vilipendiaron, nos dijeron que éramos de derecha, que éramos de la CIA, que aquí que allá. Nos dijeron un montón de cosas. Y nos echaron a parte de la base que ellos tenían, pero en el fondo la otra base estaba clara de que nosotros estábamos haciendo lo correcto.

Manejamos información y hasta nos han amenazado de muerte, pero nosotros venimos de donde asustan. Ya para las elecciones del 4 de marzo (de 2018) fue que agarramos con fuerza el aparecimiento del movimiento porque ya veíamos en la realidad qué es lo que iba a suceder. Yo todavía soy afiliado al FMLN, todavía estoy ahí. A  mí no me pueden echar, aun con todo lo que he dicho y he hecho, no me pueden echar. Sacaron gente del padrón y lograron conformar las correlaciones de cada clica, porque la cúpula del FMLN está formada por clicas.

Empezamos con el modo organización. Decidimos una estrategia a seguir. Por ejemplo, eso lo aprendimos de los compañeros vietnamitas, la gente generalmente sigue a un líder porque es el líder. Si queremos formar una organización sólida busquemos los líderes. Entonces fuimos a los líderes. Ahí fue donde comenzamos a crecer en el territorio. En ese momento no habíamos decidido apoyar a Nayib, si no que estábamos en modo organizativo. Cuando nosotros vimos que maduró la idea de la cúpula del FMLN de quedarse enquistado siempre con el poder, y que hicieron las maniobras que hicieron para quedarse siempre ellos bajo la conducción y que no entendieron, y que si entendieron no quisieron hacer ninguna modificación, en ese momento nos dimos cuenta de que ellos ya se habían tardado mucho tiempo en definir las cosas y Nayib ya les había ganado la partida porque Nayib ya era popular.

En ese momento dijimos nosotros: aquí quien tiene que hacer que aterrice esa popularidad de Nayib somos nosotros porque estamos en territorio, porque conocemos gente, porque nosotros llegamos a donde no llega lo virtual de Nayib.  Un montón de niños bien que andaban ahí que jamás se iban a ir a meter a los cantones donde nosotros nos fuimos a meter. En ese momento decidimos plantearle a Nayib Bukele: Nayib aquí está nuestro movimiento. Teníamos una línea a seguir y que estábamos retomando el proyecto histórico que la cúpula del FMLN no quiso seguir. En ese momento, cuando le dijimos a Nayib, teníamos unas 15 mil personas a nivel nacional. Los líderes que nosotros teníamos andaban por los 500 a nivel nacional. El Sindicato de trabajadores de la construcción, 69 mil afiliados en el Ministerio de Trabajo, la CNTS, la confederación nacional de trabajadores sindicales. Sindicatos de la maquila, sindicatos de maestros, cooperativas agrícolas.

Comandante Chepón, segundo desde la izquierda, junto con Nayib Bukele.

Nayib es de los últimos que excluyeron, nosotros ya veníamos viviendo la experiencia previa de exclusión. Desde el 2000 o 2001 unas primarias que hubo hicieron un manipuleo grande de tal manera que ellos garantizaran mantener el control del partido.  En el FMLN ya no hay ideología, ahí lo que pesa son los intereses económicos y ese es el pleito que hay ahorita. Nos considerábamos cómplices si seguíamos aguantando todo esto y por eso decidimos rebelarnos. Pedimos la oportunidad de ver todo el acarreo, y consideramos que esa misión la cumplimos al 100%. Llevamos a que votaran casi 450 mil gentes por Nayib. No quiero decir que esa es la base del movimiento, pero es lo que logramos incidir y acarrear de lo rural para que fueran a votar el 3 de febrero. Nuestro movimiento fue un movimiento que incidió en que ganara en primera vuelta. La alianza la hicimos con Nayib Bukele, no la hicimos con GANA, ni con el CD, ni con todo ese montón de zopilotes que andan alrededor de Nuevas Ideas.

(Mauricio Ibarra, conocido como comandante Chepón durante la guerra. Fue parte de las Fuerzas Armadas de Liberación (FAL), brazo armado del Partido Comunista Salvadoreño (PCS) y actualmente es el líder del Movimiento Popular por las Transformaciones Sociales, MPTS).

 El nuevo comando de Amalia

Amalia fue mi pseudónimo. Tuve más, pero el que más utilicé fue ese. Yo soy totalmente de origen campesino. Emigré a la ciudad a los 18 años. Vine a estudiar y a trabajar. Cuando me organizo, en 1975, estaba haciendo mi último año de bachillerato, solo me faltaban los privados. Tuve la suerte de organizarme en las comunidades eclesiales de base, de la cual soy fundadora. Formamos una comunidad y desde ahí trabajábamos y estudiábamos. Ya en 1975 la lucha popular se había acrecentado. Los métodos cristianos de querer lograr algo en beneficio del pueblo se habían agotado y nosotros habíamos trabajado incansablemente casi cinco años y sentíamos que estábamos nadando en contracorriente. La lucha de los comandos urbanos estaba bastante avanzada.

A mí intentaron organizar de varias tendencias: del Partido Comunista, después de las FPL, pero a no me convencían sus métodos de cómo querer llegar a uno. Hasta que alguien que trabajaba en las comunidades eclesiales de base se me acercó y me dijo: qué te parecería reunirte con una compañera  o compañero y hablamos de esta posibilidad de la lucha popular. Recuerdo que era como mayo o junio y me decidí a aceptar una reunión, en la iglesia del parque San José. Me atendió la compañera Filomena. Ella era una psicóloga.  Haciendo dibujos en el suelo me explicó de qué se trataba. Yo vi en ella a alguien en quien se podía confiar. Antes yo no me había organizado porque no confiaba en nadie. Entonces acepté organizarme. Estuve en un comando urbano un año. Participé de pegas, reparto de propaganda, ir a poner muchas bombitas: una cajita llena de panfletos, con explosivo que no iba a matar a nadie, solo era para que volara la propaganda.

Mi compromiso al organizarme con la revolución salvadoreña no tenía nada que ver con marxismo-leninismo. Mi compromiso era cristiano. Yo, y muchos miles de salvadoreños, en aquel momento nos organizamos buscando una alternativa de cómo cambiar la situación política y económica que estaba atravesando el pueblo, y que por la vía cristiana vimos que ya habíamos topado.

En aquel momento para nosotros la vida era la revolución. Tenía vedado poder tener hijos. Estaba planificando, pero salí embarazada, y tuve a mi bebé el 9 de octubre de 1980. Estábamos en la preparación de la ofensiva final. Mi casa había sido la estructura donde se había planificado gran cantidad de cosas. En función de eso trabajamos casi toda la familia. Cuatro días después de la ofensiva caen a la casa y nos capturan. Rastrearon pared por pared y encontraron un fusil que por descuido había quedado ahí. Encontraron un arsenal de propaganda y el archivo de cómo había nacido el partido de la revolución salvadoreña, de cómo había nacido el ERP. Estuve casi tres años presa y luego salimos amnistiados. A la niña me la quitaron casi desde el primer día.  No la volví a ver. Se la había entregado a mi suegra. Nos reencontramos hasta que terminó la guerra. Mi hija tenía ya 12 años.

Después de los Acuerdos de Paz el desencanto se da porque nosotros habíamos arriesgado la vida nuestra y la de nuestra familia, y  los intereses del pueblo ya no tenían mucho que ver, si no que predominaban los intereses de las personas que habían quedado en el gobierno. Fue así que nosotros formamos un partido diferente, que no tuvo cabida, fueron pocos años y después me retiré. Participé con el FMLN en unos dos periodos y de ahí no quería saber más de política. Yo nunca me fui del FMLN. Estaba formalmente inscrita en el padrón y no me di cuenta cuando me sacaron tampoco. Solo sé que me sacaron, pero participaba en ayudarles en la organización, pero no nos tomaban en cuenta porque siempre hubo un celo con el ERP porque nosotros fuimos la organización que política y militarmente condujo la guerra y los demás se plegaban. Eso no se decía. Una vez que se dan los acuerdos, a nosotros nos hacen totalmente a un lado.

Me salí de la parte política por el 96. Dije: yo no luché por esto, no arriesgué mi vida y la de mi familia por esto. No fue una decisión que se tomara en un grupo en consenso, fue una decisión de personas. Por una razón: a nosotros se nos enseñó a pensar. Es en estas elecciones que se me invita a participar y cuando me di cuenta de la capacidad que tenía Nayib Bukele, cuando vi el arrastre que tenía, dije: esto es otra cosa. Vi una luz metida en el túnel. Entonces empezamos a organizarnos como no lo hacíamos desde la guerra.

Para cada uno de nosotros, el apoyo a Nayib ha sido la reivindicación, ha sido un acto de rebeldía, no solamente para el pueblo como tal si no para nosotros mismos. Cada uno de nosotros había vivido una frustración horrible porque estos habían jugado con nuestros ideales. Uno de la derecha espera todo, pero de la izquierda se espera otra cosa y esta gente del FMLN se ha comportado peor que la derecha porque lo han hecho conscientes.

Nayib Bukele durante el cierre de Campaña del partido GANA en la Plaza Barrios. Foto FACTUM/ Salvador MELENDEZ

No tengo miedo de otra desilusión porque creo que hay algo que ha sucedido en este momento: que la masa del pueblo que no votaba ha despertado. Y tenemos un buen número de jóvenes que serán la punta de lanza para convertirse en la contraloría del Gobierno.

Al inicio no entendía por qué nos llamaban golondrinos, pero después creo que fue del adagio que nos agarramos muchos y dijimos: bueno, miles de golondrinas van a hacer algo. No me ofende, me siento bien.  El trabajo nuestro ha sido tan bien valorado que a nosotros nos solicitaban apoyos de otras zonas del país. Se formó una intermunicipal en Mejicanos y de repente hablaba San Marcos y nos pedía que les llegáramos a enseñar cómo se hace el trabajo territorial. En Zacamil tuvimos la suerte de que se incorporaran una serie de jóvenes que habían sido muy bien formados en el FMLN. Hay compañeros que están trabajando con el FMLN, pero nos han dicho que van a apoyarnos y tener un perfil bien bajo para evitar represalias en su trabajo. No le temen a que los echen del partido, sino a perder su trabajo en el Gobierno. Para mí, lo más difícil de apoyar y hacer trabajo territorial para Nayib fue volver a abandonar a mi familia. Dejé a mi madre que es una anciana, y a mi hija con su hijo.

(Pastora Rodríguez, 71 años, corredora de seguros y ex integrante del Ejército Revolucionario del Pueblo).

La revolución que no fuimos

Tengo 36 años. Estoy con el FMLN desde la campaña de Schafik Handal cuando defendí los votos para él. Tengo mi credencial de esa época. En mi pueblo, la municipal del FMLN solo son cinco personas que nunca hacen nada, nunca trabajan, solo están ahí por representar al partido. La gente convocaba a reuniones y ellos no participaban. Querían exponerle algo al gobierno, para que le llegara algo al gobierno, pero la gente del FMLN  como que se retiró de las comunidades, y dejaron de escuchar al pueblo.

Desde que el FMLN llegó al poder se cambió la tónica. Cuando ganó Mauricio Funes esperábamos los cambios y llegaron cambios, yo no estoy arrepentido de eso. Y seguimos en la lucha esperando que con Salvador Sánchez Cerén, que era un guerrillero nato que venía de donde estaban todos los más vulnerables, los cambios iban a ser mejores. La cosa es que llega Salvador y todo empieza a cambiar. En salud, por ejemplo, comenzó a pelear con el escalafón, que es una ley.  ¿Por qué no negociar con los trabajadores? ¿Por qué, si es verdad que el escalafón es perverso, por qué no hablar con la gente y cambiarlo? Si la gente entiende, pero no así de manera prepotente de decir ´esto no va y no va´. Y empezaron a pelear con los trabajadores. O la reforma de pensiones, que es la más injusta de América Latina, y el Gobierno negoció con la empresa privada para que siguiera administrando eso. Cuando ves un partido de izquierda apoyando a los capitalistas de siempre, uno ya no se siente representado.

Entonces se viene eso, pero esperábamos que al joven político que había emprendido una nueva manera de hacer política le dieran la oportunidad de participar como FMLN, porque sus raíces son de ahí del FMLN. Esperábamos una oportunidad para el joven político y que se nos tomara en cuenta a nosotros como jóvenes de algunos sectores vulnerables.  Antes de que vinieran las elecciones internas hubo un proceso de afiliación de los nuevos jóvenes. Aquellos jóvenes que habían participado mínimo en dos elecciones tenían derecho a inscribirse. Nos fuimos a afiliar todos y llevamos el comando de defensa del voto. Éramos como 60 personas. Me dejaron fuera y solo dejaron a mi hermano.  Yo no pude votar. Ya había inclinaciones en ese momento. La juventud farabundista estábamos a favor de que Nayib Bukele participara en las elecciones. Yo creo que esa fue una parte de la estrategia de Gerson Martínez de bloquear a Nayib desde ahí, bloqueando a los jóvenes. En las elecciones municipales de 2018 ya no me metí, aunque sí fui a votar por el diputado del FMLN.

Lo hubieran derrotado en internas, pero no quisieron someterse al proceso. Y al final hacen un proceso de expulsión de Nayib, pero no hacen un proceso de expulsión para Eugenio Chicas, que lo que había hecho Eugenio Chicas era peor de lo que supuestamente acusaban a Nayib. Lo estaban expulsando por un chambre.

Nosotros no somos troles. Somos jóvenes que estábamos activados. Estuvimos trabajando. En mi municipio, por ejemplo, fuimos a sacarle el DUI a personas que se les había vencido, y que no habíamos tenido la posibilidad que se les llevara a cambiar el documento. Se visitó algunas comunidades que estaban abandonadas. Se fue a hacer mitines y a hablar del plan de Gobierno. Había comunidades que nos preguntaban qué cómo era posible que Nayib tan lejos y que no los fuera visitar. Entonces llevábamos a alguien de la departamental que les llegara a visitar y les quitara las dudas.

Nayib hizo un trabajo de grupos transversales. Dijo que de todos lados salieran grupos. Entonces se formó de todo tipo de gente. Ahora viene la estructuración del partido y ahí viene un proceso más selectivo. Tenemos que hacer que la sociedad se empodere y participe. El trabajo realmente empezó el 3 de febrero.  Mi ombligo está con el FMLN, pero mi trabajo está con Nuevas Ideas. Muchas veces lo que nos sucede es que los gobiernos están sentados en los escritorios y no salen al territorio. No están pensando en lo que la gente quiere, y qué es lo que está padeciendo la comunidad.

Yo viajo desde mi municipio hasta La Unión a trabajar. A veces trabajo más de 8 horas. Me hicieron una sanción al expediente y un descuento de cinco días. Eso está asociado, es bien político, viene por mi apoyo a Nayib. Yo se lo dije al director departamental: voy a apoyar a Nayib, y él solo se quedó riendo. Le expuse que si eso le iba a generar problemas yo iba a poner mi renuncia. Entonces me dijo: ‘con que he lidiado con un montón de areneros por qué no voy a lidiar con un golondrino’. Cuando me dicen golondrino no me siento mal. La gente ha expresado su descontento contra los partidos políticos que se han adueñado de las instituciones, y cuando me dicen golondrino siento que me dicen que estamos en contra de todo eso. Y se siente bien.

 (Carlos Amaya, 36 años, ex militante del FMLN en el oriente del país y empleado del Ministerio de Salud).

Los apoyos clandestinos de Nayib

Yo soy militante del FMLN. Tengo derecho a voto. Siempre he sido afiliado al partido. En mi familia siempre hemos votado por el Frente, tenemos familiares que murieron en la guerra. No somos del Frente después de los acuerdos de paz. Su servidor viene desde el MERS, allá por 1980, y así nos fuimos metiendo en la medida que iba pasando el tiempo. Toda la vida hemos votado por el FMLN, pero en esta oportunidad yo y mi familia fuimos a votar por Nayib Bukele, siendo militantes del FMLN. Algo que nos ha ofendido es que los 80 mil muertos que ofrendaron su vida por las transformaciones de este país nunca pensaron que la dirigencia del FMLN iba a vivir como oligarcas. Tienen sus inversiones, sus negocios, buenas casas, buenos carros, viven bien. E indigna que la mayoría de excombatientes esté muriendo en la miseria.

Porque uno no arriesgó la vida para que ellos estén viviendo como reyes, y uno valiendo. Yo, primero, decidí hacer campaña por Nayib con mi familia. Todos fueron a votar por él. Algunos me dijeron que si era de los meros rojos por qué iba a votar por la golondrina, pero uno tiene que estar en los cambios. Hay que aceptar que el partido no ha hecho las mejores cosas. ¿Cómo cree que los funcionarios de este gobierno no renunciaron a los privilegios que tenían?

El sentimiento que dejó la expulsión de Nayib fue de rechazo de la militancia. En el fondo muchos dirigentes y mucha militancia querían que Nayib fuera el candidato del FMLN. Si el partido lo hubiera llevado de candidato a presidencia, sería el tercer gobierno del FMLN. ¿Cómo explica usted que Nayib ha vencido dos grandes maquinarias electorales a nivel nacional? Tenía apoyos clandestinos donde miembros del partido estaban trabajando por su candidatura. Son pocos los dirigentes o militantes que abiertamente expresaron su apoyo, porque se generó ese ambiente de ‘yo trabajo por Nayib aunque después me echen del partido’. Y es por muchos factores: la gente se siente defraudada por la gestión de estos dos gobiernos del FMLN, se siente defraudada porque prometieron tantas cosas, generaron tantas expectativas y al final no pasó nada. Es más, complicados estamos. Los cambios nunca los vio nadie. Sí se hicieron algunas cosas, pero la gente sigue recibiendo una mala atención en los hospitales. Siempre están desabastecidas las farmacias. Siempre hay que esperar meses y meses para una cirugía, para un tratamiento. Esas cosas no cambiaron.

Yo digo que se preparen algunos dirigentes del Frente. Le puedo garantizar que la mayoría de ellos son millonarios. Esas cosas son las que han hecho que la gente le dé la espalda al partido. Esta dirigencia terca debió haber entendido el mensaje en las elecciones de 2018. ¿Por qué no entendieron? Se enfrascaron en denigrar, es un grupo cerrado. Y hay cosas que indignaron más a la gente. Por ejemplo, la alianza del FMLN con ARENA. Lo puedo asegurar porque lo supe por mandos medios, que por palabras del secretario general, el enemigo no era ARENA, era Bukele.

El problema del partido es que su voto duro se decepcionó y no lograron atraer más votos. Todo eso lo capitalizó Bukele. Le puedo garantizar que la mayoría de votos de Nayib son simpatizantes, militantes del FMLN, como su servidor.

El compañero Fidel se los venía cantando desde hace ratos. El problema de la dirigencia del Frente es que creen que solo ellos fueron combatientes y que son los únicos revolucionarios,  que son los únicos de izquierda. Y eso es mentira. Si revolución significa cambio. Esto que ha pasado con Bukele es una revolución. El partido tiene que rediseñarse y cambiar una serie de cosas y personajes. Ya estuvo suave esta dirigencia. Ya deberían agarrar su maleta, su dinero, e irse a su casa o rancho a descansar. Uno que tiene años de estar en el partido, desde cipote, realmente ha llegado a la conclusión de que los 80 mil muertos y los 14 mil desaparecidos han de estar decepcionados de cómo se han hecho las cosas, y de cómo el proyecto revolucionario está llegando a su final.

(Jacinto, empleado de Gobierno, quien pidió no ser identificado y solo usar el pseudónimo de uno de sus familiares caídos durante el conflicto armado).

Epílogo del FMLN

Nidia Díaz, la jefa de fracción y dirigente histórica del FMLN, habló de los desertores. En su opinión, los exguerrilleros o excomandantes que se fueron tras Bukele no salieron del partido con la expulsión del ahora presidente electo, sino que se fueron mucho antes. Cree que son otros factores los que incidieron en  que el líder de Nuevas Ideas cosechara esos apoyos: como el descontento de algunos cuadros del Frente porque no se les dejara participar de cargos públicos, o porque fueron expulsados del partido luego de una revisión del tribunal de ética.

El partido, según Díaz, calcula que su padrón ronda los 40 mil votantes, y no cree que hayan tenido una hemorragia de militantes, aunque eso solo podrán verificarlo cuando el Tribunal Supremo Electoral haga un cruce con los afiliados de los demás partidos.

“El partido es un proyecto de 30 años, que nació en los 80.  Hay gente que se ha ido,  o gente que a través del tribunal de ética el partido ha sacado. Y hay gente que ha buscado otra opción, porque su visión no coincide ya con la con la del proyecto. En el frente solo se quedó la gente comprometida con el proyecto histórico. Tampoco creo que gente se haya ido gente por descontento con la dirección. Las estructuras se mantuvieron”, opina Díaz.

La cúpula del partido FMLN (izquierda a derecha), Medardo González, Salvador Sánchez Cerén, Oscar Ortíz y Nidia Díaz, durante un acto partidario en el Centro Internacional de Ferias y Convenciones (CIFCO) en San Salvador, El Salvador, el 22 de Octubre de 2017, donde celebraron el 37 Aniversario del FMLN. Foto FACTUM/Salvador MELENDEZ

Tras la derrota electoral, la líder efemelenista habla de un proceso de “remozamiento” del FMLN que pasa por hacer un pase de lista de su los militantes que perdieron. “No le puedo negar que unos compañeros de base que estaban afiliados se fueron, pero no me consta hasta que no comparemos los padrones. Cada directiva municipal tiene que revisar municipio por municipio”, dice la diputada.

Según Díaz, lejos de bajar, creció el padrón previo a las elecciones internas que dejaron a Hugo Martínez como candidato presidencial. Este es un dato que no pudimos corroborar con Zoila Quijada, secretaria de organización del FMLN, a quien buscamos para una entrevista desde el 3 de febrero.

“Mucha gente que apareció en televisión, antes que Nayib se hubiera inscrito ya se habían ido.  Personajes como María Chichilco antes de que naciera a la vida pública Bukele ya se habían ido. Muchas figuras históricas, en Tecoluca, ya se habían ido. No es que se fueron con Nayib. Hay gente que quiso ser candidato, no fue candidato, y tuvo problemas con compañeros. La primera separación visible en el partido se dio entre el 92 y 94. Lo de ahora para nada es algo que vivamos igual, nos estamos reorganizando. Esos fueron de otros tiempos”, valora la jefa de fracción.

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