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La urgencia de aprender  a dialogar

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Imaginemos un ambiente de aula, alguna por la que pasamos en la escuela o cualquier otra que recordemos o hayamos conocido. Concentrémonos en pensar en la organización de esta aula: la formación de los pupitres, la ubicación del profesor o profesora durante la clase; en fin, toda la dinámica de una clase. Ahora bien, invito a que nos preguntemos ¿cómo son las interacciones entre los profesores y los estudiantes dentro del aula? ¿Cuál es la forma más común o normal en la que se da una clase? ¿Quién es el que habla la mayor parte del tiempo durante la clase?

La organización y la interacción que tienen lugar en las aulas desde hace mucho tiempo, casi desde el surgimiento mismo de la escuela como institución, están caracterizadas por un escenario en el que el profesor está de pie frente a los estudiantes durante toda la clase, expone un tema o lo dicta, señala algo que está en el libro de texto y para finalizar da las indicaciones sobre algún trabajo o tarea para la siguiente clase. Por su parte, el estudiante se sienta frente al profesor y el pizarrón, escuchando, más o menos, depende si le interesa; si no, solo anota en su cuaderno lo que el profesor expone y recibe toda la información que el profesor da.

En esta organización del aula, el objetivo de la clase está únicamente en impartir los temas planteados en los programas educativos, provocando que las explicaciones de los libros de texto a manos del profesor se vuelvan el centro de la clase, lo que dificulta que los estudiantes analicen, cuestionen y saquen sus propias conclusiones a  partir del diálogo con sus compañeros o con el mismo profesor. Lo que tenemos como resultado es interacción más o menos jerárquica, donde la acción intelectual, la formulación de ideas y preguntas recae en la figura del profesor, tendiendo a la pasividad y poca capacidad que el estudiante podría desarrollar para crear, estructurar y dialogar su ideas con los demás.  Mi intención no es señalar responsabilidades del profesor o del estudiante, simplemente es reflexionar sobre cómo esta forma de interacciones y prácticas educativas que tienen lugar en el aula, dan poco lugar al diálogo y que, incluso, están tan sedimentadas en nosotros que cuando no sucede así, si estamos en posición de estudiantes, la reclamamos para “sentir” que es una clase y que estamos aprendiendo.

Utilizar el diálogo, la acción de hablar, interactuar y compartir ideas como estrategia pedagógica, o mejor dicho, una educación centrada en estos elementos desencadena ciertas capacidades en las personas: permite construir ideas y posturas propias, promover la reflexión, cultivar la crítica con nuestras propias posturas, con las de los demás y con los problemas de nuestra realidad. El diálogo nos enseña a tener la capacidad de reconocer y respetar al “otro” y de interactuar con sus ideas y posturas en el marco de una sociedad determinada. Y es que es así, el diálogo nos permite relacionarnos y conectarnos con los otros, nos permite reconocer al otro, escucharlo: con todo y sus ideas, sus posturas ideológicas, sus preferencias de cualquier tipo y entonces, aprender a consensuar.

Construir un diálogo reflexivo y crítico en nuestras aulas y escuelas es urgente, en El Salvador esto es urgente, pues constantemente nos encontramos con dificultades para compartir nuestras ideas, para escuchar al otro, para considerar puntos de vista diferentes a los nuestros y para tolerar la crítica. Necesitamos aprender a dialogar, no solo porque es parte fundamental de una educación para la ciudadanía, sino para fomentar y fortalecer en nosotros los salvadoreños la capacidad y la tendencia de interactuar a partir del diálogo y el debate respetuoso de ideas con aquellos con los que no coincidimos o muchas veces nos vemos enfrentados, en aras de transformar positivamente las carencias y retos que nuestro país nos está presentando hoy.

Carolina Bodewig es licenciada en Comunicación Social y actualmente cursa su maestría en Investigación y Desarrollo de la Educación en la universidad Iberoamericana de la Ciudad de México.  Puede seguirla en Twitter como: @bodewigcaro
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