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La ruta de buses que institucionalizó la extorsión

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En El Salvador, la extorsión que exigen las pandillas se ha normalizado tanto que existe una ruta de buses que descuenta a sus motoristas, directamente en planilla, para entregar un pago anual a la pandilla Barrio 18.  Los motoristas, resignados, lo entienden: negarse a pagar equivale a morir y denunciar,  en un Estado que ha perdido el control territorial, servirá de muy poco. 

Foto ilustración FACTUM/Salvador Meléndez

Un día, a principios de 2014, llegó un niño de unos 12 años al punto de buses. Yo estaba almorzando con otros dos compañeros en la caseta, cerca de donde parqueamos las unidades. El niño llegó todo sucio, con una ropa bien grande, y con un papel en la mano.

—Aquí les mandan este papel, dijo el niño. Dejó el papel en la caseta y se fue.

El papel tenía un mensaje bien claro: “A partir de hoy todos los motoristas nos tienen que dar una contribución especial de su salario si no quieren que atentemos contra sus vidas. Firma: El Barrio 18”.

El papel lo agarró uno de los que estábamos ahí y se lo hicieron llegar al gerente de la ruta. La cantidad que pedían era bastante fuerte por cada motorista. No recuerdo bien si eran doscientos o trescientos dólares. Inmediatamente el gerente convocó a una reunión y al siguiente día hablamos sobre eso.

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La historia la cuenta un motorista de una ruta buses del área metropolitana de San Salvador. La ruta, como casi todas en El Salvador, está siendo extorsionada desde hace años por al menos una de las dos principales pandillas del país: la Mara Salvatrucha y el Barrio 18. Sin embargo, esta ruta tiene una historia un poco más particular: decidió institucionalizar la extorsión e incluirla en la planilla de sus empleados sin disimulos.

Contar estas cosas, según lo dice el mismo motorista, es “delicado”. Que se sepa que él habló con detalles sobre lo que pasa en su ruta podría significar, con mucha suerte, un despido inmediato, y, con un poco menos, la muerte. Por eso pidió que no se diga su nombre y que se oculte el nombre de la ruta para la que trabaja.

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La verdad es que no había mucho que discutir. Todos los motoristas teníamos clara una cosa: a los muchachos hay que darles lo que pidan. La otra opción es negarse, y eso es como agarrar un papel y firmar nuestra propia sentencia de muerte.

El jefe nos explicó la situación a todos y dijo que le iba a llamar al palabrero de la 18 en la zona, al que se le paga la extorsión normal, y que iba a tratar de que le bajara a la cuota. Después nos dimos cuenta que eso vino de una información filtrada. Como que ellos se dieron cuenta que la ruta de nosotros tiene beneficios y que a los motoristas nos dan bonos y aguinaldo. Entonces decidieron cobrarnos aparte una cuota a nosotros también.

Desde entonces nos dijeron que nos iban a descontar dos veces al año una cuota para la pandilla. En total son $100 al año por cada motorista. Ese descuento nos lo hacen directamente en la boleta de pago. Ahí dice claramente “Extorsión Mara 18”, con todas sus letras.

Menos mal nosotros tenemos un beneficio de ahorro. O sea que a nosotros nos descuentan tres o cuatro dólares diarios y esos los ahorramos. Entonces, al final de año nos dan el ahorro. Pero a ese ahorro es que le hacen los dos descuentos para la extorsión.

Somos 46 motoristas de planta y otros 13 “diyeros”. A todos nos cobran cuota pareja. Haga cuentas, ¿cuánto es cien dólares por cuarenta y tres más trece? ¡Son miles! Y eso es solo a esta ruta. ¿Se imagina cuánto es por todas las rutas de todo el país?

Detalle de una boleta donde se muestra el descuento institucional que le hacen a los motoristas para pagar la extorsión a la pandilla Barrio 18. Foto FACTUM.

Detalle de una boleta donde se muestra el descuento institucional que le hacen a los motoristas para pagar la extorsión a la pandilla Barrio 18. Foto FACTUM.

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El motorista no lo sabe, pero algunos empresarios de autobuses se han atrevido a establecer una “cifra oficial” de la extorsión en todo el país, un pago que ronda los $26 millones al año. Eso, según dijo a principios de este año, René Velasco, uno de los empresarios que representa al sector Transporte ante el Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana y Convivencia.

 De acuerdo con Velasco, esta cifra es lo obtenido de multiplicar el promedio de extorsión exigido a los transportistas por las 10,500 unidades que forman la flota del transporte colectivo.  “Por lo general, llega gente a la unidad de transporte y amenaza al conductor. Les piden desde $10 hasta $50 por semana”, estimó Velasco, según lo publicado por La Prensa Gráfica.

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Uno siempre se siente mal. ¿Se imagina qué no haría yo con esos cien dólares? Yo tengo hijos, una esposa, una familia que alimentar. Y tanto que nos cuesta a nosotros ganarnos esas monedas para que ellos solo vengan a quitárnoslas.

No deja de dar cólera ver a un bichito todo seco que llega a quitarnos el pisto. ¡Un bichito seco que bien podríamos ser el tata cualquiera de nosotros! ¿Pero qué va a hacer uno? Nada. Lo matan.

La ruta donde yo trabajo está extorsionada desde hace un montón. Yo tengo más de cinco años de trabajar ahí y desde que llegué eso ya era viejo. Lo mismo en las otras donde trabajé antes. La diferencia es que en las otras los pandilleros se subían a cobrarle al motorista la cuota diaria. Eran uno o dos dólares, dependiendo la pandilla y la zona por la que pasáramos.

La ruta anterior en la que trabajé, por ejemplo, mandaba un paquetito de billetes en una bolsa con uno de los motoristas que salía desde el punto. “Allá se te va a subir uno en la gasolinera y te va a pedir esto. Dáselo y hasta ahí”, le decían a uno. Cabal. En la gasolinera se subía un bicho todo raro y le preguntaba a uno si le habían mandado la encomienda. Ya uno le daba la bolsita y él se bajaba. Tranquilo.

Aquí es diferente. Aquí la pandilla manda a gente diferente al punto de buses y preguntan directamente por el jefe. Con nombre y apellido. “Vengo a traer el bolado”, dicen. Y ya le entregan la mensualidad. Con todo el descaro del mundo. Ellos no andan con babosadas.

Por eso le digo que esto no pasa solo en esta ruta. Pasa en un montón. Lo que pasa es que a nadie le gusta hablar de esto. Es muy peligroso. Pero usted vaya y súbase a cualquier otra ruta y dígale al motorista. Hágase como que usted está interesado en conseguir trabajo ahí y pregúntele cuánto le descuentan a cada motorista para la extorsión. Si el chamaco es derecho le va a decir; no tiene por qué engañarlo.

No sé si todas las rutas se lo pongan en la planilla a los empleados, pero supongo que si es una empresa formal tiene que decir en la boleta de pago, así como aquí.

Yo no entiendo muy bien eso, pero la pandilla que más le saca el jugo a la ruta de nosotros es la MS. Porque pasamos por bastantes zonas de ellos. Pero como también pasamos por zonas de la 18, también hay que pagarles a ellos. O sea, que estamos bien jodidos pues.

Lo bueno es que al menos así no nos matan. Siempre es duro que le quiten el pisto a uno cuando tanto le ha costado. Pero solo así es que le puedo decir a mi esposa, en la mañana: “en la noche regreso”. Porque le digo que si no pagáramos todos los días fuera: “a saber si voy a regresar”.

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Un dato que dimensiona la frase del motorista, y que probablemente él tampoco sabe, es que unos 800 empleados del transporte colectivo (entre motoristas, cobradores y empresarios) fueron asesinados entre los años 2005 y 2014, según publicó a mediados del año pasado El Diario de Hoy.

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¿Denunciar con la policía? ¡N´ombre! ¡Esa sería la peor tontera que podríamos hacer! Mire, ¿usted ha visto una película que se llama “Durmiendo con el enemigo”? Pues algo así es como estamos nosotros. Nosotros convivimos con los pandilleros. Ellos están en todas partes. Se suben todos los días a las unidades, están ahí cerca del punto, tienen gente por las zonas donde pasamos. Si nos quisieran matar, nada les costaría. Y ellos bien fácil se dan cuenta cuando uno pone una denuncia.

Solo estar aquí hablando de este tema con usted es bieeen delicado. Es delicado porque hoy día uno no sabe con quién está hablando, ni a quién tiene a la par, quién está oyendo lo que uno dice. Aquí lo mejor es, como dicen los muchachos, “ver, oír y callar si de la vida quieres gozar”.

Por eso yo le digo, si quiere vaya al punto y pregunte por el gerente. Él le puede dar más información. Aunque si va a ir al punto, le recomiendo que vaya en carro. No vaya en bus porque ahí los bichos tienen bien posteado y se fijan quién llega. Yo lo que le puedo decir es que así como está en esa boleta de pago, y así como le he contado, así es la realidad.

Y no, no creo que esto cambie tan luego. Si yo tengo años y años de estar en lo mismo y cada vez va para peor. Aquí esto ya se está volviendo normal.

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Factum visitó las oficinas de la ruta en la que trabaja el motorista. Un vigilante nos recibió muy amable y trasladó el mensaje a la secretaria del gerente. Tras unos minutos de espera, sin preguntar de qué tema se trataba, el gerente mandó a decir que iba de salida, que lo buscáramos después.

Dos días después, este medio llamó por teléfono a las oficinas de la ruta y preguntó si se podía pactar una entrevista. La secretaria contestó y dijo que sí, pero que su jefe quería saber primero el tema a tratar. Al contestarle que era sobre pandillas y el cobro de la extorsión,  la secretaria comentó que volvería a consultar.

El lunes 7 de noviembre, Factum llamó nuevamente a las oficinas de la ruta. La secretaria trasladó un mensaje: “El señor anda fuera y casi que va a pasar fuera toda la semana, dice que no se puede”. Tres días después, el jueves 11, este medio volvió a llamar y pidió que al menos se nos diera una entrevista breve por teléfono.

El gerente contestó el teléfono.

— Aló. Sí, dígame.

— Le hablo de la Revista Factum. Hemos estado tratando de conseguir una entrevista con usted pero no se ha podido.

— ¿Y sobre qué quieren hablar?

— El tema es extorsión. Queremos saber cómo manejan ustedes este problema.

— No, no. De eso no le puedo hablar nada.

— Es que tenemos información de que ustedes le descuentan la extorsión a sus empleados en la planilla.

— ¡¿Y esa información quién se la ha dado?!

— Una fuente. No le puedo decir el nombre, pero quisiéramos hablar con usted en persona…

— No, no, no. Mire, entonces entiéndanse con quien les dio eso. A él pregúntenle todo.

El gerente de la ruta colgó. Tras varias llamadas sin respuesta, la secretaria volvió a contestar para decir que su jefe ya no podía hablar.

 

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