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La política como entretenimiento

La política es una variable del amor, diría el Papa Francisco. Es poner nuestras luchas, esfuerzos y capacidades propias en pro el bien común. Es decir, la política es servicio. Esta es apenas una vaga definición y caracterización de esta actividad humana, desde las ciencias políticas podrán brindarse muchas más definiciones, otros matices y caracteres. Pero ese no es el propósito de esta columna, más bien esta opinión pretende poner en perspectiva esta nueva tendencia o inclinación a volver los temas políticos una cuestión de puro entretenimiento, sobre todo en las redes sociales. Ausentes están el debate de altura, la argumentación de las posturas que se asumen, el cuestionamiento serio y bienintencionado. Presentes están la burla y el descrédito hacia el que piensa diferente, nos reímos de todo y lo ridiculizamos todo.

Cuánto se ha dicho y se seguirá diciendo sobre el papel de las redes sociales en las dinámicas políticas, sociales y culturales en la actualidad. Las redes sociales pueden ser una herramienta importante para contrarrestar el bombardeo unidireccional de grandes cadenas de noticias o de periódicos conservadores: permiten poner otros matices, difundir otras cuestiones, dar voz a quienes en otras plataformas no tienen la oportunidad de decir nada. Pero también, por el fácil acceso y difusión, las redes dan lugar a la manipulación, a la difusión masiva y rápida de noticias falsas que crean climas de opinión y desinformación que, tarde o temprano, restan calidad a la democracia. Hay una fiebre de periódicos digitales y fanpage dedicadas a la difusión masiva de notas y publicaciones para impulsar o desacreditar la imagen de este u otro candidato. Cualquiera puede crear un sitio web, poner un texto, una imagen, difundirlo en redes y… ¡ya está! Muchos lo han leído en cuestión de minutos pero, peor aún, muchos han configurado su opinión a partir de cosas que leen en sitios poco serios y luego van por la vida hablando de política creyéndose informados y formados. ¡Benditas redes sociales!

En una entrevista con el periódico español El País el escritor Umberto Eco, hablando sobre la influencia del internet en los medios de comunicación, decía que “internet puede haber tomado el puesto de periodismo malo…” Advertía que, si lees periódicos como el que lo entrevistaba, pues se puede confiar. Pero no te fías de periódicos como estos sensacionalistas que ahora abundan. Con internet sucede lo contrario, es decir, tienen más éxito este tipo de periódicos y sitios que hablan de complots o que inventan historias absurdas o, valga decir, estos medios digitales disfrazados de periódicos que hacen recorrido por las principales entrevistas y extraen lo que beneficia al candidato o personaje político al que sirven. Eco además había dicho ya una frase que ha recorrido el mundo por las mismas redes a las que él cuestiona: “Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas”. Idiota es una palabra usada en estos tiempos como un insulto, pero en su origen hacía referencia a aquel “que no se ocupa de los asuntos públicos, que solo se ocupa de sus intereses particulares”. Cuántos idiotas nos rodean.

No es lejana esa consideración de Eco a lo que está pasando en nuestra realidad salvadoreña. Cualquiera que se muestre crítico al quehacer político tradicional tiene un impacto en segmentos importantes de población, le basta un poco de creatividad para hacer un video de YouTube, colgarlo en las redes, decir algo extravagante y ahí va recorriendo de cabeza y cabeza y de boca en boca. Si corre con un poco de suerte, lo invita un exalcalde que entrevista y lo bautiza como analista político. ¿Es que acaso no tienen derecho a opinar? Claro que lo tienen y lo tengo yo que llego a ustedes con esta columna. No hay nada en contra de los personajes así, existen y seguirán existiendo, más bien advierto del riesgo de que convirtamos a la política en algo de puro entretenimiento y que nos perdamos en las oleadas de memes y ocurrencias alrededor de temas de gran relevancia. Hemos conmemorado recientemente veintisiete años de la firma de los Acuerdos de Paz en El Salvador y muy cerca de dónde se montó el acto oficial caminaban decenas de hijos de esta patria a los que no se les garantizan derechos básicos. Las caravanas que se han convertido en un tema de debate a nivel local e internacional y que nos hacen pensar en el fracaso de modelos económicos alejados de las necesidades de la gente. Modelos que, en plena campaña electoral, parecen marcar horizonte para todos los candidatos.

Recientemente en una entrevista Julia Evelyn Martínez, economista y docente universitaria, al referirnos a este tema ella señalaba que Honduras fue el país que más creció en indicadores económicos el año pasado y, curiosamente, fue ese país de donde partió la primera caravana de migrantes hacia Estados Unidos. Advertía que hablar de crecimiento y progreso no siempre significa algo bueno para la gente, porque más bien hay indicadores macroeconómicos que nos hacen caer en la trampa y la riqueza que se genera termina en las manos de unos pocos. Esas estructuras injustas no son cuestionadas por los candidatos. En el tema de las caravanas también las redes jugaron su papel de movilización, primero, luego en la difusión de casos específicos y hasta alcanzó para hacer memes. Pero, ¿qué tal si, así como se difundieron noticias y fotografías sobre el recorrido de la caravana, también tuviéramos la capacidad de poner en perspectiva estos temas de fondo que son los que, en definitiva, excluyen a miles de personas y las condenan a la pobreza? Esa es la realidad a la que nos enfrentamos y a la que no podemos volver la espalda. Ignorar esa realidad no significa que no lea noticias sobre eso sino que aún leyéndolas no se genere en nosotros por lo menos indignación que puede llevar a la movilización porque, como decía Eduardo Galeano, solo se indigna quien tiene dignidad. ¿En qué cree la gente en estos días? Parece que en nada, ni en los hechos mismos, tal cual lo sostenía Noam Chomsky en una entrevista también con El País.

Las redes sociales juegan un papel importante en los procesos electorales contemporáneos, inclinan la balanza a un lado u otro, crean climas de opinión, convierten en potable lo contaminado y en basura lo decente, dan carácter de serio a lo ridículo y ridiculizan lo serio, le dan megáfono abierto a cualquiera. Y, entre tantos gritos desaforados, no somos capaces de distinguir a las voces sensatas, preferimos reírnos de todo y creer que hacer un meme del político que nos saquea es suficiente. Está bien que, de vez en cuando, hagamos un ejercicio humorístico y nos haga reír el candidato de los mil municipios, a los que bien se puede viajar en el tren del otro candidato o se puede llegar saltando porque, total, esos saltos son con la fuerza de la gente… Pero no hagamos de la parodia y la estupidez la regla general a la hora de abordar los temas políticos, acá se necesita seriedad y compromiso, sobre todo entre los jóvenes a los que este país poco nos ofrece, para quienes la palabra esperanza significa tan poca cosa. Para nosotros este reto: Debemos hacernos cargo de la realidad, como decía Ignacio Ellacuría, pero con buen tino y seriedad.


*Mauricio Maravilla es egresado de Ciencias Jurídicas y conductor de entrevistas en Canal 8.

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