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La pandilla que mata a sus gais

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Un doble homicidio dentro del centro de Reinserción de menores de Tonacatepeque descubre una regla interna no escrita dentro de la pandilla Mara Salvatrucha: un pandillero, bajo ninguna circunstancia, puede ser homosexual. 

Foto FACTUM/Archivo


En medio del silencio de la noche se escucha una sábana rompiéndose en jirones. El Garra y el Smoker se cuidan de no hacer tanto ruido para no ser descubiertos por los custodios. Junto a ellos están el Weekend de la clica Fulton, el Little Crazy de Park View y El Payaso de Proyectos. Los cinco son pandilleros de la Mara Salvatrucha recluidos en el Centro de Reinserción de Menores de Tonacatepeque y se preparan para matar a dos de sus hermanos.

Los adolescentes apuñan rápidamente los pedazos de tela y avanzan, sigilosos, entre los catres donde duermen sus demás compañeros; caminan buscando el camarote de sus víctimas. Es cerca de la media noche. Es septiembre. Los pandilleros saben bien lo que tienen que hacer.

En la parte de arriba de una litera están durmiendo dos pandilleros. Dos jóvenes. Uno de 16 y el otro de 17 años. Encontrarlos juntos en la misma cama aumenta las ganas de matarlos que ya traen sus verdugos. Es solo un agravante: su sentencia de muerte está firmada desde hace rato. Los dos pandilleros son homosexuales y, con eso, se han ganado la muerte.

Las células mínimas de la Mara Salvatrucha se llaman clicas. Cada clica de la MS tiene cierto grado de independencia, aunque siempre está sujeta a una célula mayor llamada Programa y esta, a su vez, a la Ranfla. Así, cada clica tiene también sus propias reglas. Aunque variadas, las reglas de las diferentes clicas tienen similitudes. Muchas de ellas, de hecho, se repiten. “No matar a familiares de homeboys”, “no violar a familiares de homeboys”, “no colaborar con la policía”. Cada regla tiene su propio castigo para quien no la cumpla. Estos van, según la regla que se quebrante, desde una golpiza hasta la muerte.

También hay reglas que, aunque no están escritas en ninguna parte, se repiten en todas las clicas. Una de esa es no ser gay. Ningún pandillero puede, bajo ninguna circunstancia, ser homosexual.

Esta es la historia de dos pandilleros adolescentes que faltaron a esa regla y fueron descubiertos. La cuenta uno de los emeeses que hizo cumplir la ley de su pandilla. La cuenta a través de una entrevista con la Fiscalía, luego de que él también traicionara a la MS y se hiciera un testigo “criteriado” y relatara todos los crímenes que cometió junto a sus hermanos. La cuenta un pandillero que, de ser encontrado por sus excompañeros, tendría segura la muerte.

La tarde del 18 de septiembre de 2010, un grupo de adolescentes, miembros todos de diferentes clicas de la Mara Salvatrucha, se reunió en el sector tres del Centro de Menores de Tonacatepeque para discutir una situación grave. Este reclusorio, exclusivo para menores de la MS, está dividido en dos zonas, una para los “condenados” y otra para los “temporales”, los internos que esperan a ser juzgados, como los que estaban reunidos aquella tarde.

No hay contacto directo entre los temporales y condenados de este recinto. Está prohibido que se vean o se hablen, por eso los pandilleros llamaron por teléfono a Jhonatan de Jesús, alias El Infierno, y lo pusieron en altavoz. El Infierno, un pandillero condenado de la clica Proyectos Locos Salvatruchos, era para entonces el “encargado” del reclusorio y era quien tenía que saber lo que estaba sucediendo al otro lado de su prisión.

Las evidencias habían sido más que suficientes. Todos en el grupo de emeeses del sector de “temporales” juraban haber visto un indicio, una señal, un comportamiento extraño en dos de sus hermanos. Otros decían que lo habían visto todavía más claro: “a los dos homeboys los hemos visto de maricas, los dos se meten a los baños y se quedan buen rato ahí cogiendo. Hay que matarlos”, dijo El Garra en aquella ocasión para justificar la solicitud de muerte.

Los pandilleros que habían cometido la falta eran Hugo René Ayala, de 16 años, alias El Vago de Santa Lucía Criminal Locos Salvatruchos; y Dennis Barrera, de 17 años, alias El Tramposo de ParkView Locos Salvatruchos. El primero estaba acusado del delito de homicidio agravado y el segundo por agrupaciones ilícitas, es decir, por pertenecer a la pandilla.

Sorprendido, el Infierno pidió a los jefes de los temporales que investigaran más, que reunieran a todos los que decían haber visto un comportamiento homosexual en sus dos hermanos y que le volvieran a llamar luego. “No se puede estar jugando así con la vida de dos homeboys”, dijo. Mientras tanto, él informaría a sus superiores.

La Mara Salvatrucha es por naturaleza un ser violento. Es misógino, machista y homofóbico hasta los tuétanos. Y no es por nada, la sociedad salvadoreña, como lo recalcan diferentes organismos nacionales e internacionales, comparte – en gran medida – esas características de sus pandillas. Pandillas que se alimentan de esta sociedad y que a su vez la alimentan. De eso da fe, por ejemplo, un informe realizado por varias oenegés del triángulo norte llamado “Violentas y Violentadas: relaciones de género en la Mara Salvatrucha y Barrio 18”, un documento realizado a partir de una serie de entrevistas a pandilleros y ex pandilleros de Honduras, El Salvador y Guatemala.

Para muestra, un párrafo de lo que concluye el informe:

“Las mujeres son consideradas sujetos subalternos en un sistema de dominación patriarcal; también lo son todas las personas consideradas de menor categoría desde la visión del sujeto dominante. Por ello, la homosexualidad es impensable para las maras y pandillas, a menos de que se dé en el marco de una violación de un hombre a otro, para castigarlo”.

No es casualidad, entonces, que los pandilleros de la MS llamen a sus enemigos a muerte “chavalas”, un término usado para referirse a las niñas.

Ejemplos de misoginia también sobran. “Así viven y mueren las mujeres pandilleras en El Salvador”, una investigación publicada por Factum en marzo de este año, bien resume lo que a diario pasa en los barrios y colonias del país.

“En febrero de 2005, un pandillero de la Mara Salvatrucha conocido como El Crimen llegó a la colonia Iberia acompañado de una mujer de unos 30 años de tez morena. La dejó hablando con los pandilleros de esa colonia y habló con el jefe. Le dijo que traía a esa ´leona´ a que la mataran. Según dijo, ella había roto su relación con un pandillero de la Mara que estaba en prisión.  Dejó de ser su mujer y por ende de visitarle. Lo consideraron una traición hacia toda la pandilla”, dice un párrafo de la investigación.

Un corredor de lo que fue un Cuartel del Ejercito Salvadoreño y posteriormente convertido en Prisión, servia de dormitorio para los cientos de pandilleros de la Mara Barrio Dieciocho recluida en esta prisión, donde vivian de hacinamiento. El Gobierno de El Salvador clausuró la prisión por no lograr controlar los ilicitos de los pandilleros dentro de las instalaciones. FOTO FACTUM/Salvador MELENDEZ

FOTO FACTUM/Salvador Meléndez

La historia de El Vago y El Tramposo es similar.

Llegada la tarde del 22 de septiembre, cuatro días después de la llamada con el Infierno, los pandilleros “temporales” se reunieron en el sector uno para planificar la muerte de sus dos hermanos. Esta vez fue el Infierno quien llamó al teléfono que tenían los temporales y les preguntó por el resultado de la investigación que les encargó. Todos los testigos sostuvieron sus afirmaciones: los dos homeboys eran gays, le dijeron.

El Infierno dijo que había hablado con la ranfla en los penales de adultos, incluidos a los de las clicas Park View y Santa Lucía Criminal. La orden estaba dada: había que matarlos.

En medio del silencio de la noche, una sábana rompiéndose en jirones. El Garra y El Smoker, los dos designados para preparar las herramientas, tratan de no hacer mucho ruido para no llamar la atención de los vigilantes. Junto a ellos están también Weekend de la clica Fulton, el Little Crazy de Park View y El Payaso de Proyectos. Los cinco se preparan para matar a dos de sus hermanos.

Avanzando sigilosos, los cinco pandilleros adolescentes llegan a la litera donde están El Vago y El Tramposo. Los encuentran retozando en el mismo colchón y eso los enfurece aún más.

El Garra le dice a ambos que bajen del catre, que tienen que resolver un asunto sobre un robo que se dio en el sector. Los pandilleros contestan que está bueno, pero que si es posible que lo hablen al día siguiente, cuando haya amanecido. Pero El Garra insiste y les advierte que si no obedecen los van a moler a patadas. El Vago y El Tramposo aceptan y caminan hacia los baños. Era cerca de la medianoche del 22 de septiembre.

Cuando llegaron a los baños, se encendió la luz. El Tramposo vestía únicamente un bóxer color café con cuadros blancos; El Vago usaba pantalón y camisa.

Tonacatepeque es uno de los centros para reclusión de menores en conflicto con la ley que peores condiciones ofrece a sus internos. Así lo dicen al menos dos informes realizados en 2008 y 2009, poco antes de que la muerte de El Vago y el Tramposo. Para entonces, según los documentos elaborados, uno por la Corte Suprema de Justicia y otro por FESPAD, en ese reclusorio había más guardias que psicólogos.

Las encuestas realizadas en el marco de los dos estudios revelan que los internos eran – y siguiero siendo al menos hasta el 2014 – víctimas de abusos por parte de los custodios. La comida era tan mala que a muchos les causaba enfermedades estomacales y había tan pocas las posibilidades de rehabilitarse que, con el paso de los años, su aislamiento solo logró fortalecer su identificación con las pandillas.

Una vez estando en los baños, nadie pidió mayores explicaciones. Todo estaba dicho, visto y oído. El Weekend y el Smoker se abalanzaron sobre El Vago, dándole de patadas y puñetazos en el estómago y en la espalda, mientras este hacía lo que podía con sus brazos para protegerse la cara y los genitales. Luego, sus verdugos sacaron el pedazo de sábana que le correspondía, y se lo enrollaron en el cuello hasta asfixiarlo.

El Garra y el Little Crazy hicieron lo mismo con El Tramposo.

Los dos cuerpos quedaron tirados en el centro de los baños, frente a una regadera que no servía y un inodoro mal cerrado. Entonces sobrevino una idea de última hora.

El Little Crazy y el Smoker sostenían los cuerpos amarrados del cuello con la sábana, mientras El Payaso amarraba la otra punta de un polín metálico del techo. El Tramposo y El Vago quedaron colgados frente a frente. Uno al interior del cubículo del inodoro y el otro en el cubículo de la ducha.

La lógica de colgarlos era para intentar despistar, pensaron. Pero al final fue más un juego. Todos estaban conscientes de que nadie iba a creer que los dos pandilleros se habían golpeado mutuamente y luego ahorcado al mismo tiempo.

Los pandilleros se fueron y dejaron a sus hermanos colgados. La sentencia estaba cumplida.

A las 6:30 de la mañana, cuando los guardias se dedicaban a hacer el recuento de internos, sonó una alarma. El centro se declaró en estado de emergencia y trasladaron a todos los del sector uno al área de visitas íntimas. Habían descubierto los dos cuerpos sin vida.

La noticia no se hizo esperar. Los medios de comunicación informaron a la brevedad de los dos muertos dentro del centro de reinserción de menores; sin embargo, nunca se supo públicamente los motivos por los que El Tramposo y El Vago fueron asesinados. Nunca se supo que ambos, por gustarse y juntarse a solas en los baños, rompieron una de las principales reglas de la pandilla, y se ganaron la muerte.

Años más tarde, en una mañana de diciembre del 2016, un pandillero retirado del Barrio 18 también asegura que lo mismo pasa en la que un día fue su pandilla. Dice que ser “marica” es imperdonable en la pandilla. Cuenta cómo en los penales se descubre a muchos con “esos gustos”. Lo cuenta como una tortura para él que lo vio todo.

“Lo más duro es que uno se da cuenta que (en el penal) tienen como marica a alguien que ha pertenecido a la pandilla de uno. Que él se deja. Para mí era duro (ver eso) porque… o sea, uno cuando está en la pandilla es cabal y eso en la pandilla es algo imperdonable. Es la muerte”, dice el ex pandillero.

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