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La noche en la que los “Peppers” conquistaron al país del “Chili”

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Revista Factum acudió al Palacio de los Deportes, en la Ciudad de México, para atestiguar el show de uno de los referentes mundiales de la música: Red Hot Chili Peppers, la banda californiana que ofreció un par de conciertos, como parte de la gira “The Getaway World Tour”.

Fotos Fernando Aceves/Cortesía de OCESA


Basta revisar la cantidad de conciertos que Red Hot Chili Peppers ha ofrecido durante la gira mundial en la que han promocionado el disco “The Getaway” para comprender que este emporio musical es infatigable. En dos años, RHCP ha ofrecido 145 conciertos around the world, una cifra impresionante para una banda que ha vivido sus excesos, y con la que superamos los dos siglos, si sumamos las edades de cada integrante del cuarteto.

La del miércoles pasado (13 de Octubre) fue la segunda fecha que la banda californiana ofreció durante su paso en la Ciudad de México, un lugar donde han llevado tres giras en una década. “The Getaway Tour” permitió la oportunidad de escuchar en vivo los temas de su más reciente producción —del mismo nombre—, un disco en el que la banda demostró haber carburado ya en la plenitud de la integración de Josh Klinghoffer en la guitarra y en la composición.

Por ser, además, la segunda fecha, ‘los Peppers’ se permitieron un set list que incluyó canciones no muy habituales en su repertorio, algo que sus seguidores más die hard agradecerían.

Con más pena que gloria, el músico estadounidense Louis Cole fungió como telonero. Su música, de corte indie y electrónico, no fue muy bien recibida por los 22 mil asistentes, quienes ya comían ansias porque comenzara el espectáculo por el que en realidad habían pagado.

Desde el techo del Palacio de los Deportes colgaba una muralla de rodillos lumínicos. Para entonces, muy pocos entendían cuál sería su función. Hasta que las luces se apagaron, y el baterista Chad Smith trepó en la bestia rítmica que por tantos años ha domado a golpes. El trío instrumental castigó al silencio con un jamming de improvisación. La banda apenas calibraba decibelios, el público aprestaba la euforia, los técnicos manoseaban la consola y la fiesta, por fin, se daba por inaugurada.

Fue el inconfundible riff del tema “Can’t stop” el que hizo estallar en júbilo a la multitud. Los bulbos cenitales se activaron y sus luces llenaron de asombro a quienes contemplaban absortos el sube y baja que articulaba distintas figuras. Un espectáculo sin igual. El diseño de esta obra es responsabilidad de Scott Holthaus y Leif Dixo. Y para entenderlo mejor, sugiero una visita al siguiente enlace. Esta apuesta visual es solo una muestra del ímpetu de innovación que ha caracterizado a RHCP a lo largo de sus 34 años de historia.

De esa historia, Red Hot Chili Peppers proponía la fase de comienzos de nuevo siglo, cuando su sonido comenzaba a desprenderse del funk que siempre los caracterizo y mutó hacia un rock pop cada vez más recurrente. Fue así como sonó el tema “Dani California”, el mismo que en 2006 presentó a “Stadium Arcadium” en sociedad, y cuyo videoclip repasa las distintas etapas visuales que la música popular ha experimentado con el paso del tiempo.

 
*Curiosidad sobre Dani California: ¿alguna vez han escuchado la similitud que tiene con la canción “Mary Jane’s last Dance” (original de Tom Petty)? Pues el parecido es tan grande que muchos pensaron que los RHCP podrían haber sido demandados, algo que nunca llegó a ocurrir.

 

Le siguió uno de las canciones más finas, infravaloradas y exquisitas de la discografía ‘pepper‘. Hablo del tema “The Zephyr Song”, una canción que, a manera personal, siempre entendí como una versión actualizada, psicodélica y rítmica de “Breaking a girl”, aunque el beat no le robe la sed de adrenalina que la lírica implora.

Este es el video de cómo se vivió la interpretación de la rola durante el concierto y que muestra cómo los efectos de luces encajan muy bien con la esencia de la canción (especialmente en el solo de guitarra, minuto 2:20):

Algo notable estaba ocurriendo, algo que no se ha dado sino hasta la presente gira: la banda se hacía acompañar de músicos extra, músicos de apoyo en el piano (principalmente) o con un bajista que ayudó a Flea a interpretar “Go Robot” tal y como fue grabada en el estudio. Y aunque ninguno de ellos adquiría demasiado protagonismo, sí puede decirse que el sonido era más completo.

Este complemento fue mucho más notorio en la siguiente canción que aparecería en el set, y que fue la primera que ejecutaron del nuevo disco: “Dark necessities”, un tema que posee arreglos de piano que construyen el esqueleto armónico de la composición.

A continuación apareció en escena la canción que puso a prueba los conocimientos de los más entendidos y fanáticos de la banda: “Mommy, where’s Daddy”, un tema que apareció en el autodenominado disco debut de RHCP, allá por 1984, una rareza en todo su esplendor.

El siguiente video capta el momento:

La energía subiría con “Me and my friends” y “Go robot”, pero encontraría pausa en “Californication”, que hasta el momento se convirtió en la canción más coreada por el público. Fue en esta rola cuando los bulbos de luces formaron las figuras más espectaculares. La canción que habla sobre el deterioro (moral, principalmente) de la ciudad (y Estado) que tanto aman los integrantes de RHCP fue un momento que había sido anhelado por los asistentes.

Hacían falta canciones del disco “Blood sugar sex magic”, y la banda no se fue por lo fácil. Eligieron un Lado B, una rola no tan popular, pero no por ella carente de emociones. Se trataba de “The power of equality”, uno de los temas que muestra el reclamo por los abusos raciales y la inspiración que la banda encontraba en el rap de allá por finales de la década de los noventa, especialmente del grupo Public Enemy.

No todo fue perfecto en la interpretación de las canciones. “Sick love” es una de las mejores rolas de “The Getaway”. Sin embargo, para cuando sonó en este concierto, parecía que RCHP ya comenzaba a acusar cierto cansancio, por lo que el tema sonó un tanto carente de la energía que sí logra captar en su versión original.

Las siguientes cuatro canciones parecieron un duelo entre los que quizás son los dos mejores discos de la banda: por un lado sonaron “Suck my kiss” y “I could have lied” (de vibrante momento nostálgico); y por otro, sonaron “Don’t forget me” y “By the way”.

Así llegaría el encore del show. Y llegaría también el tributo que el grupo había preparado para sus anfitriones. En pantalla aparecieron imágenes de mucha gente que colaboró en las tareas de rescate y reconstrucción tras los terremotos que sacudieron a México el mes pasado. La emoción del público llevó a gritos y consignas patrióticas y a un emotivo aplauso monumental en agradecimiento por ese detalle.

Luego vimos únicamente a Josh sobre el escenario. El guitarrista demostró que no solamente es un buen instrumentalista; es también un gran cantante. Su interpretación del cover de Morrisey (“I know it’s gonna happen someday”) fue notable y fungió perfectamente para afrontar las últimas dos canciones del concierto: “Goodbye Angels” (que pareciera ser la apuesta principal que la banda siente para su último disco) y la energía de “Give it away”.

Atrás había quedado una noche memorable, la noche en la que RHCP le demostró al público mexicano porqué son, todavía, un gigante que arrastra tanta fama y popularidad en el mundo.


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#Música