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La Ley renace y busca adaptarse

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El tiempo no perdona. Das un pestañeo y ya pasaron veinte años. Pareciera reciente el momento en que una de las agrupaciones más importantes de la música chilena vivía las mieles de la popularidad continental que le heredó su disco más importante: “Invisible”, de 1995. Pero no. Ya pasaron dos décadas. Pasaron baches, separaciones y silencio. La Ley mutó a silencio. Y fue hasta el año pasado que decidieron retomar su carrera. Del segundo romance nació “Adaptación”, un disco que fue presentado en México DF el pasado fin de semana, cita en la que estuvo presente Revista Factum.


Beto Cuevas debe ser vampiro. Lo vi en concierto por primera vez hace veinte años, en el Gimnasio Nacional “Adolfo Pineda” de San Salvador, y el tipo ha cambiado muy poco. Su presencia permanece impecable, como también su voz. Lo que ya no es lo mismo es la banda que lo lanzó a la fama.

La Ley ha mutado, ha sobrevivido al temor a envejecer. Se ha adaptado. O al menos eso intenta…

En algún momento del concierto que el viernes 8 de abril La Ley ofreció en el Plaza Condesa de la Ciudad de México, el cantante de La Ley confesó lo siguiente:

“¿Ustedes saben cómo fue posible el reencuentro de La Ley? Ocurrió en un concierto del grupo Fobia. Mauricio (Clavería, el baterista) tocaba con ellos aquí en México y me invitaron a cantar una canción. Ahí volvimos a sentir la magia y dijimos: ¿por qué no? Ya solo quedaba llamar a Pedro (Frugone)”.

Ni Pedro, ni Mauricio, ni Beto. Ninguno de ellos estuvo en la gestación inicial de La Ley. Ese era un proyecto que llevaba el sello de otros personajes (Andrés Bobe y Rodrigo Aboitiz), pero ahora sería muy difícil imaginar a la banda sin los apellidos que echan a andar su maquinaria. Mauricio es un acróbata de las percusiones y caza perfectamente con los múltiples loops y pistas que operan en sus shows en vivo; Pedro encuentra en la sutileza su arte y subsiste en el delay y el chorus con figuras armónicas de notable producción; mientras que Beto es el sello, el polo que atrae las lupas y doma a la bestia de un público que ha aprendido a madurar.

El concierto del pasado viernes es el mismo que La Ley ya giró por su Chile natal en el mes de marzo, un repaso de éxitos y la presentación formal de “Adaptación”, su octavo hijo parido en un estudio. Fue la manera de satisfacer a quienes nunca dejaron de apoyarlos —con lados B de su discografía—, pero también arrastrarlos al concepto actual: una banda que está más cerca de “Uno” (2000) y más lejos de “Invisible”. Esto debido a la simpleza de las composiciones, una decisión que no necesariamente es sinónimo de mediocridad.

Video con algunas de las canciones del concierto: Prisioneros de la piel, Reino de la verdad, Ya no estás, Aquí, 1-800 Dual, Animal, Paraíso (con Paco Huidobro, de Fobia), Doble opuesto, Eternidad, Fuera de mí, Intenta amar, Cielo market, Child y El duelo.

 

El concierto inició con un tema nuevo: “El borde”, que nos mostró un poco de qué va un concierto de La Ley en 2016. No hay teclados (¡se te extraña, Rodrigo Aboitiz!), hay pistas (muchas) de colchón. Hay un sonido envolvente y una base sólida de bajo y batería. Subsiste a la vez el estilo, el pop y el rock con estribillos en francés, marca de la casa.

A continuación le siguió el duplex de la nostalgia más remota: “Tejedores de ilusión” y “Prisioneros de la piel”, el trayecto sonoro de la banda entre los años 1991 y 1993, justo antes de explotar mediáticamente en toda América Latina.

Distintas cámaras fueron colocadas para captar las incidencias del concierto y transmitirlas en una pantalla gigante ubicada tras el escenario. Aquello le daba dinamismo al show y podía apreciarse de mejor manera en canciones nuevas, como “Reino de la verdad”, uno de los mejores temas del disco “Adaptación”, del que también sonaría “Ya no estás”, con lyric video incluido. Notable fue la ausencia de una canción del nuevo disco: “Guerras de amor”, una de las más destacadas de la producción que fue publicada el 17 de marzo de 2016.

Llegó entonces el momento de escuchar la primera canción de “Invisible”, disco del que Beto Cuevas afirmó que le debían mucho, pues les habría abierto las puertas de México, un país al que se mudaron entonces (a mediados de los noventa) para operar como base de trabajo, una decisión que por entonces no fue muy bien recibida en Chile. Sonó “Hombre” y la fanaticada lo agradeció en gran manera.

Seguiría el concierto con más clásicos: el coro contagioso de “Aquí”, la cadencia exquisita de “1-800 Dual”, el delay guitarrero en “Animal” y la intervención de Paco Huidobro (guitarrista de Fobia” en una canción que no solía ser parte de los set lists de la banda en el pasado: “Paraíso”, del disco “Uno”).

Beto Cuevas explicó también cómo La Ley es una banda que suele componer canciones en inglés o francés y que no lo hacen por simple pose o esnobismo, sino que les nace. Esto sirvió para presentar el tema “Soul Chauffeur”, única rola de “Adaptación” no escrita en castellano, y que posee un estilo pop fiestero muy anglo.

Previo al encore se pudo disfrutar de más éxitos del pasado, entre canciones consagradas como “Fuera de mí”, “Intenta amar” o “Doble opuesto” como también de rarezas, como el placer de haber escuchado canciones no tan populares, como “Eternidad”.

Pero el momento cumbre llegó con “Día cero”, canción en la que La Ley no solo volvió a invitar a Paco (de Fobia), sino también a su compañero de maniobra, el cantante Leonardo de Lozanne, lo que provocó un maremoto de alaridos femeninos.

El cierre del show dio la oportunidad de conocer más de “Adaptación”. La canción “Child” fue la elegida. Se trata de un tema en el que Beto aprovecha la guitarra acústica para darle vida a una composición muy Lennon y que habla de cómo el instinto precoz debe pausar las ansias de comerse a la vida.

Con dos de las canciones más esperadas llegaría el final. Primero fue “Mentira”, quizás la rola más popular en la historia de La Ley y que sostuvo varios años de su ocaso, firmado en aquel disco acústico grabado para la cadena MTV. Finalmente llegó “El duelo”, que fue interpretada con respeto a su versión original, con el juego de palmas con el público y la energía jamás alcanzada por aquella interacción con Ely Guerra.

La Ley propone una “adaptación”, aunque su sonido aún no encaja demasiado con la escena dominante en países como el suyo (Chile) o en México, donde corrientes disímiles han tomado la estafeta. Sin embargo, la agrupación siempre mantendrá la fidelidad de quienes siempre les han acompañado. Para una banda de este calibre, eso ya es más que suficiente.


*Crédito de foto principal: cortesía de Héctor Suárez.
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