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La buena salud del teatro en El Salvador

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Roberto Salomón, Premio Nacional de Cultura 2014, es el director de teatro más prolífico y reconocido de El Salvador. Actualmente es director artístico del teatro Luis Poma de San Salvador, al que ha convertido en el epicentro de las artes escénicas de la capital salvadoreña. En este texto reflexiona sobre lo mucho que ha avanzado el teatro en los últimos años y los retos que esto trae consigo.

 Foto de René Figueroa


Como director artístico del Teatro Luis Poma descubro -con enorme satisfacción- la cantidad abrumadora de proyectos teatrales y demandas por espacio que propone la gran diversidad de operadores teatrales del país. Constato que:

  • Nunca antes se había visto tal cantidad de producciones en el medio.
  • Nunca antes había existido un teatro que mantuviera una cartelera variada y constante.
  • Nunca antes ha habido tantos grupos de teatro universitario.
  • Raras veces se había visto la afluencia de público como en la actualidad.
  • Hace cuarenta años que no se veía a tanto joven formando grupos de teatro.
  • Hace setenta años que no se le daba tanta importancia a la dramaturgia teatral.
  • Raras habían sido las veces en que se podía constatar solidaridad entre teatreros.
La producción teatral:

Producir una obra de teatro no es tarea fácil. Además de saber encontrar o crear el texto adecuado, los actores y director responsables, es necesario trabajar correctamente las áreas de escenografía, vestuario, utilería, maquillaje, sin hablar de la luminotecnia y el sonido. Luego está todo lo concerniente a promoción, publicidad, proyección de imagen, etc. ¿Por qué meterse a este trabajo titánico? Sencillamente porque se tiene algo que decir, porque en el artista impera la necesidad y la obligación de comunicar con su sociedad a través del don que ha recibido. Pero, solo, nadie puede cubrir todas estas áreas. Por su naturaleza misma, el teatro tiene que ser un trabajo de equipo, una comunidad entera. Lograr llegar al estreno es ya casi un milagro.

La casi totalidad de teatreros tienen trabajo de sustento diario y no gozan de las mejores condiciones para reunir las energías que exige la creación escénica. Sin embargo, la buena salud de nuestra producción teatral ya nos permite sobrepasar las nociones nocivas de que “es un buen esfuerzo” o “no está mal para El Salvador”, y muchos artistas escénicos ya no aceptan esas nociones y se esmeran para que su trabajo tenga un nivel que no solo es admirado internacionalmente, sino también premiado.

Espacios de representación:

A menudo se oye decir que en El Salvador no contamos con suficientes espacios de representación para las artes escénicas. Es falso. Hay muchos espacios. El problema es que esos espacios no se utilizan como teatros. Existe en nuestro medio una buena cantidad de salas, de viejos cines y de espacios que podrían transformarse en teatros con gastos realistas y sin mayor dificultad. También existen varias salas bien equipadas que no fungen como verdaderos teatros. Y no se trata solamente de la capital. Santa Ana cuenta con el teatro más bello de la república, San Miguel también tiene un teatro nacional que podría ser orgullo de oriente.

Además de un equipamiento adecuado, un teatro debe contar con una programación constante que refleje un rumbo artístico, una voluntad de calidad estética, una comprensión de que el montaje de una obra de teatro necesita tiempo de ensayo in situ, y un equipo técnico y administrativo que entiende que está en función de la obra que se presenta y no al revés.

Pero en tanto no se tenga una voluntad política y una visión que comprenda lo poderoso que pueden ser las artes escénicas para lograr la paz que se supone tan anhelada, la mayoría de espacios seguirán siendo el equivalente de talleres de automóviles a los que se llega por orden de cita.

Los actores:

Los intérpretes: Se puede afirmar con seguridad que nunca antes había contado El Salvador con tantos buenos actores. A pesar de que, a diferencia de otras profesiones igualmente importantes en una sociedad funcional, en el país no se cuenta con centros de formación sistemática en artes escénicas, aquí se ha desarrollado una calidad de actores que a menudo suscita la admiración en la región centroamericana. Esto se ha debido a la sed de aprendizaje de muchos jóvenes y a la existencia de teatros universitarios que siguen siendo los semilleros de artistas escénicos.

Los directores: En cuanto a directores, contamos con varios talentos que a menudo tienen que buscar oportunidades en otras latitudes. Y, a menudo, no regresan al país.

La dramaturgia:

Shakespeare lo dijo claramente: “The play is the thing”, o sea que lo más importante es el texto, o guion. Un buen texto con el que el público pueda relacionarse suscitará interés en la obra. Allí es donde estamos a falta de dramaturgia. Antes, al ver que sus obras no eran montadas, dramaturgos talentosos se alejaron del teatro. Ahora sucede lo contrario. Varios artistas talentosos de teatro y de cine asumen, equivocadamente, el rol de guionista y crean obras patojas que no logran cuajar enteramente.

El público:

Nunca antes se había presenciado tal interés por el teatro en nuestro país. El público está cada vez más interesado en obras que le diviertan y que hablen de la realidad circundante. Es de suma importancia que ese público se siga desarrollando. Ya no estamos en la “etapa del milagro”, es decir en pensar que una obra es buena porque llegó al estreno a pesar de dificultades enormes. No es porque un espectáculo llega a su estreno que necesariamente es bueno. Tienen que intervenir todos los actores arriba citados y también la gestión. El público se vuelve más y más exigente.

Todos los teatros:

Las ciudades que ofrecen espacios culturales de esparcimiento suelen tener varios teatros que funcionan a tiempo completo, lo que permite que cada teatro tenga una cierta “especialización”. Existen, entonces, un teatro para dramas, uno para comedias ligeras, uno para comedias inteligentes, uno para teatro experimental, uno que presenta los clásicos, uno que ofrece plataformas para nueva dramaturgia, uno para stand-up, uno para el arte circense, etc. También se podría imaginar un teatro que se especialice en presentar proyectos en desarrollo, ya que pocos proyectos surgen como Atenea, enteramente armada para la vida. Foros abiertos al público contribuirían a que el proyecto evolucione.

El teatro Luis Poma:

Al no contar con un gran número de teatros que funcionen como tal, el teatro Luis Poma se ha visto obligado a ser todos estos teatros a la vez. Al principio, había que buscar los espectáculos para llenar la programación. Hoy, la producción local ha incrementado tanto que tenemos que operar una selección que, forzosamente, deja fuera a algunos proyectos. Urge que existan otros teatros subvencionados, ya sea por el Estado o por la empresa privada; es una necesidad.

Comenzó en 2002 como un proyecto que duraría tres meses y hoy cumple 15 años de temporadas constantes. Un teatro en un centro comercial, enteramente subvencionado, con precios accesibles, presentando obras de calidad en un continuo festival que dura 9 meses cada año, con un apoyo logístico, administrativo y técnico. Un hecho insólito en El Salvador.

Durante estos 15 años ha ido creciendo el público. La programación previa -con fechas límites- permite a los artistas locales soñar con llevar a cabo sus proyectos y a la vez tener la obligación de cumplir metas. El hecho de que un grupo pueda presentar su obra varias veces seguidas contribuye a la profesionalización. La galería ofrece a jóvenes artistas un estuche perfecto donde exponer. El teatro está creciendo en El Salvador y el teatro Poma contribuye a ello.

Pero hay un reverso a esta moneda.

El teatro Luis Poma no puede cubrir todas las nuevas exigencias de la profesión, pues las 38 semanas que programa por año ya no podrán darle cabida a la plétora de proyectos valiosos que está produciendo el teatro salvadoreño. Y sería una lástima verse obligados a repartir un solo pastel entre tantos convidados.

Y, como sencilla conclusión, quiero atraer la atención a los muchos estudios que han arrojado resultados que demuestran que las artes escénicas son una bonanza para la economía de un país.

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