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La aldea McLuhan

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“La tecnología eléctrica está directamente relacionada con nuestro sistema nervioso central, por lo cual es ridículo hablar de «lo que el público quiere» (…) Una vez que hemos entregado los sentidos y el sistema nervioso a la manipulación privada de personas dispuestas a arrendar nuestros ojos, oídos y nervios, no nos queda en realidad ningún derecho”.

—Marshall McLuhan (1964)


Acción y reacción ocurren casi al mismo tiempo. Nos encontramos en la edad de la ansiedad en la que cada “modo de comunicación” supone un determinado “ritmo informacional”. Antes de los noventa, la información tenía un flujo evidentemente muy lento; en consecuencia, las reacciones resultaban tardías. En cambio en la edad eléctrica, la información circula mucho más rápido, se convierte en contenido inmediato y casi simultáneo.

Esta semana, Google me recordó el nacimiento de Marshall McLuhan con un doodle que rindió homenaje a este gran pensador y filósofo, el mismo que ha sido retomado por la ciencia de la comunicación para explicar diversos fenómenos. La imagen animada representó varias escenas de su obra “La aldea global”: la era acústica, la era de la escritura, el Fordism o producción de masas, la era de la televisión, la aldea global y la era electrónica. Es interesante recordar cómo este filósofo —quien falleció en el último día de 1980— predijo, o por lo menos sus teorías así lo muestran, la revolución global que tendría Internet en nuestros días.

“La novia mecánica (1951)”, “La galaxia Gutemberg” (1962), “Comprender los medios de comunicación” (1964) son algunos de sus libros que aportan una visión bastante cotidiana para nosotros, pero que en los años sesenta era muy innovadora. En esos años, él escribía sobre el planeta convertido en un gran cerebro electrónico, un punto común de encuentro global lleno de estímulos sensoriales, sobre la tecnología como extensión del cuerpo o como autoamputación y sobre los medios en interacción constante.

Y así ha sido. Google, por ejemplo, es esa laberíntica biblioteca —al mejor estilo Borgiano— en la que se encuentran vastos contenidos de todo tipo. Las redes sociales son ese punto de encuentro, esa idea de esfera pública —Habermas no se lo habría imaginado— en la que se traslapan los conceptos de público y privado, el ágora que ya no está localmente delimitado sino mundialmente establecido por vidas que se construyen a través de la conversación y la interacción. Sin olvidar los teléfonos, tabletas, computadoras que son extensiones de nuestro cuerpo. Aprendimos a adaptar los sentidos al funcionamiento de esas nuevas extensiones, las apropiamos, las hicimos parte de nosotros para complementarnos. Sin embargo, también son una amputación. Al abrazarlas constantemente nos volvemos dependientes de ellas. Las necesitamos, lo que se convierte en un proceso traumático del que poco podemos defendernos. Nuestra reacción natural es la del entumecimiento. Nos vemos reflejados en nuestras extensiones de una forma tan bonita —estamos enamorados—, hasta que nos damos cuenta del trauma y de los problemas. Y no somos conscientes de anticipar esas transformaciones culturales.

Octavio Islas nos recuerda que ver a McLuhan nos proporciona una perspectiva evolutiva y de transformación del comportamiento humano, nos permite un panorama más completo, histórico y contundente de las formas de expresión del ser humano y de los medios de comunicación. Una de las afirmaciones más conocidas de él ha sido: “el medio es el mensaje”, que es la columna vertebral inspiradora de toda la filosofía de McLuhan y de la ecología de medios. Es así que los medios se convierten en el punto de partida para entender y analizar cómo afectan en la opinión humana, la comprensión, la sensación; los cambios culturales, las formas de comunicación de la humanidad y cómo ésta ha evolucionado.

Se unen así las dos premisas, en donde los medios se vuelven extensiones de los sentidos, establecen nuevas proporciones, no sólo entre sentidos por separado, sino también en conjunto, en sus interacciones. Toma amplio papel el contenido, que no solo son palabras, no sólo es discurso.

A partir de esto, el poder transformador de los medios se basa en su principio de simplificación —poner todo más fácil, ya organizado. Todos los medios son metáforas activadas por su poder de traducción. Una cosa es la información y otra es la noticia. Esto provoca un efecto en la sociedad que se manifiesta en sus opiniones y puntos de vista, ya que todo en su entorno está mediado previamente, y esa mediación no es más que una interpretación.

Vale preguntarse y analizar: ¿Qué contenido nos presentan los medios, las instituciones, los políticos? ¿Es realmente contenido o solamente son discursos? Los efectos de la tecnología no se producen sólo al nivel de las opiniones o de los conceptos, ya que eso viene siendo un constructo bastante superficial; sino que modifican los índices sensoriales (o pautas de percepción), regularmente encontrando poca resistencia. Las personas creen tener el control de lo que consumen, de lo que les gusta, de lo que necesitan, ¿pero realmente es así?


Alexia Ávalos: Salvadoreña. Residente en México. Comunicadora. Maestra en Estudios de la Cultura y la Comunicación por la Universidad Veracruzana. Actualmente trabaja como encargada de comunicaciones del Centro de Estudios de la Cultura y la Comunicación y coordinadora de la Revista Balajú, editada por el mismo centro.

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