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“A quienes querían la guerra en la izquierda y en la derecha Romero les era incómodo”

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Hay que leer las homilías de Monseñor Óscar Arnulfo Romero antes de rechazarlo o admirarlo. Héctor Dada Hirezi cree que no se puede juzgar el mensaje del beato salvadoreño sin conocer su contenido. Romero hablaba a través de sus homilías y sus escritos de una justicia social inexistente en los albores de la guerra de los años ochenta. Esa justicia aún es una quimera para la mayoría de salvadoreños, ahora frente a otros escenarios y actores de violencia y corrupción.

Foto FACTUM/Salvador Meléndez


Dada Hirezi, político de larga trayectoria en El Salvador, conoció a Romero, con quien mantuvo una relación de amistad; discutían (a Romero se le podía decir que estaba equivocado y él escuchaba argumentos, asegura Dada Hirezi). A unos días de que el arzobispo fuera asesinado tuvieron una conversación telefónica que terminó en un “no, Héctor, yo soy obispo y tengo a seguir” de Romero. El sacerdote le colgó el teléfono.

—”¿En qué iba a seguir?”, preguntamos a Dada Hirezi en esta entrevista.

—”Él iba a continuar, yo no le dije que no continuara, yo le dije que se cuidara mucho, porque estaba en riesgo de muerte, pero me dijo que no importaba el riesgo, como diciendo ‘no me problematice’, cosa que conociéndolo no era algo que me molestara, al contrario. Pero no pensé que iba a ser tan pronto…”, responde.

Dada Hirezi fue canciller de la primera Junta Revolucionaria de Gobierno (1979-1980) y recuerda que Romero entristeció al saber que iba a renunciar a su cargo: este político no veía ninguna salida a la represión ejercida entonces por los grupos de poder económico, político y militar, ni tampoco preveía una disminución del levantamiento insurgente por parte de los grupos de guerrilla que iban a conformar el FMLN.

“El profeta no es el que dice lo que todo el mundo gusta, sino es el que interpreta la palabra de Dios en una realidad específica. Y si eso hicieron Rutilio Grande y Óscar Arnulfo Romero entonces es parte de su característica profética”.

Romero no quería una guerra en El Salvador. Desde el púlpito, como arzobispo de San Salvador, clamaba por un cese a la represión estatal contra la población y por la no utilización de las organizaciones sociales para fines políticos de los grupos bélicos de la izquierda. Nadie lo comprendió y lo asesinaron. La incomprensión hacia Romero sigue vigente hoy, treinta y siete años después de que le dispararon al corazón en la capilla del hospital La Divina Providencia.

Dada Hirezi, también ex ministro de Economía en los primeros años de la presidencia de Mauricio Funes, sostiene que la palabra de Romero es la base moral y ética de una justicia social, y advierte sobre las graves equivocaciones de quienes lo atacan por creer que sus mensajes eran político-partidarios y de quienes, por otro lado, han tomado su imagen como un estandarte político sin escuchar sus mensajes que, también, criticaban a una izquierda fanática, sorda.

Dada Hirezi cree que Monseñor Romero era más conveniente muerto que vivo para el sector más radical de la derecha, que lo mató para silenciar su mensaje incómodo; pero también para algunos líderes de la izquierda que se han aprovechado, hasta hoy, para manipular su figura y tergiversarla a su conveniencia.

Pero también el día en que se venere una estatuilla de Monseñor Romero como un santo al que hay que rezarle para un milagro; cuando se le vea solo como una imagen que haya que poner de cabeza para conseguir un deseo; cuando la gente se olvide de su palabra en aquellas homilías y cartas pastorales; ese día, dice Dada Hirezi, se habrá matado de verdad a Romero.

Revista Factum on viernes, 24 de marzo de 2017

Monseñor Vincenzo Paglia dice en su homilía en la que anuncia la beatificación de Romero, en marzo de 2015, en El Paisnal, en el aniversario del asesinato del padre Rutilio Grande, que Monseñor Romero y el padre Grande son profetas para el mundo. ¿Se puede decir eso si sus legados aún no calan por completo en El Salvador?

Yo diría que exactamente porque todavía siguen generando contradicciones, tienen una característica de todo mensaje profético. Si uno lee bien la biblia, todos los profetas generaron problemas y Jesús generó problemas. Quizás el profeta más polémico fue Jesús. Entonces la polémica no contradice el ser profeta. El profeta no es el que dice lo que todo el mundo gusta, sino es el que interpreta la palabra de Dios en una realidad específica. Y si eso hicieron Rutilio Grande y Óscar Arnulfo Romero entonces es parte de su característica profética.

En un país que se desangra a diario, con instituciones corrompidas por los políticos, con bajos índices de desarrollo humano, parece que no se sigue la guía de Romero. ¿Es así?

Sí. Solo yo voy a hacer un matiz: el país no está corrompido solo por los políticos, la corrupción política expresa una corrupción de la sociedad, pero además si uno analiza los casos de corrupción normalmente hay detrás o adelante, también, empresarios. Hay que agarrar cada uno de los casos. Pero yo diría que el mensaje de Romero sigue siendo un mensaje vivo porque las situaciones básicas de injusticia del país todavía sobreviven, y exactamente él fue asesinado, martirizado, por decir que la injusticia que había en el país era en contra de la palabra de Jesús. Entonces todavía no hemos cumplido. Una guerra que costó setenta y cinco mil muertos fue seguida por un aprovechamiento del gobierno y del espacio de pacificación para el enriquecimiento de unos cuantos, olvidando a las víctimas, no solo del conflicto armado, también generando nuevas víctimas de un sistema totalmente injusto. Entonces, yo sí creo que el mensaje de Romero sigue presente exactamente porque no se cumple la base del mensaje de él.

Para usted, ¿qué significa la figura de Monseñor Romero?

Para mí significa, primero, la gracia que tuvo este país de tener un profeta de la dimensión de Romero y la gracia de haberlo conocido. Yo reacciono frente a él no como una figura extraña, sino como ante una figura con la que yo tuve mucha relación. Romero es una persona que también nos da un ejemplo de honestidad impresionante. Romero no era persona que escondiera lo que pensaba y fue evolucionando conforme la realidad se lo fue exigiendo. Él primero creyó que podía obtener justicia a través de hablar suave, tranquilo, porque ese fue su cambio. Su cambio no es que antes no buscaba la justicia y después sí, sino que el método para buscarla. Terminó con la denuncia pública sabiendo el riesgo que corría, que eso es parte de una honestidad de vida impresionante, difícil de alcanzar. Los que estuvimos cerca de él, los que tuvimos la suerte de discrepar muchas veces con él -con mucho respeto de parte nuestra por supuesto, pero de parte de él también-, sabemos la calidad de persona que era y su fe en Jesús. Eso, su capacidad de oración, que era absolutamente impresionante.

¿Podemos apartar a Romero de su iglesia católica y llevarlo a un campo estrictamente político?

A Romero no se le puede separar de la iglesia. Primero, porque Romero es la culminación de una forma de hacer iglesia que no comenzó con él, que comenzó con monseñor (Luis) Chávez y González. No en cualquier iglesia podría haber hecho lo que él hizo cuando fue asesinado Rutilio Grande. Es una iglesia muy militante en el sentido religioso de la palabra, no en el sentido político, aunque con consecuencia política. Pero a Romero tampoco se le puede separar de la política, porque la política está en la vida cotidiana y la iglesia está metida en el mundo. Jesús dijo “mi reino no está en este mundo”, pero se construye desde este mundo. Entonces la iglesia siempre está metida en el mundo. Esa tontería de que la iglesia no se debe meter en política, depende del concepto que tengan de política, pero la iglesia siempre está metida en la política porque la política está metida en la vida cotidiana de la gente. Todos hacemos política, estemos en un partido o no lo estemos, por acción o por omisión, y predicar la justicia muchas veces lleva a decir que quienes ejercen el poder económico o político no están cumpliendo con los principios fundamentales de la ética cristiana. Eso muchas veces se ha interpretado como política partidaria, que eso es lo que quieren decir. En política partidaria, la iglesia no debe meterse. Pero debe de dar su mensaje iluminador, ético, sobre la política cotidiana del país.

Entrevista a Héctor Dada Hirezi en San Salvador, el 21 de Marzo de 2017, en la que se habló de la vida y martirio del Beato Óscar Arnulfo Romero.
Foto FACTUM/Salvador Meléndez

A Romero sus detractores le criticaron y aún se le critica su intromisión en asuntos de la política nacional. ¿Es válido ese argumento de que la iglesia y el Estado están separados, que por la Constitución salvadoreña el Estado es laico, y que por eso entonces la iglesia no debe meterse en asuntos políticos?

Cuando las acciones de los funcionarios del Estado o de los detentadores del poder económico o de los opositores del poder violenta lo que la iglesia considera su ética social, la iglesia tiene que opinar. Lo que yo no entiendo es que, yo no sé si un psicólogo le llamaría esquizofrenia a eso, si el papa Juan Pablo II contribuyó con el Movimiento Solidaridad en Polonia a derribar la dictadura que a nombre del marxismo-leninismo se había instaurado en ese país, entonces el papa es defensor de la fe, pero si el papa Juan Pablo II, y me estoy refiriendo al mismo papa, escribe el compendio de doctrina social de la iglesia, donde hace un llamado terrible y mucho más duro que los que ha hecho (el papa) Francisco sobre la justicia social y uno lo repite, dicen que eso es hacer política. En ambos casos, la iglesia aplica su ética a situaciones específicas y eso ninguna Constitución se lo puede prohibir a la iglesia, porque la iglesia no se está metiendo en cómo se conforma el estado, está diciendo que no se cumplen las normas éticas. Decir que los pobres tienen derecho a comer no es hacer política partidaria, es hacer ética humana con consecuencias políticas, que es una cosa totalmente distinta.

También se dice que las palabras de Romero generaron odio y venganza en el país.

Yo no sé si han leído las homilías de Monseñor Romero o si las escucharon. Yo oigo decir eso a cada rato, pero yo, que sí he leído las homilías y algunas las escuché, Monseñor llama a todo lo contrario, a la práctica del amor cristiano. Él predica el evangelio del amor, por eso es que hay que preocuparse de la suerte de los pobres. Algunas de las cosas que dicen de Monseñor Romero, que aquí en la iglesia Corazón de María dijo que mejor se quitaran los anillos y los entregaran antes que les cortaran el dedo, algunos dicen que fue una frase de odio. No. Les dijo “cuídense, hagan justicia, generen espacio para una relación cordial”. La ostentación es la que produce odio. Él, más bien, estaba combatiendo las cosas que generaban odio. Pero evidentemente uno puede interpretar como quiera, sobre todo cuando lee con prejuicio. Ahora, más que esas críticas a Monseñor Romero, a mí me preocupan los que dicen “nos equivocamos, no era como creíamos”, con la intención de edulcorarlo. Monseñor Romero es difícil de edulcorar, porque sus homilías son muy claras. Yo prefiero que sigan atacando a Romero a que nos olvidemos de él.

La iglesia católica defiende los mensajes de Monseñor Romero y su opción preferencial por los pobres y asegura, desde el Vaticano, que estos mensajes jamás fueron ideológicos, sino evangelizadores. ¿Para usted es correcta esa perspectiva?

Depende del criterio de ideología que se tiene. Hay muchas definiciones de ideología. Desde la definición que maneja el Vaticano, lo que quiere decir es que se apegó estrictamente a la doctrina de la iglesia y eso lo dijo Benedicto XVI cuando era simplemente el cardenal (Joseph) Ratzinger, que era secretario de asuntos de la fe, creo que se llamaba su cargo (prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe), bajo el papado de Juan Pablo II. Y además es exactamente lo que con respecto a los mártires del siglo XX dijo Juan Pablo II, y hay que recordar que él agregó de su puño y letra el nombre de Monseñor Romero, que no estaba en la lista de los mártires, porque quienes le habían hecho la lista para que hiciera su discurso tenían dudas de incluirlo y él lo puso y lo mencionó muy firmemente en ese mensaje. Entonces, yo creo que desde el punto de vista de la iglesia, la frase es correcta. Desde otras definiciones de ideología como la que yo tengo, evidentemente tienen alguna carga ideológica. Optar preferentemente por los pobres, como hace la iglesia católica, sí viene de la palabra de Jesús, pero se convierte en una postura ideológica a la hora de hacer no acción religiosa sino acción en el mundo. Se nos convierte a los laicos en una visión ideológica en el sentido de cómo concebimos que debe ser el mundo.

Monseñor Paglia dice en su homilía también: “Hay una unidad que alguien quería romper entre Rutilio, Romero y su pueblo, hoy nosotros estamos aquí para decirles que no lograrán dividirnos”. ¿A quién cree usted que se refiere Paglia cuando habla de que alguien quiso romper esos lazos?

El asesinato de Romero hay que verlo en el contexto de la guerra que vivía el país. Hubo gente, y hay que recordar que los Estados Unidos de América eran un actor en la guerra, no ajenos a la guerra como a ellos les gusta plantearse, que simplemente ayudaban a un gobierno amigo. La parte militar fue dirigida por los norteamericanos. Para mí, el asesinato de Romero, y lo he dicho muchas veces, fue una operación de guerra con la esperanza de que la palabra de Romero dejaría de existir y de que eso iba a desarmar ideológicamente e iba a dejar sin mensaje a todo el montón de católicos que luchaban contra la injusticia. Sí hay mucha gente que quiso dividir, pero no solo dividir en el sentido de separar, sino que eliminar para que no siguieran presentes en el pueblo personas como Rutilio o personas como Monseñor Romero. Lamentablemente para esta gente es que después de muertos y siendo ya personas cuya heroicidad ha sido reconocida, no solo la derecha los ataca sino que a veces gente de la izquierda quiere recuperarlos casi como militantes de la izquierda, cosa que también es una traición tanto a Rutilio como a Monseñor Romero.

El cardenal Angelo Amato, a cargo de la homilía en la beatificación de Romero, dijo que sus perseguidores han desaparecido a la sombra del olvido y de la muerte. ¿Por qué cree que la iglesia no ventila quiénes asesinaron a Monseñor Romero?

La iglesia difícilmente va a tener interés en un juicio humano. Parece sumamente claro quiénes lo hicieron, ¿verdad? A veces uno mira católicos rindiéndole homenaje al autor intelectual del asesinato de Romero, según la Comisión de la Verdad (de las Naciones Unidas). Pero imagino que está bastante claro y muy claro de dónde venía la instrucción, porque esa persona que está acusada de ser el autor intelectual era un agente de la inteligencia muy ligado a los servicios de inteligencia de los Estados Unidos. Entonces, para mí, es muy claro el asesinato. Yo nunca he conversado con la gente de la iglesia sobre si tiene claro o no tiene claro quién mató a Monseñor Romero. Desde el punto de vista religioso, se vuelve poco importante, más a la iglesia le importan las causas por las que fue asesinado. Y cuando la iglesia (dice) que fue por odio a la fe, no significa que fuera una persona que pretendía ser católica, sino que lo asesinó porque predicaba exactamente en la línea de las palabras de Jesús. O sea que lo que les molestaba era la fe, la fe en las palabras de Jesús, y lo asesinaron por aplicar esas palabras en la vida cotidiana. Entonces, la iglesia hasta allí creo que llega su preocupación, lo demás no creo que sea de la iglesia, es más de la justicia humana.

Foto FACTUM/Salvador Meléndez

¿Cree que estas personas pueden realmente desaparecer sin que haya justicia en este y otros casos?

Bueno, a los que han muerto ya no se les puede aplicar la justicia humana, ¿verdad? Hay otra justicia a la que se deben haber sometido desde el punto de vista religioso. Quedan algunos, como el capitán Saravia, que está escondido en a saber dónde y que en el periódico El Faro dijo “así matamos a Monseñor Romero”. Creo que Saravia ya pagó con su forma de vida, que está descrita allí en el artículo, no sé en qué parte del mundo, pero es una vida miserable la que lleva. Yo creo que ya pagó toda su culpa. Yo creo que se va a ir al Cbg hnelo, porque además parece muy arrepentido en la declaración. Pero, sí, la mayor parte de los que estuvieron implicados ya están muertos. Treinta y cinco años después se dice mucho. No todos están olvidados en el sentido político. Reitero, todavía se le rinde homenaje, pero no se le rinde homenaje por eso, a pesar de que en ese momento, sí, esa noche hicieron fiesta. Aquí muy cerca de donde estamos haciendo esta entrevista había fiesta (esta entrevista se hizo en las cercanías de la Residencia Presidencial, sobre el bulevar Masferrer). Monseñor (Gregorio) Rosa Chávez lo suele contar. Yo no estaba en el país. Entonces cuenta cómo estando él en el seminario San José de la Montaña esa noche, que allí era el arzobispado entonces, oía la música y los gritos “mataron a ese cura comunista”. Terrible.

Monseñor José Luis Escobar Alas, arzobispo de San Salvador, acaba de reiterar en el Vaticano lo que ya dijo en su carta pastoral acerca de que la amnistía es inhumana y que sirvió para cubrir injusticias. ¿Qué cree que hubiera pensado Monseñor Romero de la amnistía de 1993?

Yo estoy seguro de que Monseñor Romero no hubiera pensado en venganzas. Hubiera pensado en lo que hoy se llama justicia transicional, que es un poco lo que se pretendía con la primera ley que derogó la amnistía, que yo creo que al declarar inconstitucional la ley de amnistía, esa sigue vigente, pero nadie lo ha tomado en serio. Esa vuelve a tener vigencia, para ser más correctos. Pero no, creo que Monseñor no hubiera buscado venganzas en un conflicto que tiene muchos orígenes y donde mucha gente se vuelve fanática de un lado y de otro. La guerra tiene siempre ese problema. Y más bien hubiera llamado a la justicia transicional, a lo que se dice siempre de parte de la iglesia y lo dijo muchas veces monseñor (Arturo) Rivera y Damas, porque pretender olvidar impide perdonar, pero para perdonar el autor del agravio debe pedir perdón y debe haber reparación, que es la norma de la confesión católica. Entonces yo creo que eso hubiera exigido Monseñor Romero y, sí, yo estoy de acuerdo en que la amnistía era un borrón y cuenta nueva, una pretensión de olvido, cuando no hay olvido.

Investigaciones periodísticas y judiciales han llevado a dar con los responsables del asesinato de Monseñor Romero. El nombre de Roberto d´Aubuisson, fundador del partido Arena, no ha dejado de sonar desde los primeros días del magnicidio. Ahora que la ley de amnistía está derogada, ¿cree que la fiscalía debe abrir una investigación?

Yo creo que por razones de historia, aunque la persona esté muerta, habría que hacer una seria investigación sobre el caso del asesinato de Monseñor Romero como sobre otros casos, hechos por un lado o por otro. Una cosa es que la gente muere en combate, que para mí es muy desagradable, yo no soy partidario de la violencia, y otra cosa es que se comentan asesinatos de ese calibre. Hay otros de los que nos olvidamos como Mario Zamora (hermano del actual embajador de El Salvador ante la ONU y ex candidato presidencial, Rubén Zamora), Melvin Rigoberto Orellana, que fueron asesinados uno por la Policía de Hacienda y otro por la Guardia Nacional, demócrata cristianos ambos. Monseñor (Joaquín) Ramos (obispo y vicario castrense asesinado en junio de 1993), que no está claro cómo lo mataron. Lo que no se vale es que esos delitos prescriban, pero aunque estén prescritos más importante es tener clara la historia del país, por sanidad psicológica del pueblo salvadoreño, que más bien vive escudado en pretender no tener historia por la incapacidad de conocerse. El pueblo que no conoce su historia pierde su identidad.

Entonces, aunque estén muertos, ¿es necesario conocer a los autores de todos estos crímenes?

Históricamente es necesario saber la verdad, reitero, por la salud psicológica del pueblo salvadoreño. El pueblo no puede estar rindiendo homenaje a personas que no sabe exactamente qué han hecho. Si después de saber exactamente qué hicieron quiere seguirle rindiendo homenaje una parte de la población, tiene todo el derecho. Pero hay que saber exactamente, no estar negando siempre la historia, no estar inventando que este cura era comunista cuando Monseñor Romero, en varias de sus homilías, condenó la visión materialista de la historia, que es la base del marxismo. O estar diciendo que los otros eran ángeles y que nunca mataron a nadie y estar rindiendo homenaje a torturadores y diciendo que nunca fueron torturadores cuando ese era su oficio. Entonces hay que saber claramente y tenemos que rescatar a las personas que perdieron la vida por servirle al país. Reitero, aquí nos olvidamos de la gente de mucho valor de este país que ha sido asesinada y no solo gente de la izquierda o gente de la iglesia, también hay gente de la derecha que fue asesinada y que eran personas que merecen respeto.

Dijo Angelo Amato que Romero no es un símbolo de división, sino de paz, concordia y fraternidad. Pero parece que el mensaje de la iglesia no penetra en sus más grandes críticos, pero que sí acuden muchas veces a los cánones de la iglesia para buscar argumento a sus causas conservadoras. ¿Qué le parece este tira y encoge de estos grupos de la sociedad?

Yo creo que la palabra de Romero no ha calado ni siquiera en muchos que pretenden ser parte de la iglesia. Y no nos olvidemos de que en el Vaticano mismo se dijo que se había retrasado la beatificación de Romero porque había gente dentro de la iglesia y en cuenta obispos salvadoreños que eran opuestos a Monseñor Romero, que repetían todas esas tonterías que dice alguna gente de derecha, que no extraña. Hay que recordar que más de un obispo salió diciendo que había sido asesinado por la guerrilla. Y católicos laicos representantes de los gobiernos de Arena hicieron gestiones en el Vaticano frente a Juan Pablo II para que no fuera declarado beato. Es más, expresaron su molestia cuando Juan Pablo II lo incluyó en la lista de los mártires del siglo XX. Y es gente que supuestamente es católica, que va a misa todos los domingos y quizás más que los domingos; y no digamos fuera de la iglesia, hay muchos laicos, y no solo laicos, que no ven bien a Monseñor Romero. Y, reitero, la mayoría de las veces sin ni siquiera haber leído sus homilías. Desde ese punto de vista, a mí no me extrañan las reacciones en contra todavía existen y van a existir siempre. Yo una vez fui invitado por una parroquia a dar una charla sobre doctrina social de la iglesia. Entonces, yo me cuidé de no decir nada de mi cosecha. Y leer solo frases del compendio de la doctrina social de la iglesia. Y se levantó una de las personas que piensan que Romero era comunista a decirme que lo que yo estaba diciendo era mentira y que no lo había escrito Juan Pablo II, que eso lo había escrito Carlos Marx. Le tuve que enseñar el libro con la firma de Juan Pablo II. Y me dice “es que nunca me imaginé que Juan Pablo II pudiera decir esas cosas”. Pues, ¿y por qué no se lo imaginó? Lea la doctrina social de la iglesia desde 1891 para acá. Alguna gente también tiene reacciones contra (el papa) Francisco. El Laudato Sí ha generado reacciones. A mí no me extrañan esas cosas. Al revés, reitero lo que dije antes: es parte de ser profeta. Jesucristo dijo que no venía a traer la paz. Dijo un mensaje de paz, pero eso produce polémica siempre.

Ahora vemos a monseñor Escobar Alas apoyando una ley contra la minería en El Salvador, junto a otros sacerdotes como José María Tojeira. ¿Qué opina de este nuevo acompañamiento de miembros insignes de la iglesia católica salvadoreña a las causas de personas que no tienen mucho poder como para incidir en una Asamblea Legislativa?

Creo que monseñor Escobar Alas está cumpliento un lema que Monseñor Romero solía repetir: La iglesia tiene la obligación de ser la voz de los que no tienen voz. Y hay que recordar que alguna de la gente que ha condenado monseñor Escobar Alas por esto eran muy allegados a monseñor (Fernando) Sáenz Lacalle. Y monseñor Sáenz Lacalle dijo “condeno la minería metálica no como obispo sino como ingeniero químico que soy, es mentira que estén haciendo minería con respeto a la vida de la gente que vive en la zona”. Lo dijo monseñor Sáenz Lacalle. O sea, no es nuevo que la iglesia católica esté en contra de la minería metálica defendiendo la vida de la gente que se ve en peligro. Yo no soy ningún técnico en el tema, pero yo recuerdo los efectos que tuvo en la Asamblea Legislativa esa conferencia de prensa de monseñor Sáenz Lacalle. Yo era diputado y recuerdo la reacción de estupor que había en la derecha en ese momento. Lo veían como un aliado de derecha. Entonces, a mí me parece que monseñor Escobar Alas está siguiendo la línea contra la minería metálica que inició monseñor Sáenz Lacalle y la ha concretado en un proyecto de ley. Me parece correcto que la iglesia lo haga. Reitero, yo no soy técnico en el tema y no sé si hay minería responsable posible en el país. Pero parece ser, como lo decía monseñor Sáenz Lacalle como químico, que en las condiciones de El Salvador no era conveniente hacer minería metálica.

¿Y qué opina de que representantes de los mismos sectores que persiguieron a Monseñor Romero salgan ahora, como antes, a despotricar contra estos sacerdotes? Hablo en específico del expresidente de ANEP, Jorge Daboub, y del director de El Diario de Hoy, Fabricio Altamirano.

Mire, yo, honestamente… uno de ellos es un hombre de práctica religiosa muy intensa y lamento sus declaraciones porque implica desconocimiento, reitero lo que dije antes, de la doctrina de la iglesia. La iglesia, al hablar de la ética social, evidentemente influencia la vida política del pueblo, y en este caso la iglesia lo que ha considerado es que está obligada a defender la vida de los ciudadanos. La iglesia está respondiendo a una necesidad de la gente, que le parece una injusticia, es decir una violación de la ética cristiana, que estemos favoreciendo el enriquecimiento de unos pocos a costa de la vida de muchas. Esa es la lógica y, reitero, no soy quien para juzgar las razones científicas de esto, he oído a varios científicos decir lo mismo y me parece que el ataque es absolutamente injustificado y tiene la misma base de ignorancia consciente o inconsciente, porque a veces hay ignorancia consciente, de lo que ha sido siempre la doctrina social de la iglesia.

A Romero se lo señaló de promover el comunismo. ¿Es cierto? ¿Había aproximaciones de Romero con la izquierda salvadoreña o con los movimientos insurgentes armados de aquel momento?

Romero se conectaba con todo el mundo y hablaba con todo el mundo. Era su obligación de pastor. Otra cosa es asumir una adhesión política. Yo tengo mis dudas de que Monseñor Romero supiera mucho de marxismo. Nunca lo sentí con una frase marxista y, reitero, siempre condenó todo intento de solución materialista, y con eso se refería al comunismo, a los problemas de la vida social del país. Hay varias homilías de él desde que estaba en Santiago de María y, además, muchas veces conversamos. Él no simpatizaba para nada con una solución socialista revolucionaria. Él siempre hizo llamados a la paz. Pero, además, en su última homilía, en la que le pidió a los soldados y a los guardias no seguir matando, en esa misma homilía hay una condena a ciertas acciones de la guerrilla. Entonces yo creo que se hacen acusaciones sin haber leído o habiendo leído con prejuicios lo que Romero dijo, que lo mismo pasa con lo que Rutilio dijo, allí están las homilías. Que también a (Ignacio) Ellacuría lo acusaban de comunista, y si había un polemista implacable con los marxistas era Ignacio Ellacuría. Yo ya estoy acostumbrado. Además, yo ya he sido acusado de comunista tantas veces que ya esas cosas no las tomo en serio.

¿Por qué la figura de Romero y algunos de sus mensajes entonces han sido acogidos por la izquierda, como si hubiera sido un sacerdote que sirvió a los intereses revolucionarios?

Hay que recordar que una buena parte de la guerrilla, al principio, atacó a Monseñor Romero porque mostró expectativas positivas frente a la primera Junta (Revolucionaria de Gobierno). Ahora, por eso dije yo al principio de que hay un intento o de rechazar a Romero por político o de agarrar a Romero como estandarte político. Ambas cosas son incorrectas. Romero no es un estandarte político de la izquierda, es un estandarte del pueblo salvadoreño, de la búsqueda de la justicia, y hay que respetar a Romero en ese sentido, no convertirlo en factor que justifique lo que yo hago porque él era de los míos. Romero no era de nadie, salvo de la iglesia, y por ende del pueblo, que a eso se debe la iglesia. Yo lamento esas posturas de algunos de los dirigentes de la izquierda. Por cierto, mi partido (Cambio Democrático), que es de izquierda democrática, jamás ha pretendido recuperar a Romero como una figura. Yo recuerdo su cara desencajada cuando le llegué a decir que iba a renunciar a la junta (Héctor Dada Hirezi fue el canciller de El Salvador de la primera Junta Revolucionaria de Gobierno tras el derrocamiento del general Carlos Humberto Romero como presidente de El Salvador). Monseñor Romero me dijo “Héctor, ¿estás seguro de que no se puede hacer nada?”. “Al menos yo no lo puedo hacer”, le dije yo. Y puso una cara de tristeza, casi de angustia, diciendo “entonces vamos a tener mucha sangre en este país”. Al revés, a él la guerra no le gustaba y además que tenía un antecedente que hay que tener presente: él vivió la Segunda Guerra Mundial en Roma, con toda su dureza, él vio el hambre, vio la miseria, vio la muerte que provoca la guerra. Él, desesperado, quería evitar la guerra. Por eso mostró expectativa en la primera junta. Todavía tuvo alguna expectativa, muy poca, en la segunda. Yo tampoco tenía mucha expectativa, a pesar de que era miembro. Y después su muerte, lamentablemente, desencadenó la guerra. Y quienes los mataron, los que lo asesinaron, se equivocaron. Creyeron que iban a debilitar las condiciones de la guerra, pero acentuaron las condiciones de la guerra. Y es hasta entonces que la izquierda descubre que le es rentable recuperar a Romero, pero tuvieron tres años de una actitud crítica frente a Romero en vida. Romero muerto les servía; Romero en vida, no tanto. Porque él buscaba evitar la guerra. Ni a los que querían la guerra desde la izquierda ni a los que querían la guerra desde la derecha les era cómoda la figura de Romero.

Foto FACTUM/Salvador Meléndez

En el caso de la izquierda, para muestra un botón: un fragmento de su tercera carta pastoral. “Nuestra intención al defender el derecho de asociación de todos los salvadoreños, enfatizado sobre nuestro campesinado, no es amparar agrupaciones de terror ni afiliaciones a fuerzas anárquicas o ideológicas irracionales subversivas”. ¿Qué le parece?

Por eso es que digo que hay que conocer la palabra de Monseñor Romero. No ir a venerarlo en el aire: “Es santo, santo, santo”. No. Así como no basta decirle “Señor, señor” a Jesús, hay que leer la palabra de Jesús. También a los profetas hay que leerlos y hay que saber lo que dicen para no condenar gratuitamente, pero tampoco para dar una imagen falsa de él del otro lado.

Entonces sí es cierto que en la izquierda había quienes no se sentían cómodos con Romero.

Además hubo expresiones claras de que no se sentían cómodos. Quiero decir también que la derecha no se sintió cómoda con Rivera y Damas y por eso lo intentaron matar más de una vez y monseñor Rivera y Damas no tuvo la exposición que Monseñor Romero tuvo, por su mismo carácter. Él era mucho más tranquilo en sus expresiones, pero decía lo mismo que Monseñor Romero e intentaron matarlo varias veces. Creo que Romero incomodó más a una derecha que veía que la prédica de la justicia ponía en peligro sus intereses, y a una izquierda que creía que la búsqueda de la paz podía instaurar un régimen que no era el que ellos deseaban. Pero además hay expresiones públicas, hay documentos de movimientos guerrilleros rechazando la actitud de Monseñor Romero de respaldo a la primera junta, por ejemplo.

Persecución desde la derecha y muchas veces manipulación o tergiversación desde la izquierda. Parece que a Romero se le sigue calumniando y malinterpretando su mensaje y esto parece lejos de parar. ¿Es así?

Es curioso que cuando uno a veces lee frases del evangelio hay gente muy religiosa, y no solo católicos, sobre todo en la derecha cristiana pentecostalista, a veces uno lee frases de Jesús que parece que ellos, que leen tanto la biblia y se la saben de memoria, se les olvidan o las interpretan de otra manera. Y genera polémica. Entonces, no hay profeta que no genera polémica. A mí no me preocupa que genere polémica, porque es una cualidad del mensaje profético. No es la esencia, pero es una de las cualidades.

¿Cree que la figura de Monseñor Romero ha sido mal usada por personajes políticos como el expresidente Mauricio Funes, que se lo adjudicó como su guía espiritual al inicio de su administración y ahora vemos que huyó a Nicaragua a asilarse mientras hay un juicio civil por posible enriquecimiento ilícito y una investigación penal desde la fiscalía?

Mire, uno puede asumir a Monseñor Romero como un guía espiritual, pero primero uno tiene que hacer las cosas con la sensatez debida. Por lealtad a Monseñor Romero uno no lo puede convertir en su estandarte. Pero, además, si uno lo declara guía espiritual hay que ser consecuente con lo que dice el supuesto guía espiritual y eso me parece imprescindible. Pero además uno no puede estar repitiendo como lema o como simple propaganda que uno tiene un guía espiritual que no tiene. Creo que es la enseñanza de Monseñor Romero la que nos debe servir, no su imagen. Y por eso tenemos que leer su palabra, tratar de adaptarla a la realidad presente, que no es la misma que él combatió. Hoy hay mucha injusticia pero se expresa de distintas maneras que en 1980. Treinta y siete años después hay dinámicas en esta sociedad que no han generado mayor equidad, sino mayor inequidad e iniquidad. Entonces hay que tener mucho cuidado sobre cómo uno maneja las figuras históricas, por respeto a esas figuras.

¿El Salvador se merece a Monseñor Romero?

Decía Ellacuría que con Monseñor Romero Dios había pasado por El Salvador. Creo que un pueblo tan sufrido como el salvadoreño merecía un pastor como Monseñor Romero. Lamentablemente, haber tenido una figura como Monseñor Romero aceleró la presión por disminuir la presencia de la iglesia católica a través tanto de movimientos católicos integristas como de denominaciones evangélicas integristas, que fueron financiados desde Estados Unidos para tratar de aprovecharse de una iglesia en una situación nacional en la que muchos católicos se quedaron huérfanos con Monseñor Romero, y era la hora de dar seguridad eclesial a la gente que no encontraba ninguna seguridad humana. O sea, el escapismo como forma de ser libre. Pero yo sí creo que este pueblo se merecía a Monseñor Romero. Las comunidades de base de la iglesia habían hecho un trabajo tan dedicado y habían sido tan perseguidas que tener a un pastor como Monseñor Romero era la culminación. Por eso, como dice el evangelio de San Juan, Jesús vino en la culminación de los tiempos, Monseñor Romero vino en la culminación de los tiempos de una forma de hacer iglesia e, igual que Jesús, no fue comprendido, e igual que Jesús, a los tres años, fue asesinado. Entonces, depende de nosotros ser esa idea que Dios tuvo, que uno no la acaba de entender, que nos deja demasiado en nuestras manos y además en nuestra libertad. Pero no hemos asumido realmente el legado de Monseñor Romero, fuera de estar condenándolo o mal utilizándolo, salvo unos pequeños grupos que todavía quieren seguir siendo fieles a la memoria de Romero.

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