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“En ‘Plastilina’ plasmé mi época de rebeldía y de reencuentro”

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Paul Vargas es un músico salvadoreño de ascendencia colombiana. A sus 20 años de edad ya cuenta con su propio proyecto musical —Polifacetik y su primer álbum. Paul habló con Revista Factum sobre sus inicios en la música, sus bandas, su disco y sus impresiones sobre la actual escena musical salvadoreña.

A continuación la entrevista:


¿Cómo llegaste a la música?

Estudié en un colegio británico de habla inglesa. Entonces la mayoría de profesores eran británicos y tenía amigos que fueron influenciados por ellos. A mediados de séptimo grado me enseñaron esta canción que creo que va a ser la canción con la que yo me voy a morir y nunca voy a dejar de escuchar: “Comfortably Numb” (de Pink Floyd). Cuando escuché ese solo de guitarra dije: «¡Púchica! Quiero comenzar a tocar guitarra».

¿Cómo empezás a hacer música propia?

En décimo grado ya estaba madurando como guitarrista. Obviamente aún era un principiante, porque hubo un tiempo en el que no podía aprender a tocar guitarra. Me quedaba dormido en las clases. Después retomé la pasión y empecé a componer. Mis primeras composiciones no tenían sentido, no daba nada, no tenían estructura. De ahí fui madurando poco a poco.

Antes de Polifacetik tuviste otra banda, División Binaria, ¿cómo fue esta experiencia?

Llegué a la Escuela Panamericana, después de haber estudiado en la Academia Británica. Cuando llegué ahí conocí a Erick (Henríquez) y se volvió de mis mejores amigos durante décimo y onceavo grado. Yo no sabía que él podía cantar. Un día, en doceavo grado, a principios del año, íbamos camino al rancho de un chero allá en la Costa del Sol y todos tenían audífonos, menos yo. Entonces él estaba cantando “Alive” de Pearl Jam y cuando comenzó a cantarlaél con los audífonos, inspirado, pensando que nadie lo estaba escuchando dije: «¡Puya, este brother puede cantar!». Yo tenía mis rolas y en ese tiempo no había madurado demasiado mi voz (todavía la sigo madurando) y le dije: «¿Querés hacer una banda?» Y lo hicimos. Así es como salió División Binaria.

Paul Vargas, de la banda Polifacetik.

Paul Vargas, de la banda Polifacetik.

¿Cómo armás Polifacetik? ¿Cómo definiste que este era el punto al que querías llegar después de División Binaria?

Esto es lo que quería hacer porque quería plasmar mi personalidad, quería plasmarme yo como Paul Vargas en un proyecto musical de compositor, interpretado con banda. Quería dar a la gente un concepto diferente, un concepto donde se reflejara mi personalidad, en lo absoluto: desde el nombre de la banda, desde los colores de Polifacetik, el morado que representa misterio, el gris que representa fineza. Quería marcar un montón mi personalidad dentro de ese proyecto y quería explotar más mis ideales musicales y mis influencias musicales, sin tener problemas de chocar con ideologías. Por eso decidí optar por este camino que al principio pensé que no iba a ser bien aceptado, porque un proyecto de solista o la imagen de una banda como persona única, aquí en El Salvador, es bien complicado.

Vos tenés una banda que te acompaña en estudio y en los toques, ¿cuál es tu relación con ellos?

Tenemos una muy buena relación. Nos tratamos como si fuéramos hermanos, aparte de los ensayos. Hacemos… Bueno, vamos a hacer una cena navideña. Una relación muy buena, de hecho dos músicos se jalaron de División Binaria, siguen fijos en el proyecto con otros dos, de otros proyectos. No solo es por trabajo. A mí me gusta tener en mi conjunto una familia, no estar cambiando siempre, que tengamos química, que ellos sientan lo que yo siento.

¿Quiénes integran actualmente Polifacetik?

Voy por orden: en la batería está Benjamín Portillo, que es baterista de Akumal; el bajista es Carlos Hernández; voz uno es Javier Mondragón; y Omar Olla es (el encargado de) teclados y sintetizadores.

Te preguntaba por la banda porque me llama la atención el manejo de la imagen. En el rock hay muchas bandas donde el líder no es necesariamente el vocalista, por ejemplo Steve Harris de Iron Maiden, pero siempre manejan la imagen de grupo. Visualmente Polifacetik es Paul Vargas. Esto podría restar identificación entre el público y el resto de la banda, ¿no te parece?

Creo que no, al menos desde mi punto de vista. En lo comercial tal vez sí, pero se puede vender de diferentes formas. Yo siento que no porque el proyecto en sí, las composiciones musicales, tanto lírica, música y líneas melódicas de voz, o sea, en la forma en que se canta, es producida por mi persona. Entonces yo lo que quiero plasmar en el público es que la gente identifique que es un proyecto mío. Está planificado para que la gente vaya conociendo a los integrantes de la banda. Como te digo, sí somos familia, pero el proyecto también… Uno no sabe cuándo un integrante se va y cómo lo va a tomar a gente. Entonces, yo siento que si la gente lo ve desde mi forma no se va a casar con equis persona sino que realmente, mientras yo permanezca ahí o el grupo siga en pie, creo que siempre van a seguir a la banda. Por eso lo he agarrado de esa forma.

"Plastilina" es el primer disco de Polifacetik.

“Plastilina” es el primer disco de Polifacetik.

 Tenés menos de un año con este proyecto pero ya tenés tu primer elepé, “Plastilina”. ¿Cómo fue la producción?

En la composición de la música y las letras tardé un lapso de un año y medio, aproximadamente. Cuando estaba con División Binaria ya estaba componiendo nuevo material que no le enseñé a mi vocalista en aquel entonces. Estaba componiendo un montón de material que después se cortó y del que se agarró lo más adecuado. El proceso de grabación, captura, mezcla y todo eso fue aproximadamente de ocho meses. Ocho meses intensos, la verdad. Estoy hablando de sesiones de batería de 14 horas, de 16 horas, 12 horas, grabación de guitarras de un mes entero. Fue bien agotador y el problema es que como yo soy el del proyecto, tengo que estar presente las 24 horas.

Fue un poco complicado, pero interesante al mismo tiempo porque, gracias a Dios, tuve las posibilidades de usar diferentes recursos. Yo creo que hay muchas personas que no comprendemos que los instrumentos son como colores, cada uno tiene su color diferente, una guitarra es verde, la otra es negra y la otra es blanca. Cada cual tiene su personalidad y sonido, entonces un pintor necesita diferentes colores mezclados en uno solo o en diferentes lapsos para crear un cuadro, así es una canción. En “Plastilina” se ocuparon diversos instrumentos, bajos, guitarras, baterías, de cheros que somos colegas musicales, juntamos todo para crear diferentes colores, diferentes texturas adecuadas al concepto de cada canción.

En “Plastilina”, salvo un par de canciones, todas tienen elementos de los años 90. Esto es curioso porque, por tu edad, no fue una década que viviste…

Para nada.

Además cada generación tiene su década idealizada y a la que vos pertenecés parece inclinada a los años 80, pero vos te quedás en los 90, sobre todo a la primera etapa de los 90…

Exacto. Primera etapa, toda la vida.

¿Por qué?

Fijate que a mí los 90 me influenciaron bastante y me impactaron, obviamente los 70 también, pero más los 90 porque fue la última revolución industrial de la música rock. Ese momento en que salen todas estas bandas de Seattle, donde sale todo el rock en español, Héroes del Silencio, Soda Stereo, Enanitos Verdes, no sé, donde salieron todas las potencias comerciales, se puede decir. Se inventaron nuevos géneros como el grunge, que son diferentes influencias, el rock alternativo, Queens of the Stone Age, todas estas bandas que me inspiraron un montón y lo plasmé en el disco porque siento que fueron unos héroes en la revolución industrial de la música moderna de los últimos 25 años.

Esto me lleva a otra pregunta: gente como Gene Simmons, de Kisss, ha dicho que el rock ha muerto. Vos acabás de decir que la última revolución industrial de la música rock fue en los años 90, entonces, ¿por qué te interesa hacer rock?

En este disco, únicamente en este disco, porque la segunda propuesta es una cosa totalmente diferente que ya la estamos craneando. Pero en este yo quería plasmar al 100% mi personalidad.

Es decir, ¿Polifacetik no está casado con el rock?

No, para nada. El segundo disco será completamente diferente. Obviamente llevará pequeños elementos del rock, elementos como The Clash, pero es más indie alternativo. Lo que se viene es algo diferente, algo más británico y argentino. Yo no estoy casado con el género rock en lo absoluto, solo quería plasmar en mi primero disco lo que soy yo y el alma roquera que llevo dentro de mí, que quiérase o no siempre la voy a amar. Esta época fue mi época de rebeldía y de reencontrarme y el disco lo plasma un montón en ese sentido.

Una de las características del rock es la inconformidad. Muchas canciones de “Plastilina” muestran tu postura sobre hechos políticos y sociales, ¿no?

“Escamas de reptil” es la canción que abre el disco, una canción agresiva, la letra también lo es. Compuesta en el momento de las elecciones del actual presidente, donde refleja mi punto de vista de la política salvadoreña y lo que me parece (acerca de) que nos andemos peleando por esto y por aquello. Yo me crié en una clase media alta, podría decir, con gente relacionada con la clase alta, se podría decir, y en su momento me indignaba mucho la carencia de apoyo de estas personas hacía su mismo país, a su patriotismo. Y no solo eso sino la cantidad que se podían gastar en lugar de aportar algo productivo a su nación. Obviamente no todos. Entonces varias letras, no todo el disco, por ahí fueron. “Chico de ciudad” es una parodia, la canción homónima del disco es la letra más fuerte, “Plastilina”. Esas dos son las principales, las más fuertes.

Hay otras canciones bastante orgánicas, bastante diferentes, como “Ella”, “Si me voy” y “No es mi hogar”, que son más íntimas. ¿Cómo te sentís mostrando ese lado?

Un lado más nostálgico. Yo creo que el nombre del disco lo dice: es por lo moldeable que es el disco. Representa un montón de facetas, de donde viene el nombre de Polifacetik, de mis estados anímicos, se podría decir.

“No es mi hogar” es una canción que habla de cuando uno no se siente parte de algo, que no encaja en algo o no se siente ni siquiera que tus papás encajen en ti. Es una canción para cuando te sentís como si fueras extraterrestre. Por eso ese tipo de composición, bien orgánica, bien nostálgica.

“Si me voy” habla de si tú te vas o te quedas en este mundo; realmente nos vamos, no nos quedamos. “Ella” habla sobre el amor platónico de mi vida: la música. A veces es bien doloroso porque, a veces, uno pasa frustraciones para lograr lo que uno quiere, pero es parte del show.

Y “Me Vale Verska”, ¿a quién va dedicada?

Habla acerca de lo que yo viví en esta sociedad, cuando me comencé a manchar (tatuar), cuando comencé a hacer música, todos decían: “«¡Ah, este Paul sí es pendejo, mano! Puta, va a ser un fracasado, drogo…». Iba a un lugar, una reunión de tu promoción y me miraban raro, como si fuera alien. Entonces tenía una época de furia y lo plasmé en “Me Vale Verska”, o sea, «me vale verga lo que vos digás, yo voy a ser yo y punto». Habla de eso.

¿No habla de críticas de compañeros músicos?

No, para nada. De hecho yo creo que la escena salvadoreña musical me ha tomado, en tan poco tiempo, bastante cariño o bastante aprecio y respeto. O sea, bastante amistad, bastante compañerismo.

¿Creés que tiene futuro la música salvadoreña?

Sí creo.

¿Por qué?

Porque está renaciendo. Hay un montón, hay una nueva camada, hay talento.

¿Qué bandas te gustan?

Me gustan Safari Volvo y La Cosa Encantada. Me gusta una banda emergente que se llama Los Aspergers. Me gusta Carrot, me gusta Back to Earth, me gusta Clarence. De la vieja escuela me gusta Adhesivo, me gusta OVNI, me gusta La Fiebre Amarilla, me gustan Los Juniors de Santa Tecla. Me gusta Adrenalina, obviamente Adrenalina me gusta un montón, ahuevo. También me gusta La Pepa. Y de lo emergente me gustan básicamente todas las propuestas, porque están intentado armar su propia onda. También me gusta Cartas (a Felice), me gustan un montón. Igual Los Insurrectos, su disco me gustó bastante.

Admiro mucho a Akumal. Yo escuché música nacional por ellos. De hecho hasta les dediqué una canción. Se llama “Dime” y hasta lleva fragmentos de “London Tea”. Compartir escenario con ellos fue algo bien gratificante, una de mis mayores satisfacciones.

Para finalizar, ¿cuál es tu objetivo con este disco?

Mi objetivo es plasmar lo que puedo ser capaz de hacer. La capacidad como compositor de haber compuesto un elepé de 13 tracks, demostrarme a mí mismo, demostrarle al público salvadoreño que sí se puede hacer y demostrar, en general, la calidad que un producto salvadoreño puede llegar a tener. No solo yo, sino en general, como Cartas, como SOMA, como Los Insurrectos, cada quien en su onda, pero la calidad ahí está y se respeta.


Redes de la banda:

 

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