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Trayendo el Holocausto a casa

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Este fin de semana se celebró la graduación del curso para la preparación de jóvenes guías al Museo del Holocausto en Washington. El curso se tituló “Trayendo las lecciones a casa”. En él participaron 34 jóvenes del área metropolitana de Washington, ocho de ellos latinos, de los cuales por lo menos dos son salvadoreños. El examen final de graduación fue una gira por el museo impartida por cada estudiante. Todo esto trae muchas lecciones y reflexiones también para El Salvador.

El curso y el museo ponen énfasis en varios puntos. El primero es el objetivo mismo del museo: “para que no se repita jamás”. El mensaje implícito es que debemos mantener la historia viva, debemos recordarla y aprender de ella; debemos perdonar, pero no olvidar; debemos perdonar, pero buscar justicia. Ello recuerda, y responde, la pregunta que constantemente se levanta en El Salvador de que porqué no dejar en paz los crímenes contra la humanidad que se cometieron durante la guerra. Justifica los esfuerzos que se hacen por recordar la guerra, sus causas y su análisis y rinde homenaje a los muertos durante el conflicto. Condena también a los que participaron en esas atrocidades y – ya no digamos a los que continúan teniendo como héroes a los culpables – y a la justicia que calló y falló en el Holocausto, y que continúa fallando en nuestro país.

Una cita de Martin Niemoller, ministro luterano que apoyó en los momentos iniciales a Hitler, recibe relevancia en el museo. La cita dice: “Primero ellos vinieron por los socialistas, y no dije nada, porque yo no era un socialista. Después ellos vinieron por los sindicalistas, y no dije nada porque no era un sindicalista. Entonces vinieron por los judíos, y no dije nada porque yo no era  judío. Entonces vinieron por mí, y no quedaba nadie para hablar por mí”. La cita nos recuerda que no podemos quedar callados ante lo que consideremos injusticias y discriminación de cualquier caso.

Uno de los temas principales en el Museo es el recordarnos que siempre nos debemos hacerla pregunta ¿Por qué? El porqué del museo queda claro en el segundo párrafo de esta columna, pero hay otra pregunta clave: ¿Por qué los judíos, por qué la discriminación y esa tortura contra los judíos? No existe una explicación racional para ello, aunque sí queda claro que los argumentos que se dieron para esa discriminación no tienen validez ahora: es más son condenados ahora. La relatividad de las polarizaciones, de los extremos, las discriminaciones, no han sido absueltas por la historia.

El Salvador tiene un sitio y reconocimiento en el Museo. Cientos de miles de judíos se salvaron de la muerte por países solidarios que les proveyeron identidad falsa. El Salvador, más específicamente a través de nuestro cónsul general en Ginebra en esos tiempos, José Castellanos, fue uno de ellos.

La alta cifra de latinos graduados como guías del museo (cerca de una cuarta parte), y dentro de ellos una cuarta parte (o más) salvadoreños, enseña la relevancia de esa población en los Estados Unidos. Da un ejemplo positivo de lo que los latinos contribuimos a, y aprendemos de, esa sociedad. Ejemplos claros de que no somos “animales de países de mierda”.

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