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Generación Cine

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Al menos 12 proyectos cinematográficos están en el horno. Documentales. Ficción. Cortos. Medios. Largometrajes. La producción es abanderada por cineastas jóvenes que, como dice una de ellos, se fueron de El Salvador a estudiar cine al final de los 90 y volvieron al país para hacerlo. Cine ya ha habido antes: el Óscar de André Guttfreund, las películas de Alejandro Cotto y Guillermo Escalón, la propaganda de guerra del Sistema Venceremos y, hace menos tiempo, documentales sobre los traumas de la posguerra. Pero es acaso hasta ahora que surge una generación de cineastas que, gracias a una tecnología más accesible, la terquedad de contarse y contar su país con imágenes y sonido y al incipiente apoyo del Estado van dando forma al nuevo cine salvadoreño. En esta edición especial Factum entrevista a cuatro exponentes de esa generación: Marcela Zamora, Julio López, Arturo Menéndez y Brenda Vanegas, así como también a músicos que aportan con su obra a las propuestas audiovisuales.


Gustavo Molina, un joven de Tacuba, terminó “La Petaca” en 2014. Él mismo había adaptado el cuento homónimo de Salarrué en un guion que terminó siendo un corto de poco más de 12 minutos, producido por ACISAM, una pequeña oenegé dedicada al trabajo de salud mental en comunidades rurales salvadoreñas. El corto terminó en una de las carpetas de cine salvadoreño que el Ministerio de Relaciones Exteriores manda a las embajadas para que las exhiban en el extranjero.

Aquel 2014, Arturo Menéndez estrenaba “Malacrianza”, su primer largometraje, en la legendaria sala de Instituto Cinematográfico Americano (AFI, en inglés) ubicada en Silver Spring, Maryland, a pocos kilómetros del centro de la capital estadounidense.

Y a finales de ese año Marcela Zamora estaba terminando “El cuarto de los huesos”, un documental producido por Julio López que “acompaña a varias madres salvadoreñas en su búsqueda por los restos de sus hijos desaparecidos a causa de la violencia…”, según la sinopsis escrita en el sitio web del Festival de Cine Ambulante, que lo hizo parte de su selección oficial para 2015.

“El cuarto de los huesos” terminaría ganando el premio a mejor documental en el Festival Ícaro de 2015. Entre las competidoras en esa categoría estaba “El camino más largo”, un documental sobre mujeres migrantes de América Latina, realizado por la salvadoreña Brenda Vanegas…

La nueva generación

No es algo que empezó ayer. Es quizá desde la década pasada que jóvenes salvadoreños decidieron vivir de las imágenes. Empezaron desde productoras pequeñas, dedicadas sobre todo a la publicidad, o desde colectivos que producían audiovisuales para oenegés. A la vuelta de los últimos tres años, si se atiende a lo que algunos de esos cineastas cuentan, el asunto empezó a explotar incluso en la cartelera local en San Salvador, reacia durante décadas a cualquier cine que no fuese la metralla comercial importada del Norte.

En mayo pasado, Zamora mostró su documental “Los ofendidos” en las salas comerciales de San Salvador. Éxito rotundo. Tanto que la cartelera, programada para una sola sala, tuvo que ampliarse a otras tres para recibir a todo el público de San Salvador dispuesto a pagar boleto para ver la película salvadoreña. Salvadoreña.

“La experiencia en los últimos dos años con el festival de cine Ambulante, de documental, ha tenido muy buena recepción en las salas. Hace poco se presentó la última película de Marcela y se añadieron tres salas… Ya tenemos un público fiel a nuestro cine alternativo, documental, que usualmente no termina en salas comerciales”, decía en junio pasado Adré Guttfreund, cineasta salvadoreño que en la actualidad trabaja en un par de programas de apoyo al cine salvadoreño financiados y auspiciados, en parte, por el Estado.

Julio López, director de la edición salvadoreña del festival Ambulante, coincide que el momento es el oportuno. “Creo que la generación que está trabajando ahora es importante en la medida de que es la primera generación que está haciendo cine de forma sistemática, y, casi por selección natural, va a ser importante”, dice el productor desde México.

Y mientras esto se escribe al menos 12 proyectos cinematográficos salvadoreños están en diferentes etapas de producción o posproducción: otro documental de Marcela Zamora, un documental de Julio López titulado “La última batalla del volcán” sobre la ofensiva guerrillera de 1989, un documental de Raúl Sabo sobre el rock salvadoreño de la posguerra, el primer largometraje de ficción de Brenda Vanegas, el nuevo largometraje de Arturo Menéndez. Y más.

“Se puede hablar de un cine naciente. Ahorita ya comienza lo bueno… Ahí están Marcela (Zamora), Julio (López), Tatiana (Huezo). Está “Volar” en ficción, que me parece un proyecto muy bueno. Hay un movimiento fuerte. Esto se va a poner realmente bueno de aquí a tres años, que habrá una reventazón de películas y propuestas, va a ser una fiesta del cine”, dice Arturo Menéndez.

En general, los cineastas con los que habló Factum coinciden en que la generación, el talento, ha estado formándose por años ya, pero reconocen en incentivos económicos recientes que han venido del Estado un aliciente importante en este “boom” del que habla Menéndez. Eso, porque la empresa privada, aparte de facilitar algunos espacios de distribución, aún no dice esta boca es mía.

Brenda Vanegas, la directora de “Volar”, dice: “Sí somos una generación que hace 10 años quisimos hacer cine, y fue una generación valiente porque nos fuimos a estudiar cine como fuera. Fuimos unos 15 o 20 cineastas, una gama diversa, que fuimos a estudiar cine y regresamos al país. Éramos un grupo que ya no solo quería estar metido en publicidad sino que ya tenía la inquietud de contar historias.”

Guttfreund, que ha sido productor creativo en el primer largo de Menéndez y en el de Vanegas, cree que el financiamiento del Estado ha sido muy importante, pero este no hubiera existido nunca sin que mediara el talento de esta nueva generación.

Para explicarlo, el cineasta cuenta que en 2014 visitó a la recién nombrada Viceministra de Economía, Merlin Barrera, para pedirle que incluyera en programas ya existentes de incentivo a la industria salvadoreña joven un apartado de cine. “Me dijo que no había visto nada que le dijera que se estaba haciendo cine a nivel profesional para que se entendiera como una inversión… Le enseñamos ‘Cuentos que dan miedo’ –una serie de cortos hechos por la productora Meridiano 89– y nos sacó los primeros 250,000 dólares para los primeros cinco proyectos”, recuerda.

El concurso Pixels, un programa del ministerio de Economía, de apoyo a la creatividad de los jóvenes salvadorelos, arrancó en 2009. A partir de 2014 incluyó la categoría audiovisual. Guttfreund ha asesorado a los grupos de ganadores y en algunos casos ha servido como productor ejecutivo o creativo de los filmes.

En total, de acuerdo a Barrera, Economía ha dado apoyo financiero a 13 proyectos. En 2014, a tres documentales (la ya citada “La última batalla del volcán” de Julio López, “Con voz de grito” de Raúl Sanabria y “Siri” de Paolo Hasbún) y dos proyectos de ficción (“Volar” de Brenda Vanegas y “Síndrome de Peter Pan” de Andrés Díaz). En 2015 apoyaron un reality, tres documentales y dos largos de ficción. En cuatro años el proyecto Pixels ha invertido 2.4 millones de dólares en proyectos innovadores de todo tipo. Parte de los fondos han sido financiados por cooperación internacional.

Entre los proyectos de 2015 están “La palabra de Pablo”, de Arturo Menéndez; “La cachada”, de Marlén Santos, un documental sobre “el grupo de teatro que se ha formado con mujeres que venden comida en el mercado, pero a través de un tipo de teatro terapia han procesado las experiencias difíciles de su vida incluyendo abusos”; y un documental de Marcela Zamora y Julio López sobre Comandos de Salvamento.

El gran problema, como señalan los autores, es la desorganización para gestionar los fondos. Todos, en alguna medida, aseguran que las formas deberían mejorarse en beneficio de la naciente industria del cine salvadoreño. Marcela Zamora es de las más críticas: “Porque lo están haciendo economistas. O sea, el fondo está diseñado por economistas, entonces hay unas incoherencias muy grandes entre lo que te piden y lo que realmente es hacer cine… Creo que es una gran iniciativa, pero los gestores del fondo tienen que entender que ese no es el camino para crear industria salvadoreña”, dice Marcela.

La buena noticia es que el cine, pese a la burocracia, ha encontrado una manera de abrirse paso en El Salvador.

Foto principal: fotograma de la película “Volar”, donde aparecen las actrices Patricia Rodríguez e Isabel Dada. 

 

Nota del editor: esta es una versión actualizada de la nota original. Se modificó información relacionada a la selección de los guiones ganadores del concurso Pixels. Originalmente se había publicado que André Guttfreund era parte del equipo que los seleccionaba, cuando en realidad esta tarea recae en un jurado internacional. Guttfreund solo asesora a los equipos ganadores del premio. Rogamos disculpas. 

Los cineastas hablan:

Julio López: “Estamos llegando 100 años más tarde a hacer cine pero más vale tarde que nunca”

Brenda Vanegas: “Hacer cine no solo es querer hacerlo, es trabajo y sacrificio”

Marcela Zamora: “Con su cine va a tener más voz El Salvador”

Arturo Menéndez: “En dos o tres años habrá una reventazón de películas y propuestas”

Además:

Los sonidos del cine salvadoreño a tres voces

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