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«Game of Thrones»: la muerte del héroe de mil caras

“You know nothing…”
– Ygritte, Game of Thrones

En términos de historias, películas o series de televisión hemos tenido la imposición de atestiguar viajes fáciles, viajes que se resuelven de forma mágica, sabiendo que no debería ser así. Con «Game of Thrones» hemos estado nueve años presenciando el viaje de distintos personajes ficticios, aunque desconocemos cuánto ha sido el tiempo real para ellos. Para nosotros, el viaje del héroe tarda toda una vida. 

[Alerta Spoiler: el siguiente artículo comenta distintos momentos de episodios diversos de la serie «Game of Thrones» y de la saga literaria «Canción de hielo y fuego»]


Mi hermana y yo estábamos viendo el fatídico noveno episodio de la tercera temporada de «Game of Thrones», el mismo cuyo evento más sobresaliente fue adecuadamente llamado “La Boda Roja”. Era un domingo cualquiera. Sentaditas en la cama, teníamos una ‘compu’ en las piernas y nos disponíamos a seguir la historia en la que ya estábamos más que absortas. Todo iba normal: sexo, intriga, política, diálogos audaces y directos. Y claro, llegamos a la escena de la fiesta que prometía un paso adelante hacia una anhelada reivindicación para la casa Stark. De repente, llegó un momento de silencio sospechosamente prolongado y, de la nada, varios guardias de la casa Frey se levantaron de entre quién sabe dónde y no sólo se alfileraron a Rob Stark sino que le picaron la panza de embarazada una y otra vez a Talisa Maegyr (Oona Chaplin), quien se desplomó. OMFG. 

En un momento, Cathlyn Stark pretendió entrar al quite y tomó por rehén a la púber esposa de Walder Frey, para quien –en un acto todavía más sorprendente– el valor de la nena resultaba ínfimo. Así que la supuesta amenaza de la única Stark viva en ese lugar era inútil. Finalmente, se la echó nomás para no irse en limpio y posteriormente se cortó la garganta. Créditos finales. 

No lo sabíamos en ese momento, pero el meme de Pikachu a la máxima potencia era el de nuestros rostros. Hasta ese momento, los protagonistas de la historia Stark eran todos los que habían muerto de un solo jalón y sin más trámite. Después, regresamos la escena para comprobar lo sucedido. Luego, vimos las reacciones de otros Pikachus en diferentes partes del mundo: gente gritando, arrastrándose, llorando de auténtico dolor. Habíamos visto morir a Ned Stark mucho más temprano en la serie, sin embargo, era Sean Bean… ¿A quién le sorprendió verdaderamente? 

Eso es lo que hace George R. R. Martin con la narrativa de “Canción de hielo y fuego”, audiovisual y popularmente conocida como «Game of Thrones». A pocos días del estreno de la temporada final, les quiero contar por qué hemos desarrollado este Síndrome de Estocolmo en el que Martin nos tiene a su merced y, sin embargo, no podemos dejar de consumir su contenido. 

El viaje del héroe

En un principio, la hipótesis original de este texto estribaba en la habilidad revolucionaria del autor para modificar la estructura narrativa de la mayoría de las películas épicas de la historia. Sin embargo, pensándolo un poco más, reparé en que no sólo no ha inventado nada nuevo, sino que sigue al pie de la letra el patrón narrativo, el “monomito”, el famosísimo “viaje del héroe”. Y he ahí la revolución sobre la manera de contar historias. 

“El viaje del héroe” es una forma estructurada de contar una historia descubierta por el mitógrafo Joseph Campbell en 1949 y desarrollada en el libro “El héroe de las mil caras” (¡Valar Morghulis!) a partir de la observación de la estructura dramática de las leyendas populares e historias de todas las culturas. Es decir, la estructura mitológica universal. Sin embargo, no se limita solamente a la mitología o a las películas épicas, sino que se ha adaptado a distintos tipos de héroes (y antihéroes). Fijémonos en “Forest Gump” o en “The Truman Show”, sólo por mencionar un par de ejemplos elegidos entre cientos.

En un ejercicio de «alta ñoñez», les invito a echarnos un clavado dentro de “El viaje de los héroes de Game of Thrones”.

La macroestructura del monomito, conocida como “la triada”, va de la siguiente manera:

  1. Inicio: se presenta el “mundo ordinario” del universo en cuestión y aparece en algún momento el “llamado a la aventura”. Un mapa, una dimensión alterna, reyes, guerreros y magos. Por ejemplo, el rey Baratheon ha muerto y ahora hay una competencia por ver quién se sienta en el trono vacío, mientras se acusa a King Robert de ser un rey ilegítimo, «el usurpador» que le arrebató el trono a los Targaryen.
  2. Desarrollo: el viaje y las aventuras del héroe comienzan y se enfrentará a distintas aventuras para conseguir un fin en especial. Las familias o clanes –todos a excepción de los Stark– establecen una competencia furiosa y hambrienta donde van a hacer exactamente lo que tengan que hacer para ocupar el trono. «Cuando juegas al Juego de Tronos, o ganas o mueres. No hay un término medio», dirá en algún momento Cersei Lannister.
  3. Desenlace: en realidad, en la estructura básica, el héroe “regresa” a su lugar de origen, hacia un equilibrio después del proceso transformador del viaje. Pero en GOT, nadie ha vuelto nunca. Daenerys Targaryen está intentándolo, pero aún no hemos visto que lo consiga. Nadie ha logrado volver al origen para establecerse ahí de forma permanente. Todos se han perdido o han perdido en el proceso del viaje. Brandon y Arya Stark parece que han vuelto a Invernalia después de viajes que les transformó de manera irreparable. Él parece estar, más bien, en todas partes; mientras ella deberá partir, de nuevo, si quiere completar el listado de muertes que ofrendar al Faceless God. Lo cierto es que una premisa del viaje es la siguiente: «En el momento del desenlace, puede que el protagonista no haya logrado su objetivo, sin embargo, sí que debe haber completado su evolución». 

El tema es que en «Game of Thrones» no sabemos quién es el protagonista. En la primera temporada aparecen algunos de los que, en apariencia, serán los personajes fundamentales, pero en ese momento cualquiera podría el protagonista. Sean Bean (en el papel de Ned Stark) siempre muere. Es el actor con el récord de mayor número de muertes en pantalla. Desde un inicio, él se convierte en un falso protagonista, porque se revelará que no es él quien emprende el viaje. No tiene ninguna evolución (nueva) que transitar, entonces, muere.

Pareciera que en la tierra del hielo y el fuego todos son sus propios héroes; todos se ven a sí mismos como los héroes de su familia. Pareciera una historia que se va desarrollando junto a la de otros héroes. En la historia de cada casa, todos son los enemigos, los villanos, los amigos, los aliados, etc.

Sin embargo, como en la vida misma, los protagónicos y los antagónicos tienen su propia historia compleja. No son entes sin vida, de cartón, que vuelven a su caja una vez que tuvieron su participación en la trama de otro héroe.

Para el autor, es como tal, un juego, en el que de forma voluntaria se determina en dónde termina el viaje del héroe de cada falso protagonista. Si perdieron con su propia muerte, es porque no eran los protagonistas, aunque hayan tenido una participación valiosa. 

Ya se han escrito otras ‘clavadeces’ para intentar aproximarse a la verdad. Son textos en los que se toma en cuenta que los libros publicados ya terminaron su margen de maniobra y el desenlace de la historia más cercano está en manos de la serie de televisión. Los más eruditos se aventuraron a calcular, por ejemplo, el tiempo en pantalla de cada personaje. Así como hicieron para determinar que Ross, de «Friends», es el verdadero protagonista de esa serie, sabemos matemáticamente que Tyrion tiene la mayor cantidad de apariciones, tanto en episodios de los libros publicados como en la serie de HBO. Él es el ganador en cuanto a número de interrelaciones con los personajes de toda la historia. Por otro lado, aquellos que han revisado la narrativa en sí misma, proponen que, así como hay falsos protagonistas, hay una falsa misión en el universo, en la misión de ocupar el Trono de Hierro, cuando es más importante (planteado desde el episodio uno) la batalla por la supervivencia ante los White Walkers. Siendo así, el único personaje alineado con esa “verdadera misión” es Jon Snow. Por lo tanto, no,  ninguno de los otros personajes todavía vivos tiene una participación tan relevante como los mencionados. Calculen. 

Si todavía quieren más sobre el también llamado “Periplo del héroe”, aquí les va un desarrollo más extendido (o, podrían brincarse directo hasta los últimos párrafos).

Las etapas de este patrón narrativo van así:

  • “El mundo ordinario”: aquí vemos a Westeros y Essos con sus respectivas “provincias” y “culturas”. Es un mundo exótico en sí mismo. 
  • “La llamada a la aventura”: la muerte del Rey Baratheon y la competencia por el trono. 
  • “Rechazo de la llamada”: Ned Stark rechaza la llamada y pues… muere. 
  • “Encuentro con el maestro”: todos tienen diferentes maestros, dependiendo de la circunstancia particular de cada personaje. Cada personaje tiene un maestro y cada alumno se vuelve maestro de alguien en algún momento, pero si necesitamos hablar de alguna obviedad, está la relación de Jaquen H´Gar (y antes Syrio Forel) con Arya. 
  • “Cruce del primer umbral”: por ejemplo, la batalla de Black Water para Tyrion, el destierro de Jon Snow a Castle Black o la misma muerte del patriarca para Sansa y para Arya. 
  • “Pruebas, aliados y enemigos”: no es necesario desarrollarlo tanto pues de eso pedimos nuestra limosna en GOT. 
  • “Acercamiento”: aquí aparece, por ejemplo, el tema de ‘La Boda Roja’. Estos héroes no pasan la prueba y mueren (porque, de nuevo, no son los verdaderos héroes). Sin embargo, se contemplan también aquí las pérdidas importantes para los personajes, como la mano de Jaime, el miembro de Theon, el asesinato de Tywin Lannister o el #shameshame de Cersei.
  • “Prueba suprema”: Jon con ‘La batalla de Castle Black’ y cuando muere por primera vez. ¿Cuál prueba más suprema que resucitar? También tenemos otros tristes ejemplos como el (imperdonable) asesinato de la hija de Stannis o el trauma colectivo que sigue siendo la muerte de Hodor. (Hodor…)  
  • “Recompensa”: donde tenemos a Cersei sentándose en el trono después de la muerte de todos sus hijos o Danaerys con su ejército, sus dragones y su nuevo novio/trofeo, Jon Snow. 
  • “El camino de vuelta”: literalmente, Arya, Sansa y Bran regresando a Winterfell; o a Sir Jorah (conocido mundialmente como ‘Lord Friendzone’) regresando con Danaerys; o el de Brienne of Tarth a los brazos (o bueno, al brazo) de Jaime. 
  • “La resurrección”: los seis regresos a la vida de parte de Beric Dondarrion; la vuelta a la vida de Jon Snow; la conversión de Viserion, el dragón ahora poseído por los White Walkers; o incluso la resurrección de Catelyn Stark que ocurre en los libros, donde vuelve de la muerte como Lady Stoneheart, revivida por la Hermandad Sin Bandera.
  • “El retorno”: ese que aún no sucede y sobre el que contamos los días, las horas y los segundos. 

Bajo la misma lógica, todos los personajes aún con vida son los que han tenido una transformación más radical, más grande: Danaerys, Jon, Arya, Sansa, Tyrion, Cersei, Jaime, The Hound y hasta Theon. A pesar de nuestro dolor (te extraño, mi reina Margaery), podríamos pensar en todos los demás y preguntarnos: ¿en qué momento estaban cambiando o dejaron de cambiar para perder la batalla?

Después de toda la semiciencia presentada al momento, no sería raro que el mismo R. R. Martin se hubiera sentido extrañado del éxito tan rotundo de la serie cuando él, “simplemente”, estaba siguiendo al pie de la letra la forma más antigua de contar historias.

Esta historia, como tantas otras desarrollándose en este momento, trata sobre el poder, sobre quién gana el poder en un limitado contexto que se presume como el único, siendo simplemente el propio. Ahora, si lo traducimos a nuestra dimensión: mientras una bola de lords y ladies se pelean por sentarse en una silla, la verdadera batalla es contra una fuerza que desconocemos, una fuerza que se ha aproximado, se ha dado cuenta de todo el daño posible y es justo quien está en una mayor conexión con la naturaleza. ¿Les suena? Tal vez, cambio climático y la destrucción de la tierra, ¿les suena? 

Ahora, (les juro que ya me voy a sentar), ¿por qué necesitamos esta historia en este momento?

Hay una diversidad de personajes suficientemente amplia como para encontrar un arquetipo con el que todos nos identificamos directamente, aunque sea uno en público y otro en privado. Todos necesitamos sentirnos héroes y protagonistas de nuestra propia vida. Aceptamos la muerte de los personajes porque hemos aceptado la muerte de nuestros propios personajes y, a nivel social, estamos muy conscientes del verdadero ciclo de la vida.

No ha habido serie más oportuna y mejor desarrollada que «Game of Thrones». Y esto no está nada relacionado con el volumen de las inversiones o el retorno de las mismas, sino con el fenómeno social derivado de ella: por una ocasión, millones de seres humanos alrededor del mundo estamos verdaderamente comprometidos con una historia (ojalá lo estuviéramos para otras cosas). Porque no se trata de ser observador omnisciente de la aventura de alguien más, sino de vernos identificados íntimamente con un viaje que, de hecho, estamos todos realizando al mismo tiempo. No es Síndrome de Estocolmo lo que tenemos, es la curiosidad más humana de averiguar el momento de nuestra propia muerte. 

Valar Dohaeris… Nos vemos en abril. 

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