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Desde La Habana, Nicola Chávez Courtright nos comparte imágenes y primeras impresiones de cómo ha reaccionado la vida cotidiana en Cuba, a pocos días del fallecimiento de Fidel Castro, el comandante que a través de la revolución en su país escribió una de las hojas más importantes en la historia de Latinoamérica y el mundo.


Desde el pasado viernes por la noche, cuando Raúl Castro anunció la muerte de su hermano, el comandante en jefe y expresidente de Cuba, Fidel Castro, La Habana se siente distinta. El reguetón que normalmente retumba desde los almendrones —los taxis colectivos que circulan por la ciudad— está ausente y las reducidas multitudes de personas que deambulan por El Vedado hacen parecer que fuera domingo temprano por la mañana y no un sábado por la tarde. Sin embargo, en La Habana la vida continúa. Los niños juegan basquetbol, la gente hace cola esperando su pan con perro (hot dog) y los mercados de artesanía siguen llenos de turistas. Además de la conspicua falta de melodías y pitos de los automóviles, también ausente están las discusiones sobre la muerte del padre de la patria.

En el Aeropuerto Internacional José Martí, como en todo el país, la bandera de Cuba permanece a media asta. Sin embargo, entre las multitudes de turistas y cubanos residentes en el exterior que ingresan al país, el tema del día no es Fidel sino las largas filas para pasar por seguridad.

Un hombre explica el silencio de la siguiente manera:

“Desde la última vez que Fidel dirigió a la Asamblea ya se veía bastante desmejorado. Él incluso dijo que posiblemente esa sería la última vez que se presentaría en público. Después de muchos años, ya el pueblo estaba preparado para su fallecimiento”.

Preparada o no, Cuba observará el luto de Fidel, quien encabezó el país como líder político y simbólico desde que su movimiento 26 de Julio derrocó al dictador Fulgencio Batista en 1959, por nueve días. Durante este periodo, los restos cremados del Comandante atravesarán toda la isla a partir del próximo miércoles, siguiendo La Caravana de la Libertad que Fidel realizó en el Triunfo de la Revolución y culminará en su sepelio el 4 de diciembre en el cementerio de Santa Ifigenia de Santiago de Cuba.

Previo al periplo que realizarán sus restos, los policías y trabajadores municipales empiezan a preparar la Plaza de la Revolución para recibir a las multitudes que atenderán los actos fúnebres de Fidel Castro y que tomarán lugar la noche del martes 29 de noviembre.

A pocas cuadras de la Plaza, Fátima almuerza pollo, malanga sancochada y platanitos con su vecina Amelia. Es el día después del anuncio de la muerte de Fidel.

— La gente tiene miedo— dice Fátima, respecto al silencio de las calles. —Sino estarían celebrando como en Miami.

Amelia asiente y agrega:

— Fue un hombre muy bueno, muy inteligente, muy excepcional pero se pasó con varias cosas. Aunque quizás con su muerte las cosas no cambien, sí ha muerto un símbolo.

En un barrio popular a las afueras de La Habana, la opinión sobre al fallecimiento de Fidel difiere.

—Yo no soy comunista. Soy ‘fidelista’— dice Tamara, dueña de una cafetería de 24 horas. —No me eché a llorar ríos cuando me enteré [que murió Fidel], porque yo no soy así. Pero sí te puedo decir que me impacté. Fue un hombre ejemplar para el mundo. Desde que se enfermó [y asumió el poder Raúl Castro] se han ido perdiendo las conquistas de la Revolución.

Gretel, gerente de la cafetería de Tamara, tiene lágrimas en los ojos mientras lee el ejemplar de Granma dedicado a Fidel.

—Todo el pueblo cubano quiere a Fidel. Esto se siente como la pérdida de un familiar muy, muy querido— dice ella.

Los nueve días de luto declarados por el gobierno pretenden rendirle el debido tributo a Fidel, quien fungió como presidente de Cuba por 47 años hasta el 2006, cundo cedió el poder a su hermano Raúl. Como parte de este duelo nacional, se han prohibido los espectáculos y la venta de alcohol, aunque esto tiene interpretaciones distintas para los habitantes de La Habana.

La popular discoteca y espacio cultural Fábrica de Arte Cubano, por ejemplo, cerró sus puertas al momento que el personal se enteró del fallecimiento del ‘Comandante’, evacuando a toda la clientela a plena fiesta de viernes sin darles explicación alguna.

—Yo me enteré por WhatsApp en el taxi camino a otra disco, después que nos echaran— dice Chuck, un turista americano. —No había nada más que estuviera abierto, pero ninguno de los cubanos que trabajan en las discos me pudo decir por qué.

La siguiente noche en la Habana Vieja, epicentro del turismo en La Habana, algunos establecimientos dejaron de vender bebidas alcohólicas al anochecer mientras que otros solo ofrecen cerveza y los bares con dueños más fidelistas han vetado toda venta de bebidas embriagantes. La medida a la que todos han acatado fielmente, sin embargo, es a la prohibición de música y espectáculos en la normalmente rítmica ciudad. Los dueños de tiendas de souvenirs han guardado sus típicas claves cubanas, las discos permanecen cerradas y no se ve músico alguno que toque por las calles.

—Tres días es una cosa, pero no sé cómo haremos con nueve— dice un bartender que no luce tan afectado, mientras el plasma del televisor detrás del bar muestra una programación constante sobre Fidel.

Cubavisión, quien ha impuesto cadena nacional, entre reflexiones con celebridades y políticos e imagines de archivo de Fidel, presenta entrevistas con médicos cubanos brindando sus servicios en zonas rurales de pobreza extrema en Nicaragua y Haití.

—Es como un doble duelo: sentir la pérdida de nuestro comandante y estar lejos de la patria a la vez— dice un médico destacado en Nicaragua. —Pero seguiremos adelante, cumpliendo con la misión internacionalista que nos encargó Fidel mismo.

Fidel Castro falleció en el 60 aniversario de la partida de su nave Granma desde México hacia Cuba en 1957, cerrando una vida casi mítica y con tantas repercusiones para millones de todo el espectro político. A pesar de las medidas impuestas por el luto, nueve días todavía parecen poco para remembrar esta polémica figura que posicionó a Cuba como referente socialista latinoamericano frente al escenario mundial por casi seis décadas.

En La Habana, dos días antes de su funeral público, algunos taxistas ya empiezan a colocar calcomanías de “¡Hasta siempre, Fidel!” en las ventanas de sus vehículos, dando su aporte a la colección de silenciosas despedidas a esta leyenda mundial.


LEE ADEMÁS:

– Las células están activas

– Fidel y las últimas cenizas de la Revolución

– A pesar de la realidad, lloré a Fidel

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