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Fuego cruzado

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El 2018 será recordado como el año en que se dispararon los primeros disparos de la guerra comercial entre Estados Unidos y un conjunto de países como China, la Unión Europea, México y Canadá. Bajo la administración del presidente Trump se ha recuperado un duro discurso proteccionista acompañado de una serie de medidas comerciales que han puesto en jaque al marco multilateral del comercio y que amenazan a la economía mundial. Es muy difícil anticipar la escalada de este conflicto, cuánto tiempo se extenderá o la profundidad y alcance, pero considerando el tamaño de las economías en disputa las consecuencias tienen un impacto global.

El primer disparo lo dio en enero Estados Unidos, con el establecimiento de aranceles a los paneles solares y a las lavadoras importadas; luego, en marzo, con un arancel del 25% al acero y un 10% al aluminio sobre la importación de 1,300 productos chinos por valor de 50.000 millones de dólares. La respuesta China no se hizo esperar al imponer aranceles de 15% a 120 artículos de importación como frutas y ocho artículos que incluyen carne de cerdo y productos alimenticios fueron sometidos a aranceles de 25%, por valor de unos 3,000 millones de dólares. Desde entonces, los anuncios de medidas de retaliación han aumentado considerablemente. La Unión Europea ha anunciado medidas de retaliación si le aplican los aranceles de aluminio y acero; México ha impuesto medidas en acero de Estados Unidos, cerdo, queso y otros productos; Canadá impuso medidas de retaliación contra productos de Estados Unidos por valor de 13 billones de dólares.

El giro hacia las medidas proteccionistas impulsadas por el gobierno de los Estados Unidos está basado en controversiales argumentos económicos que más parecen razones de tinte político, con lo que se pretende cambiar un largo proceso de apertura comercial en aquel país. Desde la gran crisis económica de los años 30 en el siglo anterior, en Estados Unidos el promedio de impuestos recaudados de las importaciones apenas fue del 6% y para el período de 1990 a 2016, este promedio cayó al 1.9%. Los antecedentes proteccionistas de Estados Unidos se ubican en el siglo XIX donde los impuestos recaudados fueron del 30% de las importaciones. Ya en el siglo XX, la última escala proteccionista se dio con la denominada Ley Hawley-Smoot, bajo la administración de Herbert Hoover en los años de la Gran Depresión. Considerada por muchos economistas como uno de los casos de proteccionismo más infames de la historia económica de los Estados Unidos, esta ley elevó los aranceles a más de 20,000 productos agrícolas e industriales, utilizando argumentos muy similares a esta nueva ola proteccionista.

Esta ley pasó a la historia por la nota enviada al presidente Hoover por 1,028 economistas estadounidenses, una proporción significativa de profesionales de esa época, pidiendo que se vetara dicha ley y anticipando las graves consecuencias que tendría para la economía. Vale decir que dicha medida no cumplió ninguno de los objetivos propuestos y la administración de Franklin D. Roosevelt terminó por reducir de nuevo los aranceles.

La razón económica es muy simple: las medidas de retaliación de los socios comerciales menoscaban los intereses de los exportadores, afecta a los productores, eleva los precios de los productos de los consumidores y reduce su poder de compra, además de reducir considerablemente el comercio global. Los impactos se dejaron sentir en los Estados Unidos por décadas. Si la historia sirve de referente en la política comercial, es interesante constatar que la Ley Hawley-Smoot fue parte de una estrategia del Partido Republicano para ganar las elecciones de 1928, especialmente del voto rural, duramente castigado por la gran crisis económica.

La historia parece repetirse. Antes del colapso de la economía mundial de 2007, Estados Unidos había gozado de un largo período de reducción en la volatilidad del crecimiento y de reducción de la inflación. Este período de 1980 a 2006, denominado por el paradigma económico dominante (economic mainstream) como el período de la gran moderación, se explica por al menos tres elementos: la efectividad de la política monetaria para combatir la inflación; los cambios estructurales, especialmente en el sector financiero, las mejoras en el manejo de los inventarios debido a los avances tecnológico; y la ausencia de shocks externos y de un buen entorno económico. En palabras de Olivier Blanchard, el período de las gran moderación se explica por la buena suerte de un entorno favorable.

La posterior crisis de 2007 y el colapso de la economía mundial supuso replantear muchos de los supuestos del paradigma económico, pero es innegable que la estabilidad y la ausencia de shock externos son favorables para una crecimiento sostenido de la economía. Las medidas proteccionistas amenazan la recuperación económica mundial. La volatilidad del crecimiento económico supone empleo menos estables, aumento en la incertidumbre que enfrentan los hogares y las empresas y abre la posibilidad a que las recesiones sean más frecuentes. Las recientes críticas de la administración Trump a las autoridades monetarias de los Estados Unidos es otro hecho sin precedentes que suma a este factor de incertidumbre.

Ante este escenario, circula una nueva carta recuperando casi que literalmente el texto escrito en 1930 firmada por un grupo de reconocidos economistas que incluye varios Premios Nobel y destacados economistas y expertos en comercio, donde se afirma que los principios de aquella nota, ahora recuperada por la historia, mantiene ciertos principios intertemporales, esto es, que son más los sectores que pierden con el proteccionismo debido a que las tarifas arancelarias no tienen mayores efectos en sus actividades económicas y que aquellos sectores donde la tarifa si genera un impacto se ve afectada por las medidas de retorsión en los mercados de exportación.

En una guerra todos pierden. Estimaciones preliminares sobre el impacto de la guerra comercial entre Estados Unidos y China indican que generaría una dinámica autodestructiva para ambas economías y con un pesado lastre para la economía mundial. Tres son los mecanismos autodestructivos. La reducción de los flujos de comercio, el quiebre de las cadenas globales de abastecimiento y el aumento en el precio de las importaciones. Simulaciones realizadas por el Banco del Reino Unido muestran que la guerra comercial puede reducir el crecimiento en 2.5% en tres años y que el mayor perdedor serían los Estados Unidos con una reducción del 5%.

Surge una reflexión sobre todo esto. Si el proteccionismo es tan negativo para los Estados Unidos, por qué se insiste en dichas medidas. Algunos opinan que son medidas para forzar negociaciones comerciales bilaterales en áreas donde se percibe que hay desbalances o prácticas desleales de comercio como las depreciaciones del yuan chino, la protección de la propiedad intelectual o la aplicación de subsidios. Los próximos meses serán claves para ver si esta guerra se intensifica, con los consecuencias que ello supone para el resto de la economía mundial.


*Mario Roger Hernández es doctor en Economía y fue viceministro de Economía de El Salvador.

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