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Fito Páez en “retrospectiva”

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En un ataque de rabia contenida, Fito Páez salta y se desliza sobre sus rodillas en el cielo del reluciente piano de cola con el que traduce su energía en música para camaleones. Aterriza. Captura el momento. Se pone de pie de un brinco y castiga su guitarra en un momento de trance. Está en la zona. Es el clímax de la noche.

Su espectáculo había comenzado una hora y media atrás. Era la última fecha de la gira “Retrospectiva” en México. Y ahí estuvo Revista Factum para narrar el episodio que, como ya su nombre infería, consistía en un repaso histórico por la prolífica discografía del que es considerado como uno de los pilares fundamentales del rock  latinoamericano de autor, uno más entre los flacos iluminados: Rodolfo.

Fito guarda una costumbre peculiar para dar inicio a algunos de sus conciertos. En ellos no hay cortinas que se abren, ni videos que preparen la atmósfera. Esta ocasión, en el teatro Metropolitan de la Ciudad de México, ni siquiera hubo pantallas gigantes que sirvieran de apoyo visual. Él mismo ya lo había anunciado en conferencia de prensa: quería que la música se defendiera por sí sola, sin necesidad de apoyo visual. Por eso, sin más fanfarria que su sola presencia, Fito atacó a la penumbra del escenario, se acercó al micrófono y tomó de la mano a su invitada especial (Fabiana Cantilo, ex pareja e histórica corista que le acompañó en distintos discos, así como también a Charly García a los inicios de su carrera como solista), para anunciar lo que se venía:

“Como ya son casi 30 años que vengo a esta tierra maravillosa… Y la verdad es que ya me siento parte del barrio, de la casa… ¡Es así! No lo van a poder evitar… Y traje conmigo a una de las artistas más divinas de nuestro barrio argentino, una mujer que a mi me ha inspirado muchísimas de las canciones que hice. Y si no fuera por ella, mi vida habría sido otra. Lo digo muy en serio… ¡Y a ti también te lo digo muy en serio! (señalando a Fabiana)… Entonces es muy hermoso estar aquí, en esta vuelta a casa, otra vez, con mi más hermosa, más amada y preciosa… ¡Fabiana Cantilo!”

Fito Páez recordó muchas épocas de antaño al cantar al lado de Fabiana Cantilo en un concierto más de su gira "Retrospectiva". Foto Lulú Urdapilleta/Cortesía de OCESA.

Fito Páez recordó muchas épocas de antaño al cantar al lado de Fabiana Cantilo en un concierto más de su gira “Retrospectiva”. Foto Lulú Urdapilleta/Cortesía de OCESA.

Y de inmediato arrancó la música con “Folis Verghet”, una de esas rarezas estrambóticas que Fito Páez rara vez ejecuta en vivo, parte del disco “La La La”, de 1986, que el rosarino grabó en compañía de otro gran ícono del rock argentino: Luis Alberto Spinetta.

A ella le siguió otra canción de la prehistoria de Páez, una que dio nombre a un disco que está cumpliendo 30 años de haber sido publicado, una canción que despegó a Fito de la tetilla de Charly García, una composición que ejemplifica el gran talento musical de Fito. Se trataba de “Giros”, para la que el argentino dedicó algunas palabras que pueden escucharse en el siguiente audio:


El show continuó con el grito de “¡Bienvenidos a La rueda mágica!”,  en alusión al tema de “El amor después del amor”, aquel disco que es recordado por ser el más vendido en la historia del rock argentino y que, por esta vez, devolvió la energía que la complejidad de “Giros” había robado por unos minutos.

A continuación una nueva declaración de amor, del más sincero e incuestionable, el de la paternidad. “Margarita” sonó con un “para vos, mi amor”… más esa guitarra acústica y esa devoción que Fito rindiera a su hija en el disco “Yo te amo” de 2013. Luego una pequeña improvisación de piano para gestar el ambiente óptimo para que la multitud gritara a coro uno de los mayores éxitos de la discografía Páez: “11 y 6”.

Luego una explicación del tema que se venía:

“Estábamos en la casa de unos compas, con Fabi… Y de golpe aparecen estas palabras y esta música. Fue un rato largo… Eeeh… Lo que no podés creer es haber escrito eso a esa edad… porque todavía puedo cantar esas palabras… y parecía un hombre adulto. Lo que pienso es que esa canción no la escribí yo… Tampoco soy de esos tipos que dicen que se les atravesó una inspiración del más allá… No. La canté y la escribí yo, pero ves que hay gente que dice que se les atravesó una cosa mística… Bueno, pueda que sí… Pero en todo caso, hay una extrañeza ahí… y es que estas palabras no son mías”.

Y el tema que se venía era “Yo vengo a ofrecer mi corazón”, una canción compleja en lo musical, con un bajo que marca el pulso exacto de una venas ardientes y que encajan con el sentimiento latino de mediados de los ochenta, por lo que no resultaría extraño que años después Mercedes Sosa decidiera hacerle un cover a la medida. Esta vez Fito respetó el arreglo original —con los coros originales de Fabiana Cantilo— y deleitó a quienes le han seguido los pasos desde aquellos años de urgencias sociales. Vale la pena que escuchen el siguiente audio y acompañen el beat de la canción de la misma forma en la que el público ofreció sus palmas al final de la misma:


Sin darle descanso a las emociones, Fito continuó repasando temas que no suele interpretar muy seguido, como por ejemplo “Gente sin swing”, una de las olvidadas del disco “Ciudad de pobres corazones”, publicado en 1987.

Fito Paez en concierto en el Teatro Metropolitan de México DF. Foto de Lulú Urdapilleta/Cortesía de OCESA.

Fito Paez en concierto en el Teatro Metropolitan de México DF. Foto de Lulú Urdapilleta/Cortesía de OCESA.

Y de la lejanía de aquellos años viajamos al presente, con lo más reciente de la discografía Paez: el tema “Hermanos”, del disco “Locura total” que Fito grabó con el brasileño Paulinho Moska (y quien estaba pautado a actuar en el concierto pero que, por motivos de fuerza mayor, no pudo acudir a la cita).

Y luego más palabras:

“Vamos a tocar una canción que me gusta tocar todavía. Está bueno cuando te pasa eso, ¿no? Es un regalo para un mamarracho, como soy yo… argentino… Está Charly acá (mientras señala al cielo), está Piazzola, están los Beatles”.

Lo dijo Fito a continuación para presentar la que en otras ocasiones ha definido como “la canción más completa y redonda del repertorio”, y que no es otra más que “Tumbas de la gloria”.

Y de nuevo al piano en soledad. El show entraba en melancolía. Apareció el homenaje a Armando Manzanero con “Esta tarde vi llover”, que motivó a la asistencia a corear “Olé, olé, olé olé… Fitoooo… Fitoooo”. Páez agradeció y les dijo, recordando a Bob Dylan: “Ahorren energía, porque la van a necesitar más tarde”.

El set de piano continuó con “Pétalo de sal”, composición que nació de otro intercambio más con el flaco Spinetta en “El amor después del amor”, y para la cual Fito invitó al escenario a una cantante argentina llamada Loli Molina.

“Esta es la sección de chicas… de mujeres”, dijo Fito para interpretar una versión a piano de “Muchacha”, una de las mejores canciones que aparecen en el disco “Rock & roll revolution” y que, curiosamente, gana mucho cuerpo al restarle instrumentalización y limitarla solamente al piano y la voz.

Fito Paéz ofreció una sección del concierto basada solamente en su voz y en el piano. Foto de Lulú Urdapilleta/Cortesía de OCESA.

Fito Paéz ofreció una sección del concierto basada solamente en su voz y en el piano. Foto de Lulú Urdapilleta/Cortesía de OCESA.

Fito Paéz y Loli Molina cantando a dúo. Foto de Lulú Urdapilleta/Cortesía de OCESA.

Fito Paéz y Loli Molina cantando a dúo. Foto de Lulú Urdapilleta/Cortesía de OCESA.

El concierto tuvo muchos momentos en los que la emoción desbordó a Fito Paéz. Foto de Lulú Urdapilleta/Cortesía de OCESA.

El concierto tuvo muchos momentos en los que la emoción desbordó a Fito Paéz. Foto de Lulú Urdapilleta/Cortesía de OCESA.

La sección de piano continuó con “Un vestido y un amor”, para luego dar paso al trayecto más eléctrico y poderoso del recital, alimentado por la llegada de canciones como “El amor después del amor” y por la pausa (para cambio de vestuario) que Fabiana Cantilo creo al interpretar un tema suyo llamado “Payaso”.

Fito regresó luego vestido completamente de blanco y con renovadas energías. Bajo el saco trajo la rabia de canciones como “Naturaleza sangre”, “La mejor solución” y “Circo beat”.

Luego Fito pidió que se apagaran las luces y que fuera el público (con sus celulares) el que iluminara como un manto de luciérnagas. Era el turno de cantar “Brillante sobre el mic”.

Y luego, más palabras:

“Siempre digo lo mismo, porque lo siento en realidad: prefiero el beso, el abrazo, la mirada, el polvo… a las putas palabras. Pero igual, las palabras sirven, nombran, hacen jurisprudencia, meten preso al hijo de puta. No está mal… Así que estas palabras, hoy en día, las puedo cantar con la frente en alta”.

Era la introducción a uno de los temas que más fuerte se corearon en la noche: “Al lado del camino” (del disco “Abre”, 1999).

El concierto agonizaba. Cuando sonó “Ciudad de pobres corazones”, pareció que ya no habría mucho por disfrutar, pero Fito abandonó el escenario para luego regresar y ofrecer algunas canciones más: “A rodar mi vida”, “Dar es dar” y “Mariposa technicolor”.

De ida y vuelta, la retrospectiva estaba completa.

GALERÍA COMPLETA DEL CONCIERTO DE FITO PÁEZ EN ESTE ENLACE

–LEE ADEMÁS: CONFERENCIA DE PRENSA DE FITO PÁEZ

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