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Las finanzas públicas y el ministro Cáceres

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Las finanzas públicas son como algunos de los bienes básicos que tenemos en la vida: si están bien no nos preocupan, pero si están mal se vuelven nuestra principal preocupación. En las campañas electorales, como la que ahora empieza, las finanzas públicas tienden a ser uno de los temas que ocupan los partidos políticos para atraer votos o quitarle votos al contrincante.

Arena ha ocupado las finanzas públicas en las últimas dos campañas para meter miedo por lo que el Frente podía hacer con las mismas. Nos decían que un gobierno del Frente podía convertir a nuestro país en otra Venezuela, que podían nacionalizar empresas, desdolarizar, producir una súper inflación como ha pasado en varios países del Sur. En fin, crear una crisis macro económica.

Varios políticos y sus partidos tienden a ser irresponsables en sus plataformas y promesas electorales ofreciendo subsidios para casi todo, así como programas y proyectos,  sin pensar en sus costos. Si los políticos, cuando llegan al poder, cumplieran con la mitad de lo que ofrecen durante sus campañas las finanzas públicas estarían quebradas.

El ministro de finanzas juega un papel clave en el manejo de las finanzas del país, pues él es uno de los principales actores responsables de administrar el erario público, negociar y presentar para aprobación el presupuesto de la nación, asegurar que existan los fondos para el mismo, en términos generales asegurar una estabilidad macroeconómica. Él es uno de los principales actores que deciden en qué gasta el gobierno y de asegurar que existan los fondos para ello. Si se gasta mucho más de lo que se colecta, se puede entrar en hiperinflación, perdiendo la moneda su valor adquisitivo, costando los productos cada vez más; si la deuda sube excesivamente estamos hipotecando a futuras generaciones.

En un país con recursos limitados, con una historia de impuestos bajos, de gastos superfluos, y de ineficiencias entre otros, el ministro de finanzas tiene la dura labor de racionalizar gastos; en otras palabras, reducir gastos ineficientes y constantemente decir no a muchos de los que piden plata al gobierno, así como de asegurar fondos para financiar el resto.

Carlos Cáceres ha sido el ministro de finanzas durante los últimos dos gobiernos. Es uno de los ministros que ahora dejan el gobierno. Como insumo para un voto más consciente en la próxima elección y como una valorización de su desempeño, repaso ahora el legado del ministro Cáceres en lo relativo a las finanzas públicas. Lo hago con el conocimiento que me da el haber trabajado indirectamente con él por casi nueve años, lo que también puede producir algún sesgo, por lo que baso mi análisis en cifras de organismos internacionales[1], especialmente para el periodo en que él ejerció como ministro.

Cáceres recibe una economía en negativa luego de la crisis financiera internacional de 2008-2009. El crecimiento de nuestra economía era de menos 1.1% en el 2009; de allí en adelante hasta ahora, la economía reporta crecimiento entre 1.4 % y 2.4 %. La inflación se mantiene de las más bajas, si no la más baja, de América Latina, en todo el mismo periodo.

El déficit del sector público que él recibió en el 2009 era de 5.7 % del PIB; es decir, el Estado gastaba 5.7 % más de lo que recolectaba. Desde entonces ese déficit empieza a bajar constantemente, excepto por el 2013, llegando el año pasado a 2.7 %, o sea, se disminuye el déficit en más de la mitad. Esto se basa en varias medidas claves. Los ingresos tributarios netos aumentan tres puntos porcentuales del PIB entre 2009 y 2017. Algunos subsidios se racionalizan, se anulan los subsidios en bienes básicos (agua, luz, gas) a muchos, pero no a los más pobres. La masa salarial del gobierno se estabiliza después de un aumento inicial, especialmente a los maestros y profesores. El gasto en sueldos y salarios del sistema público pasó de 8.0 % a 9.2 %  entre 2009 y 2016.

El tipo de cambio se mantiene, pues se mantiene el dólar. Los gastos sociales en educación, vivienda, salud, etc. aumentan inicialmente y luego se estabilizan. Se introducen programas claves en estos sectores como Cuidad Mujer y reforzamiento de la salud básica y preventiva. La liquidez, patrimonio y rentabilidad del sector bancario, uno de los pilares de las finanzas, se mantienen estables. Según el BID, “la calidad de las políticas públicas salvadoreñas se acerca a la media de América Latina. Se destacan positivamente los factores de implementación y calidad de la ejecución”.

Acciones claves para lograr lo anterior han sido las reformas en el ámbito financiero que se han logrado con consenso político: la reforma parcial de pensiones, la ley de responsabilidad fiscal y un par de reformas tributarias. En esas reformas el ministro Cáceres fue el artífice principal.

Hay indicadores negativos también. El factor clave es la deuda publica la cual ha pasado del 50.3 % del PIB en 2009 al 61.7 % en  2017. La inversión pública cae ligeramente en un 0.3 % desde 2016. Las remesas siguen siendo la fuente principal para financiar el déficit del Estado. La inversión extranjera se mantiene estancada.

Todas estas cifras corroboran una economía estable, los gobiernos del Frente, con el ministro Cáceres como líder en las finanzas públicas, han sido responsables. Han logrado un delicado balance entre el gasto y los ingresos. El manejo de las finanzas está muy lejos del desastre que anunciaba Arena en sus campañas electorales. Cuántos No habrá tenido que decir el ministro. Pero a pesar de esos no, se mantuvo el gasto social básico. No se da tampoco el gasto irresponsable que algunos en el Frente pedían.

El nuevo ministro, alumno de Cáceres, deberá, en el corto plazo que le queda a este gobierno, mantener el curso. Sus tareas más difíciles serán el poder decir no a todas las presiones que vendrán por un mayor gasto, especialmente en tiempos electorales, y lograr consensos para acuerdos políticos que permitan una buena transición al próximo gobierno.

Ya los organismos internacionales ven peligros en el futuro: “No obstante los avances que El Salvador ha logrado, existen riesgos internos como un retraso adicional de la consolidación fiscal, la incertidumbre política, así como un deterioro de los niveles de inversión y lento crecimiento”.

[1] Todas las cifras y citas provienen del documento del BID “Evaluación Independiente de condiciones macroeconómicas”, febrero, 2018.


Mauricio Silva tiene más de 40 años de experiencia en administración pública y una maestría y doctorado (ABD) en esa área. Actualmente es director para Centroamérica en el BID.

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