"La idea de un autor de canciones es escribir sobre lo que ve"

Entrevista con Fernando Delgadillo

Texto y fotos: Orus Villacorta

Desde que Fernando Delgadillo comenzó a escribir canciones, hace más de 35 años, el trovador mexicano –a quien muchos identifican como el pionero de «la canción informal»– ha ascendido en una escalinata de admiración y respeto para los que encuentran en su arte lo que no se reconoce en artistas de un orden más trivial. A pesar de que le etiqueten como un emisario de la bohemia, Fernando no es un cantautor que guste de someterse a camisas de fuerza para la creatividad. En la extensión de 15 discos publicados, el naucalpense le ha cantado a todo lo que ve, siempre y cuando haya algo sustancial que decirse, porque para Delgadillo es importante verificar si en sus canciones «había más que decir de lo que ha dicho y también si lo dicho se pudo decir mejor».

Y es gracias a ello que tampoco se muerde la lengua a la hora de aplacar los alcances de la «música reciclable» que gobierna la maquinaria de distribución de una industria que ha cambiado a un ritmo vertiginoso y a la que a él ha intentado acceder, sin tener mucho éxito en las ansias por alcanzar la internacionalización.

El próximo 30 de marzo será la primera vez que este artesano de la canción ofrezca un concierto ante un público salvadoreño que lo ha esperado por décadas. Revista Factum pudo entrevistarlo y conocer más de su actualidad, pero sobre todo intentamos comprender su manera de acercarse a la canción. Tratamos de descifrar el proceso creativo que arranca en su mente y también sus impresiones de lo que ocurre después, cuando se ve obligado a someter sus mensajes al libertinaje de las interpretaciones de un público que recoge, como se le antoje, las botellas que va dejando el mar de su prosa.

Fernando Delgadillo ofrecerá el primer concierto de su historia en El Salvador el próximo sábado 30 de marzo, a las 5:00 de la tarde en el Auditorio de la UCA. Foto FACTUM/Orus Villacorta.

Hace diez años tuvimos una plática en Parque Naucalli. Me decías, por entonces, que nunca habías estado de visita por El Salvador y que no conocías ni el aeropuerto. ¿Ha cambiado eso?

Pues parece que está a punto de cambiar, ¿no? Porque de todas a todas, ha sido siempre la misma cosa [de no poder ir].

Siendo así, ¿qué esperás de esta primera vez?

La verdad, siempre trato de no hacerme muchas expectativas, porque si voy con expectativas no puedo ver bien la realidad. Pero, bueno, esperamos que haya gente que esté interesada en las canciones y que se presente para el concierto. Así es con cada lugar al que voy y cada lugar donde no he estado antes.

Hablemos acerca del vigésimo aniversario de “Febrero 13”, un disco que identifico como un punto de quiebre que te llevó a nuevos espacios. ¿Cómo lo ves en retrospectiva?

Sí, efectivamente. Fíjate que fue una especie de recapitulación en vivo, ¿no? Pues teníamos a los testigos de ese concierto, que se estaba grabando en vivo. Junto con algunos temas muy recientes –para entonces– estaba también el bagaje que veníamos cargando desde el ’85, hasta ese año de 1999, en el que se hace esa grabación. Para mí fue una línea divisoria de lo que había sido, pues, estarme presentando aquí por allá y estar cantando las canciones. Y bueno, también haber ido incrementando el público de Naucalli hasta lograr el lleno de esa noche. Recuerdo que nos presentamos dos noches en Parque Naucalli y en una de ellas es que se hizo esa toma.

Han pasado más de cinco años desde “Tiempo Ventanas”, lo que habla de lo mucho que cuesta producir un álbum de canciones inéditas. Y tengo entendido que eso ocurrirá este año: ¿publicarás un disco nuevo?

Pues en esas andamos. Efectivamente, fíjate que después de “Tiempo Ventanas” nada más hicimos ese de “Sesiones acústicas”, pero ahí metimos un par de canciones nuevas y lo demás era de éxitos, ¿no? Se trataba de hacer un concierto en pequeño, adentro de un estudio y estuvimos cantando unas canciones. Y ahorita ponerse a escribir, pues, ha estado bueno. Hay muchas canciones empezadas, pero hay algunas que no puedo con ellas para terminarlas. Por otro lado, estamos publicando un disco que grabamos en el 2004 junto a Enrique Quezadas y Jaime Ades. Entonces, luego ha sido darle a este disco una prioridad que, la verdad, no ha sido para tanto, porque nos la hemos pasado trabajando. Y luego, por otro lado, estoy queriendo sacar un cancionero, un libro de las canciones que están grabadas en los discos. Entonces estos son los proyectos en los que estoy involucrado, aparte de la composición. Ahorita hay canciones suficientes para hacer un disco. Lo que pasa es que también me quiero poner a hacer canciones que, de alguna manera, tengan una relación entre sí. Cuando hice “Tiempo Ventanas”, al igual que cuando habíamos hecho el “Con cierto aire a ti”, fueron discos que fui haciendo un poco con los años, ¿no? Sí vas haciendo canciones de otro tipo, pero luego hay que juntar una selección de la que puedas tener una combinación que te lleve a estas visiones que tienen estos trabajos, que están hechos más bien con tiempo que con prisa. Cuando hice “Con cierto aire a ti” llevaba siete años escribiendo canciones. Entonces siento que puede uno hacer unas combinaciones bien diferentes. Por otro lado, también ya tengo como 15 discos y en los conciertos me la paso cantando unas cuantas nuevas, pero la gente nada más quiere oírme las viejitas. ¿No? Las que ya se conocen… Y me dicen: «oye, pues cántate esta o aquella». Y en eso se me va un poco la presentación. Siempre es una disyuntiva que me pasa. ¿Qué te pones a hacer? ¿Repetir lo que ya está hecho? ¿O puras nuevas y que busque hacia adelante ya, no? Hay que hacer una selección y siempre estoy en esas…

"Me alegra que se consideren mis letras. Sobre todo en estos tiempos en los que hay tantas que no dicen nada"

Tomando en cuenta lo que acabas de decir acerca de lo complicado que resulta elegir entre lo nuevo y lo viejo de tu repertorio, ¿te ocurre que muchas de las canciones más populares que el público te pide quizás ya no tienen el mismo gustito para ti? ¿No te harta volver a cantar, por ejemplo, “Hoy ten miedo de mí” otra vez cuando quizás tu mente y tus emociones están pasando más por lo que has creado más recientemente?

Pues ha sido un poco eso que te estoy platicando. Las que ya son así, conocidas, y que la gente… híjole… por eso es que va al evento donde el artista se presentó. Por eso están asistiendo a ese evento, para escuchar una canción que a ellos les gusta. Entonces, siempre tengo esta dualidad, ¿no? Pero de todas maneras cabe señalarse que nunca uno queda conforme. Jajaja… Eso no existe. A la gente le digo: «¡Ya llevamos tres horas de concierto! No vamos a alcanzar a cantar 15 discos. ¡Está muy difícil! Hay que presentarnos más seguido». ¿No? Y pues vamos cantando las otras canciones, pero yo también les voy presentando algunas más recientes, para que las conozcan, para que haya un poquito de novedad y no se queden solo con las canciones más viejitas. ¡Y viviendo de las viejas glorias! Les digo: «pues esta es la selección que he hecho de algunas canciones nuevas». 

Existe, entonces, el respeto más por la canción en sí que por el gasto del tiempo recorrido, ¿no?

Hay canciones que te las piden por treinta años y eso está bien. Y hay ocasiones en que en una misma noche te piden la misma canción [para que la cantes] dos o tres veces, pero eso sí no lo haces, ¿no? Yo, más o menos, me ando presentando cuando se puede. Tampoco es tanto, pero sí un máximo de tres veces por semana. Ya me he fijado que si hago una cuarta presentación en la misma semana, ya es muy complicado que yo esté sintiendo la canción. Y no me gusta dar conciertos así, en los que soy el primero que sale inconforme por mi interpretación. Cuando estás cantando siempre el mismo tema, que ya luego te enfadas, aunque sean nuevos, sean viejos o que sean resucitados, ¿no? Porque también hay muchas canciones viejitas, pero que ya tiene años que no canto. Entonces, ahí va uno haciendo una especie de repertorio que es el que cantas en ciertos días, aderezado con lo que es más fijo. “Hoy ten miedo de mí” no sé si se pueda llegar a… ¡Sí se puede llegar a no cantarla! Pero pues, no sé, de todas maneras ahí es como que siguen insistiendo… Y mira, cuando la escribimos lo hicimos de tal manera que tuviera su chiste, ¿no? Entonces no me enfado tanto de cantarla. Me gusta que le guste a la gente y la estén cantando conmigo. Me alegra que se consideren mis letras. Sobre todo en estos tiempos en los que hay tantas letras que no dicen nada; u otras que ahí medio dicen y no tienen tanta diversidad.

Siempre sobre el compromiso y el trabajo que implica producir un disco nuevo, quiero preguntarte: ¿sentís que es redituable ese esfuerzo ahora que los hábitos de consumo en la industria musical han cambiado y ya es muy poca la gente que compra un disco? Incluso, cada vez es menos la gente que en plataformas digitales tiene el tiempo y la dedicación de escuchar un disco completo. Los ritmos actuales son de escuchar una o dos canciones y pasar a otra cosa. ¿Ves redituable el esfuerzo?

Mira, yo creo que es necesario, en mi caso. No en el de todos, porque, efectivamente, hay gente que opera de esa manera, que pueden llegar a sacar un sencillo, un par de sencillos, y con eso están vivos cada seis meses o algo así. Y así se la van llevando. Pero para mí, pues no sé… un disco es algo así como orquestarte una sinfonía, ¿no? Entonces, puedes hacer trabajos por separado, pero para hacer tu sinfonía tienes que buscar muchos movimientos, muchas maneras diferentes de la canción, sobre todo con las más recientes que hayas descubierto y con las que estés tan a gusto, tan satisfecho. 

Algo curioso de tu carrera es que en términos de disqueras has actuado a contracorriente. Cuando los discos se vendían, vos te movías en la independencia. Ahora, cuando ya no se venden (o se venden muy poco), decidiste firmar con Sony Music en 2016. ¿A qué se debió esta decisión?

Bueno, eso ocurrió porque de alguna manera yo quería ser un poquito más internacional. Era una posibilidad que quería que ocurriera. Aún trabajando duro, con todas mis fuerzas, durante treinta años, yo nunca he logrado esa internacionalización de estar presentando mi música en otros países a la medida de lo que lo podría haber hecho –porque nunca lo hizo– Sony. Entonces, decidimos firmar un contrato por dos años que ya ahorita está terminado. Ninguno de los dos encontramos lo que andábamos buscando. Pero sí, fue algo que intenté, porque no quería dejar pasar esa ocasión. Ya llevo 30 años y nomás no llego a otros países; o si llego, es así medio por casualidad y por recomendaciones. Pero no está mi material presente en otros países. Entonces por eso firmamos e hicimos ese disco de “Sesiones acústicas”. Pero ocurrieron varias cosas… Para empezar, la semana en la que iban a impulsar y darle toda la publicidad porque iba a salir mi disco… Haz cuenta que yo saco mi disco el viernes y el domingo… ¡Se muere Juan Gabriel! (Ríe). Entonces, parece que no, pero todo se volcó puro Juan Gabriel, Juan Gabriel… dos meses. Entonces, cuando yo dije «ahora sí, ya le van echar ganas a mi difusión», sacaron a otros nuevos que también habían estado grabando durante ese período. Pero a mí ya no me hicieron ninguna difusión y tenía que estar pagando el 10 % de cada presentación… Se lo debía a Sony, siendo que no hacían nada. No estaba el disco… Bueno, sí estaba en las tiendas, pero no se respetaron todos los acuerdos, como que iba a estar en todas las pantallas de las tiendas Sanborns, que se decía que iba a estar proyectado todos los días donde se venden los televisores… O sea, cosas que dijeron que iban a hacer, pues nunca lo hicieron, como por ejemplo esa internacionalización que andábamos buscando. Entonces, así más o menos ocurrió la cosa.

"Las canciones sociales me parecen indispensables"

Una de las cosas que más intento entender de gente que trabaja con la canción –como es tu caso– es el proceso de composición. Me gustaría que te remontaras a cuando comenzaste a escribir tus primeras canciones y vuelvas a 35 años después. ¿Has experimentado una transformación en tu manera de acercarte a la canción y tu manera de componer?

Sí, mira… Siempre se está uno transformando. Es muy difícil que, haciendo canciones, me las encuentre de la misma manera. A veces ocurre de una forma, a veces de otra. Pero casi siempre es una situación de hallazgo, ¿no? De pronto tienes una tonada que te anda rebotando en la cabeza todos los días y andas viendo cómo ponerle una musiquita a lo que te pasa, a lo que sucede a tu alrededor… ¿A qué le puedes poner esa música que te anda insistiendo? Un poco por ahí ha sido la forma principal. Pero, ¿cómo puede llegar uno a terminarla efectivamente? Pues ese es el punto de la transformación. Cada canción te transforma. No es el mismo el que la está iniciando al que la está concluyendo. Tiene que pasar luego un proceso, un incidente, una experiencia o, a veces, simplemente una buena reflexión acerca de eventos del pasado; pero también acerca de eventos que quisieras que ocurrieran. Hay unas canciones que están hechas de puras cosas que soñé. Hay otras que están hechas de cosas que me gustaría que sucedieran, aunque yo no tenga esa experiencia. Lo que sí es verdad es esto que te platico: uno no es la misma persona cuando la está comenzando que cuando la está terminando.

Hace diez años hablamos un momento acerca de la superficialidad en la música. Me dijiste que te molestaba que se utilizara la música como una forma para adormecer a la gente y que no tuviéramos una música para bailar que fuera deliciosa y con un mejor uso de las palabras. Durante esta década hemos visto crecer en popularidad a géneros como el reguetón o el trap, que parecen calzar con tu descripción de «una forma de adormecer a la gente». Diez años después, ¿lo seguís viendo así… o incluso estamos peor?

Pues yo creo que es más o menos la segunda opción… Ja ja ja. Yo no veo que cumpla otra función que únicamente el momento… que sea una canción que en ese momento… no sé si adormecerte o que te ponga a bailar con una letra que no diga nada o que diga alguna cosa de chiste fácil, ¿no? Pero parece que siempre ha estado esa rama dentro de la canción en la humanidad. Y en nuestra América, ¡híjole! Pues es histórico ese proceder. Sin duda que la poética también ha existido y siempre ha estado viva en diferentes disciplinas, tanto en las canciones como en la arquitectura, en la poesía misma o incluso en la cocina. En cualquier forma artística que se pueda imaginar existe, sin duda, una posibilidad poética. Y es a lo que aspiramos siempre a llegar, ¿no? ¡Pero qué le vamos a hacer! Esta humanidad no es solo lo que a mí me gusta. Hay millones de cosas que no me gustan y ahí están, de todas maneras. Uno tiene que aprender a congeniar con todas estas formas. Aquí en México tenemos esta música de la «Banda»… ¡Híjole! ¡Qué bárbaro! Nada más es solo de aturdir a la gente y con letras de personajes que se creen muy importantes o muy sabrosos porque tienen sus armas en la camioneta y no les importa la muerte… con unas letras que te darían risa si no fueran, a veces, el modo de pensar de muchas personas. Y esta es una forma de vida para estos personajes. No la comparto yo, para nada, pero esa es una manifestación que tienen.

La carrera de un músico profesional no solo se trata del arte, sino también del negocio, de una forma de vivir. Por ello, te pregunto: ¿resulta doloroso para alguien como tú, alguien que le dedica tanto empeño al mensaje que está enviando y a la complejidad musical, que terminés generando muchísimo menos dinero que otros que solo complacen las exigencias de la música que está de moda y que, pareciera, se esfuerzan menos?

Pues no es tanto como que por el dinero, ¿sabes? Uno lo ve más por el grado divulgación que tienen unos temas –con sus formas y contenido– y otras, ¿no? A mí no me da tanto coraje… como que… ¡Híjole! ¡Me da vergüenza! Jajaja… Me da vergüenza que haya canciones que están intentando representar mi país o mis formas culturales con eso… y que resulte que eso sea lo que tenga más apoyo, más dinero detrás para que suene en todos lados, hasta donde alcance ese dinero. 

Es conocido que no te gusta mucho tocar temas de política en entrevistas y que lo hacés más a través de tus canciones. Al fin y al cabo, he visto como tu música suele acompañar –de manera involuntaria, quizás– a movimientos sociales en México. He visto, por ejemplo, cómo en los plantones y las marchas suelen sonar tus canciones y la gente suele abrazarlas como propias y que acompañan a sus causas. Buena parte de tu público se identifica con la defensa de estas causas sociales. ¿Acaso ocurre que te sentís más cómodo exponiendo tu visión sobre estos temas en las canciones y no tanto en la exposición que dan las entrevistas?

Yo creo que a veces no quieres andarle buscando los cinco pies al gato. Sobre todo cuando hay temas que traen consigo una repercusión posterior. Creo que sí me parecen importantes las canciones sociales. Me parecen indispensables, la verdad. Entonces, cuando logro terminar una de estas, me lleva un poco de tiempo. Luego no son tan fáciles de hacer, porque a veces los mismos acontecimientos van cambiando demasiado de prisa. Por ejemplo, andaba trayendo una canción viejita que tradicionalmente se canta en México… o se cantó ahí por el siglo XVIII. Se llama “La Cucaracha”, por decir algo. Entonces yo me hice “La Cucaracha Naucalpense”. Y entonces era una canción que estaba presentando algunos versos de cosas que estaban sucediendo en ese momento de la política. Pero, de repente ya cambia todo. Se viene esta cuarta transformación –que supuestamente es la que estamos viviendo– y aquella canción que estaba muy vigente, ya de repente deja de tener alguna vigencia, porque lo que estabas diciendo… ya es más como: «pues esto ocurría el año pasado». ¿No? Ahorita con todos los cambios que han ocurrido –afortunadamente para bien, siento yo, de la administración de Obrador– de pronto tus canciones más rebeldes y que estaban entusiastamente mencionando detalles que llevaban más de 30 años y con una constancia, de repente ya no tienen vigencia. Es una cosa rara lo que pasa con las canciones sociales, las canciones de la realidad, ¿no? Pero de todas maneras, no por eso pueden dejar de existir. Uno tiene que seguir escribiendo lo que ve, porque precisamente esa es la idea del autor de canciones: que sea algo así como el chamán, ¿no? Cuando parece que viene la primera invasión de los españoles y sus barcos estaban anclados en las costas de las primeras islas, la gente sentía que estaban pasando cosas, que estaba llegando gente nueva y diferente. No había habido aproximaciones de Europa hacia América. Entonces un chamán se tuvo que ir a sentar a la orilla de la playa y constatar que, efectivamente, habían unas casas flotantes que estaban ahí. Y que de ellas descendía gente que llegaba a meterse con su población. Y como la gente de su población confiaba en él, pues le empezaron a creer y empezaron a ver lo que les estaba ocurriendo. Entonces, siento que a veces corresponde al autor de esta trova, de pronto estar un poco ahí… intentando ver qué puede registrar uno con su cabeza, para poderlo publicar, para poderlo divulgar y decir: «oye, pues nos está ocurriendo esto, ¿no?». Y a la vez que esto sucede, traer una claridad. Y por supuesto, no es la única temática que manejan las canciones, pero sí es una muy importante. 

Me gusta cómo has explicado el tema de la vigencia que pueden tener las canciones de tinte social, pero me gustaría comprender un poco más tu visión acerca de la interpretación. Es decir: tu manera de escribir es bastante poética. Y una canción de orden social o político se puede prestar a múltiples interpretaciones de parte de tu público. Es como si aquello quedara abierto a la manera de descifrar las cosas de parte de ajenos. No todo el mundo tiene la capacidad intelectual para entender de manera perfecta el mensaje que quizás querías transmitir. ¿Sentís que, de pronto, el público te pueda regresar la canción en forma de: «Hoy ten miedo de mí… porque no te sabré interpretar»?

Bueno… y más hablando específicamente de esa canción… Me han parecido muy interesantes las perspectivas que representan a las diferentes interpretaciones que se le da a esa canción. De pronto me sale una persona que me dice: «Bueno, pues en esta canción se ve clarísimo que es un enamorado que está detrás de los pasos de una persona que ya tiene un compromiso, posiblemente una casada. Y él quizás esté también ya casado y ande detrás de ella». Entonces a mí me dio risa porque, pues… así yo no la hice, ¿no? Había otro que me dijo: «No, pues es un fantasma que está persiguiendo a la que viene siendo su amor, a quien siempre ha amado… pero aquello ya es imposible porque, bueno, ya se murió, ¿no?»… Entonces, hay muchas interpretaciones que luego me dan risa, que me divierten… Efectivamente, es una cosa que siempre se ha movido así. Históricamente, la poética ha sido como dice José Gorostiza: «de alguna manera el poeta intenta que cada palabra se vaya hacia todas las regiones de la significación». Y viéndolo de esta manera, de pronto para quien va a tener una realidad de acuerdo a las experiencias que haya tenido en su existencia. Es algo que no se puede controlar. A no ser que, efectivamente, hiciéramos canciones sencillísimas para que fuéramos completamente directos. Pero es precisamente lo que buscamos, ¿no? La diferencia. Como dice Gorostiza: no es lo mismo en una obra arquitectónica como El Partenón –que es una construcción que está hecha con todos los recurso para empequeñecer al que se presente ante él, porque es la manifestación de los dioses– a otra construcción como el Taj Mahal y que con base en sus espejos de agua tienes una representación completamente diferente; que no solamente está la belleza de lo que estás observando, sino que además está reflejada en esos canales de agua, ¿no? Entonces uno tiene poética y el otro no. Uno es escueto y presenta de manera directa su objetivo; mientras el otro busca hacer figuraciones en la mente, donde tenga la diversidad de interpretaciones que uno pueda encontrar. Yo creo que son parte de algunos ejemplos que siguen acompañándonos en estos tiempos. 

En la canción “Ignorancias y poder” mencionás la frase: «de verdad puedo con muchas cosas, pero algo que no soporto es otro abuso de poder». Se te notaba en ese momento un cansancio que no solo era tuyo, sino de mucha gente más en México. Aquello lo publicaste en 2013 y se venía encima todo el sexenio de Enrique Peña Nieto. ¿Cómo estuvo tu nivel de tolerancia para ese sexenio y si volverías a aplicar esa misma frase ahora que comienza la administración del gobierno de López Obrador?

Mira… yo creo que es algo que uno puede no soportar, el no saber cómo hacerlo porque para mí es implícito con todas las formas culturales, ¿no? Ahora he visto abusos de poder, pero no solamente de la gente que está en el gobierno, sino también de la gente que está a mi alrededor. Es solamente cosa de abrir un poco los ojos para cualquier lado, que ya te estás encontrando con ejemplos de esto. No sé cómo se componga esto. Es una forma, me imagino, cultural quizás… que la gente quiere demostrar a fuerza que las puede, ¿no? Pero no es sino estar pisando a los demás. Para ellos es, como dicen aquí en México: «nomás se suben en un ladrillo, que ya les dio mal de montaña». 

Fernando Delgadillo nunca se ha presentado en El Salvador. El concierto del próximo sábado será la primera ocasión que lo haga uno de los trovadores de México más importantes. Foto FACTUM/Orus Villacorta.

Quisiera cerrar la entrevista hablando un poco acerca de los nacionalismos. Vos mismo has explicado que existe una labor de tu parte de cantarle a la patria. En “sesiones acústicas”, por ejemplo, aprovechás para explicarlo en el tema “Enseña nacional”, donde hablás de cierta pérdida del orgullo patriótico a raíz de la decepción que te dan ciertos personajes que velan más por intereses personales. En un momento preguntás: «¿Dónde están los patriotas? ¿Qué fue de ellos?». Lo que me lleva a preguntarte: ¿no creés que el exagerado fervor a la patria termina por trazar divisiones entre pueblos que pueden tener muchas cosas en común? Como por ejemplo, el pueblo mexicano y el centroamericano. Pienso en la gente de México que bajo el pretexto del orgullo patriota se oponía al tránsito de las caravanas migrantes de centroamericanos que han querido llegar a Estados Unidos. ¿Sentís que este orgullo patriótico puede llegar a ser nocivo?

Pues… yo creo que casi todas las cosas lo son. Puede llegar uno a hacer daño con eso también, ¿no? No sé. Todos deberíamos considerar el equilibrio, tanto en los temas como… efectivamente, el orgullo patriótico… Sí, nocivo, porque de pronto nos separa, ¿no? De alguna manera nos une con los que están más cercanos, como con los compatriotas, pero nos separa del resto, de los que no lo son. Quizás esto provenga de un ingrediente prehistórico en el que se identifica: «nosotros somos de los nuestros; y esos que andan por allá… ¡esos no!». Pero no sé… creo que es inherente también al ser humano, aunque está comprobado que genéticamente no hay diferencias entres los seres humanos, aunque tengan el color que tengan o provengan de la raza que sea. Se hizo ese estudio y se comprobó que no hay diferencia genética, ¿no? Ninguna, de un negro a un rubio; de un chino, un japonés o un finlandés. Entonces, de todas maneras, no sé por qué actuamos con esa conducta los seres humanos, pero yo creo que tiene que ver con los hábitos y costumbres. De repente yo no quiero ser como aquel personaje que tiene estas mañas o estas manías. Y yo soy de los míos y él es de los suyos. Ahora sí que: «no soy de los que andan asaltando en la calle y que se meten a robar a las casas. Yo soy diferente». Y ahora, de esta separación que está viéndose en, a lo mejor, un orgullo patriótico efectivo… pues también lo que veo es que los seres humanos deberían, de alguna manera, poder tener este acceso. Lamentablemente no se mueve así. No es así como yo he visto que sucede. Ni en España, ni en Argentina, ni en México, ni en El Salvador… Bueno, en El Salvador… te digo que no he ido. Pero en Cuba, por ejemplo, Costa Rica, Colombia, Venezuela… Cada país ha tenido sus leyes y se tiene que avenir a estas. Es un país que tiene sus historias y su porqué detrás de cada decisión de ese tipo, ¿no?

  • Fernando Delgadillo se presentará en concierto en El Salvador el día sábado 30 de marzo de 2019, a las 5:00 de la tarde,  en el Auditorio de la UCA.
  • El precio de los boletos es de $25 dólares en preventa (Photocafé, Centro Cultural Universitario de la UCA y CuponGrupo.com).
  • El día del concierto, en taquilla, el boleto costará $40 dólares.
  • El artista nacional invitado será Manuel Contreras.