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“El Fenómeno”: teatro minucioso, incómodo y contundente

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La compañía de Teatro del Azoro —conformada por las actrices Egly Larreynaga, Alicia Chong y Paola Miranda— se plantó con fuerza en el escenario del Teatro Nacional de El Salvador, durante el estreno mundial de su nueva obra, “El Fenómeno”, una puesta en escena que supone responsabilidades compartidas ante la situación crítica de violencia social que vive El Salvador.

Foto FACTUM/Gerson Nájera


Resulta inevitable subirse en la montaña rusa de sensaciones y reacciones que desencadena “El Fenómeno”, un espectáculo teatral que conduce desde el asco visceral que produce un acto de tortura y violación, hasta la risa burlesca que es capaz de provocar la ineptitud política.

La actuación es intensa, comprometida y sobretodo audaz, pues cada una de las intérpretes encarna múltiples personajes —en su mayor parte de sexo masculino— con diferentes personalidades, actitudes e incluso gestos. De pronto todo se vuelve un flujo de energía constante.

El teatro local finalmente nos muestra cómo han sido puestas las cartas sobre la mesa en cuanto al tema de las pandillas, esa quimera que tanta fama le ha dado al país a través de las noticias internacionales.

El Azoro no es la primera compañía de teatro en el continente que ha abordado el tema de las pandillas.  Alborde Teatro lo hizo en México con “La Mara o de la noche sin sueño” y Clash Culture presentó en Estados Unidos la obra “Placas, el tatuaje más peligroso”.  Ahora la dramaturgia salvadoreña hace una puesta en escena al respecto. La experiencia es molesta, incómoda, pero necesaria.

La trama resulta incluso ‘tarantinesca’ debido a la maraña de trueques, rivalidad y ajustes de cuentas al estilo ‘western’. Todo ello se presenta de forma hábil con más de 15 personajes que interpretan las tres actrices, quienes se desenvuelven en el espacio y tiempo en impecable sincronía con la plausible musicalización en escena, a cargo de Fernando González Vides.

El montaje es sencillo, poco pretencioso, pero suficiente y bien pensado. En sí, la riqueza de la construcción escénica radica en la simbología, los referentes culturales y también coyunturales que —a juzgar por las evidentes reacciones del público— la mayor parte de los presentes reconocimos de inmediato, referentes con los que nos sentimos identificados.

En escena vemos pugnas entre miembros de pandillas que resultan en actos de barbarie; súplicas en las hacinadas cárceles; una institución policial olvidada que acaba con ‘los problemas’ a punta de pistola; funcionarios que se valen de la violencia para subir en las encuestas en el marco de una contienda electoral; y medios de comunicación al servicio del juego político que polariza El Salvador. Todos ellos son expuestos como participantes directos de un círculo vicioso sostenido por intereses de poder y abuso del mismo.

De forma aguda, la obra nos demuestra que en El Salvador ‘el fin justifica los medios’, que los secretos a voces están a la orden del día y que el poder manipula, traiciona y, de igual forma, también olvida.

Personajes van y vienen, hasta que finalmente es imposible no preguntarse a uno mismo: ¿dónde está la representación explícita de la sociedad civil? ¿dónde aparezco yo? Dichas cuestiones incluso resonaron —por supuesto que en buen salvadoreño— en las butacas y pasillos del  teatro, al finalizar la presentación.

“¡Mirones!”, exclama hacia la concurrencia uno de los personajes, durante un momento de la sátira. A partir de ese instante, dicho calificativo deja una espina que causa molestia, de forma constante, hasta la escena final.

Un duro discurso hace caer al espectador en la cuenta de que probablemente no es más que eso: un observador inmutable, consumista y pasivo en relación al drama social que golpea al país desde hace tiempo.

Con esta nueva producción, el Teatro del Azoro hace un rotundo llamado a vernos reflejados en ese crudo y casi caricaturesco retrato de la sociedad salvadoreña, al que la mayoría de la población está habituada y dentro del cual pocas personas asumen un rol crítico.

Resulta imprescindible generar un debate público para que finalmente se rompa el ciclo infinito de violencia y corrupción que somete a El Salvador, pues todos somos parte del fenómeno.


  • “El Fenómeno” se presentará en el Teatro Nacional nuevamente los días viernes 9 de febrero (6:00 p.m.), sábado 10 de febrero (5:00 p.m.) y domingo 11 de febrero (5:00 p.m.).
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