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Estados Unidos vota y el mundo retiene el aliento

Revista Factum le ofrece algunas de las claves a tomar en cuenta para seguir la histórica elección presidencial que mañana enfrenta al republicano Donald J. Trump, a la demócrata Hillary Clinton y a otros dos candidatos minoritarios. Al cierre de esta nota ya habían ejercido el sufragio adelantado unos 37 millones de los cerca de 226 millones de estadounidenses aptos para votar.


Donald Trump retomó el ritmo después del tercer debate presidencial, de las revelaciones de vídeos en los que se jactaba de haber acosado sexualmente a varias mujeres y del reportaje del New York Times que descubrió que el magnate hizo tretas para no pagar impuestos. Hillary Clinton, favorita por poco durante buena parte de la carrera que empezó oficialmente en julio, cuando demócratas y republicanos nombraron a sus candidatos tras sus intrincadas primarias, volvió a tropezar con el asunto del mal manejo de sus correos electrónicos.

Así, Estados Unidos terminará de votar mañana, martes 8 de noviembre, para elegir al sucesor de Barack Obama.

Votantes en Silver Spring, Maryland, donde las urnas están abiertas desde mediados de octubre. Foto Factum/Héctor Silva Ávalos.

Votantes en Silver Spring, Maryland, donde las urnas están abiertas desde mediados de octubre. Foto Factum/Héctor Silva Ávalos.

Dos de los modelos de medición de encuestas más respetados aquí, el de Nate Silver y el de Real Clear Politics, siguen dando como favorita a la ex primera dama, ex secretaria de Estado y ex senadora por Nueva York. Por muy poco. Al cierre de ese post, ya bien entrada la noche del domingo, Clinton aventajaba a Trump por un margen de apenas 1.8 a 3.2 puntos en el voto popular. En el mapa de los colegios electorales, 538 repartidos en todo el país de acuerdo a criterios de densidad poblacional, Clinton también lleva ventaja: está mucho más cerca de Trump de ganar los 270 que son necesarios para ganar la presidencia.

Es muy poco probable que en las menos de 24 horas que faltan para que cierren las urnas en todo la Unión Americana suceda algo que cambie drásticamente la carrera; es decir, la aspirante demócrata sigue siendo, por un suspiro, la candidata a vencer. Pero, de nuevo, este ha sido un ciclo electoral en el que todo ha sido posible, empezando por la candidatura de Trump, un millonario con delirios mesiánicos que ha montado su aventura presidencial en un discurso racista que ha resultado muy atractivo para importantes sectores de votantes de las clases medias bajas, sobre todo de raza blanca.

Entre los latinos elegibles para votar, Clinton es amplia favorita con el 66% de preferencia según un estudio del Pew Hispanic Center. El voto de los estadounidenses descendientes de latinoamericanos o nacidos al sur del Río Grande con derecho a sufragio puede tener particular trascendencia en esta elección, no solo porque la importancia de esta minoría ha ido creciendo hasta llegar a ser vital en las contiendas que dejaron a George W. Bush y a Barack Obama en la Casa Blanca, sino que hoy, más que antes, el voto latino en condados con poblaciones diversas en estados de mayoría republicana -como Virginia, Nevada, Arizona o Colorado- podrían inclinar la balanza del lado demócrata.

Aquí les ofrecemos algunas cosas a tener en cuenta antes y durante la contienda electoral que definirá al 46º. Presidente o, por primera vez, presidenta de los Estados Unidos de América.

Cómo llegan: el reparto de colegios electorales

270 colegios electorales son necesarios para ganar. Estos colegios se reparten entre los 50 estados y el Distrito de Columbia de acuerdo a la cantidad de gente que vive en cada uno. Así, California, con 39 millones de habitantes y 17.7 millones de votantes registrados, es el estado con más votos electorales: 55. Montana, Wyoming y las dos Dakotas, estados fronterizos y eminentemente rurales tienen 3 votos electorales, igual que el Distrito de Columbia.

De acuerdo a las encuestas y proyecciones de los dos sitios mencionados arriba, estos son los números de los dos candidatos:

  • Clinton:

Con ventaja sólida en California, Oregon, Washington (estado), Illinois, Massachusetts, Maryland, Rhode Island, Nueva York, Delaware, Nueva Jersey, Vermont, el Distrito de Columbia y Hawai. Esto representa 175 votos electorales. Además, las encuestas dan a Clinton como favorita (con ventajas menores) en Minnesota, Wisconsin, Maine, Virginia y Connecticut, lo cual le sumaría otros 43 votos electorales. Estos cálculos darían a la candidata demócrata 218 votos electorales, 52 menos de los necesarios para ganar.

  • Trump:

Con ventaja sólida en Idaho, Wyoming, Utah, Montana, Dakota del Norte, Dakota del Sur, Nebraska, Kansas, Oklahoma, Texas, Luisiana, Arkansas, Misuri, Misisipi, Tenesí, Kentucky, Indiana, Virginia Occidental y Alaska. Esto representa 155 votos electorales. La ventaja (menor) en Carolina del Sur favorece al republicano; otros 9 votos electorales para un total de 164, 116 menos de los necesarios para ganar.

Mapa de colegios electorales. Obama (azul) contra Romney (rojo). Tomado del Registro Federal de Estados Unidos.

Mapa de colegios electorales. Obama (azul) contra Romney (rojo). Tomado del Registro Federal de Estados Unidos.

  • Estados en contienda (battlegrounds).

En estos estados la diferencia estadística en las encuestas es mínima, por lo que es aún difícil que los modelos prevean a qué candidato favorecerán. Hay, no obstante, dos grupos, estados en que la historia electoral reciente y diferencias muy pequeñas -estudiadas condado por condado- hacen que las casas encuestadoras inclinen la balanza por uno u otro candidato, aunque aún no se atreven a agenciar esos votos electorales a uno o a otra. Y finalmente, el grupo de los estados que pueden definir la elección, donde nadie aún se atreve a predecir nada. Así:

Potenciales estados para Clinton: Colorado, Nuevo México, Michigan, Pennsylvania y Nueva Hampshire, los cuales aportan 57 votos electorales.

Potenciales estados para Trump: Nevada, Carolina del Norte, Arizona, Georgia y Iowa, con 54 votos electorales.

Estados sin favorito claro: Florida y Ohio, con 47 votos electorales.

Como se apunta arriba, es muy poco probable que en las próximas horas ocurra algo que cambie el curso general de la elección, pero estos estados en contienda seguirán siendo una incógnita hasta que los primeros resultados empiecen a llegar a los comandos de campaña y a las cadenas televisivas entre las 6 y las 8 de la noche hora centroamericana. De lo que pase en lugares como la Florida, Ohio y los otros estados en contienda dependerá en gran medida el resultado.

Centro de votación en Silver Spring, Maryland. Foto de Factum/Héctor Silva Ávalos.

Centro de votación en Silver Spring, Maryland. Foto de Factum/Héctor Silva Ávalos.

Al analizar lo que pasa en lugares como Nevada, Florida o Colorado es aún más evidente la importancia del voto latino.

Nevada, por ejemplo, es un estado que votó por Barack Obama en 2012 y hoy parece inclinado hacia Trump. Un tercio de la población es, ahí, latina, lo cual podría inclinar la balanza a favor de Clinton si su campaña logra animar a que suficientes latinos salgan a votar.

Algo similar pasa en Colorado. Ahí, por ahora, Clinton aventaja por dos puntos a Trump. En este estado, según un análisis publicado por el Washington Post el domingo anterior a la elección, la diferencia a favor de los demócratas la marcan los nuevos votantes y los latinos, que ya es el 20 por ciento de la población total.

Parece claro, como sea, que las variables son muchas e impredecibles, y aunque las tendencias generales parecen favorecer a Clinton, quedan muchas combinaciones que también podrían poner a Donald Trump en la Casa Blanca. Por eso, el mundo contiene el aliento en espera de lo que pase el martes 8 de noviembre en Estados Unidos.

Los Estados Unidos de Trump 

Revista Factum y el autor entienden que es legítimo asumir posiciones editoriales en contiendas políticas. Conscientes de que en la elección presidencial de Estados Unidos se juega no solo el futuro de ese país sino el de decenas de miles de centroamericanos proponemos el análisis que sigue, uno que parte de considerar que lo peor que puede pasarle a esas comunidades es que Donald Trump gane la presidencia.

Donald J. Trump. Foto de Gadge Skidmore, tomada de Flickr, con licencia Creative Commons.

Donald J. Trump. Foto de Gadge Skidmore, tomada de Flickr, con licencia Creative Commons.

Por Héctor Silva Ávalos

Allá por septiembre de 2012, cuando reporteaba en la previa de la elección presidencial de aquel año, hablé con un operador político republicano, ex funcionario en la Casa Blanca de George W. Bush y entonces asesor externo de la campaña de Mitt Romney, el republicano que le peleaba la presidencia a Barack Obama. Este hombre, quien accedió a comentar pormenores de aquella campaña bajo condición de anonimato para poder hablar con libertad, me dio la mejor explicación que he oído hasta ahora sobre uno de los dilemas más importantes que enfrenta el partido republicano desde, al menos, el cambio de milenio: el crecimiento de las minorías no blancas.

A este analista le parecía que su partido, el republicano, que entre otras cosas albergó en su seno a Abraham Lincoln, se condenaría a una muerte lenta si no era capaz de entender que los Estados Unidos blancos habían dejado de serlo hacía mucho tiempo, y que el miedo a empoderar en la política, sí, pero también en las comunidades, a las minorías de piel más oscura terminarían por dar muchas ventajas a los demócratas.

“Hay muchos votantes republicanos que le tienen miedo, un miedo silencioso, a los cambios culturales que este país vive desde hace tres décadas”, me decía el republicano al hablar del tema racial.

La campaña de Mitt Romney intentó cruzar el puente, salvar la brecha. Fracasó. Pero Romney no era Trump: el ex gobernador de Massachusetts, un estado que ha favorecido desde hace mucho a los demócratas, era un político profesional, que, al menos de cara a la galería, parecía entender la importancia de mantenerse en los límites de lo políticamente correcto en el tema racial. A Trump eso nunca le interesó.

El magnate inmobiliario neoyorquino montó su campaña sobre, entre otras cosas, el racismo. Desde que llamó violadores a los mexicanos, desde que dijo que un juez era incapaz de fallar con justicia porque era descendiente de mexicanos, desde que repitió hasta el cansancio aquello de construir un muro en la frontera sur, desde que propuso vetar la entrada a todos los musulmanes o se burló de los padres de un soldado musulmán estadounidense muerto en combate, Donald Trump dejó claro algo que no siempre fue evidente: su campaña apelaría al racismo como argumento para solidificar el voto blanco, que es aún la mayoría en Estados Unidos.

Trump despertó a la bestia del racismo, dormida en apariencia, denostada en los discursos políticos y en las narrativas oficial y alternativa de este país, pero palpable a ras de calle incluso en las comunidades más diversas de la Unión. Trump apeló a unir, bajo la bandera del odio al extranjero, a los votantes blancos descontentos con su pobreza y con su estancamiento. Y es ahí, entre los hombres blancos con menos preparación académica, donde el magante acusado de no pagar impuestos ha encontrado su nicho principal. Hoy, queda claro al ver vídeos de los mitines del republicano, aquello de la corrección política no es siquiera una apariencia a la que se acude en tiempo electoral.

Frente a él, Hillary Clinton, una de las políticas demócratas menos populares de los últimos tiempos. Una anti-Obama en ese apartado: el primer presidente afro-americano saldrá del despacho oval con índices de aprobación arriba del 50% mientras su exsecretaria de Estado ha tenido que bregar con números como este: cerca del 47% de los votantes -sin importar si son demócratas o republicanos- piensan que no es una política confiable.

Puede ser la incapacidad de la Clinton de terminar de conectar con sus electores. Puede ser que muchos votantes de la base republicana se habían contentado con atender a lo políticamente correcto porque nadie, hasta hoy, le había hablado a sus inseguridades y odios más profundos. Puede ser que aquello que pregonaba Obama en un parque de Chicago la noche de su segunda elección, aquello de que estos no son los Estados azul o rojos (por el color asignado a demócratas y republicanos respectivamente) ni los Estados negros, latinos o blancos, sino los Estados Unidos de América, no sea sino una referencia a la frágil realidad racial en un país en el que hace 153 años buena parte de la economía funcionaba gracias a la esclavitud de los negros, y en el que en los últimos años han muerto decenas de afro-americanos a manos de policías blancos.

O puede ser que la versión menos atractiva del sueño americano, la del arribista millonario que, por serlo, se sabe con el derecho de salirse con la suya, de decir que acosa sexualmente a las mujeres, que no paga impuestos y que propone, como plan de política exterior, bombardear a todos los enemigos, siga siendo el norte en este país.

Lo cierto es que Estados Unidos se apresta a votar y ese señor, Donald Trump, tiene posibilidades de ganar. Estados Unidos vota. El mundo contiene el aliento.


 

*Foto principal de Alex Proimos, tomada de Flickr, con licencia Creative Commons.

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